Los niños Cornwallis West... Daisy, George y Shelagh... no recordarían a posteriori su infancia como una época feliz. En gran medida, eso se debía a que, para su gusto, pasaban demasiado tiempo en la mansión familiar de Londres, el número 49 de Eaton Place. No sólo se trataba de que Patsy se había empecinado en encauzar lenta pero inexorablemente a su marido William hacia la política: el hombre acabaría cumpliendo con cierta dignidad, desempeñando durante ocho años una representación por uno de los distritos de Denbigshire en la Cámara de los Comúnes. Lo principal era que Londres les servía de plataforma durante la larga y apasionante Temporada Social, de la que Patsy no hubiera prescindido jamás. Sin embargo, sus hijos detestaban la gran mansión de Eaton Place, demasiado oscura y, en cierto
modo, lúgubre. Añoraban Ruthin Castle, dónde la atmósfera era más ligera, más brillante, y disponían, por añadidura, más oportunidades para escapar al control de la muy estricta niñera, Mistress Haig.
Había un patrón de típicas niñeras al estilo británico, universalmente apreciadas, que sabían disciplinar a sus pupilos, ajustarlos a una serie de pautas sociales claramente definidas, criarles para que ocupasen con una especie de natural solvencia su puesto en el mundo...pero todo ello proporcionando, a la vez, cierta dosis de calor humano. Mistress Haig era demasiado severa y excesivamente rígida; en ella no había ni un ápice de simpatía y menos aún de afecto por los niños. Los chicos Cornwallis-West detestaban fervorosamente a Mistress Haig. Sus afectos los depositaron en otros miembros del staff doméstico. Daisy y Shelagh parecen haber mostrado un especial cariño por la doncella de Patsy, Dolly Crowther. Por su parte, George sentía tanto amor por Mr Bolton, el atemporal mayordomo de Ruthin Castle, que cuando el hombre falleció de viejo, el chico, ya casi adulto, sufrió una auténtica crisis nerviosa. Bolton y Crowther eran quienes representaban un margen de seguridad afectiva para los niños Cornwallis-West, cuyos padres estaban demasiado ocupados con la vida social de la época.
Sería muy arriesgado suponer, no obstante, que los chicos se resentían por el escaso contacto con sus padres. Era algo que se daba por descontado entre la gente de su clase social en la época que les había tocado vivir, por tanto no suponía ningún trauma para ellos. No implica que no les interesase el bienestar de los hijos: en uno de los frecuentes colapsos nerviosos del niño George, el doctor Ticket fue lo bastante hábil para sonsacarle y descubrió que la tensión constante que afectaba al pequeño la provocaba la rudeza innecesaria de Mistress Haig. El doctor no dudó en informar a los Cornwallis-West y estos no dudaron tampoco en despedir a la niñera Haig, que había llegado a sus vidas provista de excelentes referencias. Enseguida importaron desde Ruthin una mujer de plena confianza para que reemplazase a Mistress Haig: Mistress Evans. Era tan cariñosa que en un santiamén tenía a sus pupilos comiendo en la palma de sus manos. Al cabo del tiempo, Daisy y Shelagh recibirían una gobernanta, llamada afectuosamente Pawskie. Pawskie representaría otra figura de referencia en el plano emocional.
Si uno repasa las memorias de Daisy, se encuentra con que, más bien al contrario de lo que se podría esperar, los chicos apreciaban de manera especial los momentos en que podían disfrutar de mayor relación con sus progenitores, algo que solía ocurrir en Ruthin, lejos de Eaton Place. Daisy nunca se olvidó de un pequeño pabellón de caza que su padre tenía en las cercanías de Ruthin, denominado Llanarmon. Las excursiones cinegéticas en Llanarmon conformaban un recuerdo agradable.
En otro orden de cosas...los Cornwallis-West se pasaban el tiempo "recibiendo" cuando estaban en Ruthin. El cruce de visitas a las propiedades de recreo era una auténtica tradición de la aristocracia británica. Había asiduos como Alice, una de las hijas del marqués de Downshire que, a su tiempo, se había casado con lord Bective, a su vez hijo del tercer marqués de Headford. Daba la casualidad que el tercer marqués de Headford, padre de lord Bective y suegro de lady Alice, era un hermano de Olivia Fitzpatrick, la madre de Patsy Cornwallis-West. Ese parentesco contribuyó decisivamente a la amistad entre Patsy y lady Alice, que cada dos por tres aparecía por Ruthin, a menudo llevando consigo a su hija Olivia. Adelaide Taylour, una hija del tercer marqués de Headford, hermana de lord Bective y cuñada de lady Alice, también solía presentarse en Ruthin. Lily Pocklington era otra amiga de Patsy Cornwallis-West que habitualmente se dejaba caer por allí. En el caso de Lily, se trataba de una mujer más controvertida: había tenido la osadía de montar una boutique para vender sombreritos.
Tanto visiteo social se incrementaría cuando William y Patsy entraron en posesión de la hermosísima mansión de Newlands, en el estuario del Solent, tras la muerte de Therese Whitby Cornwallis-West. Siempre me he figurado que para Therese debió ser una amargura morirse sabiendo que su detestable nuera irlandesa Patsy se convertiría en la siguiente dueña de Newlands. Realmente, a Patsy le faltó tiempo para reedecorar la mansión y, sobre todo, para rediseñar los jardines de Newlands. La mansión estaba muy estratégicamente situada en relación con eventos como las celebérrimas regatas de Cowes, por lo que el flujo de distinguidos huéspedes era constante.