Me parece que este es el artículo completo,
CRÓNICA / Nº 437 EL MUNDO / DOMINGO / 31 / MARZO / 2013
Mañana, 1 de abril, se cumplen 20 años del fallecimiento de don Juan de Borbón, quien ha quedado retratado para la historia como el hijo de rey y padre de rey que no pudo llevar la corona. Se ha escrito también de él frecuentemente que vivió sin la holgura económica que habría correspondido a esta posición de eslabón entre dos monarcas. Pero, según ha podido comprobar Crónica, la segunda parte del tópico difiere bastante de la realidad. Don Juan murió rico.
A su fallecimiento, el conde de Barcelona dejó una fortuna de 1.100 millones de pesetas, que incluía 728,75 millones en fondos depositados en cuentas en el extranjero. Cuando se cumplen dos décadas de su desaparición y cien años de su nacimiento, Crónica reconstruye, con documentos inéditos, los pormenores del patrimonio del conde de Barcelona y cómo se distribuyó exactamente entre sus hijos: don Juan Carlos y las infantas Pilar y Margarita.
El padre del rey falleció el 1 de abril de 1993, a punto de cumplir 80 años, en la habitación 601 de la clínica Universitaria de Navarra, en Pamplona, víctima de un cáncer. La apertura de su testamento revelaría un legado compuesto por propiedades inmobiliarias valoradas en más de350 millones de pesetas: el chalé familiar de Puerta de Hierro (Madrid), un apartamento en Estoril y parte de un inmueble de oficinas en la Gran Vía madrileña. Pero, sobre todo, el grueso de su patrimonio lo constituían tres cuentas domiciliadas en Suiza: una en Ginebra y dos en Lausanne. En total, cuentas más inmuebles sumarían unos 1.100 millones.
Así queda reflejado en la documentación «Tramitación y cumplimiento de las voluntades testamentarias» que da cuenta del reparto de la herencia del conde de Barcelona, papeles que obran en poder de Crónica. En uno de sus apartados, «Saldos exteriores», se desglosan estas cuentas en el extranjero.
La primera de ellas, a la que los documentos se refieren como «de usufructo», estaba depositada en Lausanne. Era la número 28.668-2L4B de la S.B.S, siglas de la Société de Banques Suisse, y tenía 3.032.000 francos suizos (FS). (En realidad, su saldo a la muerte de don Juan era de 3.577.851 FS, pero poco después se retiró el equivalente a 50 millones de pesetas para la infanta Margarita por orden de su padre). El montante de la segunda, la «cuenta corriente en Lausanne», ascendía a 1.622.324 FS. Y la tercera, «cuenta corriente en Ginebra», contaba con 2.755.600 FS.
En total, 7.955.775 FS que, al cambio de entonces -91,6 ptas. en octubre, cuando se liquidó la herencia- suponían 728,75 millones de pesetas, cantidad nada desdeñable para aquel 1993, en el que empezaban a sentirse los síntomas de la crisis económica desatada tras los JJOO de Barcelona y la Expo 92 sevillana. Una vivienda de 117 m2 en Madrid, por ejemplo, costaba 28,9 millones de ptas. (170.000). Sólo con sus depósitos suizos, don Juan podría haber comprado 25 pisos como este.
En contra de lo escrito hasta ahora, el padre del rey no dejó una
modesta herencia compuesta por unas cuantas propiedades, una cuenta en España con 25 millones de pesetas y otra de seis millones de pesetas en el extranjero. Los datos que revela Crónica corrigen tal error histórico: el conde de Barcelona gozaba de una economía muy saneada y transmitió un valioso legado a sus hijos.
Pero, ¿cuáles fueron sus últimas voluntades?, ¿cómo se distribuyeron estos fondos entre sus herederos? Comencemos por la primera cuenta, la denominada «de usufructo», depositada en Lausanne, la ciudad de la neutral Suiza donde don Juan, doña María de las Mercedes y sus hijos residieron durante parte de la II Guerra Mundial, entre 1942 y 1946. Allí se desvanecieron las esperanzas del conde de Barcelona de que tras el conflicto bélico virara el régimen político en España y se reinstaurara la monarquía. El 1 de febrero de 1946, de madrugada y en automóviles con las luces apagadas, toda la familia dejaba Lausanne camino del exilio definitivo en Estoril. Todos menos don Juan Carlos, que se quedó en Suiza, estudiando en el colegio Los Marianistas en Friburgo.
Lo que no se había esfumado en Lausanne cuando se abrió el testamento en 1993 fue la cuenta con 3.032.000 francos suizos, una cantidad a la que, por mandato de don Juan, ya se habían restado 50 millones de pesetas con los que se mejoró la parte de su hija Margarita, nacida invidente. «El montante», se lee en la documentación sobre esta cuenta, «es ya neto después de deducir el contra-valor de 50.000.000 de pesetas, ingresados a S.A.R. la Infanta Dª Margarita, en cumplimiento de la voluntad de su Augusto Padre».
Si se suman estos 50 millones de pesetas a los depósitos de las tres cuentas resulta que el saldo en el extranjero de don Juan ascendía a 728,75 millones. Hoy equivaldrían a 7,85 millones de euros, aplicándole las sucesivas subidas del IPC.
Es a esta cuenta «de usufructo» a la que el dossier dedica mayor atención. De ella se dice: «Si bien no existe imperativo legal para que la cuenta "usufructo" continúe, siempre fue deseo de S.A.R. el conde de Barcelona que se mantuviera para el futuro esta situación y, por tanto, S.M. el rey y S.A.R. el príncipe de Asturias desean, y a nuestro juicio moralmente deben hacerlo, continuar con el mismo procedimiento, no debiendo por tanto repartirse los fondos, salvo la cantidad satisfecha a S.A.R. la infanta Margarita [50 millones de pesetas] por expresa voluntad de su augusto padre, quien indicó verbalmente que los fondos provinieran de la mencionada cuenta. De los restantes saldos, debe tomarse el acuerdo de no repatriar oficialmente ninguna cantidad, por cuanto de una parte no son cantidades de relieve y podrían crear sin embargo el beneficio de la duda sobre la existencia de cifras mayores».
Se trasladaba así a la letra escrita la recomendación de que la cuenta número 28.668-2L4B de Lausanne continuara abierta, y se le restaba importancia al vasto capital que dejaba don Juan. «La imagen y prestigio de S.A.R. el conde de Barcelona podría quedar afectada, ya que de todos ha sido siempre conocida la inexistencia de una fortuna o recursos importantes», añadían los encargados de la liquidación testamentaria.
De lo escrito se deduce además que esta cuenta especial «de usufructo» podría ser en realidad la cuenta de socorro abierta por Alfonso XIII que refieren varios biógrafos: un depósito creado por el abuelo del rey para suministrar fondos a cualquiera de la familia que atravesara dificultades. De ser así, el conde de Barcelona habría heredado su titularidad con 27 años, a la muerte de Alfonso XIII, fallecido en febrero de 1941. Don Juan se convirtió entonces en el jefe de la Casa Real de España en el exilio, condición que ostentaría hasta el 14 de mayo de 1977, cuando renunció a sus derechos dinásticos en favor de su hijo. Ese día dijo oficialmente adiós a la posibilidad de ser el rey Juan III.
Pese a las intenciones manifestadas en las voluntades testamentarias de que la cuenta «de usufructo» continuara tal y como estaba, lo cierto es que finalmente fue prácticamente vaciada. La especial naturaleza de este depósito explicaría que, según la documentación, el grueso del saldo -en octubre de 1993, cuando se ejecutó el reparto de la herencia, ya no era de tres millones sino de 2.766.312 francos suizos- pasara al control del entonces jefe de la Casa Real española, es decir, el rey. A beneficio de don Juan Carlos están anotados 2.500.000 FS -229 millones de pesetas de 1993- de este depósito «de usufructo», en el que quedó un remanente de 226.000 FS.
200 MILLONES EN ACCIONES
Esta cuenta había sido también el destino final de gran parte de los 201,5 millones de pesetas que se obtuvieron «por la venta de todos los títulos [acciones] pertenecientes a S.A.R. el conde de Barcelona» y que inicialmente se ingresaron en la caja fuerte que don Juan tenía alquilada en Privanza, entidad del entonces Grupo Bilbao Vizcaya (BBV).
Antes de liquidar la herencia (mediaron seis meses entre la muerte de don Juan y el finiquito), 160 de estos millones procedentes de la venta de los valores fueron sacados de la caja de seguridad, la número 96, y traspasados a la cuenta «de usufructo» de Lausanne. Los 41,5 millones restantes de las acciones se emplearon en cubrir gastos de la casa de los condes de Barcelona y en indemnizar al personal de la misma, con el que don Juan fue generoso. Están anotados, por ejemplo, cinco millones de pesetas para cada uno de los marineros de su yate, el Giralda: Basilio Arroirta, José Ferro y Emilio Begoña, quienes estuvieron 14 años a su servicio. A José María Sampedro, contable y tesorero, le asignó otros cinco millones. Y ocho «para Rocío», que no puede ser otra que Rocío Ussía, su fiel secretaria.
Son datos inéditos e históricos, máxime dado el secretismo que siempre ha rodeado los patrimonios y últimas voluntades de los miembros de la familia real. La herencia de la que más detalles se conocen probablemente es la de Alfonso XIII, quien favoreció precisamente a don Juan. Había tenido seis hijos con la reina Victoria Eugenia, pero el primero, Alfonso, y el benjamín, Gonzalo, fallecieron. Le sobrevivieron cuatro herederos: Jaime -el segundo en la línea sucesoria, quien renunció al puesto en favor de su hermano-, Juan, Beatriz y María Cristina.
De los 18.454.021 pesetas que Alfonso XIII tenía en 1941, entre efectivo y valores, don Juan heredó 8.611.876 pesetas, tres veces más que sus hermanos. Fue también el destinatario de otros valiosos bienes, como los palacios de la Magdalena y Miramar, vendidos en los 70 a los ayuntamientos de Santander y San Sebastián por 227,5 millones. Quizá lo obtenido en estas operaciones pasó a engrosar los saldos suizos puesto que, según los documentos, no tenía sumas importantes en España. Aquel ejercicio de 1993, se recoge en el dossier, la declaración de la renta le salió a devolver.
Por lo que respecta a los saldos de sus otras dos cuentas helvéticas -4.370.400 FS entre ambas en el momento del reparto, 400 millones de pesetas-, se dispuso la distribución equitativa entre el rey y las infantas. Así, de la cuenta corriente de Lausanne, con 1.599.000 FS, correspondieron 533.000 francos a cada uno, 48,8 millones de pesetas.
El tercer depósito, domiciliado en Ginebra y con 2.771.400 francos suizos -253.860.000 pesetas-, también fue fragmentado en tres partes, resultando 956.000 FS para cada hijo. Aunque de esta cuenta el rey acabó heredando 1.067.744 FS, una porción mayor que las infantas Pilar y Margarita, a las que tocaron 901.367 y 802.289 FS respectivamente.
La diferencia obedece a que las infantas le traspasaron al monarca más de 55.000 FS cada una por «derechos reales», según consta en la documentación. Se recoge además que la infanta Margarita abonó tres millones de pesetas a cada uno de sus hermanos por la «casa en Estoril». La hermana pequeña del Rey se quedaba así con el piso de sus padres en Portugal, tasado en nueve millones.
Se trata de una propiedad al margen de Villa Giralda, la residencia oficial de los condes de Barcelona en Estoril, facilitada por los aristócratas que lo apoyaban en el exilio. Don Juan la vendería en 1990 a un empresario alemán por 60 millones de pesetas. En Villa Giralda vivió la familia real desde 1946 hasta su regreso a España en 1976. Tres décadas en las que el conde de Barcelona desarrolló una intensa vida social mientras despachaba como jefe de la Casa Real y aguardaba a que Franco designara sucesor. Nunca desarrolló ninguna actividad profesional remunerada.
El balance final, resumido en el apartado «Comprobación», sitúa a don Juan Carlos como el principal beneficiario de las cuentas. Pendiente de reparto quedarían la casa familiar y el edificio de oficinas de Gran Vía. Al rey le correspondieron tres partidas de 2.500.000, 533.000 y 1.067.744 FS. En total, 4.100.744 FS (375.628.150 pesetas al cambio de la época). Tres cheques por valor de estas tres cantidades fueron ingresados el 21 de octubre de 1993 en la cuenta 10031 de Sogenal (Société Générale Alsacienne de Banque), en Ginebra.Se desconoce qué sucedió a partir de ahí con este dinero.
La segunda por orden de importancia del legado recibido fue la infanta Margarita, de 74 años, quien se quedó con el referido apartamento en Estoril y a quien le correspondieron 1.335.289 FS (122,3 millones de pesetas), cantidad ingresada el 21 de octubre de 1993 en la cuenta número 10636 de Sogenal, en Ginebra, a través de dos cheques por valor de 533.000 y 802.289 FS. Al margen quedan los 50 millones de pesetas entregados con anterioridad por deseo de su padre, con lo que el total ascendió a 172,3 millones de pesetas.
La hija mayor de los condes de Barcelona, doña Pilar, de 76 años, heredó 1.434.367 FS (131,4 millones de pesetas), divisas que fueron convertidas en dólares y enviadas a la cuenta corriente 600-24-001 de J. P. Morgan en Nueva York.
Quedó también escrito que don Juan Carlos se encargaría de la atención de la condesa de Barcelona. «Es deseo expreso de S.M. el rey de asumir personal y generosamente la responsabilidad de correr con los gastos de mantenimiento de su augusta madre». Doña María de las Mercedes, fallecida en 2000, quien se había casado por régimen de gananciales, tenía entre 120 y 130 millones de pesetas a la muerte de su marido.
LOS GASTOS DE LA CLÍNICA
Los detalles del testamento de don Juan contados en estas páginas ponen fin al mito de su escasa fortuna. Se llegó a decir que Mario Conde, entonces presidente de Banesto y muy cercano al conde de Barcelona en su etapa final, había abonado los gastos de la Clínica Universitaria, donde el padre del rey estuvo ingresado desde septiembre de 1992 hasta abril de 1993, cuando murió rodeado de sus tres hijos. Don Juan no tenía necesidad de que le pagaran ninguna factura aunque fuera muy discreto con su patrimonio.
Con igual mesura se conmemorará mañana el 20 aniversario de su muerte y el 20 de junio el centenario de su nacimiento. Ese día se dirá una misa, a la que está previsto que acuda toda la familia real, en la Basílica de El Escorial. Allí se conservan sus restos y de su esposa, concretamente en el pudridero, donde los cadáveres de los monarcas son sometidos a un proceso de reducción antes de pasar a su destino final.
Esta fase previa suele durar entre 20 y 30 años. Las onomásticas habrían sido una ocasión excepcional para el traslado, pero, según ha sabido Crónica, los monjes agustinos que custodian los restos estiman que aún no es oportuno. A don Juan le espera un sepulcro de mármol en el panteón real con esta inscripción: «Johannes III, conde de Barcelona».
En lo que se refiere a los temas de España, D. Luis Coronel de Palma está procediendo a la finalización del trámite administrativo necesario que deberá estar finalizado antes del primero de octubre, pues en caso contrario podría tener recargo en su liquidación fiscal...». Así arranca el documento «Tramitación y cumplimiento de las voluntades testamentarias», citando al Marqués de Tejada, el notario ante el que don Juan hizo testamento.
De liquidar su legado se encargaron, a tenor de la documentación, José Rubio González de Canales, fallecido en marzo de 2004, quien fuera comandante de artillería y dueño de una empresa de asesoría en Madrid; y Luis de Ussía y Gavaldá, conde de los Gaitanes, fallecido en septiembre de 2005, padre del escritor y periodista Alfonso Ussía.
Luis de Ussía no sólo fue el intendente de don Juan, sino un íntimo amigo, hasta el punto de que, a su regreso a España, en 1976, el padre del rey se instaló en su casa en la Moraleja. Y allí vivió hasta que en 1982 compró la finca en la madrileña Puerta de Hierro.
A nombre de Ussía y de su esposa, Asunción Muñoz Seca, figuran los resguardos de dos billetes de avión emitidos por Iberia y guardados junto a la documentación. Datados en octubre de 1993, cuando se repartió la herencia, tienen como destino Ginebra. Se sobreentiende, por tanto, que el conde de los Gaitanes se encargó personalmente del traspaso de los fondos de don Juan de Borbón a sus herederos.
Junto a los billetes, se conservan los resguardos del ingreso en Sogenal (Société Générale Alsacienne de Banque), con sede en Ginebra, de cinco cheques con las cantidades que correspondieron a don Juan Carlos y a su hermana Margarita, algunos de los cuales se reproducen arriba. Los fondos de doña Pilar, sin embargo, fueron traspasados a J. P. Morgan en Nueva York.
Luis de Ussía también es el titular del resguardo del alquiler de la caja de seguridad número 96 que don Juan tenía en Privanza, lo que da una idea de la confianza que el conde de Barcelona tenía en él. El extracto emitido por la entidad se adjunta a la documentación.
«5.000.0000 [pesetas]. Extraído para ingresar en la c/c de la Oficina Principal B.C.H. a nombre de Luis de Ussía y Gavaldá y José Rubio González de Canales para gastos de la Casa de SS.
AA. RR. los condes de Barcelona», se lee en uno de los apuntes manuscritos.
Fueron tan meticulosos sus albaceas que anotaron hasta el más mínimo movimiento, a veces a mano: «Viaje intendente a Suiza (billete adjunto), 107.000 [ptas.], menos cobrado por cheque del Roechampton Members Club [club de golf en Londres al que debía de pertenecer don Juan], 26.000, alquiler de la caja fuerte, 64.512...».
Con el membrete «Nota para su majestad el rey» y escrito a máquina se incluyen apuntes para don Juan Carlos sobre asuntos menores. «Portugal: Devolver matrículas diplomáticas de dos automóviles. Vender o regalar los automóviles a las personas interesadas. Vender la concesión administrativa del atraque en Vilamoura. Vender las acciones del Golf de Vilamoura de Portugal...». Hay disposiciones hasta sobre el reparto del ajuar entre familiares y amigos, como estas anotadas bajo el nombre de L. M. Anson [Luis Mª Anson, su biógrafo y asesor]: «Duran. Bandeja de matrimonio. Luca de Tena. Chiqui Aguirre. Cajones. Bienes legalmente no vendibles que son de los hijos. D. Margarita ha comunicado a D. Pilar no estar conforme en repartir por dos sino por tres...».
No falta una referencia al Giralda, el yate que don Juan tenía desde 1956 y del que nunca se desprendió. En agosto de 1993, el rey y su madre presidieron la ceremonia de entrega a la Armada. «En la donación hecha por la familia real a la Armada del Giralda se tratará de evitar impuestos», se advierte en una de las notas mecanografiadas.
Sobre doña María de las Mercedes, casada con régimen de gananciales con don Juan, aparecen unas apresuradas líneas manuscritas. «Alrededor de 120/130 millones pesetas», se lee. «Aconseja que, al dejar 1/3 a cada hijo, para no pagar derechos reales, que lo gaste y pague gastos. Ya han transferido al Privanza 10.000.000 de pesetas y ahora otros 5.000.000 (saldo más/menos 20/30 millones). Residentes fuera, pero declaraciones aquí de lo de aquí. La de D. J. [don Juan] este año negativa. Londres, 15.000.000 B.C. Hith... No conoce otra cuenta y cree que en París tiene algo (poco). Calle Gran Vía, catastro 360.000.000... 16% [porcentaje luego corregido al 14%]. Tiene buena renta, que es la que va a la Declaración de Renta. La compra de Lanzaita [es la dirección del piso en Estoril] fue por don Juan y también Guisando [calle del chalé de Puerta del Hierro]...».
Son los pormenores de unos documentos hasta ahora inéditos sobre la figura del conde de Barcelona.
Dos grandes firmas (Henry Kamen y Julio Gil Pecharromán) cierran en el número de abril de la revista La Aventura de la Historia (ya a la venta) el informe más completo de la figura del padre del rey. A los detalles de su fortuna que aporta Crónica , se suma el relato (Kamen) de las conjuras que han enturbiado secular-mente los procesos sucesorios. Y cómo Don Juan mantuvo viva la monarquía desde el exilio (Gil Pecharromán).