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 Asunto: Re: VISITAS DE ESTADO AL EXTRANJERO EN EL REINADO DE CARLOS
NotaPublicado: 29 Abr 2026 08:50 
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JoseMax escribió:
Parece que Camilla se suma a la usanza española de no llevar tiara en repúblicas.
Podríamos decir que, sin quererlo, hemos puesto de moda algunas cosas como esa, o meter las bandas por dentro del escote jajaja.


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 Asunto: Re: VISITAS DE ESTADO AL EXTRANJERO EN EL REINADO DE CARLOS
NotaPublicado: 29 Abr 2026 11:59 
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Una pena que no lleve tiara ni condecoraciones, porque la Casa Blanca ha elevado la etiqueta para la visita. Pero ha rescatado las amatistas Kent que no se habían vuelto a ver desde los 80. Esta parece que será la tónica habitual en Camilla, limitando las tiaras a las monarquías.

El color no me gusta mucho, no soy fan de los tonos fucsias, pero a ella le sienta bien.

Melania va sensacional, impecable.

Charles es magnífico pronunciando discursos. Entre broma y broma va lanzando tiritos, como debe de ser.

Unos cuantos idiotas de los movimientos MAGA y todas esas estupideces estaban criticando anoche la parte del discurso en el Congreso en la que señala que “todos los poderes deben someterse a la ley”. Discurso aplaudido por ambos partidos, aunque parecía que los demócratas lo hicieron con más fruición. Ahora resulta que Charles es un musulmán infiltrado, porque ha roto la tradición de enviar un pequeño discurso con motivo del día de Pascua, visita mezquitas y está a favor de la agenda 2030. :eyes: ¿Qué clase de papillas le dieron a esa gente?

En circunstancias normales, los Sussex habrían sido invitados a la cena de anoche o a la recepción en la Embajada británica. Pero como lo suyo es de todo menos normal… pues Charles se va a ir de los USA sin ver a su hijo y a sus nietos.


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 Asunto: Re: VISITAS DE ESTADO AL EXTRANJERO EN EL REINADO DE CARLOS
NotaPublicado: 29 Abr 2026 12:29 
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Charles al paso que vamos será el último monarca inglés que realmente le interese en serio la Church of England y se tome realmente a pecho el ir, William no quiere saber nada con las órdenes, preferiría que la coronación sea lo menos pomposa, simple, y rápida posible, no le gustan los eventos y ciertamente se tomó a pecho el tema de la madre de hablar laS feS, como Charles pero peor.

_________________
"Ma fin est mon commencement,
et mon commencement ma fin".


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 Asunto: Re: VISITAS DE ESTADO AL EXTRANJERO EN EL REINADO DE CARLOS
NotaPublicado: 29 Abr 2026 12:53 
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¿A qué te refieres con hablar las fes?

Pues yo he visto gente decir lo contrario, que su hijo si recuperaría más pomposidad que se ha abandonado o ajustado con Carlos.


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 Asunto: Re: VISITAS DE ESTADO AL EXTRANJERO EN EL REINADO DE CARLOS
NotaPublicado: 29 Abr 2026 13:55 
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¿William recuperando pomposidad? Como no sea por influencia de Catherine, no lo veo.

Es uno de los royals masculinos que se ha lanzado de cabeza a vestir casual en la mayoría de actos oficiales y también es de los que cree que mantos como el de la Jarretera son disfraces.



You’ve done brilliantly, dear Charles.



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 Asunto: Re: VISITAS DE ESTADO AL EXTRANJERO EN EL REINADO DE CARLOS
NotaPublicado: 29 Abr 2026 14:14 
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William es de las cosas más aguada del mundo, sin dudas.


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 Asunto: Re: VISITAS DE ESTADO AL EXTRANJERO EN EL REINADO DE CARLOS
NotaPublicado: 29 Abr 2026 14:32 
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Pues ni idea jajaja hay gente que he visto en redes que cree eso. Pero creo que ustedes sabrán mejor.


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 Asunto: Re: VISITAS DE ESTADO AL EXTRANJERO EN EL REINADO DE CARLOS
NotaPublicado: 29 Abr 2026 15:57 
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 Asunto: Re: VISITAS DE ESTADO AL EXTRANJERO EN EL REINADO DE CARLOS
NotaPublicado: 29 Abr 2026 15:58 
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 Asunto: Re: VISITAS DE ESTADO AL EXTRANJERO EN EL REINADO DE CARLOS
NotaPublicado: 29 Abr 2026 15:58 
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 Asunto: Re: VISITAS DE ESTADO AL EXTRANJERO EN EL REINADO DE CARLOS
NotaPublicado: 29 Abr 2026 15:59 
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 Asunto: Re: VISITAS DE ESTADO AL EXTRANJERO EN EL REINADO DE CARLOS
NotaPublicado: 29 Abr 2026 16:06 
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Discurso del Rey ante el Congreso de Estados Unidos:

phpBB [video]


"Señor Vicepresidente, Señor Presidente de la Cámara, miembros del Congreso, representantes del pueblo estadounidense de todos los estados, territorios, ciudades y comunidades.

Quisiera aprovechar esta oportunidad para expresarles mi especial gratitud por el gran honor de dirigirme a esta sesión conjunta del Congreso y, en nombre de la Reina y mío, agradecer al pueblo estadounidense por darnos la bienvenida a los Estados Unidos para conmemorar este quincuagésimo quinto aniversario de la Declaración de Independencia.

Durante todo este tiempo, nuestros destinos como naciones han estado entrelazados. Como dijo Oscar Wilde, hoy en día tenemos prácticamente todo en común con Estados Unidos, excepto, por supuesto, el idioma.

Nos reunimos en tiempos de gran incertidumbre, en tiempos de conflicto, desde Europa hasta Oriente Medio, que plantean inmensos desafíos para la comunidad internacional y cuyo impacto se siente en comunidades de todo el territorio de nuestros países.

Nos reunimos también tras el incidente ocurrido cerca de este gran edificio, que pretendió dañar el liderazgo de su nación y fomentar el miedo y la discordia.

Permítanme afirmar, con firme convicción, que tales actos de violencia jamás tendrán éxito.

Cualesquiera que sean nuestras diferencias, cualesquiera que sean nuestros desacuerdos, permanecemos unidos en nuestro compromiso de defender la democracia, proteger a todos nuestros ciudadanos de cualquier daño y honrar la valentía de quienes arriesgan sus vidas a diario al servicio de nuestros países.

Estando aquí hoy, es difícil no sentir el peso de la historia sobre mis hombros, pues la relación moderna entre nuestras dos naciones y nuestros pueblos abarca no solo 250 años, sino más de cuatro siglos.

Es extraordinario pensar que soy el decimonoveno soberano en estudiar con atención diaria los asuntos de Estados Unidos. Por eso, hoy me presento aquí con el más alto respeto por el Congreso de los Estados Unidos, esta fortaleza de la democracia creada para representar la voz de todo el pueblo estadounidense y para promover los derechos y libertades fundamentales.

Al hablar en esta prestigiosa cámara de debate y deliberación, no puedo evitar pensar en mi difunta madre, la Reina Isabel, quien en 1991 también recibió este sagrado honor y pronunció su discurso bajo la atenta mirada de la Estatua de la Libertad que se alza sobre nosotros.

Hoy me encuentro aquí, en esta gran ocasión para la historia de nuestras naciones, para expresar el más alto respeto y amistad del pueblo británico al pueblo de los Estados Unidos.

Ahora bien, como usted sabe, cuando me dirigí a mi propio Parlamento en Westminster, aún manteníamos una antigua tradición de tomar como rehén a un miembro del Parlamento, reteniéndolo en el Palacio de Buckingham hasta mi regreso sano y salvo. Hoy en día, cuidamos muy bien a nuestro invitado, hasta el punto de que a menudo no quiere marcharse.

No sé, señor Presidente, si hay algún voluntario para desempeñar ese papel aquí hoy.

Al repasar la historia a través de los siglos, señor Presidente, surgieron ciertos patrones, ciertas verdades evidentes de las que podemos aprender y de las que podemos extraer fortaleza mutua. Con el espíritu de 1776 en mente, tal vez podamos coincidir en que no siempre estamos de acuerdo, al menos en primera instancia.

De hecho, el principio mismo sobre el que se fundó su Congreso, «ningún impuesto sin representación», fue a la vez un desacuerdo fundamental entre nosotros y, al mismo tiempo, un valor democrático compartido que ustedes heredaron de nosotros.

La nuestra es una alianza nacida de la disputa, pero no por ello menos sólida. Así pues, tal vez en este ejemplo podamos discernir que nuestras naciones, en realidad, comparten instintivamente ideas afines, producto de las tradiciones democráticas, jurídicas y sociales comunes en las que se fundamenta nuestra gobernanza hasta el día de hoy.

Recurriendo una y otra vez a estos valores y tradiciones, nuestros dos países siempre han encontrado la manera de llegar a un acuerdo. Y, ¡por Dios, señor Presidente!, cuando hemos encontrado esa manera de concordar, ¡qué gran cambio se produce!, no solo para beneficio de nuestros pueblos, sino de todos los pueblos.

Este, creo, es el ingrediente especial de nuestra relación. Como el propio presidente Trump observó durante su visita de Estado a Gran Bretaña el otoño pasado, el vínculo de parentesco e identidad entre Estados Unidos y el Reino Unido es invaluable y eterno. Es irremplazable e inquebrantable.

Señor Presidente de la Cámara, esta no es mi primera visita a Washington, D.C., la capital de esta gran república. De hecho, es mi vigésima visita a los Estados Unidos, y la primera como Rey y jefe de la Commonwealth.

Esta ciudad simboliza un periodo de nuestra historia compartida, o lo que Charles Dickens podría haber llamado «La historia de dos Georges»: el primer presidente, George Washington, y mi tatarabuelo, el rey Jorge III.

Como saben, el rey Jorge nunca pisó suelo americano. Y les aseguro, señoras y señores, que no estoy aquí como parte de ninguna maniobra de retaguardia.

Los Padres Fundadores fueron rebeldes audaces e imaginativos con una causa. Hace doscientos cincuenta años —o, como decimos en el Reino Unido, hace apenas unos días— declararon la independencia equilibrando fuerzas opuestas y fortaleciendo la diversidad.

Unieron trece colonias dispares para forjar una nación basada en la revolucionaria idea de la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad. Llevaron consigo y transmitieron la gran herencia de la Ilustración británica, así como los ideales con raíces aún más profundas en el derecho consuetudinario inglés y la Carta Magna.

Estas raíces son profundas y siguen vigentes.

Nuestra Declaración de Derechos de 1689 no solo fue el fundamento de nuestra monarquía constitucional, sino que también proporcionó la fuente de muchos de los principios reiterados, a menudo textualmente, en la Carta de Derechos estadounidense de 1791.

Y esas raíces se remontan aún más atrás en la historia. La Sociedad Histórica de la Corte Suprema de los Estados Unidos ha calculado que la Carta Magna se cita en al menos 160 casos de la Corte Suprema desde 1789, sobre todo como fundamento del principio de que el poder ejecutivo está sujeto a controles y equilibrios.

Por esta razón, existe una piedra junto al río Támesis en Runnymede, donde se firmó la Carta Magna en el año 1215. Esta piedra registra que un acre de ese antiguo e histórico sitio fue donado a los Estados Unidos de América por el pueblo del Reino Unido para simbolizar nuestra determinación compartida en defensa de la libertad y en memoria del presidente John F. Kennedy.

Distinguidos miembros del 119.º Congreso, es aquí, en estos mismos salones, donde el espíritu de libertad y la promesa de los fundadores de Estados Unidos se hacen presentes en cada sesión y en cada voto, no por la voluntad de uno solo, sino por la deliberación de muchos, que representan el mosaico vivo de los Estados Unidos en ambos países.

Es precisamente la vitalidad, la diversidad y la libertad de nuestras sociedades lo que nos da nuestra fuerza colectiva, incluso para apoyar a las víctimas de algunos de los males que tan trágicamente existen en ambas sociedades hoy en día.

Y señor Presidente, para muchos de los presentes y para mí, la fe cristiana es un ancla firme y una inspiración diaria que nos guía no solo individualmente, sino también como miembros de nuestra comunidad. Habiendo dedicado gran parte de mi vida a las relaciones interreligiosas y a una mayor comprensión, es esa fe en el triunfo de la luz sobre la oscuridad la que he visto confirmada innumerables veces.

A través de ella, me inspira el profundo respeto que se desarrolla a medida que personas de diferentes credos crecen en su comprensión mutua. Por eso, mi esperanza y mi plegaria es que, en estos tiempos turbulentos, trabajando juntos y con nuestros socios internacionales, podamos evitar que la lucha se convierta en batalla.

Soy consciente de que aún nos encontramos en la Pascua, la época que más fortalece mi esperanza. Por eso creo de todo corazón que la esencia de nuestras dos naciones reside en la generosidad de espíritu y el deber de fomentar la compasión, promover la paz, profundizar el entendimiento mutuo y valorar a todas las personas, de todas las creencias y de ninguna.

La alianza que nuestras dos naciones han forjado a lo largo de los siglos, y por la cual estamos profundamente agradecidos al pueblo estadounidense, es verdaderamente única, y esa alianza forma parte de lo que Henry Kissinger describió como la ambiciosa visión de Kennedy de una alianza atlántica basada en dos pilares: Europa y América.

Creo, señor Presidente, que esa alianza es hoy más importante que nunca.

El primer monarca británico reinante en pisar suelo americano fue mi abuelo, el rey Jorge VI. En 1939, visitó el país junto a mi querida abuela, la Reina Isabel, la Reina Madre. Las fuerzas del fascismo avanzaban con fuerza en Europa, y tiempo atrás, Estados Unidos se había unido a nosotros en la defensa de la libertad. Nuestros valores compartidos prevalecieron.

Hoy nos encontramos en una nueva era, pero esos valores permanecen. Es una era, en muchos sentidos, más volátil y peligrosa que aquella a la que mi difunta madre se dirigió en esta cámara en 1991.

Los desafíos que enfrentamos son demasiado grandes para que una sola nación pueda afrontarlos en solitario. Pero en este entorno impredecible, nuestra alianza no puede confiarse en los logros del pasado ni dar por sentado que los principios fundamentales perduran.

Como dijo mi primer ministro el mes pasado, la nuestra es una alianza indispensable. No debemos ignorar todo aquello que nos ha sostenido durante los últimos 80 años. Al contrario, debemos construir sobre ello.

La renovación hoy comienza con la seguridad. El Reino Unido reconoce que las amenazas que enfrentamos exigen una transformación de la defensa británica.

Por eso, para estar preparados para el futuro, nuestro país se ha comprometido al mayor aumento sostenido del gasto en defensa desde la Guerra Fría, durante la cual, hace más de 50 años, serví con inmenso orgullo en la Marina Real, siguiendo los pasos navales de mi padre, el príncipe Felipe, duque de Edimburgo, mi abuelo, el rey Jorge VI, mi tío abuelo, Lord Mountbatten, y mi bisabuelo, el rey Jorge V.

Este año, por supuesto, también se conmemora el 25.º aniversario del 11-S. Esta atrocidad fue un momento decisivo para Estados Unidos, y su dolor y conmoción se sintieron en todo el mundo. Durante mi visita a Nueva York, mi esposa y yo rendiremos nuevamente homenaje a las víctimas, a sus familias y a la valentía demostrada ante la terrible pérdida.

Estuvimos con ustedes entonces, y estamos con ustedes ahora, en solemne recuerdo de un día que jamás será olvidado.

Inmediatamente después del 11-S, cuando la OTAN invocó el Artículo Cinco por primera vez y el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas se unió ante el terrorismo, respondimos juntos al llamado, como lo ha hecho nuestro pueblo durante más de un siglo, hombro con hombro a través de dos guerras mundiales, la Guerra Fría, Afganistán y momentos que definieron nuestra seguridad compartida.

Hoy, señor Presidente, esa misma determinación inquebrantable es necesaria para la defensa de Ucrania y su valiente pueblo. Es necesaria para asegurar una paz verdaderamente justa y duradera.

Desde las profundidades del Atlántico hasta los casquetes polares del Ártico, que se derriten de forma catastrófica, el compromiso y la experiencia de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos y sus aliados constituyen el núcleo de la OTAN: comprometidos con la defensa mutua, protegiendo a nuestros ciudadanos e intereses, y manteniendo a salvo a norteamericanos y europeos de nuestros adversarios comunes.

Nuestros lazos de defensa, inteligencia y seguridad están intrínsecamente ligados a través de relaciones que se miden no en años, sino en décadas.

Hoy, miles de militares estadounidenses, funcionarios de defensa y sus familias están destinados en el Reino Unido, mientras que el personal británico sirve con igual orgullo en 30 estados estadounidenses. Estamos construyendo juntos los F-35 y hemos acordado el programa de submarinos más ambicioso de la historia, el AUKUS. Y lo hacemos en colaboración con Australia, país del que también me enorgullece enormemente servir como soberano.

No emprendemos juntos estas extraordinarias iniciativas por sentimentalismo. Lo hacemos porque fortalecen nuestra resiliencia compartida para el futuro, garantizando así la seguridad de nuestros ciudadanos para las generaciones venideras.

Nuestros ideales comunes no solo fueron cruciales para la libertad y la igualdad, sino que también son el fundamento de nuestra prosperidad compartida. El estado de derecho, la certeza de normas estables y accesibles, un poder judicial independiente, la resolución de disputas y la impartición de justicia imparcial: estas características crearon las condiciones para siglos de crecimiento económico sin precedentes en nuestros dos países.

Por ello, nuestros gobiernos están concluyendo nuevos acuerdos económicos y tecnológicos para escribir el próximo capítulo de nuestra prosperidad conjunta y garantizar que el ingenio británico y estadounidense siga liderando el mundo. Nuestras naciones están aunando talento y recursos en las tecnologías del futuro. Nuestras nuevas alianzas en fusión nuclear y computación cuántica, así como en inteligencia artificial y descubrimiento de fármacos, prometen salvar innumerables vidas.

En un sentido más amplio, celebramos los 430.000 millones de dólares de comercio anual, que siguen creciendo. Los 1,7 billones de dólares en inversión mutua que impulsan esa innovación, y los millones de empleos a ambos lados del Atlántico, que benefician a ambas economías.

Estos son sólidos cimientos sobre los que seguir construyendo para las generaciones venideras. Nuestros lazos en educación, investigación e intercambio cultural empoderan a los ciudadanos y futuros líderes de ambos países. La Beca Marshall, que lleva el nombre del gran General George Marshall y de cuya asociación me enorgullece ser patrocinador, es un símbolo de la conexión entre nuestros dos países. Desde su fundación, se han otorgado más de 2300 becas, abriendo las puertas a estadounidenses de todos los ámbitos para estudiar en las principales universidades del Reino Unido.

Por lo tanto, al mirar hacia los próximos 250 años, debemos reflexionar también sobre nuestra responsabilidad compartida de salvaguardar la naturaleza, nuestro bien más preciado e irremplazable.

Durante milenios, milenios antes de que existieran nuestras naciones, antes de que se trazara ninguna frontera, las montañas de Escocia y los Apalaches eran una sola. Una única cordillera continua forjada en la antigua colisión de continentes.

Las maravillas naturales de los Estados Unidos de América constituyen, sin duda, un patrimonio único, y generaciones de estadounidenses han respondido a esta vocación. Líderes indígenas, políticos y cívicos, habitantes de comunidades rurales y urbanas por igual, han contribuido a proteger y preservar lo que el presidente Theodore Roosevelt denominó la «gloriosa herencia» del extraordinario esplendor natural de esta tierra, del cual siempre ha dependido gran parte de su prosperidad.

Sin embargo, incluso mientras celebramos la belleza que nos rodea, nuestra generación debe decidir cómo afrontar el colapso de sistemas naturales cruciales, que amenaza mucho más que la armonía y la diversidad esencial de la naturaleza. Ignorar, bajo nuestro propio riesgo, el hecho de que estos sistemas naturales —es decir, la propia economía de la naturaleza— constituyen la base de nuestra prosperidad y nuestra seguridad nacional.

La historia del Reino Unido y los Estados Unidos es, en esencia, una historia de reconciliación, renovación y una extraordinaria colaboración. De las amargas divisiones de hace 250 años, forjamos una amistad que se ha convertido en una de las alianzas más trascendentales de la historia de la humanidad.

Ruego de todo corazón que nuestra alianza continúe defendiendo nuestros valores compartidos con nuestros socios en Europa, la Commonwealth y el resto del mundo, y que ignoremos los llamados a un mayor ensimismamiento.

Señor Presidente de la Cámara, señor Vicepresidente, distinguidas damas y caballeros, las palabras de Estados Unidos tienen peso y significado, como lo han tenido desde la independencia. Las acciones de esta gran nación importan aún más.

El presidente Lincoln lo comprendió tan bien en su magistral Discurso de Gettysburg: «El mundo quizás no preste mucha atención a lo que decimos, pero jamás olvidará lo que hacemos».

Por lo tanto, a los Estados Unidos de América, en su 250 aniversario, que nuestros dos países se comprometan nuevamente a servir desinteresadamente a nuestros pueblos y a todos los pueblos del mundo.

Que Dios bendiga a los Estados Unidos y que Dios bendiga al Reino Unido".


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Traducción al español por Huan Manwë para phpbb-es.com


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