Muy interesante el artículo de hoy de Fernando Ónega en
La Vanguardiahttp://www.lavanguardia.com/opinion/art ... onega.htmlLa enfermedad de la CoronaCuando Artur Mas llegue hoy a la Zarzuela, verá que no es el mejor día para hablar de su aspiración de Estado propio, ni de autodeterminación, ni del eufemismo de la consulta democrática. En ese palacio se viven días difíciles por todo lo que sabe el lector: el debate de abdicación que hemos importado de Holanda, el agravamiento constante del caso Urdangarin, los correos del señor Torres que de verdad parecen bombas atómicas de una extorsión planificada, el nuevo cerco por vía del secretario de las infantas, las voces que no entienden que la infanta Cristina no esté imputada... Sí, horas muy complejas. Políticas y humanas, porque la Infanta es hija de los Reyes e Iñaki, aunque sea apartado de todo, sigue siendo el marido de esa hija y el padre de los nietos. Sólo el cumpleaños del príncipe Felipe ha servido para resaltar sus cualidades y su creciente aceptación social.
Creo que ha llegado el momento de marcar posiciones con frialdad analítica. ¿Le conviene a España precipitar los acontecimientos y la abdicación del Rey? Entiendo que no, por tres razones. La primera, física: don Juan Carlos podrá tener maltrecha su cadera, pero no reina con ella y está en perfectas condiciones de seguir reinando. He tenido el privilegio de comprobarlo personalmente. La segunda, histórica: con todos sus defectos y errores y con la grandeza de reconocerlos, don Juan Carlos es el mejor jefe de Estado que este país ha tenido en siglos. Tiene toda la legitimidad para seguir. Y la tercera, circunstancial: a la crisis económica, social, ética, territorial e institucional que sufre España no se le puede añadir una crisis evitable de cambio en la jefatura del Estado, por garantizada que esté la sucesión y la solvencia del sucesor. El país necesita concentrar sus energías en resolver lo urgente y no dispersarlas todavía más.
Asunto corrupción. La Corona (y en consecuencia España) ha tenido la mala fortuna de emparentar con un ciudadano que utilizó su estatus de privilegio para dar satisfacción a su codicia. Se dedicó a extraer dinero de donde le resultaba groseramente más fácil. Dio con gobernantes dispuestos a complacer con impudicia a quien pensaban que les pondría alfombras rojas para aumentar su influencia en las alturas del Estado. Y entre todos pusieron al sistema al borde del abismo y lograron situar a la monarquía en la lista de las instituciones de crédito deteriorado.
Sólo hay una forma de superar todo esto: delimitar las responsabilidades. Un yerno corrupto es un caso de mala fortuna. Una infanta casada con él es entendible que haya sido solidaria. Un secretario que no supo separar las obligaciones del cargo de la relación personal es un funcionario no defendible. Todos ellos, juntos o separados, no son la Corona. Son una enfermedad que sufre la Corona española y que sólo la justicia puede curar. O tenemos eso muy claro, empezando por el palacio de la Zarzuela, o peligra la estabilidad.