De verdad que no entiendo el furor de la chavalería por el “Conejo Malo”. En su “casita” ha estado todo Madrid. ¡Hasta Marta Ortega! Yo soy más de la generación de nostálgicos que está disfrutando del regreso de Amaia a La Oreja de Van Gogh, un grupo que nos "crio” a todos.
Al Papa le preguntaron por él en el avión, a Monseñor Cobo también, algunos medios dijeron que podrían recibirle en la Nunciatura o participar en algún evento. Parece que muchos chavales que llegaron a Madrid para ver al Papa también tenían entrada para los conciertos. Hay una especie de resurgimiento de la fe en algunos artistas muy jóvenes. Hablan abiertamente de su creencia en Dios y de la importancia que tiene para ellos rezar, aunque no vayan a misa. Curioso todo, sobre todo si tenemos en cuenta las últimas estadísticas que hablan de un crecimiento de jóvenes que se declaran creyentes.
Para intentar comprenderles, creo que el artículo más atinado hasta ahora es este que publica ABC.
La juventud católica que reza con el Papa… pero también baila con Bad Bunny
Defienden una forma de creer abierta a los códigos de su generación: «No son realidades incompatibles»
Estela estuvo este sábado en la vigilia y acudirá el jueves al concierto de Bad Bunny en Madridhttps://www.abc.es/sociedad/juventud-ca ... t_amp.html«Parece que tienes que justificarte por las dos partes», explican ambos. En ambientes más alejados de la Iglesia, porque todavía pesa la imagen del católico como alguien antiguo, serio o ajeno a la cultura popular. Y dentro de algunos espacios religiosos, porque sigue habiendo quien mira con recelo todo lo que suene demasiado mundano. Entre ambos mundos, ellos prefieren no escoger. «Vamos a misa, escuchamos a Bad Bunny y no sentimos que una cosa desmienta la otra»
Por eso tampoco le incomoda decir que encuentra pequeñas referencias espirituales en canciones que, de entrada, parecen estar muy lejos del Señor. «En 'Ojitos Lindos' Bad Bunny dice: 'Yo le hablo a Dios y tú eres su respuesta, aprendí que los momentos lindos nunca cuestan'. Nos está hablando directamente de agradecer, de valorar lo que tienes y de reconocer algo bueno en los demás», recuerda. Estela no pretende convertir a Bad Bunny en un apóstol, pero sí rescata esa forma sencilla de hablar de Dios, del agradecimiento y de los afectos. «Al final, cada uno encuentra la fe también en las cosas cotidianas», apunta.
Ahí está quizá la clave del fenómeno. Estos jóvenes no comparan al Papa con Bad Bunny ni ponen la fe y el reguetón en la misma categoría. No buscan en un concierto lo que encuentran en una parroquia, ni esperan que la Iglesia hable como una canción viral. Lo que reivindican es algo más sencillo: «Quiero poder creer sin dejar de pertenecer a mi tiempo, a mi generación», dice Estela. Ya lo dijo el arzobispo de Madrid, José Cobo: entre el Papa y Bad Bunny «puede haber puentes». Ellos, de momento, los cruzan sin demasiados complejos.