Cajas de bombones, porcelanas delicadas, bandejas de diferentes tamaños, servicios de té y café, cubiertos, jarrones, llaveros, gemelos, servilletas, mantelitos del más puro hilo y un largo etcétera de objetos ribeteados de oro o adornados con fotos conmemorativas de la «Kronprinsessa» con su prometido Daniel Westling, forman parte de la tan esperada «Officiella Bröllopsserie», o serie oficial de todos los regalos que se pondrán a la venta en Suecia y en el extranjero con motivo del mayor acontecimiento del año: el próximo enlace de la futura Reina de Suecia, Victoria Bernadotte.
La presentación de esos «souvenirs», que han conseguido la real luz verde y el beneplácito de la novia, tuvo lugar con pompa, música, copetín y discurso del Teniente general Håkan Pettersson, coordinador del real evento, en Formex, Feria de diseño de Älvsjö. Son diecisiete las empresas privilegiadas encargadas de fabricar los recuerdos y todas se han comprometido a respetar el tema elegido por la Casa del Rey que consiste en la Corona sueca, la Estrella del Norte, el sigilo creado para la ocasión y los colores en clave de primavera nórdica, azul cielo, marfil, verde-limón y blanco, que son los anunciados para el enlace el 19 de junio. Es esta una colección en la que no hay objetos vulgares o de baja calidad, ideada por los más prestigiosos diseñadores del reino, en la que Suecia muestra su habilidad artesanal. Y es que, tratándose de una ocasión tan importante protagonizada por la futura Jefe de Estado de Suecia, que reunirá en Estocolmo a todas las Casas reales europeas, no se escatiman medios. Parte del dinero que generen esas ventas irán a la Fundación para fines benéficos «Kronprinsessparet».
También sabemos que será una boda ecológica en los límites de lo posible, que la Heredera dirá el «sí quiero» a su Daniel en la Storkyrka (Gran Iglesia) de la capital, un templo al que se lava la cara por 1,4 millones de euros, que tres prelados asistirán al oficiante principal, el arzobispo Anders Wejryd, que los novios recorrerán en una carroza tirada por alazanes gran parte de la ciudad y que
se han tejido 35 metros de raso de seda para el vestido de novia, «muy clásico», según su creador Pär Engsheden, un
modisto sueco muy poco conocido.