Registrado: 29 Ago 2011 16:48 Mensajes: 15326 Ubicación: Gijón. Principado de Asturias.
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El palacio de Lieres es el de los Valdés-Cavanilles que heredaron el marquesado del Real Transporte cuando los Valdés-Sorribas se extinguieron a finales del siglo XIX. Supongo que son dos ramas diferentes de los Valdés de Gijón, que a su vez provenían de San Cucao de Llanera y en 1570 tenían tres mayorazgos que lograron fusionarse en uno solo en 1617, garantizando la conservación de su patrimonio. En los tiempos medievales nace el linaje de los Valdés, cuyo solar se localiza en San Cucao de Llanera en Asturias. Durante la Edad Moderna constatamos varias ramas laterales, tanto en el propio territorio asturiano como en el resto de la Península Ibérica y América. Dos de ellas se constituyen en el año 1471 cuando a la muerte de Fernando Álvarez de Valdés, señor de la Casa Valdés de San Cucao, dos de sus segundones heredan bienes en el concejo de Gijón. En 1573 de una de esas ramas secundarias se formará otra más en ese mismo territorio. Finalmente en 1610, gracias a una endogamia familiar, las tres ramas familiares de esta Casa gijonesa existentes en el siglo XVI se unirán en una sola, protegiendo así su importante patrimonio rústico y reforzando su estructura familiar.
Podría pensarse que durante la Edad Moderna los Valdés de San Cucao ejercieron como pariente mayor del resto de las ramas asturianas de apellido Valdés. Sin embargo, a pesar de haber sido la Casa Valdés de Llanera la raíz medieval de todas ellas, lo cierto es que esos linajes secundarios de valdeses adquirieron una identidad propia e independiente del linaje original. Es más, de existir una cierta tutela serían los Valdés de Salas quienes la ejercerían durante los siglos XVI y XVII, gracias al prestigio que le dio a su familia el arzobispo de Sevilla, inquisidor general y fundador de la universidad de Oviedo, Fernando de Valdés Salas, quien ejerció un importante patronazgo familiar ayudando a sus parientes, entre ellos los gijoneses. Observamos por tanto, como las solidaridades familiares no se daban sólo entre los miembros de la Casa Valdés de Gijón, sino que la parentela de apellido Valdés en Asturias englobaba varias Casas, extendiéndose ampliamente las redes familiares. (Los Valdés de Gijón eran descendientes de Tristán de Valdés y Menén Suárez de Valdés, hermanos de doña Catalina de Valdés, abuela del arzobispo)
El matrimonio endogámico es el más habitual dentro del grupo nobiliario y es el que constatamos en los Valdés de Gijón durante el siglo XVI. En esa centuria el diseño de la planificación matrimonial se orientó a conseguir la unión de las tres ramas familiares de la Casa, sirviéndose para ello de enlaces entre miembros de la propia familia, sobre todo entre primos de diverso grado. A través de la utilización estratégica del parentesco los Valdés de Gijón cohesionaron el tronco familiar, evitaron la dispersión de esos bienes y reforzaron sus alianzas familiares, extendiendo y desarrollando de ese modo el poder de la Casa. En 1602 se concede una dispensa entre Julián García Sala de Valdés con Isabel de Valdés. Otro ejemplo se registra en noviembre de 1681, cuando Inocencio XI concedió a Gonzalo Trelles, duque del Parque, dispensa para casarse con Luisa de Valdés y Trelles, su sobrina segunda. La boda de una sobrina con su tío es la forma más extrema de endogamia familiar.
Durante la Edad Moderna nuestra Casa gijonesa desarrolló principalmente una fuerte endogamia territorial, buscando cónyuge dentro del Principado de Asturias. Sin embargo, durante el periodo de mediados del siglo XVI hasta la década de 1660 se desarrolló la importante carrera militar de la Casa, siendo los servicios de armas una de las causas de contraer matrimonio lejos del lugar de origen. Registramos cuatro casos de exogamia territorial en los primogénitos del linaje y tres son consecuencia de la vida castrense.
El general Pedro de Valdés en la década de 1560, aún en los inicios de su brillante carrera militar, contrajo un primer matrimonio dentro del territorio asturiano con la hija mayor del Adelantado de la Florida (las capitulaciones matrimoniales entre el general Pedro de Valdés y Ana Menéndez de Avilés, hija mayor de Pedro Menéndez de Avilés, están fechadas a 24 de marzo de 1565. Este matrimonio sólo duró 2 meses, ya que doña Ana fue asesinada por deudos de su suegro, el regidor gijonés Juan de Valdés de Villar el Mozo, estando también involucrado su cuñado Gonzalo de Tineo, regidor de la villa. Los motivos para este asesinato son algunas referencias vagas que suponen una conducta deshonrosa de la mujer de Pedro de Valdés y que informado de ello Juan de Valdés decidió salvaguardar así el honor de la familia. Se les halló culpables, siendo condenados a muerte y por una Cédula Real del 11 de abril de 1571 se les embargó a cada uno la mitad de sus bienes para la cámara de Felipe II) Tras la pronta muerte de su esposa nos encontramos en la documentación con dos nombres femeninos: Marina de Mendoza e Isabel de Tobar. La primera, una ilustre señora de Méjico con la que don Pedro pretendía casar, matrimonio que no llegó a realizarse, y posteriormente tuvo cinco hijos naturales bajo palabra de matrimonio con Isabel de Tobar, natural de Valladolid; aunque tampoco llegaron a casarse. La razón de que no contrajeran matrimonio, según dice el propio Pedro de Valdés en su testamento, es que Felipe II le había mandado ir a servir en la Armada Invencible como capitán general de la escuadra de Andalucía, fue hecho prisionero por Drake, durando su cautiverio en la Inglaterra isabelina cinco años, y tras ser liberado estuvo varios años en Flandes por orden real analizando la cobertura naval con la que allí se contaba. Al volver a España no pudo cumplir su palabra de matrimonio por haber ya fallecido Isabel de Tobar.
En 1571 el capitán Fernando de Valdés contrajo matrimonio con Luisa Barbón Alderete, natural de Valladolid. Y en la primera mitad del siglo XVII Pedro de Valdés y Valdés, nieto del general, quien pasó prácticamente toda su vida sirviendo en los tercios de infantería española en Flandes, casó con la francesa Susana de Schamps y Aspromonte.
Durante las dos primeras centurias de la modernidad sólo hay un primogénito que contrajo matrimonio fuera del territorio asturiano sin que ello se debiera a razones militares. Fernando de Valdés y Valdés, otro nieto del general, casó con Lucía Antonia de Obregón, natural de León. La causa en esta ocasión probablemente estará en el cargo de corregidor, adelantado y alcalde mayor de León que desempeñó durante más de veinte años su padre, Fernando de Valdés Tobar. Esto les haría residir en la ciudad leonesa durante un tiempo, creándose un vínculo con el lugar que en el caso de Fernando de Valdés y Valdés parece ser que fue permanente: casó, residió y fue regidor en León.
También en dos ocasiones la carrera de armas no implicó matrimoniar fuera del Principado. Jordán de Valdés, capitán en los tercios españoles de Italia durante los reinados del emperador Carlos V y Felipe II y veedor general del ejército español en Flandes, casó con la asturiana María de Miranda. Fernando de Valdés Tobar, capitán y almirante en Cuba, Sargento Mayor del Principado y corregidor de León, entre otros servicios, casó con su pariente asturiana Luisa de Valdés Miranda.
La política matrimonial consistente en casar al primogénito con herederas únicas de mayorazgos para así incorporarlos al vínculo principal, se observa también en los Valdés de Gijón en el siglo XVI y posteriormente en el XVIII: en la primera centuria los mayorazgos de dos de las tres ramas familiares recayeron en mujer, lo que fue utilizado por la Casa para a través de matrimonios incorporarlos al vínculo de la otra rama y fusionarlos y en el XVIII se registran tres matrimonios que contribuyen a aumentar enormemente el patrimonio de la Casa mediante absorciones vinculares muy extensas, además el último de ellos suponía pasar a nobleza titulada. En 1717 Pedro Jacinto de Valdés Bernaldo de Quirós casó con Josefa de Solís Rodríguez Carbajal, que aportó los mayorazgos de Solís, Carbajal, Ania y Tresali. En 1770 su nieto Fernando de Valdés Bernaldo de Quirós casó con Benita Inclán Valdés Leiguarda, lo que permitió añadir al mayorazgo de la Casa los de Inclán, Leiguarda, Mier, Hevia, Morteras y Bolgues. En 1793 se consiguió la tan ansiada heredera titulada: María del Carmen Ramírez de Jove, hija y heredera patrimonial del marqués de San Esteban del Mar.
Un rasgo particular de esta Casa es que durante el siglo XVI estaba fragmentada en tres ramas familiares y patrimoniales. Esta estructura suponía la existencia de tres primogénitos, hasta que a partir de 1617 se constituye una sola línea y en consecuencia un solo primogénito. En 1617 muere el general Pedro de Valdés y hereda el mayorazgo su hijo Fernando de Valdés Tobar, que estaba casado con Luisa de Valdés Miranda, mayorazga de los otras dos ramas de la Casa.
Había una aceptación de los hijos ilegítimos por parte del grupo nobiliario, lo que les daba un sitio dentro de la hidalguía local, haciendo posible que ejercieran una carrera, dándoles opciones en el ascenso social y permitiéndoles hacer buenos matrimonios. La razón de esa protección podría deberse a una estrategia del grupo aristocrático para proteger al linaje, aprovisionándose de una sucesión de reserva que en último extremo evitara el desmembramiento del patrimonio familiar si la descendencia legítima falleciera o bien no existiera. Esta última situación es la que observamos en los Valdés de Gijón, constatando dos casos de hijos naturales ejerciendo de primogénitos, es decir, de herederos: el capitán Jordán de Valdés en la primera mitad del siglo XVI y Fernando de Valdés Tobar a principios del XVII. El capitán Jordán de Valdés heredó a su padre, el deán de la catedral de Oviedo, en 1541, trece años después de su fallecimiento, habiéndose sucedido antes tres herederos en ese periodo intermedio. En 1617 Fernando de Valdés Tobar, hijo ilegítimo del general Pedro de Valdés, hereda a su padre. En esta ocasión la sucesión se hace de una forma directa, de padre a hijo, sin intermediarios. Para ello en 1612, en la ciudad de Valladolid, el general otorga una escritura en la que declara corresponder a don Fernando, su hijo, el mayorazgo de esa rama Valdés de Gijón; esto lo ratifica en su testamento tres años después. La descendencia ilegítima no sólo aseguró la pervivencia de esta Casa asturiana, sino que consiguió también la unidad de la misma al reunir sus tres ramas en un único tronco. La nobleza asturiana parece que aceptó esta situación y ello fue condición necesaria para que el prestigio del linaje continuase intacto.Familia, patrimonio y estrategias de transmisión de un linaje: los Valdés de Gijón (siglos XVI y XVII). Lucía Fernández Secades
_________________ La expresión suprema de la belleza es la sencillez. Alberto Durero.
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