Una de las más grandes colecciones del mundo será desplazada por el arte
moderno.
Los conservadores de arte alemanes acaban de unirse a la protesta encabezada por el jefe de la casa Hohenzollern y por Jeffrey Hamburger, profesor de historia del arte de Harvard, en contra del traslado de más de 3.000 obras desde la Gemäldegalerie de Berlín al más pequeño Bode Museum. Todas las obras de los antiguos maestros que no quepan en el nuevo museo serán trasladadas a almacenes donde permanecerán una media de seis años, mientras esperan su turno de ser colgadas de las paredes en la rotación prevista, con el riesgo que ese tipo de almacenamiento sin un seguimiento permanente conlleva para su conservación.
El problema deriva del chantaje al que se está siendo sometido el estado alemán por parte del industrial Heiner Pietzsch, que ha donado 150 obras de arte valoradas en 120 millones de €, incluyendo piezas de Magritte, Pollock y Ernst, con la condición de que sean expuestas permanentemente en la Galería. El coleccionista ha dado a entender a los medios de comunicación alemanes que, si se incumple el acuerdo, sus herederos van a tener mucho arte para vender.
Según la Asociación de Restauradores Alemanes, que cuenta con más de 2.500 miembros,
cualquier manipulación, empaquetado y transporte, incluso dentro del edificio, supone un estrés mecánico y cambios climáticos para las obras, lo que debilita su estructura.
El príncipe Jorge Federico de Prusia encabeza una petición firmada por 12.000 personas en contra del traslado de las obras de arte. Así mismo, la Asociación de Historiadores del Arte Alemanes, ha escrito una airada carta contra el ministro de cultura del país, Bernd Neumann, protestando vehementemente contra el plan. Las peticiones han sido ignoradas hasta el momento, habiéndose aprobado un presupuesto de 10 millones de € para remodelar la Gemäldegalerie a fin de acoger la nueva colección.
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La expresión suprema de la belleza es la sencillez.
Alberto Durero.