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 Asunto: Enrique VIII, un rey sanguinario... ¿y romántico?
NotaPublicado: 13 Feb 2009 20:51 
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<center>Enrique VIII, un rey sanguinario... ¿y romántico?
Una carta guardada durante cinco siglos en el Vaticano muestra la pasión del monarca por Ana Bolena.


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EFE - Madrid
ELPAIS.com - Cultura - 13-02-2009

<p align="justify">Famoso por casarse seis veces y tratar a sus esposas con una crueldad sanguinaria, el rey Enrique VIII de Inglaterra también tenía su lado romántico, según una insólita y apasionada carta de amor escrita a su segunda mujer, Ana Bolena. La misiva, celosamente guardada en el Vaticano casi cinco siglos, volverá este abril a Reino Unido y se mostrará por primera vez al público en una exposición de la londinense Biblioteca Británica (British Library) titulada Enrique VIII: Hombre y monarca, que mostrará correspondencia, documentos oficiales clave y libros de la biblioteca personal del rey
Mujeriego empedernido y cruel hasta la médula, Enrique VIII (1491-1547), segundo representante de la Casa Tudor, se obsesionó con la bella y elegante Ana Bolena (1501-1536), marquesa de Pembroke y dama de la aristocracia inglesa. Tanto suspiraba el monarca por Ana, que anuló su matrimonio con su primera esposa, Catalina de Aragón (1485-1536), hija de los Reyes Católicos, un repudio que rechazó la Iglesia Católica y que desembocó en un cisma anglicano. La exposición examinará las profundas transformaciones, personales y políticas, intelectuales y religiosas, que sucedieron bajo el reinado de Enrique VIII. Las motivaciones del soberano que cambió el rumbo de Inglaterra serán analizadas a partir del amplio fondo documental sobre el rey almacenado en la British Library.

Conocedora de la reputación de playboy que acompañaba al Rey, la joven dama no quería ser una simple amante y le dio calabazas negándole favores sexuales hasta que la llevase al altar. Aunque podía haber desenvainado la espada para cumplir sus ardientes deseos, el monarca absoluto optó por el papel y la pluma y declaró sus ambiciones sentimentales en varias cartas amorosas, entre ellas la que exhibirá la British Library.

La carta que conquistó a Bolena

En la misiva, escrita en francés -Ana se había educado en la corte de Francia- a comienzos del mes de enero de 1528, el Rey expresa su "intención inalterable" de casarse con la dama y promete "rezar una vez al día" para lograr ese objetivo. "Las demostraciones de tu afecto -señala- son tales y las hermosas palabras de tu carta están escritas con tanta cordialidad, que realmente me obligan a honrarte, amarte y servirte para siempre". "Por consiguiente, te aseguro que mi corazón estará dedicado a ti solamente", afirma el monarca, que escribe la nota con "la mano del secretario que en corazón, cuerpo y voluntad es tu sirviente más leal y confiado".

Con la inocencia de un adolescente perdidamente enamorado, Enrique VIII firma la carta, supuestamente robada en su momento por un espía del Vaticano, con la frase "H pretende a A. B. Ningún otro Rey", junto a las iniciales de su amada encerradas en un corazón. En opinión de David Starkey, historiador y comisario de la exposición, que podrá visitarse desde el 23 de abril hasta el 6 de septiembre, la misiva, "más que cualquier otra cosa", proyecta luz sobre un rincón de "la mente del Rey".

Para Starkey, "Enrique no es sólo el rey más conocido de Inglaterra, por sus esposas, su silueta y su carácter sanguinario". "Es uno de nuestros soberanos más importantes", pues "creó una iglesia nacional y una política insular y xenófóba que determinó el desarrollo de Inglaterra durante los siguientes 500 años".

El recorrido se completará con tapices, esculturas, armaduras, joyas y esculturas procedentes de otros museos. Entre la lista de objetos expuestos se contará el Salterio de Enrique VIII (libro de oraciones del monarca, que incluye miniaturas del rey representado como David matando a Goliat), un retrato de juventud, de autor desconocido (datada en 1513), el contrato matrimonial con Catalina de Aragón, de 1504, que sellaba la alianza angloespañola, prestado temporalmente por el Archivo General de Simancas.

El amor se acabó a los tres años

Los devaneos epistolares de Enrique VIII dieron sus frutos y acabó casándose con Ana Bolena el 25 de enero de 1533, si bien la llama del amor se apagó después de tres años de convivencia. Pese al nacimiento de la princesa Isabel -futura reina Isabel I-, la relación entre el Rey y su esposa se enfrió porque ella fue incapaz de darle un hijo varón y, además, no era del agrado del pueblo, que la consideraba la ramera del Rey.

Falsamente acusada de traición, adulterio e incesto, la dama que antaño hizo enloquecer a Enrique VIII fue decapitada el 19 de mayo de 1536 en la Torre de Londres. Antes de que rodara su cabeza por el cadalso, Ana Bolena aún tuvo ánimo para gastarle una broma a su verdugo: "No te daré mucho trabajo -dijo-, tengo el cuello muy fino".</p>


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Carta de Enrique VIII en la que el monarca declara su amor a la doncella Ana Bolena, a comienzos del mes de enero de 1528.- BRITISH LIBRARY

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NotaPublicado: 13 Feb 2009 20:57 
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Nadie ha negado nunca que Henry fuese un romántico. Lo era, sin lugar a dudas. Se casó con Catalina de Aragón muy enamorado de ella. Se enamoró locamente de Ana Bolena. Declaró que había amado a Jane Seymour más que a cualquier otra mujer, aunque ahí había un tufillo a incienso dinástico porque ésa fue la única capaz de proporcionarle un varón (y como se murió al cabo de unos días de haber cumplido tal misión, no hubo tiempo para decepciones). Estuvo loco de pasión por Cat Howard, tanto que casi pierde la razón al descubrir la conducta "indecente" de ella. Y quiso bastante a Katherine Parr.

La única a la que no amó fue a la única con la que se negoció la boda sin que los novios se hubiesen conocido. Es decir, la infortunada princesa Anne de Cleves.

Hal era un romántico, sí. Y un sentimental...al principio de sus relaciones. Pero volátil y extremadamente tornadizo. Sus cartas a la Boleyn llevan siglos ahí, en el Vaticano. Un bombón para los historiadores, porque son de las pocas cartas que Henry escribió por su propia mano: le cansaba tanto escribir, que se limitaba a dictar a sus secretarios, pero con aquella mujer hizo una excepción ;)


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NotaPublicado: 13 Feb 2009 21:43 
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Perfecta la descripción que hace Minnie de Henry VIII. Al principio de su reinado yo diría que aún era un caballero del sigloXV, luego la vida lo fue cambiando y terminó en ese ogro obeso tan divulgado... :cry:


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NotaPublicado: 13 Feb 2009 21:57 
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hernangotha escribió:
Perfecta la descripción que hace Minnie de Henry VIII. Al principio de su reinado yo diría que aún era un caballero del sigloXV, luego la vida lo fue cambiando y terminó en ese ogro obeso tan divulgado... :cry:


Mnnn...yo no diría que era un caballero del siglo XV, hernan. Pienso que QUERÍA ser un caballero, en su etapa juvenil. Le gustaba proyectarse hacia los demás como el apuesto, gallardo, inteligente, audaz y carismático rey Hal, el más atractivo de los monarcas de la época, decidido a no pasar de puntillas por la historia. Le gustaba esa imagen de sí mismo...y la cultivaba. Pero dentro de Hal siempre hubo un niño consentido y caprichoso.

La clave, en parte, radica en su infancia. El heredero del trono era su hermano mayor, Arthur. Por tanto, todos los cuidados y afanes se centraban en la educación y preparación de Arthur, que, muy joven, debía establecerse al frente de la gran casa asignada a un Príncipe de Gales en la fronteriza Ludlow. De Arthur se esperaba que absorviese igual que una esponja todo el conocimiento que pudiese necesitar para apuntalar firmemente la dinastía Tudor, recien inaugurada por su padre Henry VII. En cambio, Henry era el niño guapo y avispado a quien todos le reían las gracias. Empezando por su estricta abuela, Margaret Beaufort, y siguiendo por su afectuosa madre, Elizabeth de York. Incluso Henry VII podía permitirse el lujo de aflojar la presión que ejercía en Arthur cuando tenía cerca al simpático pilluelo que era Hal.

Nunca se desprendió de aquella idea infantil de que el mundo giraba a su alrededor. Evidentemente, la prematura muerte de Arthur, que le elevó al rango de príncipe de Gales, le hizo aún más pagado de sí mismo porque, además, resultó que fue el único príncipe: si fallaba él, fallaba la continuidad dinástica de Henry VII. Había dos princesas, Margaret y Mary, pero a ellas se las usaba en el juego de las alianzas, sólo eso. En Inglaterra no existía un precedente de mujeres reinantes...excepto el caso, tan dudoso, de la emperatriz Maud. Así que Henry concitaba cada esperanza de cara al futuro. Eso incrementó su tendencia natural a creerse por encima de todo y de todos.


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