Cada vez me gustan menos las marcas de lujo visibles porque las lleva una clase de gente, que ni siquiera es buena gente.
La decoración de Zarzuela tiene un componente sentimental muy fuerte, porque muchos de los muebles que vemos los trajo la Reina Sofía de la casa de Psykhikó. ¡Se trajo hasta las cortinas! No deja de ser un trocito de su vida griega, de su añorado hogar, trasladado a Madrid. Si encima sumamos el dolor del exilio, más valor tiene. Pero una cosa es mantener o trasladar esa decoración a sus estancias privadas y otra dejarla permanentemente en los salones que se utilizan para recibir.
No lo van a cambiar, olvidémoslo.
Ines escribió:
Luego lo de cuidar la apariencia, los
modales, la forma de hablar públicamente, por supuesto se dar por descontado como el valor en los soldados, debe de ser parte inseparable del royal siempre dar la mejor imagen de uno mismo. Y cuando toque, cuando proceda, vestir el cargo, que decía la reina Sofia, claro que si, con todo lo que corresponda, pero eso cuando toque, cuando se deba, no en cualquier fiesta y por cualquier motivo.
No creo que pensemos cosas distintas, sino complementarias. Puede ser que Elisabeth se pasase el otro día y emulara a Diana de Gales cuando se presentaba en un hospicio vistiendo un dos piezas de Versace y el bolsito Lady Dior. Ha pasado a la historia como la "princesa del pueblo" y de los más necesitados. Lo compro, puede ser una contradicción, pero tradicionalmente esa era la idea. Sin embargo, paralelamente podemos observar el caso opuesto. Pongo un ejemplo.
El otro día no me gustó nada como iba nuestra Infanta Sofía. Alguien dijo, no sé sí fue JoseMax con muy buen tino, que había asaltado el armario de su abuela. Efectivamente, llevaba una ropa que podía llevar perfectamente su abuela Sofía, aunque esta última lo adornaría con muchos collares y pulseras y quizás un broche y quedaría apañado. Para mí no iba esmeradamente vestida para una ceremonia de entrega de despachos. Iba sencillamente rancia. Debemos tener paciencia porque todavía no ha encontrado su estilo y tiene una edad en la que todos hemos sufrido complejos y nada nos ha gustado. Pero, se espera de ella algo más de dedicación en este aspecto, sobre todo cuando los invitados se han puesto sus mejores galas y esperan con ansias participar del momento con la Familia Real.
Cierto es que todas las monarquías han tenido algún miembro al que su apariencia le ha importado un bledo. No a todo el mundo le gustan los trapos y los complementos y hay que aceptarlo y respetarlo. Lo importante es que haga bien su trabajo, pero uno debe intentar dejar las mandíbulas desencajadas a su paso. La realeza vive en parte de eso. Cada vez que saca a pasear una tiara, cada vez que organiza una recepción con gente importante en palacio, cada vez que suelta un discurso polilingüe ante millones de espectadores, cada vez que muestra cariño, cercanía y conocimiento o cada vez que representa al país por el mundo. Si encima tienes buena facha y una apariencia impecable... es el alimento perfecto que brindarle al ciudadano necesitado, hambriento de orgullo e ilusión por su país.
Hay que intentar buscar un equilibrio y no siempre es fácil.