Bueno, bueno, aquello fue apoteósico. Lo vivimos por capítulos, porque nos enteramos muuuchos años después, tras una incursión en las agencias, por casualidad.

Menudo berrinche pilló el foro y la prensa española por el plantón Borbón. Una boda a la que acudió todo pichichi, hasta los británicos.
El Príncipe se fue a Valencia a competir en una regata el mismo día de la boda, con todo su papo. La Reina y la Princesa hicieron saber que estaban en palacio, sin agenda. Los periodistas afeando que no hubieran tirado de fondo de armario para sustituir al Rey Juan Carlos en el último momento —“con la cantidad de ropa que tendrán” decían— y cuando llamaban a Zarzuela les soltaban la gilipollez de que “a la boda de un jefe de Estado solo podía asistir otro jefe de Estado”.
Pichones, no sabíamos nada, todavía no había ocurrido el episodio de Botswana, desconocíamos que vivía en la Angorrilla y que el Rey Juan Carlos sopesaba casarse con ella. Solo éramos conscientes de que los Reyes padres estaban en su peor momento ante el público, pero lo atribuíamos al caso Noos.
French TV Host Marlene Mourreau arrives at the Prince's Palace for the religious marriage ceremony of Prince Albert II and Princess Charlene in Monte Carlo, on July 2, 2011La señora llegó pisando alfombra roja, por la puerta principal, junto al resto de invitados y ante toda la prensa. El cúlmen del paroxismo fue que los fotógrafos franceses la identificaron como la vedette Marlene Mourreau. Y así sigue.
