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 Asunto: Re: V Centenario de la muerte del Rey Católico
NotaPublicado: 23 Ene 2016 12:46 
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El rey que vio la unidad de España
JAVIER REDONDO Director de 'La Aventura de la Historia'

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Si España fuera un país cosido por el apego a su Historia y sus grandes nombres, Fernando el Católico ocuparía espacio destacado en el panteón de sus ilustres fundadores. Junto a la reina Isabel, creó un Estado, puso los pilares de la España moderna y le sirvió de inspiración a Maquiavelo cuando el florentino se sentó a escribir sobre las virtudes que debía reunir El Príncipe y el modo de conservar el amor de un pueblo y sus territorios.

"En otra ocasión ya te describí la villa de Madrigalejo. Allí quedó muerto en una casita desguarnecida e indecorosa", le escribe el cronista real Pietro Martire d'Anghiera a Luigi Margiano, obispo de Tuy y ex médico del rey. "Mira lo poco que se debe confiar en los aplausos de la Fortuna y en los favores seculares. El señor de tantos reinos y adornado con tanto cúmulo de palmas, el Rey amplificador de la religión cristiana y domeñador de sus enemigos, ha muerto en la pobreza".

Destaca el profesor Nicasio Salvador, uno de los autores que escribieron en el dossier que La Aventura de la Historia le dedicó recientemente al Rey Católico, que estas circunstancias que rodearon a su muerte lo conectan con su nacimiento: "La indigencia de la casa en la que se le engendró [el hogar de un humilde labrador próximo a Calatayud] y los atributos del pequeño pueblo en el que vio la luz". Ese pueblo fue Sos, en la frontera con Navarra, concretamente en el palacio de la familia Sada. Su madre, la ambiciosa Juana, se había empeñado en que naciera en su tierra y no en la de su padre, Juan, rey de Navarra. Su bautizo en la catedral de Zaragoza ofrece prematuras muestras de los planes que los reyes tienen para su primer hijo (Don Juan ya tenía a Carlos, producto de su matrimonio con Blanca I, y le disputaba el trono, y a Leonor).

Poco después, murió sin descendencia Alfonso V, rey de Aragón. El trono recayó sobre Juan. El pequeño Fernando ya estaba llamado a grandes empresas. Mucho más tras la muerte de su hermanastro Carlos de Viana: el camino del poder parecía quedar expedito. Como señala el profesor Corral en su fantástico artículo Una boda entre guerras, no iba a ser tan fácil. Y aparecen los hechos para desenmascarar los mitos: la Generalidad negó obediencia al rey de Aragón y en agosto de 1462 ofreció la corona condal de Barcelona al rey Enrique IV de Castilla, que renunció. Con diez años, Fernando es nombrado lugarteniente general de Cataluña. El mensaje de Juan no ofrece lugar a dudas: Fernando es su heredero y Cataluña pertenece al reino de Aragón. Durante los siguientes 10 años, Navarra, Castilla y Aragón estarán en guerra. Los reinos medievales se resquebrajaban. Supuso el colapso de la Edad Media. Nacía la España Moderna y, como subraya Corral, lo haría en torno a una de estas dos opciones: la unión de Castilla con Portugal o la de Castilla con Aragón, la que finalmente se materializó con la boda de Isabel y Fernando.

Así lo vio Julián Marías, que niega, en su España inteligible, que el nuevo modelo fuera resultado de la castellanización: "La imagen del proceso de unificación de España durante el reinado de los Reyes Católicos que se ha difundido desde fines del siglo XIX, sobre todo, entre historiadores procedentes de la Corona de Aragón, ha sido la castellanización de los otros reinos españoles. Según esta interpretación, Castilla, por su mayor tamaño, población, riqueza y poder, habría impuesto su lengua, leyes y estilo al resto de España». Marías niega a Ortega -"Castilla ha hecho España (...) y Castilla la ha deshecho"- y concluye que España como idea realizable no podía ser producto de una única voluntad.

«Esa empresa no podía ser sólo castellana». A juicio del filósofo, el concurso de Fernando fue decisivo. Añadimos que su personalidad, voluntad y decisión -y por qué no, su ambición- decidieron el futuro de España. Castilla miraba a África y al centro de Europa. Aragón, al Mediterráneo. La unión de las coronas, fue, por tanto, según Marías, la unificación de dos grandes políticas internacionales. Trescientos y pico años después del primer sueño de unión de los dos reinos más poderosos de la Península, el matrimonio entre los herederos consuma el proyecto. Por estas razones titulamos en su momento la portada de nuestra revista: Fernando, el sueño de la unidad. Cómo el ambicioso rey católico culminó el plan de su padre de fusionar las grandes coronas peninsulares. La boda fue el 18 de octubre de 1468 (hay fuentes que la ubican en 1469 o el 19 de octubre). En 1475, Fernando es nombrado rey de Castilla y se acuña la expresión "tanto monta, monta tanto...". En 1479, es coronado rey de Aragón. El plan, pese a las interminables guerras, que ha convertido a Fernando más en un soldado que en un rey, marcha según lo previsto. Sofocada la contienda en Cataluña el final de la Reconquista es la última misión de los reyes. El 2 de enero de 1492, la toma de Granada la consuma.

Henry Kamen, que acaba de publicar con La Esfera de los Libros, una biografía de Fernando, incide en que a pesar de que podamos hablar con propiedad de la gestación de un Estado moderno y que los reinos ya eran conocidos "oficiosamente" como España, había sustanciales diferencias entre Castilla y Aragón. La muerte de Isabel, en 1504, abrió de nuevo el conflicto sucesorio en Castilla. Fernando quedó como gobernador general. Pero esa es otra historia, como la forja posterior de su leyenda.


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http://www.elmundo.es/cultura/2016/01/21/56a1450622601d693c8b4665.html

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 Asunto: Re: V Centenario de la muerte del Rey Católico
NotaPublicado: 23 Ene 2016 12:51 
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 Asunto: Re: V Centenario de la muerte del Rey Católico
NotaPublicado: 23 Ene 2016 12:56 
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 Asunto: Re: V Centenario de la muerte del Rey Católico
NotaPublicado: 23 Ene 2016 13:04 
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Toro, la batalla en la que Fernando el Católico empezó a forjar España con sangre
Medio milenio después de la muerte del monarca, recordamos la contienda que cambió el destino de la Península y analizamos el último libro de Fernando M. Laínez sobre este personaje
Manuel P. Villatoro

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De tres a seis horas. Ese escaso tiempo fue el que duró la contienda que, en 1476, cambió el devenir de la Península Ibérica: la sucedida en Peleagonzalo, un pequeño pueblo cerca de la ciudad de Toro –Zamora- el 1 de marzo. Aquel día, las tropas de Fernando el Católico consiguieron acabar con las huestes del monarca de Portugal, Alfonso V. Un hombre que –mediante el matrimonio con la hija del fallecido rey de Castilla (Juana la Beltraneja, de apenas 12 años) y las armas- buscaba unificar ambos reinos bajo su real cetro. Sin embargo, y a pesar de que la lucha fue de lo más igualada, tras esa lluviosa jornada el luso fue derrotado y se vio obligado a retirarse a su cuartel general, renunciar a sus deseos de expandirse hacia el este y admitir a Isabel y Fernando como los nuevos monarcas de Castilla y Aragón.

En su día, la batalla de Toro ayudó a forjar la futura España al allanar el camino a los futuros Reyes Católicos hacia el trono y garantizar, así, la unión de Castilla y Aragón. Es por ello que hoy, un día antes del 500 aniversario de la muerte del monarca español (quien dejó este mundo el 23 de enero de 1516) queremos recordar cómo se sucedió. A su vez, la historia de esta contienda es una de las que –en los próximos días- se podrá leer en «Fernando el Católico. Crónica de un reinado» (editado por «Edaf»), el último libro del periodista y divulgador histórico Fernando Martínez Laínez. «En el libro he intentado dar una visión de la vida de Fernando a través de sus acciones, huyendo de interpretaciones psicológicas discutibles. Por eso me he atenido a relatar los hechos de su reinado en forma de crónica, dejando que el lector reconozca al personaje a través de sus actos, con sus aciertos y sus yerros, que también los tuvo, y algunos (como la expulsión de los judíos) graves. Pero en la balanza final, el resultado de sus obras supera con mucho a los errores», explica el autor en declaraciones a ABC.

El problema sucesorio

El origen de la batalla de Toro se remonta hasta el 21 de febrero de 1462. Fue ese día en el que el mundo vio nacer a Juana, la hija del entonces rey de Castilla Enrique IV. Aquel alumbramiento, en principio feliz, trajo consigo grandes dolores de cabeza para el monarca castellano. Y es que, al llevar años y años demostrando su impotencia (no había forma de que engendrara un retoño), muchos negaron que fuera el padre de la pequeña. Por el contrario, las malas lenguas (fomentadas por le ingenio español) atribuyeron su paternidad a uno de sus amigos personales, Beltrán de la Cueva. Además de hacer que la niña se ganase un curioso sobrenombre (la Beltraneja, por razones evidentes) el rumor atribuyó unos cuernos al soberano del tamaño de los de un morlaco de levante. Este hecho terminó de motivar a varios nobles que, intereses personales mediante, alegaron que el sucesor del entronado debería ser su hermano pequeño, Alfonso, y no aquella pequeña bastarda.

La situación terminó de complicarse cuando Alfonso murió. En ese momento, y sin un sucesor varón al que apoyar, los nobles que no querían ver a la Beltraneja ascender al trono de Castilla pusieron sus ojos sobre Isabel –la futura Católica- también hermana de Enrique y, hasta ese momento, en un segundo plano por ser mujer. Hay que decir que la adolescente demostró su tenacidad, perseverancia y su carácter decidido, pues logró que Enrique la nombrase su sucesora en 1468 durante el tratado de los Toros de Guisando. Un documento en que se señalaba, además, que la joven solo podría contraer matrimonio con el consentimiento de su hermano. El trato quedó sellado… o eso creía el hombre de la corona, pues la joven Princesa de Asturias, pasándose por el arco del triunfo aquel papelote y la autoridad de su familiar, se casó en secreto con Fernando de Aragón para que, cuando ambos se hiciesen con el poder, sus reinos quedasen unidos.

Los problemas se resolvieron «felizmente» para Isabel y Fernando en diciembre de 1474 cuando –algunos dicen que envenenado, otros que por causas naturales- Enrique IV dejó este mundo. El trono recayó entonces en manos de su hermana, quien –tras demostrar el pesar por su muerte con el clásico traje blanco de luto real- se sentó al fin en el trono de Castilla. Al menos hasta 1475, ya que fue entonces cuando los partidarios de la Beltraneja (entre los que se destacaban, por ejemplo, el marqués de Villena, Alfonso Carillo o el Gran Maestre de la Orden de Calatrava) volvieron a la carga con el objetivo de lograr el trono para la pequeña. Para conseguir su objetivo organizaron una boda real entre Alfonso V, soberano de Portugal, y la niña presuntamente bastarda. Ambos, por cierto, tío y sobrina.

Con este enlace, pretendían forjar una fuerte alianza mediante la cual el luso –que superaba en una treintena de años a la chica- defendiera con sus tropas los intereses dinásticos de Juana. La coalición se materializó bajo promesa de futuro matrimonio (había que esperar la bendición de la Iglesia para celebrarlo) en 1475 y, ese mismo año, el rey cruzó la frontera con un ejército de 20.000 hombres dispuestos a llegar a Burgos y acosar, desde allí, a Fernando e Isabel. Sin embargo, el valor le duró el poco tiempo que tardó en percatarse de que el soberano de Aragón había iniciado una recluta urgente de soldados y que no eran pocas las ciudades que renegaban de la Beltraneja. Cuando estas noticias llegaron hasta sus oídos, decidió ser cauto, detener su avance y ubicar su cuartel general en Toro, una pequeña ciudad de Zamora que podía ser defendida de forma sencilla.

Una retirada errónea

Movimiento de tropas va, batalla viene, Alfonso V logró reunir allá por febrero de 1476 en Toro un potente ejército formado aproximadamente por 3.500 jinetes y unos 20.000 infantes. A este contingente se sumó, el 9 de ese mismo mes, el infante Juan –hijo del monarca- con unos 8.000 peones y entre 1.000 y 2.000 caballeros. Estos, eso sí, algo menos curtidos que los de su padre. Al parecer, contar con este gran contingente de combatientes enardeció al prometido de la Beltraneja, quien decidió salir de las seguras murallas de la ciudad para cercar Zamora, donde Fernando se hallaba pertrechado con –según la mayoría de las fuentes- unos 2.500 militares sobre jamelgos y unos 20.000 infantes. Su objetivo no era otro que conquistar la plaza (que se hallaba entre su cuartel y Portugal) y girar posteriormente hasta Burgos, donde los franceses le habían prometido unirse a él para luchar contra Aragón y Castilla.

En las semanas siguientes, sin embargo, los lusos -ya fuera por una causa o por otra- no se decidieron a asaltar la ciudad. «El 17 de febrero de ese mismo año, el rey portugués se puso en marcha con su ejército para tomar Zamora, en cuyo castillo resistían todavía sus partidarios. Acudieron para cerrarle el paso a esa ciudad las tropas que habían sitiado Burgos, mandadas por el Infante Enrique de Aragón y su primo el duque de Villahermosa. El rey de Portugal, al que se unió el Arzobispo Carrillo con 500 lanzas de su ejército privado, se movió con mucha lentitud y perdió varias semanas sin decidirse a atacar […] Por entonces Burgos capituló y la guerra cambió de signo», determina Laínez. Al final, el prometido de la Beltraneja se decidió a poner sitio a Zamora con su contingente a pesar del frío que golpeaba la zona, un factor que terminó desgastando a sus soldados.

El 1 de marzo después de que sus tropas pasasen todo tipo de penurias, Alfonso determinó que lo mejor era detener el asedio a Zamora, recoger el petate, y cobijarse de nuevo entre los muros de Toro. Así pues, ordenó a sus militares desmontar el campamento y marcharse a toda prisa hasta su cuartel general. Según calculaba el monarca, su contingente podría realizar la marcha en unas cuatro horas, un breve período en el que Fernando no tendría tiempo de armar a sus huestes para salir en su busca. Sin embargo, el aragonés tardó mucho menos de lo esperado en organizar una fuerza para perseguir a su enemigo cuando, tras llegar el alba, se percató de que no quedaba ni un alma en los alrededores de la urbe.

A los pocos minutos, Fernando envió a unos 300 caballeros al mando de Álvaro de Mendoza con órdenes de hostigar la retaguardia de Alfonso. Una vez preparado, él también salió en persona de Zamora con el objetivo de presentar batalla al portugués. «El rey aragonés fue tras el portugués y le dio alcance a una legua de Toro, hostigando a su retaguardia. Las tropas portuguesas cruzaban un desfiladero y Fernando forzó a sus enemigos a entablar batalla en una llanura cercana. Las fuerzas en presencia eran bastante desiguales. Los portugueses contaban con unos 10.000 peones, 3.500 jinetes y alguna artillería. Fernando solo tenía 3.000 peones y 2.000 caballos», determina el experto español.

Despliegue fernandino

Fernando y Enrique decidieron darse de bofetadas, después de semanas jugando al pilla-pilla, aquel 1 de marzo de 1476 cerca de la zamorana ciudad de Toro, hogar del monarca partidario de la Beltraneja. El lugar concreto fue el pueblo de Peleagonzalo, a 11 kilómetros aproximadamente de la urbe principal. Una región, por cierto, bastante escueta en lo que se refiere a pobladores, aunque de gran riqueza en agricultura. «Son los campos fértiles, la tierra fresca y abundante […] el número de los moradores no es grande, y aunque su asiento es llano [Toro] es famosa por sus muros y castillos», explica el cronista Juan de Mariana. El mediodía se aventuraba cuando sus majestades portuguesa y aragonesa hicieron formar a sus contingentes a voz en grito. La contienda, como se dijo posteriormente, decidiría en buena medida el destino de la Península.

Don Fernando formó en el campo de batalla con tres cuerpos de ejército. El primero, ubicado en el centro, era dirigido por él mismo. Este grupo contaba con la «guardia mayor» del propio monarca (su guardia real), así como –según corrobora Laínez- las milicias de Salamanca, Zamora, Ciudad Rodrigo, Medina del Campo, Valladolid y Olmedo. Además de todos estos combatientes, destacaba la presencia del Mayordomo mayor (un cargo de suma importancia para la época) Enrique Enríquez y los hombres del Conde de Lemos, procedentes de Galicia. Aquella era la fuerza principal de militares a pie, la que, llegado el momento, debería aguantar el grueso del duro combate que se iba a suceder.

El flanco derecho del ejército de Fernando estaba formado por siete escuadrones (la mayoría de ellos de jinetes ligeros) dirigidos respectivamente por Álvaro de Mendoza, Alfonso de Fonseca (obispo de Ávila), Pedro de Guzmán, Bernal Francés, Pedro de Velasco, Vasco de Vívero y Pedro de Ledesma (oficial al mando de los zamoranos, quienes eran reconocibles gracias a su rojo estandarte). Finalmente, en el ala izquierda destacaban (además de los correspondientes combatientes a pie), los caballeros pesados del contingente. Todos ellos, divididos en tres grupos de combate a las órdenes del cardenal González de Mendoza, el duque de Alba y el almirante de Castilla Alonso Enríquez.

El despliegue portugués

Alfonso, de forma similar a Fernando, dividió a sus hombres en tres fuerzas principales. La primera, la del centro, era comandada por él y contaba, además, con una serie de ilustres caballeros castellanos que apoyaban los intereses de la Beltraneja. En palabras de Hernando del Pulgar –cronista de los Reyes Católicos- el luso hizo formar a los combatientes ubicados en esta zona (la mayoría infantes) en cuatro grupos. «En la batalla suya iba el Conde de Lenle, é Pereyra, su guarda mayor con sus genes, e muchos caballeros y escuderos», explica el contemporáneo de los monarcas. A su vez, entre las filas formaba Duarte de Almeida, alférez portugués encargado de portar el estandarte real hasta la muerte.

A su izquierda (frente al ala derecha fernandina) se encontraba el infante Juan. Este comandaba a sus huestes propias entre las que destacaban unos 800 jinetes pesados. La élite del contingente, según explica del Pulgar en sus textos. Con él, siempre en palabras del cronista, se hallaba el Obispo de Évora con «gran número de espingardas e otro tipo de artillería». Finalmente, el flanco ubicado a la diestra del monarca luso se hallaba formado, principalmente, por tropas castellanas contrarias a Isabel y dirigidas por –entre otros- el Arzobispo de Toledo (Alfonso Carrillo), quien solía decir sobre Isabel lo siguiente: «La quité de la rueca y le di un cetro. Ahora le quitaré el cetro y la volveré a la rueca». Su presencia, aunque pueda parecer baladí, era de soberana importancia, pues no en vano el populacho solía decir que, quien le tuviera de su lado, ganaría la guerra.

La primera carga

Dicen las crónicas que la batalla comenzó cuando la noche comenzaba a cernirse sobre los contendientes y la lluvia caía de forma constante sobre la tierra. La primera carga corrió a cargo de los fernandinos. La realizaron una parte de los jinetes ligeros del flanco derecho al mando de Álvaro de Mendoza. Así pues, unos 300 caballeros se lanzaron con bravura contra ocho centenares de peones portugueses (todos ellos dirigidos por el príncipe Juan) entre los que se destacaban varias decenas de arcabuceros. Después de que varios atacantes cayeran muertos al ser recibidos con una lluvia de pólvora, comenzó la contienda a lanza y espada. El baile de aceros, que se podría decir. Sin embargo, no pasó mucho tiempo hasta que los hombres a caballo se percataron de que su número era demasiado escaso para hacer huir a sus contrarios.

«Como enjambre de abejas se estrella contra una pared de piedra, así cayeron los 300 caballeros ligeros de Álvaro de Mendoza sobre los 800 peones que regía el príncipe don Juan. Así, al adelantarse aquella incontrastable masa de hierro, de donde salían, al propio tiempo, mortíferos tiros de pólvora, en ella se estrellaron los caballeros ligeros de Castilla», explica el historiador del SXIX Fernando Fulgosio en su obra «Crónica de la provincia de Zamora». Así pues, aquellos caballeros que habían hostigado la retaguardia del ejército portugués durante varias horas no tuvieron más remedio que retirarse con el objetivo de volver a reagruparse en la retaguardia. La primera acometida embraveció a los lusos. Pero, no desmotivó al centro comandado por Fernando, que se lanzó a la carga para enfrentarse a los hombres dirigidos por Alfonso V.

Mientras el contingente central corría para repartir espadazos entre los lusos, los oficiales del flanco izquierdo se movilizaron para cubrir la retirada de Mendoza y tratar de hacer huir al hijo de Alfonso. El príncipe no se quedó mirando el bello paisaje, sino que le puso arrestos y envió más combatientes para tratar de superar por ese lado a sus contrarios y envolver, así, a Fernando. «Los españoles eran con los que más fuerza reñían pues, habiendo acudido el duque de Alba y el cardenal en ayuda de Álvaro de Mendoza, violes con rabia el Arzobispo de Toledo y contra ellos envió, yendo por último él también, a cuantos tenía en derredor», completa el historiador español en su obra. En este lado del campo de batalla la lid, por lo tanto, se generalizó.

El sangriento combate central

Minutos después comenzó el combate entre las fuerzas centrales, cada una dirigida por su rey. Apenas existen datos sobre esta lucha más allá de que lo sangrienta que fue. Al menos, así lo explica del Pulgar en sus crónicas: «Quebradas las lanzas, vinieron al combate de las espadas. E todos revueltos unos con otros, sonaban los golpes de las armas y el estruendo del artillería e las voces; unos nombrando su apellido, otros gimiendo sus llagas e caldas, otros demandando ayuda, otros reprehendiendo los que veían negligentes en pelear, y esforzándolos que le peleasen. E porque entre los castellanos e portugueses había la vieja qüestion sobre la fuerza y el esfuerzo de las personas, cada uno por su parte se disponía a la muerte por alcanzar la vitoria». El caos se extendió por el campo de batalla cuando, además, el ala derecha entró también en la lid.

A pesar de la escasa información que existe sobre esta parte de la contienda, sí se conoce que, en el centro de la batalla, se vivió un combate singular entre un soldado fernandino, Vaca de Sotomayor, y Duarte de Alemeida. El primero luchó contra el luso con el objetivo de arrebatarle el estandarte real –un severo agravio para el bando que perdía la insignia-. En este combate singular el alférez perdió el brazo derecho debido a un terrible tajo del español. Sin embargo, asió aquel trapo con la mano izquierda para evitar que cayera en poder de su enemigo. En ese momento se sucedió uno de los actos de valor del día cuando –según cuenta la leyenda- el militar del ejército de Fernando le cortó también su extremidad siniestra. Al no poder agarrar el palo, lo cogió con sus dientes. Con todo, no pudo evitar que se lo arrebatasen.

No obstante, el estandarte real portugués no duró mucho tiempo en manos de los hombres de Fernando, pues fue recuperado por las tropas del infante Juan. «Viendo los portugueses su estandarte en manos ajenas, al punto acudieron en pro de Almeida, y todos combatieron tan fiera y señudamente, que la enseña quedó hecha pedazos», añade Fulgosio. A día de hoy, se desconoce qué fue del portaestandarte portugués. Algunos historiadores afirman que fue hecho prisionero, mientras que otros determinan que cayó muerto ante la espada de los hispanos. Fulgosio, por su parte, aboga por la segunda teoría, mientras que del Pulgar afirma en sus escritos que logró sobrevivir y fue trasladado hasta Zamora. Para su desgracia, de nada le sirvió a Duarte combatir de forma tan determinante pues, en las seis horas que duró la lecha bajo la potente lluvia, sus compañeros fueron perdiendo cada vez más y más terreno ante los isabelinos.

El pollo salva el honor del gallo

Tras las horas y horas de lucha. Tras un combate en el que cada bando se afanó en acabar con su enemigo para ganar un trono para su monarca, la batalla terminó cuando Alfonso V, viendo que el centro de su ejército había empezado a huir hacia el cuartel que habían instalado en Toro, dio media vuelta y tocó a retirada. La huida se generalizó entonces en el flanco izquierdo y el centro luso, donde había sido imposible resistir el envite de los fernandinos. Aquella fuga por las bravas fue desastrosa, pues muchos soldados se vieron obligados a pasar a través de las aguas del Duero y, debido al barro, tropezaron y se fueron al otro mundo ahogándose. Y es que, para entonces la noche era cerrada y poco se veía más allá de la luz ofrecida por una antorcha. Las aspiraciones del luso tocaron así a su fin. Los textos de la época afirman, incluso, que muchos de ellos salieron en una gigantesca estampada al creer que su líder había perecido en batalla.

Mientras el rey portugués se retiraba, su hijo aún tuvo tiempo de desbaratar el flanco izquierdo fernandino con sus caballeros causando una considerable molestia al ejército atacante. Sin embargo, y al igual que le pasó a Almeida, su esfuerzo no sirvió de mucho ya que, cuando se percató de que su padre había salido por piernas, poco pudo hacer. Aunque eso sí, se mantuvo estoico en la posición que había conquistado durante algún tiempo. «Visto que la gente del rey su padre era vencida y desbaratada, pensando en separar algunos de los que iban huyendo, subióse sobre un cabezo en donde tañendo las trompetas e faciendo fuegos e recogiendo a su gente estuvo quedo con su batalla en el campo y no consintió de ella salir a ninguno», añade del Pulgar. Su heroicidad no fue pasada por alto por Fernando, quien –en una carta a Isabel- señaló que, si no hubiese sido por él, Alfonso habría caído presa de sus soldados: «Si no viniera el pollo, preso fuera el gallo».

A pesar de que Fernando logró hacer huir a Alfonso, el que Juan mantuviera el territorio y ambos bandos sufrieran un similar número de bajas (aproximadamente 400 castellanas y 900 lusas) hizo que el resultado fuera muy parejo sobre el campo de batalla. Sin embargo, el futuro rey católico tuvo la habilidad de enviar decenas de emisarios con misivas proclamando su victoria. El movimiento propagandístico surtió efecto y, a las pocas jornadas, toda Castilla y Aragón sabían que el monarca luso había huido del campo de batalla para salvar su vida. Con todo, e independientemente de los muertos y los mensajes, la verdad es que esta contienda marcó el principio del fin de las aspiraciones de Alfonso de arrebatar el trono a Isabel. Y es que, con el paso de los meses, todos los nobles díscolos que habían acudido a su región buscando la ayuda del portugués acabaron abandonando a la Beltraneja. El huido, por su parte, vio su fuerza mermada y, finalmente, renunció a subir sus reales al trono hispano en 1479 mediante el tratado de Alcáçovas.

Cinco preguntas a Fernando Martínez Laínez

1.- Explica en su libro que Fernando el Católico fue nuestro mejor rey. ¿Por qué lo cree?
Fue el gran forjador de la Nación y la unidad de España y en talento político los supera a todos ampliamente. Unió las dos principales coronas (Aragón y Castilla) y además le añadió el reino de Navarra y el musulmán de Granada. Partiendo casi de cero, puso orden en una situación caótica. Creó un poderoso Estado de una España fragmentada, sumida en la ruina y debilitada por los tribalismos y las banderías nobiliarias y locales, y además lo convirtió en una gran potencia europea. Cuando murió, como él mismo señaló en una carta al emperador de Austria, “nunca la corona de España estuvo tan acrecentada ni tan grande como ahora, así en poniente como en levante, y todo por mi obra y trabajo.” A todo esto hemos de añadir sus dotes militares. Tenía un gran sentido táctico y forjó el primer ejército permanente de Europa, que sería la base de las grandes victorias en los siglos XVI y XVII.

2.- ¿Cuáles son las grandezas y las miserias más famosas de este monarca?
Entre sus grandezas destacaría su talento político, su ambición por crear un Estado fuerte y su visión militar. En cuanto a las “miserias” en el plano personal, son más bien debilidades humanas, pero que apenas interfirieron en sus tareas de gobierno. Dicen que era tacaño, lo cual no es verdad, pero si es cierto que la lujuria – sobre todo al final de sus días- fue su mayor pecado.

3-En el texto, explica que solemos ver a Fernando como un político. ¿Ha pasado por alto la Historia su faceta militar? ¿Qué importancia le da usted en su nuevo libro a este ámbito?
Como ya he señalado, la faceta militar de Fernando es importantísima. Fue un auténtico rey-guerrero, acostumbrado a guerrear desde que tuvo uso de razón. Convirtió a un ejército desorganizado, compuesto de mesnadas a cargo de los nobles, en una fuerza compacta e innovadora, tanto en armamento como en doctrina táctica. Pasó de un ejército medieval al más moderno de su época, que contó además con jefes militares excepcionales, como el Gran Capitán.

4.- ¿Fue Fernando el Católico el padre de la nación española?
Así lo han considerado muchos historiadores. Lo cierto es que la España que él forjó tenía tal solidez que ha sido capaz de resistir todas las desgracias de nuestro avatar histórico. Por lo menos hasta ahora.

5-¿Qué importancia tuvo Isabel en la vida de Fernando?¿Fue su relación cómo cuenta la leyenda?
Isabel tuvo una importancia decisiva en la trayectoria política y humana de Fernando. Desde su boda hasta la muerte de la reina, Isabel y Fernando fueron dos caras de la misma moneda. Tanto en lo político como en lo personal se compenetraron absolutamente. En cuanto al amor que ambos se tenían, está fuera de toda duda, a pesar de los escarceos extraconyugales de Fernando, que la reina soportó con celos y paciencia.


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Un libro aborda la enfermedad y muerte de Fernando El Católico en Madrigalejo
Esta edición especial de la obra de de Lorenzo Rodríguez Amores cuenta con la introducción del exdirector de la Fundación Academia Europea de Yuste

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El Ayuntamiento de Madrigalejo (Cáceres) ha presentado el libro 'Fernando el Católico en Madrigalejo (In Memoriam)', una separata de tres capítulos del libro 'Crónicas Lugareñas', de Lorenzo Rodríguez Amores. Una obra que se publicó en 2008.

En esta publicación oficial del V Centenario de la muerte de Fernando el Católico en Extremadura se incluyen los apartados dedicados a 'La Casa de Santa María', 'Enfermedad y muerte del Rey Fernando el Católico', y 'Escenas desarrolladas en la Casa de Santa María de Madrigalejo'.

Esta edición especial cuenta con la introducción del exdirector de la Fundación Academia Europea de Yuste Antonio Ventura, según informa en nota de prensa la organización.

"Rigurosidad histórica"

En la presentación de la obra han participado, además de Antonio Ventura, el alcalde de Madrigalejo, Sergio Rey, y la presidenta de la Asociación Cultural Madrigalejo 2016 e hija de Lorenzo Rodríguez, Guadalupe Rodríguez Cerezo.

Todos ellos han destacado la "rigurosidad histórica" de la obra de Lorenzo Rodríguez, así como la importancia la primera de las publicaciones de este evento, que ha sido declarado Acontecimiento de Excepcional Interés Público por las Cortes Generales.


Imagenhttp://www.hoy.es/prov-caceres/201601/22/libro-aborda-enfermedad-muerte-20160122194300.html

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 Asunto: Re: V Centenario de la muerte del Rey Católico
NotaPublicado: 23 Ene 2016 13:24 
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Quinientos años de la muerte en Madrigalejo de Fernando El Católico, el rey del pacto
La edición impresa de HOY dedica un suplemento especial de 12 páginas a la figura del monarca que firmó en Extremadura un testamento para la Historia

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Hoy se cumplen quinientos años de la muerte de Fernando II de Aragón, el Rey Católico esposo de Isabel I de Castilla que ha pasado a la historia como un gobernante que supo acordar, pactar y pacificar.

Madrigalejo rinde un homenaje a este monarca que afalleció en la localidad cacereña y supo ser rey de territorios distintos respetando sus leyes, sus derechos y sus lenguas.

El hombre que gobernó 42 años en Castilla, de los cuales 37 también en Aragón, fue un gobernante que estuvo a la altura que los tiempos exigían y proyectó para sus gobernados un futuro muchísimo mejor del que tenían, lo que para José Ángel Sesma (miembro numerario de la Real Academia de la Historia y catedrático emérito en la Universidad de Zaragoza) es su mayor aportación a la historia.

Fernando II de Aragón, nacido en Sos del Rey Católico (Zaragoza) el 10 de marzo de 1452, fue el vigésimo rey en la línea de la monarquía aragonesa inaugurada por Ramiro I en 1035, y falleció 63 años después, el 23 de enero de 1516 en una casa de huéspedes regentada por religiosos en Madrigalejo.

Hay quien dice que la muerte de Fernando II pudo deberse a los efectos del abuso de la cantárida, compuesto que se obtiene de machacar ejemplares de "lytta vescicatoria" o mosca española, que incrementa la potencia sexual y que al parecer, según el cronista del Reino de Aragón Jerónimo Zurita (1512-1580), le hacía tomar su segunda esposa, Germana de Foix, "para más habilitarle, que pudiese tener hijos".

Esteban Sarasa, profesor titular de Historia Medieval en la Universidad de Zaragoza y director de la cátedra de Historia de la Institución Fernando el Católico de la Diputación Provincial de Zaragoza, reivindica el papel de "gran político" de Fernando de Aragón, un hombre, afirma este experto en su figura, que fue también un gran diplomático.

Según Sarasa, es difícil comparar la época en la que vivió Fernando II con la actualidad, aunque del comportamiento y tarea de este rey se pueden sacar "algunas lecciones". La principal es que el monarca que gobernaba sobre Aragón, Valencia, Mallorca y Cataluña, amen de territorios en Italia, mantuvo y respetó las lenguas de esos territorios, sus derechos, sus leyes y sus fueros.

Eso es algo que la Corona de Aragón ofrece como ejemplo para antes y, quizá, para ahora.

Y Sesma abunda en que Fernando II de Aragón constituye un punto de inflexión en la trayectoria histórica española, puesto que a partir de su reinado se produjo la integración de los Estados, con un proyecto común, y se abrió un periodo de expansión que perduró durante siglos. Fue, en definitiva, una especie de precursor de lo que se dio luego en llamar el Siglo de Oro español.

Sesma insiste en que sacó a los Estados que luego conformaron España de su pasado medieval y provocó los avances territoriales de reconquista de las tierras perdidas por la llegada del Islam para pasar todos juntos a encabezar la gran transformación que debía iniciar el mundo hacia los tiempos modernos.

Pero lamenta que en los dos últimos siglos la historiografía nacionalista manipuló su historia.

La primera para potenciar a Castilla en la formulación de España, que impuso una imagen de la reina Isabel que "oscureció" al rey aragonés y eso que mientras Isabel gobernó sus territorios con una visión todavía muy medieval, Fernando asumió su tarea de una manera más moderna, influido por los aires renacentistas y humanistas, asegura Sarasa.

Y desde la historiografía catalana se le achacó una pretendida castellanización de Cataluña y ser la causa de la crisis general del principado que había provocado la oligarquía y que Fernando, en realidad, consiguió en parte atajar.

Desde entonces, Fernando II perdió gran parte del brillo "oficial" y muchos le tildaron de "panespañolista" y redujeron el estudio de su vida a la "vieja, trasnochada y caduca historiografía franquista", confundiendo el yugo y las flechas que son las armas de los reyes con los de la falange, añade Sesma.

Y compara el montaje que se hizo en 2004 para conmemorar el quinto centenario de su primera esposa Isabel y la "falta de interés" para hacerlo, a nivel nacional, con el de Fernando. Ningún organismo estatal ha querido recordar 2016 como el año de Fernando II de Aragón, lamenta.


http://www.hoy.es/prov-caceres/201601/23/quinientos-anos-muerte-madrigalejo-20160123114416.html?utm_medium=twitter&utm_source=twitterfeed

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 Asunto: Re: V Centenario de la muerte del Rey Católico
NotaPublicado: 23 Ene 2016 13:40 
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¿Falleció Fernando el Católico por un cóctel afrodisíaco?
El "feo brebaje" que le daba su esposa estaba compuesto de polvo de escarabajo cantárida. Se cumplen quinientos años de la muerte de Fernando II de Aragón
PÚBLICO/ ISABEL PONCELA (EFE)

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ZARAGOZA.- Este sábado se cumplen quinientos años de la muerte de Fernando II de Aragón, el rey Católico esposo de Isabel I de Castilla que ha pasado a la historia como un gobernante que supo acordar, pactar y pacificar.

Y hoy mismo las instituciones básicas aragonesas (Gobierno, Cortes y el Justicia), y también la Diputación Provincial, rinden un homenaje a este monarca que respetó territorios distintos, así como sus leyes, sus derechos y sus lenguas.

El hombre que gobernó 42 años en Castilla, de los cuales 37 también en Aragón, fue un gobernante que estuvo a la altura que los tiempos exigían y proyectó para sus gobernados un futuro muchísimo mejor del que tenían, lo que para José Ángel Sesma (miembro numerario de la Real Academia de la Historia y catedrático emérito en la Universidad de Zaragoza) es su mayor aportación a la historia.

Fernando II de Aragón, nacido en Sos del Rey Católico (Zaragoza) el 10 de marzo de 1452, fue el vigésimo rey en la línea de la monarquía aragonesa inaugurada por Ramiro I en 1035, y falleció 63 años después, el 23 de enero de 1516, en una casa de huéspedes regentada por religiosos en Madrigalejo (Cáceres).

"Feo potaje... para que pudiese tener hijos"

Diversos cronistas apuntan a que su muerte pudo deberse a los efectos del abuso de la cantárida, compuesto que se obtiene de machacar ejemplares de lytta vescicatoria o mosca española, que incrementa la potencia sexual. Otros sostiene que fue debido a una "caquexia palúdica".

l cronista de Aragón Jerónimo Zurita (1512-1580) relata cómo el rey sufrió una grave enfermedad ocasionada por un cóctel que le hacía tomar su segunda esposa, Germana de Foix: Un "feo potaje que la Reina le hizo dar para más habilitarle, que pudiese tener hijos. Esta enfermedad se fue agravando cada día, confirmándose en hidropesía con muchos desmayos, y mal de corazón: de donde creyeron algunos que le fueron dadas yerbas".

Este cóctel de afrodisíacos estaba basado en testículos de toro y cantárida en polvo. La cantárida es un escarabajo verde conocido como mosca española o mosca de España. El coleóptero fue usado en medicina como vasodilatador, hasta que cayó en desuso en el siglo XVII por sus efectos secundarios. En Francia se denominó después "caramelos Richelieu" y fue utilizado como veneno para asesinar a los enemigos.

Gran político y diplomático

Esteban Sarasa, profesor titular de Historia Medieval en la Universidad de Zaragoza y director de la cátedra de Historia de la Institución Fernando el Católico de la Diputación Provincial de Zaragoza, reivindica el papel de "gran político" de Fernando de Aragón, un hombre, afirma este experto en su figura, que fue también un gran diplomático.

Según Sarasa, es difícil comparar la época en la que vivió Fernando II con la actualidad, aunque del comportamiento y tarea de este rey se pueden sacar "algunas lecciones". La principal es que el monarca que gobernaba sobre Aragón, Valencia, Mallorca y Catalunya, amen de territorios en Italia, mantuvo y respetó las lenguas de esos territorios, sus derechos, sus leyes y sus fueros. Eso es algo que la Corona de Aragón ofrece como ejemplo para antes y, quizá, para ahora.

Sesma abunda en que Fernando II de Aragón constituye un punto de inflexión en la trayectoria histórica española, puesto que a partir de su reinado se produjo la integración de los Estados, con un proyecto común, y se abrió un periodo de expansión que perduró durante siglos. Fue, en definitiva, una especie de precursor de lo que se dio luego en llamar el Siglo de Oro español.

Sesma insiste en que sacó a los Estados que luego conformaron España de su pasado medieval y provocó los avances territoriales de reconquista de las tierras perdidas por la llegada del Islam para pasar todos juntos a encabezar la gran transformación que debía iniciar el mundo hacia los tiempos modernos.

Pero lamenta que en los dos últimos siglos la historiografía nacionalista manipuló su historia.

La primera para potenciar a Castilla en la formulación de España, que impuso una imagen de la reina Isabel que "oscureció" al rey aragonés y eso que mientras Isabel gobernó sus territorios con una visión todavía muy medieval, Fernando asumió su tarea de una manera más moderna, influido por los aires renacentistas y humanistas, asegura Sarasa.

Y desde la historiografía catalana se le achacó una pretendida castellanización de Catalunya y ser la causa de la crisis general del principado que había provocado la oligarquía y que Fernando, en realidad, consiguió en parte atajar.

Desde entonces, Fernando II perdió gran parte del brillo "oficial" y muchos le tildaron de "panespañolista" y redujeron el estudio de su vida a la "vieja, trasnochada y caduca historiografía franquista", confundiendo el yugo y las flechas que son las armas de los reyes con los de la falange, añade Sesma.

Y compara el montaje que se hizo en 2004 para conmemorar el quinto centenario de su primera esposa Isabel y la "falta de interés" para hacerlo, a nivel nacional, con el de Fernando. Ningún organismo estatal ha querido recordar 2016 como el año de Fernando II de Aragón, lamenta.


Imagenhttp://www.publico.es/sociedad/fallecio-fernando-catolico-coctel-afrodisiaco.html

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 Asunto: Re: V Centenario de la muerte del Rey Católico
NotaPublicado: 23 Ene 2016 13:47 
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 Asunto: Re: V Centenario de la muerte del Rey Católico
NotaPublicado: 23 Ene 2016 14:35 
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Un ridículo histórico
José Luis Corral


Tal día como hoy, un 23 de enero del año 1516, moría en Madrigalejo, en Extremadura, el rey Fernando II de Aragón. Cansado, enfermo y abatido, su vida se apagó dejando como heredera de sus dominios en la Corona de Aragón a su hija doña Juana, a la que las Cortes de Castilla y León habían proclamado reina de Castilla a la muerte de su madre la reina Isabel en 1504. Desde entonces, la más rancia historiografía españolista ha resaltado, y lo sigue haciendo, que Fernando el Católico fue el "hacedor" de España. No fue así. Fernando II dejó de usar el título de rey de Castilla la misma tarde de noviembre que murió su esposa, y aunque lidió para seguir siendo su gobernante, tuvo que salir de ese reino cuando en 1506 llegó su yerno, Felipe el Hermoso, que se convirtió en rey con el apoyo de la casi totalidad de la nobleza. Las Coronas de Aragón y de Castilla, unidas dinásticamente desde 1474, volvieron a separarse. En realidad, nunca hubo una unión política, pues durante los treinta años de reinado de los Reyes Católicos ambas coronas no tuvieron otra cosa en común que sus soberanos, porque siguieron manteniendo sus leyes, su fiscalidad y sus instituciones por separado. Es más, a la muerte de Isabel la Católica la mayoría de ciudadanos de la Corona de Aragón no quería la unión con Castilla, y los castellanos tampoco la pretendían. Ni siquiera el mismo Fernando el Católico, que pese a haberle prometido a Isabel en el lecho de muerte que nunca se casaría, apenas tardó unos meses en hacerlo con Germana de Foix, sobrina del rey de Francia. Fernando II puso todos los medios, todos, para dejar embarazada a su segunda esposa, y lo logró, aunque el niño que nació apenas vivió unas horas. Si hubiera sobrevivido, Castilla y Aragón hubieran tenido dos monarcas distintos, Juana en Castilla --donde las mujeres sí podían reinar-- y Juan en Aragón --donde ellas no podían hacerlo--. Hace un año el Gobierno de Aragón que encabezaba la señora Rudi puso en marcha un proyecto titulado algo así como "Fernando el Católico, el rey que imaginó España y la abrió a Europa". Lo hizo como torpe, e ineficaz por completo, respuesta a la manipulación de la historia que se hace desde ciertos ámbitos de Cataluña. Hoy mismo el Gobierno de Aragón que preside el señor Lambán, doctor en Historia, festeja en La Aljafería el V Centenario de la muerte de Fernando II de Aragón. Espero y deseo que no se haga el ridículo histórico en esta cuestión, como ya lo hizo su predecesora.


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http://www.elperiodicodearagon.com/noticias/opinion/ridiculo-historico_1082683.html

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 Asunto: Re: V Centenario de la muerte del Rey Católico
NotaPublicado: 23 Ene 2016 17:21 
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Excelente resumen has realizado sobre este gran rey un poco opacado por la fama de su primera esposa. Felicitaciones Godoy!!!... :bravo: Todos tus hilos son de la más alta calidad... :thumbup: :thumbup:


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 Asunto: Re: V Centenario de la muerte del Rey Católico
NotaPublicado: 21 Feb 2016 18:18 
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El facsímil del Testamento de Fernando el Católico, en las bibliotecas extremeñas

La Fundación Academia Europea de Yuste ha enviado un facsímil del Testamento de Fernando el Católico a las bibliotecas públicas de Extremadura, a la Real Academia de las Artes y las Letras de Extremadura, a los archivos históricos de Cáceres y Badajoz y a los archivos de las diputaciones de Cáceres y Badajoz para ponerlo a disposición de los usuarios para su consulta.

Este facsímil, realizado por Testimonio Compañía Editorial, ha sido reeditado por la Fundación y el Ayuntamiento de Madrigalejo con motivo del V Centenario de la muerte del monarca en la citada localidad cacereña.

La obra es una edición limitada del documento firmado por el rey Fernando el 22 de enero del mismo año, un día antes de su fallecimiento, acompañada por una introducción histórica, e incluye, además, la transcripción íntegra del testamento escrito en pergamino, cuyo original se encuentra depositado en la Biblioteca de la Fundación Casa de Alba.

De esta manera, la Fundación Academia Europea de Yuste pretende poner a disposición de los usuarios el legado y patrimonio cultural e histórico europeo y español que representa el Testamento de Fernando el Católico, así como difundir la importancia transcendental que su última voluntad tuvo en el devenir de España y Europa, ya que este hecho permitió a su nieto Carlos V coronarse, al año siguiente de su fallecimiento, como Rey de las Españas, incluidos los territorios de ultramar, y 20 años más tarde como emperador del Sacro imperio Romano Germánico lo que significó la unión histórica de Europa y Las Américas.

Por otra parte, la Fundación Academia Europea de Yuste también ha enviado el número 16 de la revista Pliegos de Yuste, Revista de cultura, ciencia y pensamiento europeos, que en esta ocasión se edita bajo el título Federalismo, integración y desafíos para el futuro de Europa, a las bibliotecas públicas de Extremadura, a los Centros de Documentación de las universidades españolas, así como a la biblioteca de las Diputaciones de Cáceres y Badajoz.

Se trata del último número de la revista que publica la Fundación, cuyo contenido está formado por las contribuciones del curso internacional de verano: “El proceso de integración europea y los desafíos para el futuro de Europa: participación, representación y democracia en un contexto federal de Estados Naciones en la Unión Europea” celebrado en julio de 2015 en el Real Monasterio de Yuste.

El libro se divide en cuatro partes que abordan los procesos de nacionalización, integración y ampliación europea; la transición europea hacia una Europa federal; el reto de la comunicación sobre la Unión Europea y la creación de la opinión pública europea; y las implicaciones jurídicas y económicas de una federación de estados nacionales en la Unión Europea.

Con esta donación, se pretende fomentar el debate y la reflexión sobre temas de actualidad europeos y acercar a los usuarios de las bibliotecas y centros de documentación al pensamiento de grandes expertos y profesionales en la materia con el objetivo de crear una masa de pensamiento y reflexión crítica y promover la ciudadanía europea activa y su interés por la construcción e integración europea. La revista Pliegos de Yuste está también accesible en internet para toda aquella persona que quiera consultar los diferentes monográficos ya publicados sobre temas de actualidad europea en http://www.pliegosdeyuste.eu


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http://www.extremadura7dias.com/noticia/el-facsimil-del-testamento-de-fernando-el-catolico-en-las-bibliotecas-extremenas

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Traducción al español por Huan Manwë para phpbb-es.com


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