Lo sucedido con las colecciones numismáticas fue y es devastador. Horrible.
Las cifras del saqueo en el Arqueológico Nacional marean:
58 monedas griegas, con peso de 0,429 kg.
830 romanas, con peso de 5,353 kg.
297 bizantinas, con peso de 0,992 kg.
343 árabes, con peso de 1,251 kg.
242 árabes que no se pesaron.
322 visigodas que no se pesaron.
94 españolas medievales y
modernas, con peso de 1,028 kg.
111francesas y portuguesas, con peso de 0,577 kg.
432 extranjeras, con peso de 2,581 kg.
67 medallas, con peso de 3,636 kg.
2 medallas más, con peso de 0,061 kg.
Este drama es conocido y evaluado, pero hay otro que ha pasado inadvertido para el gran público: la Colección Numismática de los Reyes de España (históricamente conocida como el Monetario de la Corona). Iniciada en el siglo XVI, atesoraba una increíble colección, en cantidad y calidad, de monedas de oro sin circular de todas las épocas y cecas del Imperio. La pasión de Carlos III y IV por el coleccionismo y la arqueología hizo que las colecciones se enriquecieran exponencialmente con monedas excepcionales de toda época y procedencia. El inventario total está por estudiar y publicar, pero podría igualar, incluso superar, la colección del Arqueológico. Todo fue robado y fundido en un sacrilegio cultural del que a día de hoy no ha respondido nadie.