Reviviendo las gestas africanas de Alfonso VLa Fundación Carlos de Amberes recupera cuatro tapices flamencos del siglo XV en una exposición
ABC/MADRID
En 1471 Alfonso V de Portugal tomó Tánger y Arcila. La gesta norteafricana podría narrarse de muchas maneras, podría retratarse o embellecerse, pero pocas formas de revivirla hay tan majestuosas y espectaculares como los cuatro tapices que, ahora, restaurados, pueden volver a admirarse en Madrid.
Se trata de cuatro piezas únicas, de más de once metros de ancho por cuatro de alto. Tres de ellas dan cuenta de la caída de Arcila y, otra, con una hermosa porción del mar del Estrecho incluida, de la de Tánger. En palabras del historiador Miguel Ángel de Bunes, responsable de parte de los textos del catálogo, no nos encontramos solo ante obras de arte, sino ante objetos «con vida propia. La seda y la lana con la que están confeccionados, unidas a los dorados y colores de los tapices, les conferían un movimiento tridimensional y vivo cuando se colgaban al aire libre».
Concha Herrero subraya, por su parte, la riqueza y solidez de «los colorantes utilizados y la calidad de los tejidos», así como la restauración, «una manufactura más que una operación curativa: la manufactura belga De Wit ha estudiado y cuidado cada una de las telas para no tener que realizar injertos de tejido o tener que afectar a su estructura».
Ahora se exhiben, debido a su tamaño, en sendas estructuras oblongas y abiertas, no así colgados. De hecho, los únicos fragmentos que faltan son los de las zonas superiores, que en algún momento soportaron su peso. Sobre cada escena, una inscripción en latín convenientemente transcrita y traducida en los carteles explicativos.
La exposición, tras pasar por los Reales Museos de Arte e Historia de Bruselas, el Palacio del Infantado de Guadalajara, el Museu Nacional de Arte Antiga de Lisboa y el Museo de Santa Cruz, en Toledo, pondrá en septiembre rumbo al National Museum de Washington, tras permanecer en la Fundación Carlos de Amberes hasta el 19 de junio.
Sin rastro
Tal y como apunta Miguel Ángel Aguilar, director de la fundación, sigue pesando un misterio sobre los cuatro tapices: cómo llegaron a la Colegiata de Pastrana en 1630, cuando el Duque del Infantado los cedió. Tampoco está documentado el proceso de diseño y confección de los tapices, aunque se sabe que fueron realizados entre 1471 y 1475 en la localidad belga de Tournai, probablemente por la manufactyra de Passchier Grenier. Como surgidos de la nada en 1630, como aparecidos de pronto para quedarse y, ahora, recuperar todo su esplendor casi cinco siglos después.