Por cierto que la catedral de Notre Dame, a pesar de ser tenida como
modelo, no es gótica clásica como Reims, Chartres, Amiens, León o Burgos sino pre-clásica, es decir un poco anterior, y por tanto no tenía en origen las caraceterísticas típicas de una catedral del siglo XIII.
Sin embargo un feliz día del siglo XIX, el arquitecto Viollet-le-Duc, alias el Estafador, estaba de paseo por las orillas del Sena y pensó: "
estos pobrecitos parisinos medievales, con sus mediocres conocimientos técnicos y su paupérrimo presupuesto no pudieron hacer una catedral como Dios manda. Será mejor que yo retoque Notre Dame y la convierta en toda una catedral gótica (o lo que él creía que debía ser una catedral gótica).
Estoy seguro de que es lo que los pobrecitos canteros hubiesen deseado hacer y no puedieron (claro que como se han convertido en polvo en sus tumbas tampoco les podía preguntar)"
Así que el señor Violeta, ni corto ni perezoso, se puso a hacer, y deshacer, a su antojo, y de esa manera la Notre Dame que todos podéis ver tiene unos arbotantes que en el proyecto original no estaban (¿una catedral gótica sin arbotantes? ¡Sacrilegio!), unas cubiertas totalmente retocadas y unos óculos/rosetones de vidrieras recorriendo la tribuna interior que no se sabe muy bien a qué santo de qué narices vienen.
En conclusión, si queréis vivir una auténtica experiencia gótica a la francesa, deberéis dirigir vuestros pasos al sagrado cuarteto: Amiens, Beauvais, Reims y Chartres (teniendo en cuenta que todas las catedrales del mundo han sido más o menos toqueteadas a lo largo de los siglos, cierto es)
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La expresión suprema de la belleza es la sencillez.
Alberto Durero.