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Cómo sois, jajajaja.
Pepe tuvo un añito 1870 de aúpa. Las pasó canutas para convencer a Isabel de que cediese sus derechos a Alfonsito, que era el mirlo blanco de la dinastía española debido a su corta edad. No había nada que pesase en la balanza en contra del chaval...excepto precisamente el hecho de que si alguien le hacía rey, había que proveer una regencia. Pero, bueno, que Isabel renunciase a favor de Alfonsito era un paso en la dirección correcta en opinión de hombres como Pepe duque de Sesto o el político Antonio Cánovas del Castillo.
"Dale la mano a Pepe, que ha conseguido hacerte rey". Esas fueron las palabras con las que Isabel anunció a Alfonsito, una tarde en que éste regresaba al Palacio Castilla después de haber asistido a sus clases en el Stanislas, que tenía intención de abdicar a su favor. En realidad, se esperó a que concluyese el curso el 24 de junio. El 25 de junio fue la fecha elegida para la ceremonia que tendría lugar en el Palacio de Castilla. Doña Isabel llevaba un vestido rosa orlado de encajes, que había adquirido en Worth por consejo de Sophie Troubetzkoi. Las hermanas de Alfonso vestían de blanco. No estaba Francisco de Asís: a pesar de que Pepe se había reunido con él varias veces en Épinay, tratando de persuadirle de que debía presentarse, el ex monarca seguía empeñado en que Isabelita no tenía que darle la corona a Alfonsito. En cambio, la ex reina María Cristina había acudido colgada del brazo de su Riansares, y dos de las hermanas de Francisco de Asís: Cristina, la infanta boba, con su esposo el infante Sebastián, y Pepita, con su infumable marido, José Güell y Rente.
El duque de Sesto y su mujer formaron parte del episodio histórico. Sólo unos días después, el 1 de julio, saldrían hacia Deauville con los chicos, llevando consigo también a Alfonsito. Ese verano tuvo algo especial para Alfonsito: mostró predilección por una chiquilla que acudía a menudo a visitar la villa de los Sesto, Isabel, hija de los marqueses de Arcicollar. Era la típica historia de adolescencia, puramente platónica y encantadora. Pero a María de Morny, a quien le gustaba el príncipe Alfonsito, se le removieron las tripas viendo que éste manifestaba un gusto particular por la compañía de Isabel de Arcicollar.
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