'España sigue siendo juancarlista a pesar de todo'Paul Preston (Liverpool, 1946) lleva el "veneno" español en las venas y en la lengua. El hispanista por excelencia de las tres últimas décadas, "heredero" de Hugh Thomas, habla con soltura prodigiosa en el idioma que aprendió leyendo un libro sobre los partidos monárquicos en la Segunda República, perfeccionado luego con los giros más auténticos del "país de las crispaciones".
El autor de 'La guerra civil española' y 'El holocausto español', acaso la voz más cercana de nuestra conciencia histórica, vuelve ahora a su faceta de biógrafo con la nueva edición de 'Juan Carlos, el rey de un pueblo' (Debate), puesta al día con la "tormenta perfecta" de los dos últimos años que nos ha hecho revisar todo lo que creíamos saber sobre el monarca...
Pregunta: Tras la cadena de escándalos, hay quienes consideran que el Rey está "políticamente muerto" ¿Cree usted que aún le queda tiempo para redimirse?
Respuesta: Hombre, es difícil saberlo porque depende sobre todo la de su salud y de su estado de ánimo. Si tiene ganas y salud, el Rey todavía puede ofrecer mucho. Y a pesar de todo, España sigue siendo juancarlista: el apoyo personal sigue siendo muy superior al de la gente que se considera monárquica... Además, hay un elemento subyacente que no deberían olvidar los españoles: en un país tan crispado políticamente, con un sistema político tan tóxico, la jefatura de estado debe ofrecer una garantía de neutralidad. Después de haber estudiado a fondo su vida, yo tengo un verdadero aprecio por su papel en la historia. Él le ha hecho servicio impagable a España y lo puede seguir haciendo hasta que haya un trasapaso el heredero... El tiempo al fin y al cabo lo cura todo.
P: ¿El auge y decadencia del Rey no es acaso una metáfora de la debacle de la imagen de España en el mundo?
R: Yo no lo habría dicho así, pero está bien dicho. Evidentemente, ha habido unos años en que la percepción exterior de España era magnífica. Desde Gran Bretaña se veía como un país creativo y dinámico, con empresas muy pujantes. Juan Carlos, tras lo que yo llamo la "era heroica" que culmina en 1982, ha ejercido de "superembajador" de la marca España y también ha contribuido lo suyo. Ahora está claro que todo se ha ido al carajo de golpe, pero yo no creo que haya habido una dinámica paralela en los dos procesos.
P: Muchos españoles aún se preguntan ¿Pero cómo pudo el Rey....?
R: A eso debería responder él mismo, aunque yo tengo mis sospechas... Digamos que el Rey sufrió una infancia y una adolescencia terribles. Fue por así decirlo un peón en un juego de ajedrez de otros. Le robaron la niñez, le sacaron de su familia, que tampoco era muy "normal" que digamos (ninguna familia real lo es). De ahí pasó a ser rehén de Franco y a aguantar el lavado de cerebro franquista. Todo eso era muy duro, y después a la muerte de Franco le toca hacer de equilibrista, controlando las fuerzas represivas y haciendo posible la transición. Luego hace de "bombero" de la democracia, y después de viene la época ceremonial, recorriendo el mundo, estrechando 200 manos de un tirón, sin tiempo para sí mismo. Este tipo de vida genera un distanciamiento cada vez mayor de la realidad. Imagino que llegó un momento en que se dijo: "Joder, yo también merezco algo, mi descanso, mis placeres..." Pero no lo sé, estoy especulando.
P: Durante más de tres décadas, la vida personal del Rey fue un "tabú" para la prensa ¿Le ha llegado acaso el momento de pagar todas la facturas juntas?
R: La vida personal del Rey rara vez llegaba a titulares, pero el deterioro de su relación con la Reina era "vox populi". Al fin y al cabo, España es también el país de los cotilleos... Pero más importante aún que sus safaris o sus supuestos deslices personales me parece sin embargo el caso Urdangarín. Ese escándalo aún puede horadar su imagen. Una cosa es la vida privada y otra cosa es el enriquecimiento de ciertos elementos, y en este caso su yerno, en un contexto de corrupción y crisis. Un caso como el Urdangarin hace daño en cualquier situación, pero en esta época de vacas flacas y austeridad ha tenido claramente un efecto explosivo.
P: ¿Y qué nos dice del papel de la Reina antes, durante y después de los escándalos?
R: De la Reina me intriga su acercamiento a su hija en mitad del escándalo Urdangarin... Pero Doña Sofía es una persona muy inteligente y ha sido siempre un ejemplo de estabilidad y buen consejo al lado del Rey. Y ha sabido estar en su papel en todo momento, pese al deterioro de las relaciones matrimoniales. Sofía está muy marcada por la experiencia de su propia familia en Grecia y tiene un clara conciencia de la dignidad de su papel y del sentido del deber. El Rey también lo tiene, pero de un
modo tal vez distinto... Es una persona abierta y afable, y por su propio carácter más expuesta a las "tentaciones" del mundo exterior. En ese sentido yo siempre hago la comparación del Rey de España con la Reina de Inglaterra. Pasar cinco minutos con el Rey es un placer; pasarlos con Isabel II es realmente muy duro.
P: Ya que lo menciona, ¿qué lecciones podría aprender la familia real española de la prodigiosa recuperación de imagen de la familia real británica?
P: La familia real lo pasó aquí realmente mal tras la muerte de Diana, precisamente cuando a Juan Carlos le iba estupendamente bien. Aquí los medios siguen siendo voraces, como hemos visto con el escándalo del príncipe Harry en Las Vegas. No ha habido básicamente un cambio de actitud de la prensa: los tabloides siguen como buitres, esperando cualquier escándalo o 'escandalillo'. Pero el tiempo ha cerrado las heridas y la gente se ha volcado con la Reina, como vimos con la explosión popular que hubo durante el Jubileo. Eso sí, la familia real británica tiene una coreografía y un montaje que debe ser la envidia de todas las monarquías europeas.
P: Sigamos con los paralelismos y hablemos de los vientos independentistas en Cataluña y en Escocia
R: Los procesos de Cataluña y Escocia tienen alguna similitud, pero son más las diferencias. Escocia ha estado históricamente mucho más integrada en la política nacional que Cataluña y ha aportado varios primeros ministros a Gran Bretaña, mientras que en España no humo primeros ministros catalanes. La ocupación inglesa fue en su tiempo mucho más brutal que la española, por lo que los signos de identidad lingüística no existen. Tienen su selección de fútbol, sí, pero eso tiene hasta un efecto "desintoxicador"... Hay también una gran diferencia de cómo se vive el asunto en la calle. Si preguntas a los ingleses su opinión sobre la independencia escocesa, lo más probable es que se encojan de hombros y digan: "Ellos sabrán lo que hacen...". O en todo caso: "Yo creo que se equivocan..." Si en Madrid le preguntas a cualquiera, sobre todo a un taxista, por la independencia de Cataluña, lo más probable es que la cosa acabe a gritos. Aquí, lo del referéndum escocés se vive como una cosa "normal". En España el tema independentista se ha convertido en otro elemento más de la crispación nacional.
P: ¿Cree usted que realmente hay un riesgo de ruptura en España?
R: Yo creo que no hay serio peligro de una indenpendencia catalana, pero la situación actual y la tensión con el Gobierno central es insostenible. Se tiene que avanzar hacia un federalismo en España, tal vez un federalismo asimétrico. El "café para todos" del estado de las autonomías ya no vale... Dicho esto, yo creo que la separación no le interesa ni a España ni a Cataluña. Aparte de los problemas de política exterior y defensa, ¿con qué moneda funcionarían los catalanes si tuvieran que ponerse a la cola para entrar en la Unión Europea? Creo que la independencia, de Cataluña o de Escocia, plantearía unos problemas tremendos dentro del contexto de la UE.
P: Los independentistas son precisamente quienes más están aprovechando la ocasión para arremeter contra el Rey...
R: Una de las cosas que con más rotundidad se puede decir del Rey es que es un patriota. Está claro que Juan Carlos quiere seguir siendo el rey de los catalanes, de los vascos y de los gallegos, y es lógico que esté en contra de la división de España. Pero el Rey no tiene por qué estar en contra de una solución que permita mantener la unidad con una nueva relación con la periferia... En este sentido, Juan Carlos tiene seguramente muy en cuenta también la sucesión y su deseo de entregar todo su "territorio" al heredero cuando llegue el momento.
P: ¿Y cómo ve el futuro de Felipe de Borbón en "el país de las crispaciones"?
R: Yo soy historiador, y ya tengo a veces problemas para vérmelas con el pasado. Mi labor no consiste en descifrar el presente, y mucho menos el futuro... Pero puedo decir de entrada que Don Felipe tiene una desventaja: no es Juan Carlos, no tiene su historial y no se ha ganado su legitimidad a pulso. Pero es un hombre inteligente, bien preparado, con buenos asesores y con cierta popularidad, sobre todo después de su matrimonio. Su ventaja es precisamente la garantía de estabilidad y neutralidad que ofrece la monarquía en un país como España... Una tercera república sería un auténtico follón.
http://www.elmundo.es/elmundo/2012/11/1 ... 58106.html