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Creo que la clave se puede encontrar en estas líneas:
"en franca armonía familiar y con rostro bienhumorado. Nada, ni un mal gesto, ni un rictus de dolor, ni una mirada desairada parecían quedar de las muchas que llegó a exhibir tres años atrás, en el momento más duro de su vida pública y privada; y aún en algún pequeño acto aislado de los programados hace menos de un año."
El Rey Juan Carlos quizás necesitaba un tiempo, (puede que impuesto porque en los últimos años parecía un poco testarudo), para reencontrarse consigo mismo, recuperarse de sus achaques y calmar un poco las aguas revueltas. Carmen dice que Zarzuela no se deja llevar por las encuestas, personalmente no creo del todo en ellas, pero sí es cierto que reflejan que el Rey Juan Carlos está recuperando algo de la popularidad perdida, ahora bien, también porque es evidente que algo ha cambiado en él.
Yo me quejé mucho de la vida bon vivant que parecía llevar, al menos tan pública, y de la poca agenda que tenía, más que nada porque ni una cosa, ni la otra, o la sensación de mucho de una cosa y nada de la otra, le hacía ningún bien a su imagen pública. Y según entiendo las cosas, mi forma de verlas, debía y debe ser imperativo en él, recuperar el afecto y el reconocimiento perdido o socavado. No es ni sería justo, dada su trayectoria y su labor como monarca, que el día de mañana, ojalá sea muy, muy tarde, el Rey Juan Carlos se marchara sin que los españoles le puedan rendir el tributo personal que merece. No me refiero a fastos, ceremonias ni nada de eso, sino al recuerdo que dejará en cada uno de nosotros, con lo positivo y lo negativo, pero que al menos esa última etapa jamás sea negativa. Ojalá ocurra algo parecido a lo sucedido con Adolfo Suárez. Una figura muy querida y popular en su día, artífice en parte del éxito con que se llevó a cabo la Transición española y que de un día para el otro, parecía que había descendido a los infiernos, quizás injustamente. Y tras años y años de irrelevancia pública, el drama de su enfermedad, el tiempo, la historia y quizás que los españoles somos más justos de los que parecemos, solo que lo demostramos en el último momento, se le supo, sorprendentemente, rendir tributo. Como no, los malajes siempre están ahí, pero a esos no hay que echarles mucha cuenta.
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