
Los mozárabes son los cristianos hispanos que viven en tierras ocupadas por los musulmanes a partir de 711. De entre su producción bibliográfica destacan los beatos, conjuntos de comentarios al Apocalipsis recopilados por un monje llamado Beato de Liébana, cuyos textos e ilustraciones fueron muy expresivos [foto a la izquierda de estas líneas]. En lo que respecta a la España musulmana, hubo abundancia de libros, fundamentalmente árabes pero también cristianos. Al ser el Corán una de las tres religiones del Libro, tiene un gran protagonismo. Por su aniconismo (prohibición de adorar a Alá bajo apariencia humana) el libro árabe no tiene ilustraciones figurativas, sino ornamentos abstractos. La caligrafía árabe, de gran belleza, se va haciendo cada vez más ornamental y se utiliza como motivo decorativo, combinándola con figuras geométricas y arabescos.
Las bibliotecas alcanzaran un desarrollo considerable en todo el Islam y también en Al-Andalus:
Bibliotecas califales: los califas mantenían y enriquecían sus bibliotecas privadas. Contemplaban el libro como un objeto de lujo que formaba parte de sus riquezas. Los gobernantes musulmanes españoles poseyeron colecciones importantes en Sevilla, Almería, Granada, Valencia… Es muy sobresaliente la biblioteca que reunió en su alcázar de Córdoba el califa Al-Hakam II, con volúmenes traídos de Alejandría, El Cairo, Bagdad, Damasco, etc. También en Toledo, como centro transmisor de la sabiduría árabe a Europa, hubo grandes bibliotecas de libros árabes.
Bibliotecas de mezquitas: las mezquitas y las escuelas coránicas adjuntas a ellas (madrasas) contaban también con bibliotecas. Las bibliotecas de las madrasas tenían algunos rasgos de biblioteca pública: permitían el préstamo a domicilio y tenían algo similar a una sala de lectura, con columnas y alfombras. El Corán se colocaba en el punto más alto: ningún libro podía colocarse encima del libro sagrado. Estas bibliotecas disponían de un catálogo y una clasificación temática.
Bibliotecas privadas: en Al-Andalus hubo también bibliófilos particulares, gente culta y habitualmente religiosa. Se cree que consiguieron reunir miles de volúmenes en sus casas.
Una de las grandes aportaciones de los árabes al mundo del libro fue la difusión del papel, que había sido inventado en China en el s. II a. de C. Los chinos habían conseguido guardar el secreto, pero los árabes consiguieron revelarlo en el s. VIII, por lo que se irá expandiendo por el imperio árabe hasta que hace su entrada en Europa hacia el año 1.100 a través de España.
Una vez superado el terror al fin del mundo que provocó el año 1.000 y que marcó el fin de la Alta Edad Media, entramos en una época de recuperación económica y demográfica. Las ciudades empiezan a tomar fuerza y la actividad cultural pasa del aislamiento del monasterio en zonas rurales al bullicio de los núcleos urbanos, que responden mejor a las nuevas necesidades. Las instituciones por excelencia de la Baja Edad Media son la catedral y la universidad, que nace en estrecha conexión con la Iglesia. En el s. XIII las universidades alcanzan su constitución definitiva. Son una derivación de las escuelas catedralicias, pero ahora tienen entidad propia, al margen de la catedral y de las órdenes religiosas.
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