Foro DINASTÍAS | La Realeza a Través de los Siglos.

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 Asunto: Re: SOPHIE TROUBETZKOI.
NotaPublicado: 02 Feb 2010 21:27 
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 Asunto: Re: SOPHIE TROUBETZKOI.
NotaPublicado: 02 Feb 2010 22:25 
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Esta familia tiende de todo!!!! :shock: :shock: :? :? :roll:

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 Asunto: Re: SOPHIE TROUBETZKOI.
NotaPublicado: 02 Feb 2010 22:32 
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Sí, es un repertorio sensacional.

Pero a ver si nos centramos en la lucha por la Restauración, a partir de 1870, jajaja. Que si no, nos va a finalizar el año sin haber llegado siquiera a la muerte de Alfonso XII.

:ooops:


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 Asunto: Re: SOPHIE TROUBETZKOI.
NotaPublicado: 02 Feb 2010 23:10 
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Eso :thumbup:
Y eso que el rêve d'Egypte prometía bastante...

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 Asunto: Re: SOPHIE TROUBETZKOI.
NotaPublicado: 02 Feb 2010 23:41 
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Pues centremonos en la Restauracion y qure no nos den las uvas!!!!! Soy todo ojos y los fans de Sophie estan sobre ascuas


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 Asunto: Re: SOPHIE TROUBETZKOI.
NotaPublicado: 03 Feb 2010 00:12 
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Calculo yo que durante el veraneo de 1870 en Deauville, mientras Alfonsito le ponía ojos de carnero degollado a Isabel de Arcicollar para mosqueo de la todavía muy aniñada María de Morny, el duque de Sesto ya estaría comentando ampliamente con Sophie que era absolutamente conveniente que ambos estableciesen su residencia de manera prioritaria en Madrid. Estaba ya previsto que las Cortes Españolas celebrasen una votación para dilucidar quien debía ocupar el trono vacante en otoño, allá para el mes de noviembre. Por tanto, a los alfonsinos les esperaba mucha faena. Había que intentar promover al máximo la simpatía popular hacia Alfonsito. Quizá aún no hubiese llegado la hora en que la nación se decantase por el hijo de la exiliada Isabel, pero se trataba de "hacer campaña" no sólo a corto plazo, sino a medio e incluso a largo plazo.

El candidato rival que más preocupaba en esa época a los Sesto era, sin duda, Leopold de Hohenzollern-Sigmaringen, que contaba con el apoyo resuelto de Prusia, una nación pujante en la escena de Europa desde que había derrotado a Austria en Sadowa, allá por el mes de julio de 1866. Prusia había estado consolidando su posición entre 1866 y 1870, para gran recelo de Francia, que incluso había buscado afanosamente un acercamiento a Austria. De lo que no cabía duda es de que el rey Wilhelm I de Prusia estaba sabiamente dirigido por su canciller de hierro, Otto von Bismarck, quien, paradójicamente, había estado muy enamorado de una prima de Sophie Troubetzkoi. Bismarck no se andaba con chiquitas. Sabía que darle mucho aire a la candidatura de Leopold de Hohenzollern-Sigmaringen, cuya esposa Antonia de Portugal era hija de aquel Ferdinand de Saxe-Coburg a quien los españoles habían considerado un posible monarca casi perfecto, equivalía a buscarle las cosquillas a Francia. Pero lo que deseaba Bismarck era, precisamente, buscarle las cosquillas a Francia. El momento del enfrentamiento definitivo entre Prusia y Francia por la hegemonía en el viejo mundo estaba a la vuelta de la esquina. Lo que le interesaba a Prusia era que Francia, furiosa por el hecho de que se tratase de convertirla en el relleno de un sandwich, con un Hohenzollern gobernando en Berlín y otro Hohenzollern decidido a gobernar en Madrid, rompiese las hostilidades. Bismarck estaba siendo deliberadamente provocador con Napoleón III y Eugenia.

Los Sesto eran una pareja capaz de percibir que las cosas se estaban poniendo al rojo vivo. Estaban magníficamente situados, entre los dos sumaban un completísimo repertorio de conexiones que les permitían compilar información exhaustiva acerca de lo que se preparaba en la recámara. Comprendían que sus días alegres en Deauville se agotaban rápidamente. Y, efectivamente, tocaron a su fín cuando a finales de julio Francia declaró la guerra a Prusia a raíz de un incidente diplomático inteligentemente orquestado por Bismarck.


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 Asunto: Re: SOPHIE TROUBETZKOI.
NotaPublicado: 03 Feb 2010 00:50 
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A Minnie las Restauraciones le dan algo de sopor, en cuanto empieza una, se va a dormir rapidamente >:)

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 Asunto: Re: SOPHIE TROUBETZKOI.
NotaPublicado: 03 Feb 2010 19:05 
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sabbatical escribió:
A Minnie las Restauraciones le dan algo de sopor, en cuanto empieza una, se va a dormir rapidamente >:)


Uy, ya salió la graciosilla...
(grin)

A decir verdad, me abstraigo tanto de todo lo que me rodea cuando me hallo en vuestra grata compañía, que cuando de repente mi mirada repara en el reloj y contemplo la hora que es, me entran los siete males pensando en lo poquito que voy a dormir de noche, jajajaja. Yo soy muy dormilona, pero, por desgracia, puedo darme el gusto pocas veces. Me levanto tempranísimo de lunes a viernes, después el fín de semana, cuando pretendo resarcirme, mi cuerpo ha adquirido una especie de tic tac que me obliga a abrir los ojos antes de lo deseable ;)

Estaba yo pensando...¿os habéis fijado en la cantidad de temas en los que aparece, así como por un casual, el pobre Leopold Hohenzollern-Sigmaringen, o, lo que es lo mismo, nuestro querido Ole-Ole-Si-Me-Eligen? Me siento obligada a rendirle tributo subiendo una foto suya, jajaja.

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A la luz de lo que ocurriría después con el pobre incauto de Amadeo de Saboya, Ole-Ole-Si-Me-Eligen debió rendir un sentidísimo homenaje a la Diosa Fortuna por haberle salvado de ser un rey electo de los españoles. Pero seguro que le fastidió -era un buen tipo, en general- que su candidatura se usase a modo de espoleta para que detonasen las tensas relaciones entre Prusia y Francia. La guerra se hizo inevitable aquel mes de julio de 1870 (básicamente, los prusianos habían actuado de forma provocadora porque ya se consideraban sobradamente preparados para afrontar la conflagración, en tanto que los franceses, como bien ha señalado Arturo en otro tema del foro, reaccionaron a la tremenda ante la forma en que se filtró la correspondencia diplomática acerca del tema, porque estaba en juego su grandeur).

Los Sesto asistieron a los episodios pre-bélicos desde Deauville. Pepe entendió que el cataclismo era inminente cuando recibió la noticia de que el famoso Telegrama de Ems se había publicado en la prensa: los franceses estaban que ardían, en particular los parisinos, que se dedicaron a apedrear la embajada prusiana en la capital gala. A partir de ahí, Pepe vivía en un sinvivir. Se enteró, por supuesto, de que el 20 de julio de había designado al reputado mariscal Le Boeuf general en jefe del ejército francés del Rhin, pero que, a pesar de esa medida, Napoleón III, incluso a despecho de un estado de salud que podía calificarse sin ambages de desastroso, estaba empeñado en ponerse al frente de sus tropas acompañado de su joven hijo el Príncipe Imperial. El 27 de julio, en Saint Cloud, Eugenia fue designada regente, porque ya se había decidido que el 28 marcharían Napoleón III y el Príncipe Imperial hacia la ciudad de Metz. El 2 de agosto, en Saarbrücken, los franceses consolidaron una serie de pequeños avances que les permitieron anunciar, en tono triunfal, que tenían el control del Sarre, pero el 4 de agosto, en Wissembourg, los prusianos inflingen una derrota a las fuerzas francesas. El predominio de los prusianos volvió a manifestarse el 6 de agosto en la batalla de Froeschwiller-Woerth.

A esas alturas, Pepe estaba francamente preocupado. Pintaban mal las cosas para Francia, muy mal. De repente, anunció que debía dirigirse a París porque alguien tenía que sacar de territorio francés lo antes posible a los miembros de la familia real española. En un breve lapso de tiempo, se empacaron las pertenencias del príncipe Alfonso, quien veía tristemente abortado el veraneo en Deauville. Pepe partió de Deauville a París con Alfonso, el jefe de estudios de don Alfonso (Guillermo Morphy) y el fidelísimo ayudante de cámara de don Alfonso (Ceferino). Sophie se quedó con sus hijos en Deauville, en un estado de gran inquietud.

Fue el duque de Sesto quien persuadió a Isabel II de que debían salir inmediatamente en dirección a Suiza. La elección era muy obvia: Suiza siempre era un lugar perfecto para eludir los problemas que asolasen al resto de países europeos, a causa de su tradicional e inviolable neutralidad. Por otro lado, si Isabel II, con sus hijos menores, se establecía en Ginebra, podían reunirse fácilmente con ellos allí su hija Isabel junto al marido, el conde Gaetano Girgenti, dado que la pareja llevaba ya tiempo en la cercana Lucerna (se suponía que ese ambiente bucólico, relajado y animoso sentaría bien al depresivo Gaetano). Pepe en persona se encargó de escoltar a Isabel y a los chicos hasta Ginebra, dejándoles cómodamente instalados en el "Hotel de la Paix".

A su vuelta a Francia, Pepe viajó rápidamente a Deauville. Sophie se había ído angustiando a medida que los prusianos sumaban victorias; comprensiblemente, no quería permanecer con los chicos en la región normanda mientras el marido estaba en la capital. A mediados de agosto, la familia al completo estaba de vuelta en su casa de la rue Gabriel. Los muchachos recordarían, a posteriori, que Pepe estaba en perpetuo movimiento entre París y el recoleto Saint Cloud, ubicado casi a diez kilómetros en dirección oeste desde la ciudad.

Eugenia, en Saint Cloud, vivía en permanente zozobra. No se le borraba de la memoria la imagen de su marido, gravemente enfermo, y de su hijo adorado subiendo al tren que les había llevado de Saint Cloud a Metz a finales de julio. La compostura de la soberana, flamante regente para ese momento absolutamente crítico, había merecido general admiración. Había ejercido un absoluto dominio de sus sentimientos mientras besaba a Napoleón y exhortaba al Príncipe Imperial en tono vehemente: "Cumple con tu deber, Luís". Por contra, había parecido que la princesa Mathilde, prima de Napoleón, mostraba una emoción más intensa. Ésta no había podido impedir un "cri de coeur" dirigido al emperador que había persistido en su deseo de comandar al ejército:

-Pero...¡no estás en condiciones de hacer eso! No puedes montar a caballo...y ni siquiera vas a poder soportar el traqueteo de un carruaje. ¿Cómo te las vas a arreglar en el campo de batalla?.

Napoleón prefirió mantener un aire estólido. Se encontraba al límite de sí mismo, pues en su persona se combinaban los efectos devastadores en las vías respiratorias de un fuerte tabaquismo con la nefrosis que le aquejaba el riñón, la artritis que afectaba a sus articulaciones, serios problemas de vejiga y de próstata. Vamos, que el hombre era un cuadro médico de los de aúpa. Pero si Mathilde no había logrado contenerse, Eugenia sí lo había hecho. Sólo al quedarse sola lloraría hasta quedarse exhausta la emperatriz regente, que volcó su angustia en una carta dirigida a su anciana madre, doña Manuela.

Con el paso de los días, Eugenia estaba padeciendo lo indecible. Las malas noticias se sucedían unas a otras, sin conceder ni un breve respiro. Sesto se mostró sincero con ella -en su estilo-. Le aconsejó que fuese previsora porque si perdían la guerra, muy probablemente caería por tierra el II Imperio. En caso de que tuviese que marchar al exilio, necesarían disponer de recursos para sostenerse decorosamente. Eugenia le hizo caso a Pepe. Dió instrucciones precisas a su administrador para que transfiriese una suma colosal, de unos siete millones de francos, a doña Manuela de Montijo, en tanto que buena parte de las joyas de la emperatriz se enviaron para que las custodiase a la princesa Pauline de Metternich.

Pepe aconsejaba con conocimiento de causa: sabía lo caro que resultaba vivir la realeza en el destierro. Isabel II, por ejemplo, estaba machacándole con telegramas desde Ginebra, quejándose de que sus gastos se habían disparado y de que carecía de dinero para satisfacer los pagos. Sesto hubo de salir immediatamente rumbo a Suiza, a comprobar con sus ojos el grado de despilfarro de Isabel II antes de resolver el apuro. Debido a los entresijos de la guerra, no se trataba de coger un tren en París y esperar cómodamente sentado en el vagón correspondiente a que se completase el trayecto ferroviario hasta Ginebra.

Pepe se dió una auténtica paliza: viajó de París a Toulouse y de Toulouse a Ginebra. Pero aunque el hombre forzó su resistencia al máximo para llegar lo antes posible a Ginebra, Isabel no tenía la paciencia necesaria y seguía bombardeando con telegramas el número 42 de la rue Gabriel. Otra esposa hubiese puesto el grito en el cielo ante las demandas perentorias de la ex soberana, que parecía convencida de que Sesto debía resolverle cualquier problema con un chasqueo de dedos. Pero Sophie estaba tan comprometida con el proyecto político de su Pepe, que no dudó en actuar por su cuenta: envió a su apoderado para que éste alcanzase al duque con el fín de entregarle una fortísima suma de dinero, en tanto que realizaba las gestiones para que unos banqueros de gran renombre abriesen, mientras, una línea de crédito urgente para Isabelita.


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 Asunto: Re: SOPHIE TROUBETZKOI.
NotaPublicado: 03 Feb 2010 19:23 
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Me detengo un instante...no para tomar aire, jajaja...sino para tributar un homenaje a la paciencia de Sophie. Con el panorama que había en ese mes de agosto, Pepe no sólo aconsejaba a Eugenia que sacase fuera del país dinero a la vez que preciosas alhajas a modo de garantía de futuro, sino que él mismo se había dirigido a la Embajada española para solicitar una especie de pasaporte de emergencia para sí mismo, su esposa, los hijos de su esposa, sus pupilos y los miembros de su servicio doméstico. Ya tenía meridianamente claro que pronto tendrían que salir rumbo a Madrid. Sophie debía estar, naturalmente, con una sensación de que la precipatada marcha les esperaba a la vuelta de la esquina. En semejante tesitura, quedarse sola en París, con los chavales y el staff, mientras el marido corría a socorrer a una ex reina exageradamente manirrota...es de traca. Repito: otra se hubiese puesto a bailar un zapateado encima de la cabeza de la susodicha reina manirrota. Sophie era exageradamente leal a Pepe y a sus ideas legitimistas ;)


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 Asunto: Re: SOPHIE TROUBETZKOI.
NotaPublicado: 03 Feb 2010 19:42 
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Uy, ya salió la graciosilla...



Si lo dices con tono de Isabelona, TE PERDONO >:)

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 Asunto: Re: SOPHIE TROUBETZKOI.
NotaPublicado: 03 Feb 2010 19:44 
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¿Sabes que yo estaba pensando ayer lo mismo...? El pobre Olé-Olé sale por varios hilos a la vez, ni que estuviera de oferta, jaja. El telegrama ya es subject como en dos ahora mismo.

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 Asunto: Re: SOPHIE TROUBETZKOI.
NotaPublicado: 03 Feb 2010 20:56 
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sabbatical escribió:
¿Sabes que yo estaba pensando ayer lo mismo...? El pobre Olé-Olé sale por varios hilos a la vez, ni que estuviera de oferta, jaja. El telegrama ya es subject como en dos ahora mismo.


¡Qué bonito que estemos tan sincronizadas! (love)

Bueno, la verdad es que Ole-Ole es de esos que acabamos teniendo hasta en la sopa, jajajaja.

En fín, para no perder el hilo, que ya sabes que cuando lo pierdo me cuesta volver a encontrar el cabo del cual tirar...

"Monsieur mon frère, n´ayant pas pu morir au milieu de mes troupes, il ne me reste qu´à remettre mon épée entre les mains de Votre Majesté. Je suis, de Votre Majesté, le bon frère Napoléon. Sedan, 1 sept 1870".

Esa fue la breve esquela, que rezuma la amargura de la derrota bajo una superficie de pura cortesía caramelizada entre miembros de la realeza, escrita por Napoleón III para que la leyese el rey Wilhelm I de Prusia. Cuando Napoleón III redactó la cartita en la que se lamentaba de no haber podido morir entre los hombres que formaban sus tropas y depositaba su espada en gesto de rendición entre las manos del monarca Hohenzollern, era un hombre devastado física y psíquicamente. El encuentro decisivo se había producido en Sedan, con un ejército prusiano de unos doscientos mil hombres liderado por el propio Wilhelm I y por el aguerrido general Helmuth von Moltke frente a un ejército francés de unos ciento veinte mil hombres al frente del cual había estado Napoleón, asistido por Patrick MacMahon, por Auguste Ducrot y por Emmanuel Félix de Wimpffen. Wimpffen había sido el más eufórico en las horas previas a la batalla, asegurándole a Napoleón, enfermo y desmoralizado, que le bastaría con dos horas de combate para arrojar a los alemanes al río Mosa. Había sido una tremenda bravata.

Napoleón III, pese a su deplorable estado, había participado en la conflagración. Incluso había llegado a desmontar de su caballo (y Dios sabía lo que los dolores que esto le provocaba...) para ayudar a disparar un cañón. Nadie podría echarle en cara que no había exhibido valentía y coraje en la hora definitiva para su imperio. Pero Sedan fue una masacre para los franceses, con más de tres mil muertos y casi quince mil heridos, aparte de una cifra superior a veinte mil prisioneros. Los derrotados franceses habían intentado replegarse a la desesperada hacia la ciudad; se encontraron con un bombardeo intensivo que convertía en fuego las casas, haciendo cundir la muerte, la mutilación y el pánico entre sus habitantes.

El propio Napoleón había caído en manos del enemigo. Obviamente, en su caso, se hizo cargo de él el príncipe heredero de Prusia, Fritz, marido de Vicky, la hija mayor de la reina Victoria de Inglaterra. Fritz hizo alarde de su educación, su caballerosidad e incluso su gentileza innata. Preguntó amablemente a Napoleón por su salud (se veía a la legua que el emperador estaba sufriendo horrores), por la emperatriz y por el príncipe. Las derrotas siempre hunden a uno, pero casi debe ser peor cuando tu adversario victorioso se comporta con esa amabilidad.

La noticia tardó un par de días en llegar a París en toda su crudeza. Sophie Troubetzkoi estaba por entonces afligida porque el día 2 de septiembre, justo al día después del día en que se había librado la batalla de Sedan, había muerto en París el conde Charles de Flahaut. Ella no olvidaba que Charles había sido el amante de Hortense de Beauharnais que había engendrado al duque de Morny. Por tanto, se trataba del abuelo paterno -natural- de sus hijos Morny. En ese ambiente de tristeza, la recepción de noticias acerca de que los prusianos habían vencido y avanzaban hacia la capital ejercieron un poderoso impacto. Sophie sabía que Eugenia aún se resistía a abandonar las Tuilleries, a dónde había llegado desde Saint-Cloud. En última instancia, Eugenia fue consciente de que ya no podía retrasar su marcha ante los ruegos del embajador de Austria, Richard de Metternich, marido de su gran amiga Pauline de Metternich. Acompañada únicamente por Madame Carette, Eugenia buscó acogida en varias casas que no quisieron recibirla en la desgracia: a esas horas, una turba enfurecida vivaba a la República en las calles y, peor aún, rugía que a la emperatriz había que mandarla "a la guillotina". Solamente la acogió su dentista americano, Evans. Éste la tomó a su cuidado, facilitó su salida de la ciudad y la ayudó a llegar a Deauville para que pudiese embarcar en un buque de bandera británica que la llevase a la isla de Wight.

Un emperador prisionero, una emperatriz fugitiva, un imperio que se derrumbaba con estrépito. Sophie ya no podía permitirse el esperar tranquilamente en la casa de la rue Gabriel a que Pepe regresase de Suiza, dado que la situación íba de mal en peor y se hallaban en peligro debido a sus conexiones con la familia imperial. La dama organizó rápidamente el equipaje básico para emprender un viaje largo, fatigoso, con sus hijos, los pupilos de su esposo y el servicio. Cruzaron Francia en dirección a la frontera vasca, tratando de racionar la comida y la bebida que habían llevado consigo. No se sintieron a salvo hasta que se adentraron en territorio español. San Sebastián les aguardaba...


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