Stephane Bearn gana el concurso de condecoraciones, lleva hasta la medalla Carrefour a los 200 primeros beneficiarios de una promoción 2x1 en galletas de mantequilla danesas que hubo en 1997.
Lástima que con la emoción de llevar más medallas que un coronel norcoreano se olvidase de los tirantes, con el nefasto resultado de que el pantalón, atraído por la gravedad, deja ver un "triángulo de la muerte" de panza que centra todas las miradas.
El que va a su lado (su marido?), al no llevar condecoraciones, pudo centrarse en ganar el campeonato de camisas arrugadas, de larga tradición en el Gran Ducado y revivida últimamente por los miembros más jóvenes de su familia real.
Al hermano gemelo sobrio de Ernesto de Hannover, que va justo detrás, le parece todo un disparate y está deseando volver a casa, seguramente para amorrarse a una botella como su famoso hermano.

Y aquí llegan los famosos hermanos Luxembourg Brothers, que juntos han hecho más por la destrucción de las monarquías que la I Guerra Mundial. El primero, del brazo de su mujer (una fan de Demis Roussos, claramente), nos aporta un michelín a la altura de la cintura que, en su lucha por alcanzar la libertad, ha conseguido ya medio salirse y devorar el pico que le falta a su chaleco.
Atención al cuñado "zorro plateado" de la siguiente fila.

El cuñado necesitaba agradar a los hermanos Brothers y no encontró mejor manera que tirar por la borda cualquier intento de ir elegante, agarrar la banda de su orden y atársela a la cintura como si fuera un pareo. Ya puestos, hijo mío, átala un poco más abajo y dices que es la orden de la Jarretera.

Guillermo de Luxemburgo, muy menguado por años de asistir a estos eventos, nos ofrece una imagen ilustrativa de cómo luce un frac 3 tallas más grande (se le ven los dedos de la mano de milagro), mientras su esposa le mira y se pregunta "¿qué hago yo con este ser humano?".

Luxemburgo, si no existieras, habría que inventarte.