Vandal escribió:
Si para Lilibet esta imagen no es reprobable ni contradice los valores que representa la Monarquía Británica y la Iglesia Anglicana, me congratulo muy sinceramente (no es coña), porque significa que estoy más cerca de ambas instituciones de lo que yo pensaba... Por cierto, ahora que me doy cuenta, por detrás Harry pierde bastante... ese culete tiene poco músculo...
Querido, Lilibet debe pensar que peores plazas para torear le tocaron a la gran Victoria e incluso a George V ;-)
Personalmente, opino que los valores que representa la Monarquía Británica no tienen nada que ver con que un príncipe de la casa de Windsor "pierda el tiempo" en vacaciones jugando al strip-póker y quedándose en cueros. Esto es muy subjetivo, claro, pero, para mí, los valores de la Monarquía Británica son: su perdurabilidad, su adaptabilidad al medio y a los tiempos sin renunciar a las tradiciones, su capacidad para bandearse en las peores épocas y especialmente su talento para simbolizar el tesón y la fuerza de voluntad de la nación en momentos particularmente dramáticos. Saben "estar" cuando verdaderamente toca...me estoy acordando ahora de la Primera Guerra Mundial y la Segunda Guerra Mundial. Y no sigo porque luego me pongo ñoña y me empeño en ver otra vez "El Discurso del Rey", jajaja.
El hecho de que algunos varones Windsor se dedicaran a meterse en escándalos a menudo bastante picantes en la época victoriana y eduardiana no fue óbice para que la familia, en su conjunto, lograse sintonizar plenamente con la nación en momentos dramáticos. Y eso es lo que cuenta. Por eso, Vandal, a mí, en concreto, sí me enfureció la imagen de Harry disfrazado de nazi y me figuro que mi enfado no tiene ni punto de comparación con el que debió sentir Lilibet. Pero...¿un strip-póker? ¡Bahhhh! Pecadillos de juventud. Ni siquiera lo calificaría de auténtica disipación.
En cuanto a la Iglesia Anglicana...hombre, no creo que ninguna religión organizada esté dispuesta a observar con simpatía la celebración de campeonatos de strip-póker, pero por mucho que se insista en los ideales de perfecta castidad y pureza, los seres humanos en global siempre hemos sido propensos a los pecadillos de la carne. Y, vale, nos saltamos algunos que otros preceptos, pero hay un grado de "tolerancia" hacia esas "debilidades". Claro que si todos los familiares y allegados de Lilibet llevasen vidas absolutamente intachables, de una excelsa moralidad privada y pública, ella no se quejaría, jajaja, pero tampoco creo que espere que todos sus nietos y nietas sean angélicos.