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 Asunto: Re: Charles Maurice de TALLEYRAND
NotaPublicado: 19 May 2014 21:15 
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Hay traducción al castellano de la biografía escrita por Duff Cooper : El mago de la diplomacia. No sé si ahora es de fácil adquisición... :-p


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 Asunto: Re: Charles Maurice de TALLEYRAND
NotaPublicado: 19 May 2014 21:16 
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Registrado: 05 Jul 2012 21:41
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Que bien Legris. Faltaban fotos.
Voy a leer con detenimiento las respuestas de Minnie y Updrige.

Psd. He empezado ya el libro de La Duquesa de Sagan de Idelfonso Arenas. Por si el autor, al verse mencionado nos lee, elevo mi mas enérgica protesta por la libertad que se toma al atribuir a la Duquesa un gusto literario mas bien dudoso. ¡Jane Austen le produce Risa¡. No, no, y no. Nadie con sensibilidad y gusto por la lectura hubiese tenido jamas tal reacción ante la testarudez de miss Elizabeth Bennet, las desgracias de las señoritas Dashwood o la visión ilusoria de la vida de Emma.
Estoy segura que Wilhelmina hubiese querido (como yo), abofetear a Elizabeth cuando rechazó a Darcy en Rosings. Sin duda apreciaría el mutuo amor y la posición económica y social del pretendiente.


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 Asunto: Re: Charles Maurice de TALLEYRAND
NotaPublicado: 19 May 2014 23:01 
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Minnie escribió:
Upridge =D> =D> =D>

En España, hay que admitirlo, no son demasiado famosas esas cuatro Gracias de Curlandia.

Pero lo curioso del asunto es que no era la primera vez que uno de sus amantes la hacía a un lado "por culpa" de una de sus hijas. Su hija mayor Wilhelmine había iniciado allá por 1801 una aventura sexual, en la efervescencia de la juventud, con el que entonces era el compañero sentimental de Anna Dorothea, el aristócrata finés Gustaf Mauritz Armfelt. Cuando Wilhelmine se embarazó de Armfelt, fue imposible que Anna Dorothea no se diese por enterada del affaire, que le hizo llevarse un buen berrinche. El resultado de aquello fue una niña ilegítima, Vava Armfelt, de la cual se hicieron cargo en Finlandia. Wilhelmine estuvo sobrada de tiempo para lamentar el haber tenido que renunciar a Vava Armfelt.

Considerando el episodio Armfelt de Wilhelmine, con la que mantenía una relación poco materno-filial, Anna Dorothea se quedó literalmente apabullada por las circunstancias cuando hubo de afrontar que su pequeña Dorothée prevalecía ampliamente sobre ella misma en el interés del muy maduro pero aún fascinante Talleyrand del Congreso de Viena. Para Anna Dorothea debió ser la definitiva toma de conciencia de su propia edad, iniciaba el declive mientras sus hijas protagonizaban algunas escenas inolvidables en la Viena del Congreso.

En cuanto a Dorothée, la posibilidad de irse a Viena con el tío Talleyrand fue una maravillosa válvula de escape a la tremenda frustración que le producía su matrimonio con Edmond. Hay que pensar que Dorothée, adolescente, había estado muy románticamente prendada del aristócrata polaco Adam Jerzy Czartoryski, una de las figuras de la corte imperial de San Petersburgo, amigo Alexander, primero zarevitch y luego zar, y además según se comentaba vinculado sentimentalmente a la bellísima esposa alemana del propio Alexander, Elizabeth Alexeyevna. Anna Dorothea había jugado sucio, con la connivencia del que antaño había sido su querido y más que probable padre biológico de Dorothée, el también polaco Alexander Batowski, para evitar cualquier idilio de su hija Dorothée con Adam Czartoryski. Aquello no era lo que convenía en aquel momento, la gran señora ya tenía en mente un casamiento francés de relumbrón para la petite Dorothée.

Dorothée nunca fue ni remotamente feliz junto a Edmond, que debía ser un perfecto ejemplo de "bueno para nada", un mozo que tenía un puesto de mucho lucimiento en el séquito de Berthier pero que sólo pensaba en demostrar su habilidad jugando a los naipes con fuertes apuestas por medio y en galantear mujeres de dudosa reputación. Por lo que se sabe, independientemente del "carrerón" de su madre y de sus tres hermanas mayores, Dorothée, que llegó a Francia siendo una mocita escuálida, fue una esposa sufriente y virtuosa para Edmond. Pese al ambiente en el que se movía, Dorothée conservó una reputación de decente esposa de Edmond hasta la etapa Congreso de Viena. Ahí surgieron los rumores sobre la clase de relación que sostenía con el tío Talleyrand y, ya puestos, ahí se consumó su aventura con el apuesto aunque un tanto vano conde Clam Martinic.


Minnie, no sé si tienes o no razón cuando dices que en España no se conoce mucho a la Duquesa de Sagan ni tampoco a sus hermanas, pero es que en mi experiencia conozco a muy pocos que sepan que una vez hubo un señor que se llamó Talleyrand. Me temo que la curiosidad nacional por los grandes hombres y mujeres de la historia que nacieron y vivieron más allá de las fronteras es muy pequeña, lo cual quizá podría imputarse a la desastrosa costumbre nacional de traducir los nombres de la gente. Así, por ejemplo, ¿qué curiosidad podría nadie perfeccionar si para saber algo de la hija mayor de la Duquesa de Courlande tuviera que buscar por Guillermina de Sagan? Al no encontrar nada lo normal sería que se desentendiese, y a sí sucede, que somos un país de desentendidos e indiferentes.

Hasta donde tengo entendido en el verano de 1800 la duquesa de Sagan, que lo era desde primeros de año, andaba un tanto cabreá porque la reina Luise de Prusia, con la que se caía respectivamente mal, le había dejado compuesta y sin pretendiente, al convencer al calzonazos de su dueño y señor de que negase a su primo Louis-Ferdinand el derecho a pegar un braguetazo colosal con la recién titulada Duquesa de Sagan, la cual era un primor de 19 añitos sentada en la mayor fortuna de Europa, ya que su padre, segundos antes de perecer, había desheredado por pendón a su desatada hija Johanna, pasando lo que le habría correspondido -el condado de Náchod- a su primogénita y favorita. Con tales dones era natural que Louis-Ferdinand, que no tenía dónde caerse muerto, alucinara pepinillos con el ardor que le mostró la jovencita en la umbría de los bosques de Löbichau, aunque para consternación de todo el mundo el ucase de la implacable belleza del pañuelazo y el bofio le dejó tal y como estaba: tieso del todo. Wilhelmine se lo tomó fatal, intuyo porque a la sazón andaba muy necesitada de los bajos (las cuatro hermanitas, que jamás se parecieron mucho a las de Louise Mary Alcott, alcanzaron la posteridad con un asombroso record familiar: todas ellas, en algún momento de sus vidas, disfrutaron una "enfermedad de nueve meses"), de modo que puso sitio al coyuntural amante principal de su mamá, el general Von Armfeldt, a la sazón asesor financiero de cabecera (el secundario seguía siendo Batowski, al cual mantenía cómodamente hospedado en un pequeño schloss de las proximidades, por si las urgencias), tras lo cual comenzó a ser asesorada con frecuencia. Dado su carácter descuidado se asesoraba en todas partes de la casa (Löbichau es un supercasoplón), aunque con la mala pata de que un día la madre los pilló en pleno asesoramiento. Hay diversos relatos acerca de cómo se lo tomaron, casi todos ellos de tipo muy melodramático, pero en mi opinión personal, siendo las dos esencialmente prusianas, supongo que no se desencajaron demasiado. En realidad todo eso da lo mismo, pues lo importante fue que pocas semanas después las dos descubrieron que tenían un problema bastante peor. Pese a una boda orquestada a toda prisa con un príncipe parásito francés, Louis de Rohan Gemenée o algo por el estilo, el tripartit consideró que no habría forma de camuflar de prematuro/a a lo que viniera, de modo que se inclinaron por un parto de tapadillo, bajo nombre supuesto, en la lejana Hamburgo. La partera era incompetente, la cachorra muy grande y la consecuencia resultante que Wilhelmine ya nunca tendría que preocuparse de preñeces indeseadas. Quizá en venganza por eso impuso a la criatura el nombre de Gustava, y tras eso se la encajaron a unos primos Armfeldt del general Von Armfeldt. Es notorio que años después Wilhelmine de Sagan hizo todo lo que pudo, y varias veces (liarse con el Zar fue una), para recuperar a su hija del pecado, aunque sin éxito. Fue de las pocas cosas en las que esta gran mujer, modelo indiscutible de la perfección femenina, no consiguió salirse con la suya.

La Duquesa de Courlande que habría matado por ser la châtelaine de Talleyrand en septiembre de 1814 rondaba los 54 y estaba para los leones, o casi (moriría seis años después, tengo entendido que del corazón, como años después le sucedería a su hija mayor). Es perfectamente natural que Talleyrand le agradeciera los servicios prestados. Quizá no demostrase mucha humanidad al desinstalarla de su vida como haría con un zapato viejo, pero Talleyrand, cuando le convenía, razonaba como un hombre de estado, y el jefe de la legación francesa en el Congreso de Viena no podía presentarse en los salones del bracete de una yaya, por venerable que fuera. De ahí que apostara por Dorothée, con lo cual hizo muy bien (ningún miembro de ningún cuerpo diplomático se lo reprocharía).

No creo que a Dorothée le apesadumbrase demasiado disfrutar un marido imbécil, putero ad nauseam y que se jugaba hasta la ropa interior de su señora. Era, por entonces, el destino de las aristócratas: casarse con el primer idiota de gran nivel que se lo propusiera, engendrar un heredero y a vivir, que son dos días. Así lo hizo Wilhelmine, que durante cinco años sostuvo un matrimonio triangular con Louis y con Armfeldt (a éste no lo desinstaló tras parir), al punto que iban juntos a todas partes, a París también, y los dos miraban hacia otro lado con admirable bonhomía cada vez que la duquesa les pegaba el salto; también lo hizo así Pauline, que tras casarse con el estólido príncipe Hollenzollern-Hechingen resistió junto a él lo justo para engendrar, y en su momento parir, a su único hijo Konstantin, para tras eso mudarse a Viena y emprender una vida que hacía las delicias de la yellow press imperial; una vida en la que pronto se le reunió la tercera hermana, Johanna, casada gracias a gestiones de su madre con un noble italiano, un Duque d'Acerenza del que se cuenta que las esposas ardientes no le gustaban demasiado, al punto que cinco años después Jonanna-Jeannette le dejó plantado y se fue fue a vivir a Viena con Pauline. Al inicio del Congreso de Viena, por cierto, la correlación de amantes en presencia era como sigue: Wilhelmine con Metternich aunque ya planeando cambiarlo por el Zar, y además Alfred Windisch-Grätz (era tonto de capirote, pero habría dado celos a Nacho Vidal), y Pumpernickel y Sir Christofer Lamb para el asunto del de vez en cuando; Pauline con el general Vallmoden (y otro más cuyo nombre ahora mismo no recuerdo), Johanna con el barón Gentz y Dorothée ya velando armas con Talleyrand (el bello checo Clam-Martinitz aún tardaría en manifestarse). Eran, en fin, cuatro hermanitas deliciosamente depravadas. Lástima que la historia no nos haya regalado muchas más como ellas.


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 Asunto: Re: Charles Maurice de TALLEYRAND
NotaPublicado: 19 May 2014 23:14 
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Legris, muchas gracias por las dos fotos. En la segunda, sin embargo, el pie podría confundir, ya que la Dorothée que aparece en ella es la recién casada de 17 años (todavía delgadísima) que durante unos cuantos más sólo sería Condesa de Périgord. No ascendió a Duquesa de Dino hasta cumplir los 24.

Josefita, no puedo siquiera opinar sobre Jane Austen. Jamás la he soportado, ni siquiera de niño. Mucho me temo que jamás he podido leer más de cinco páginas suyas sin regalar el libro a mis cuñadas. En general, el romanticismo británico femenino de primeros del XIX me gusta más o menos tanto como el "Hola". Otra cosa son las grandes escritoras feministas británicas de la misma época. Ésas sí que tenían sustancia. Lo malo era que también resultaban por demás aburridas, pero esa es otra historia.


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 Asunto: Re: Charles Maurice de TALLEYRAND
NotaPublicado: 19 May 2014 23:17 
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Upridge escribió:
Talleyrand y su châtelaine llegan a Viena a finales de septiembre de 1815. Por entonces ya tenían una comunión espiritual e intelectual extraordinariamente profunda (Talleyrand jamás se habría llevado a Viena una castellana que no fuera perfecta en lo intelectual y en lo diplomático; ya penó lo suyo cuando la Worlée-Grand desempeñaba ese papel), aunque comparto lo que se dice en "Álava en Waterloo", que aún no habían dado el gran salto, el que conduce del mantel a las sábanas. Ahora, supongo también que no tardarían en darlo. En Viena se congregaban los intelectos más resplandecientes y deslumbrantes de la vieja Europa, y el que más brillaba era el que gracias a su afortunado pie no perdía el tiempo en tonterías improductivas, como bailar o cazar. De ahí que coloque todas mis apuestas a que antes de la Navidad de 1815 Dorothée adquiriera el derecho a llamar a Talleyrand algo más que "querido tío".



Fíjate que yo ahí disiento...Ojo, que cualquiera sabe, jejejeje, realmente como tú bien señalas nos movemos en el terreno de las especulaciones, pero mi opinión, que vale lo que valen las opiniones en este tipo de cuestiones, o sea, más bien poco, jejeje, es que Talleyrand se llevó a Dorothée a Viena porque probablemente estaba empezando a sentirse deslumbrado por su sobrina política en más de un aspecto, pero que en la ciudad imperial, por mucho que entre ambos se hiciese evidente una fuerte ligazón, no hubo eso que tú llamas, con gracia, el paso del mantel a la cama. Creo que en Viena Dorotheé se desató, que por fín se permitió ceder ante una pasión adulterina. Probablemente el ver de cerca cómo se las gastaban sus hermanas Wilhelmine, Pauline y Johanna, amén de otras damas de notable distinción social, le ayudó a sentirse liberada de la carga de su matrimonio con Edmond. Pero en Viena, en mi opinión, Dorothée estaba demasiado "pillada" con Clam Martinic.

Yo siempre me he imaginado a un Talleyrand viejo zorro, que seguramente fue capaz de anticipar el desarrollo y también el desenlace de la aventura vienesa de Dorothée. A lo mejor me equivoco de cabo a rabo, pero no me figuro a Talleyrand deseando que Dorothée pasase directamente del matrimonio nada gratificante con su sobrino bueno para nada a una relación privada con él mismo. A mí me parece que Talleyrand debió encontrar bastante justo y necesario el interludio Clam Martinic. Pero, repito, puedo equivocarme de cabo a rabo.

Es bien cierto que las hermanas mayores de Dorothée se habían mofado mucho de ésta cuando era pequeña. La llamaban Mademoiselle Batowska, que era lo mismo que llamarla bastarda en su cara. Probablemente Wilhelmine llevaba la voz cantante, secundada por Pauline y Johanna; a fín de cuentas Wilhelmine era la mayor, la favorita de su padre Biron, la heredera de los Biron, etc, etc, etc. Pero aparte de eso, cuando Dorothée llega a Viena, sus hermanas mayores están francamente deseosas a encontrarse con ella. Han transcurrido años de distancia, en parte debida a la guerra a escala continental en la etapa Bonaparte; Anna Dorothea y Dorothée han trazado sus órbitas en la Francia de Napoleón, mientras que Wilhelmine, Pauline y Johanna, asentadas en Viena, han considerado al corso lo peor de lo peor. En 1814, el panorama ha cambiado radicalmente y yo sí creo que las tres hijas mayores de Anna Dorothea están ansiosas por ver en Viena a la joven Dorothée, a la que ya no llaman, porque no quieren llamarla, Mademoiselle Batowska.

También te doy la razón en que Wilhelmine está en etapa crepuscular con Metternich, pero es porque ella así lo quiere. A Metternich, Wilhelmine le dejó muy pero que muy tocado; era un caso en que ella le hubiera podido tener día tras día como en un bolero tipo "si tú me dices ven...". De cualquier manera, aparte la vinculación con Metternich y el amor sin esperanza por Alfred Windischgräetz, Wilhelmine tuvo otras ocupaciones en Viena. Desde darle la tabarra al zar Alexander para que éste le ayudase a recuperar a su hija perdida, Vava Armfelt, hasta ligarse al volátil y bullicioso Charles Stewart, el hermano de lord Castlereagh. Entre Wilhelmine, Pauline y Johanna, que tenían sus propios amantes de fuste, las chicas de Curlandia eran factores a tener en cuenta en la Viena del Congreso.


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 Asunto: Re: Charles Maurice de TALLEYRAND
NotaPublicado: 19 May 2014 23:29 
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ArsinoeIV, las memorias de Talleyrand que éste dictó a Adolphe de Beaucourt, su secretario desde su nombramiento como embajador en Londres en 1830, y más o menos desde entonces amante regular de la Duquesa de Dino (Talleyrand, por aquellas fechas, no tenía inconveniente alguno en mirar hacia otro lado), resultan altamente sospechosas, como sin duda sabes. Su primera determinación, que no se publicaran en tanto aún viviese ninguno de los que citaba en ellas, exponía un evidente deseo de evitar refutaciones por parte de testigos presenciales. En realidad, pienso que las dictó (era positivamente imposible que las escribiera él; de tan vago como era sostenía que si debía escribir algo de su puño y letra sería necesario que se lo dictaran, ya que no era capaz de hacer las dos cosas a la vez: pensar y escribir) para no sólo entretenerse un poquito, sino para dejar a sus descendientes unos derechos de autor que nunca les fallasen.

De todos modos, muchas gracias por los links. A muchos de nosotros nos vendrán la mar de bien.

Este tampoco es malo:

http://www.amis-talleyrand.org/fr/

Este otro tampoco está mal del todo (lo hay mejores):

http://www.dames-de-courlande.fr/fr/


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 Asunto: Re: Charles Maurice de TALLEYRAND
NotaPublicado: 19 May 2014 23:55 
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Minnie, hasta donde tengo entendido Clam-Martinitz, ADC de Schwarzenberg, no asomó el hocico en la vida de Dorothée hasta muy a finales de diciembre de 1814. Para entonces, e insisto en que según creo, ella había ya descubierto con su tío que el sexo era bastante más que ponte bien, estate quieta, un par de culetazos y esto es todo, ciudadana, lo cual era todo lo que su incalificable marido le concedía. Según "Álava en Waterloo", donde su autor describe todo esto no sé si con fidelidad de cronista o con imaginación de novelista, pero en cualquier caso con todo detalle y a conciencia, Clam-Martinitz y Dorothée no pasan a mayores hasta finales de febrero de 1815 (a mayor abundamiento, en la casa de Pauline), un tiempo en que Talleyrand había ya conseguido que Francia fuese admitida en las salas de conferencia "reservadas", cosa que le había costado cuatro meses de codazos; al tener mucho más trabajo, pues por fin ya podía conspirar, amenazar, sobornar y traicionar a gran escala (las funciones más elevadas y sublimes de la profesión diplomática), dedicaba mucho menos tiempo a su sobrina, la cual, por su parte, al haber sido iniciada por su tío en los misterios del tú ya me comprendes se había vuelto una especie de fogón insaciable, y el bello Karel venía muy bien para eso, para saciar lo que buenamente se pudiera.

En cuanto a la supuesta alegría de volver a verse las cuatro juntas quizá no hayas tenido en cuenta que ya se habían juntado, en París, en abril de aquel mismo año. Habían ido las tres vienesas en la estela de Metternich; él iba para negociar lo que después se conocería por la Primera Paz de París, y ellas, ante todo y por encima de todo, a renovar su vestuario por cuenta del tesoro austríaco, ya que el abnegado Metternich, cuya cuenta de gastos era ilimitada, pagaba todas las facturas. Fueron las mejores semanas de Wilhelmine con Metternich, pues sacaba para ella todo el tiempo que podía y no sólo eso, sino que cada noche le ponía bien al tanto de las negociaciones, lo que permitía que Wilhelmine, interesada sobre todo en cualquier cosa que tuviera que ver con Silesia (el ducado de Sagan, 120.000 hectáreas extraordinariamente fértiles y más de 30.000 vasallen, era casi un tercio de su patrimonio), arrimase al mejor estilo, y de la forma recomendada en esos casos, el ascua a su sardina.

De allí, de París, siguieron las tres vienesas a Londres, acompañando a Metternich y escandalizando bastante a la pudibunda gran sociedad británica, la cual, sin embargo, se tuvo que aguantar cuando la Reina Charlotte, tan báltica como ellas tres (era una Mecklenburg-Strelitz), las invitó a un té que duró varias horas, todas ellas habladas en un alemán que la pobre ya casi había olvidado y riéndose como una loca todo el tiempo, y es que no debes olvidar que Wilhelmine, cuando se lo proponía, era absolutamente irresistible. Después vino el episodio del regreso, de la propuesta por parte de Metternich de un 2.0 del triángulo Luis XV - Madame de Pompadour - María Legzinska y de ahí, todo seguido, a la celebérrima "mucha pasión pero poco arte", aunque lo que cuenta, a los efectos de lo que aquí tratamos, era que las cuatro hermanas ya se habían reencontrado y reconciliado (llevaban sin hablarse desde que Dorothée se pasase al enemigo casándose contra un francés), aunque quererse, lo que se dice quererse, me parece que nunca se quisieron demasiado.


Última edición por Upridge el 20 May 2014 17:25, editado 1 vez en total

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 Asunto: Re: Charles Maurice de TALLEYRAND
NotaPublicado: 20 May 2014 00:14 
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hernangotha escribió:
Muy buen hilo Updrige. Felicitaciones!!!


hernangotha, muchas gracias por tu elogio; viniendo de un forero que ha conseguido 90.000 visitas en un solo hilo es para sentir un regusto especial.


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 Asunto: Re: Charles Maurice de TALLEYRAND
NotaPublicado: 20 May 2014 07:38 
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WOW!Felicitaciones por el hilo! FANTASTICO :bravo: :bravo: :bravo: :bravo: :bravo: :bravo:


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 Asunto: Re: Charles Maurice de TALLEYRAND
NotaPublicado: 20 May 2014 09:09 
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Upridge, Arsinoe y Josefita, muchas gracias por el hilo, está interesantísimo! Excelente!

:yay:

El libro de Duff Copper sí está disponible en Amazon en edición de bolsillo.

http://www.amazon.de/Talleyrand-Grove-Great-Lives-Cooper/dp/0802137679/ref=sr_1_fkmr0_2?ie=UTF8&qid=1400569659&sr=8-2-fkmr0&keywords=duff+copper+talleyrand

Saludos,

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 Asunto: Re: Charles Maurice de TALLEYRAND
NotaPublicado: 20 May 2014 09:47 
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Registrado: 18 Jul 2012 18:58
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Upridge escribió:
Octavius, no me atrevo a definir "la mejor biografía de Talleyrand". Mejor o peor son términos subjetivos, y la subjetividad es como la nariz, que todos tenemos una particular y específica. Sólo me atrevo a decir que mi favorita es la de Duff Cooper. No sé si se ha traducido al castellano, pero como tú no tienes dificultades con el inglés eso no será inconveniente para ti. Es, además, la clase de libro que se reimprime de vez en cuando, lo mismo en sellos británicos como americanos, de modo que dar con un ejemplar en Amazon te costará un par de "clicks". Ahora bien, otros quizá tengan otras preferencias (hay cantidad de biografías de Talleyrand), tan justificadas como pueda estar la mía. Si estoy tan a favor de la de Cooper es porque Talleyrand, en esencia, era un diplomático (el arquetipo del diplomático, me atrevería a decir); Cooper también lo fue, y como los diplomáticos son una raza separada, distinta del resto del género humano, un diplomático hablando de otro diplomático me resulta más agradable al paladar.


Gracias Upridge por la excelente recomendación. Otros lectores en Amazon recomiendan Lives of Tayllerand de Crane Brinton (una historia intelectual).

http://www.amazon.de/Lives-Of-Talleyrand-Brinton-Crane/dp/0393001881/ref=sr_1_fkmr0_3?ie=UTF8&qid=1400571784&sr=8-3-fkmr0&keywords=crane+brinton+tayllerand

Me acabo de dar cuenta que Copper fue el marido de Lady Diana Manners. Vamos que otro personaje por sí mismo!

Gracias a todos de nuevo por este hilo!

:bravo: :bravo:

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 Asunto: Re: Charles Maurice de TALLEYRAND
NotaPublicado: 20 May 2014 10:15 
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Tanja y Amélie, muchas gracias en la pequeña parte que me toca (la de Minnie y la de Josefita son mayores; yo me limito a seguir sus estupendas aguas).

Un poquito de Pinacoteca siempre viene bien. A menudo, conocer el careto que tenían las personas de las que se habla es bueno para entenderlas.


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Este de aquí arriba es Talleyrand a los 63 años (1817; el pintor es Proud'one), a los dos de haber cesado como President del Conseil Privé y dedicándose a la buena vida tras el regreso de Dorothée (se había ido de su lado en octubre de 1815, con la cabeza perdida por el bellísimo aunque muy bajito Karel Clam-Martinitz, el cual la dejó plantada en Venecia dos meses después, preñada de cinco meses y con el mundo viniéndosele encima; para su fortuna, Wilhelmine se la echó a la espalda, le ayudó a parir a la que con el tiempo sería Bozena Nemcová -la Rosalía de Castro checa-, la camufló como hija de una fregona y un cochero de los suyos, y, una vez reestilizada y en forma, la puso de regreso a París, para reunirse con un Talleyrand del que ya no se separaría el resto de su vida, la de él). En ese 1817 Talleyrand se pensaba que ya no pintaba nada, que estaba totalmente amortizado, aunque lo cierto era que Luis XVIII, que no se fiaba mucho del Duque de Richelieu, se confesaba con frecuencia con el que jamás dejó de ser l'Éveque d'Autun. Por lo demás se dedicaba a pagar la reconstrucción de Valençay que había emprendido su sobrina y châtelaine (carísima, si bien Valençay quedó que daba gloria verlo), para lo cual seguía poniendo el cazo cuanto fuera menester, ya que, por arrumbado que se hallara, desde su puesto de Gran Chambelán de la Corte seguía manteniendo una insuperable capacidad de mangoneo financiero-administrativo.


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Este es Talleyrand con 74. En lo físico se le notaban, pero en lo intelectual no, ya que seguía siendo el extraordinario conspirador que había sido siempre. Por entonces iniciaba la demolición desde dentro de la dinastía borbónica, empezando por el de veras incompetente Charles X y su aún más tonto hijo, el Duque d'Angôuleme, en la cual tuvo una participación decisiva su portentosa châtelaine, aunque eso ya casi justifica un hilo por sí mismo).


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Esta es una despiadada caricatura británica (son los indiscutibles reyes de la despellejación gráfica) de cuando Talleyrand representaba en Londres los intereses de Louis-Philippe d'Orléans (1830-1834). A la sazón Talleyrand se acercaba a los 80 y su sobrina a los 40. La llamativa diferencia de estaturas no se debe solamente a que Talleyrand caminara encorvado o hubiera encogido un poquito, como suele suceder a ciertas edades, sino a que Dorothée era un pedazo de señora. Solía llamar la atención que sus tres hermanas fueran más bien menudas si no tirando a retacos, mientras ella era grande y fuerte como un caballo, cosa que los exégetas de la sangre azul achacaban a sus potentes genes polacos, mientras que sus hermanas mostraban los estigmas de la un tanto podrida estirpe de los Von Biron. Quizá por ello ellas tres no pasaron de tener un hijo cada una (sólo el de Pauline no fue fruto del pecado), mientras Dorothée tuvo el nisesabe (tres con Edmond de Talleyrand-Périgord de un modo indiscutible, una con Clam-Martinitz, otra oficialmente con Edmond aunque las apuestas van a favor de Charles-Maurice, y dos más que le adjudica la Wikipedia y que ignoro de dónde diablos salen).

(edito para rectificar: Pauline, tras separarse de su Hohenzollern-Hechinguen, tuvo una niña con otro Rohan-Guemené, creo recordar que hermano de su cuñado por parte de Wilhelmine; a esta niña la bautizaron en Viena como Mary Wilson, pero al poco su tía Wilhelmine la adoptó legalmente, la llevó a Dresden y allí la rebautizó-reinscribió como Mary von Steinach, con lo cual la criatura quedó como mucho más aristocrática; esta Mary von Steinach fue la primera de las cuatro niñas que Wilhelmine adoptaría a lo largo de su vida, de las que tres le sobrevivieron; un hobby como cualquier otro, aunque las mentes piadosas y bondadosas sostienen que lo hizo en expiación por haberse librado de mala manera de la única que parió con los medios de a bordo)

Imagen


Este pedazo de mujer, pintada alrededor de 1800 por el Barón Gérard (un tipo que hacía fotos, y además muy buenas; fue el Thomas Lawrence francés), es Catherine Worlée-Grand, señora de Talleyrand. Su historia es ejemplar: cruce de francés y danesa (o al revés), a los ventitantos se ganaba la vida en París como cocotte de muy altos vuelos, hasta que Talleyrand, embelesado con lo buenísima que estaba, la retiró. Se vio forzado a casarse con ella por el ridículo puritanismo de Bonaparte (no hay dictador bajito que no sea puritano, como bien sabemos aquí), con lo cual hubo de padecerla un tiempo en calidad de châtelaine. Es notoria la definición que hizo de su intelecto: "su cerebro es como el de la más bella rosa de mi jardín". Sólo pudo desprenderse de ella a raíz de alojar en Valençay a Fernado VII y a su séquito; en éste figuraba un Duque de San Carlos que, aunque feísimo y bajito, siempre tuvo problemas a la hora de cabalgar, por no saber dónde colocar el sable. En Valençay describen guiñando un ojo la escalera de caracol por donde la bella Catherine descendía noche sí, noche también, para encontrar consuelo en el camastro de San Carlos, y así estuvieron hasta que Fernando regresó a España para nuestro mal y ella se emigrara en Londres para bien de Talleyrand. Es curioso que si bien Dorothée nunca puso mala cara a las incontables amantes de su tío, a varias de las cuales tuvo a pan y cuchillo largas temporadas en Valençay, a Catherine, la única "legítima", jamás la pudo ver.

Sigo en cuanto pueda.


Última edición por Upridge el 20 May 2014 17:39, editado 1 vez en total

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