Pero la historia de ambas hermanas, que es digna de ser contada, tiene su orígen en su madre. Esta dama...
...nacida en 1858 con el nombre de Mary Fitzpatrick, si bien, desde su infancia, se la denominó siempre Patsy. Los orígenes de Patsy Fitzpatrick, que estaba destinada a convertirse en una de las principales luminarias sociales de la época eduardiana, merecen cierta atención porque, cuando menos, resultan curiosos.
Se ha sugerido que el príncipe Albert, devoto esposo de la reina Victoria, mantuvo una breve aventura con la joven Olivia Taylor, hija del Lord Chamberlain de la corte. Presumiblemente, Albert, siempre tan recto y digno en el plano moral, habría cedido a la tentación que representaba Olivia durante uno de los períodos en los que su Victoria se hallaba en la última fase de un embarazo. Victoria, sin embargo, se habría enterado de la "faiblesse" de Albert y, absolutamente furiosa, habría decretado la inmediata expulsión de Buckingham Palace de Olivia Taylor. El padre de la moza se habría apresurado a mandarla de vuelta a la principal residencia de la familia, Headfort, situada al norte de Dubín, en Irlanda. En poco tiempo, se arregló la boda de Olivia con un hombre irreprochable: el reverendo Frederick Fitzpatrick, quien tenía a su cargo la rectoría de Cloone, en el condado de Leitrim. En los años siguientes, Olivia parece haber sido una buena esposa para Frederick, a quien proporcionó dos hijos varones, Jack y Hugh, además de dos hijas, Patsy y Min.
Hasta que el príncipe Albert no falleció prematuramente a consecuencia de una virulenta fiebre tifoidea, a finales del año 1861, los Fitzpatrick permanecieron en Irlanda. Pero, muerto Albert, Olivia se sintió libre para regresar a Inglaterra. Persuadió a su esposo, Frederick, de que adquiriese Warren Hall, que se encontraba dentro de la gran área geográfica cuya propiedad detentaba el entonces marqués -posteriormente primer duque...- de Westminter, Robert Grosvenor. Allí, en Warren Hall, Frederick podía dedicarse a sus principales entrenimientos: la cría de caballos y las monterías. Entre tanto, Olivia se convirtió en una verdadera dama de sociedad. Pronto, sorprendentemente, profundizó en su amistad con el príncipe de Gales, Bertie, hijo varón de mayor edad de Victoria con el difunto Albert.
Así las cosas, Patsy, la mayor de las dos chicas Fitzpatrick, había alcanzado los dieciséis años, momento durante el cual se la presentó a la corte. Se trataba de una bella muchacha, con sus cabellos de un tono cobrizo y sus ojos azules. Pronto atrajo la atención de Bertie, que llevaba unos añitos casado con la incomparable Alexandra de Dinamarca. La aventura clandestina de Bertie, asiduo visitante en Warren Hall, y Patsy se prolongó durante doce meses. Al cabo de ese tiempo, se consideró lo más prudente casar a la muchacha antes de que se extendiesen rumores que dejasen hecha unos zorros su reputación. El futuro marido para Patsy fue sugerido por Bertie a los Fitzpatrick, Frederick y Olivia.
William Cornwallis-West, que doblaba la edad de Patsy, era un verdadero caballero: un hombre íntegro, decente, cumplidor de sus deberes, orgulloso de sus servicios a la corona. Su difunto padre, Sir William Cornwallis-West, había dedicado la vida a hacer un dignísimo papel como coronel en el regimiento de Reales Fusileros Galeses y, posteriormente, como "Lord Lieutenant" del Denbighshire. William, hijo de ese Sir William y su esposa Therese, acababa de "heredar", por decisión de la reina, el rango de "Lord Lieutenant" del Debighshire, lo que significaba que no tendría que moverse de la residencia ofical que se había asignado décadas atrás a su progenitor: el castillo de Ruthin, al norte de Gales, situado bastante cerca de Warren Hall. Por lo demás, Bertie también había tomado en cuenta no sólo la proximidad entre Warren Hall y Ruthin Castle, inminente hogar de casada de Patsy, sino el hecho de que la madre de William, Therese, poseía una residencia solariega en Newlands, Hampshire, justo enfrente de Cowes en la isla de Wight: sólo el brazo de mar del Solent les separaría.
Therese Conrwallis-West no tenía un pelo de tonta. Enseguida se dió cuenta de que a su hijo William le estaban casando con Patsy para facilitar la continuidad de la aventura de la muchacha Fitzpatrick con Bertie de Gales. La idea no le hizo ninguna gracia, porque amaba a su hijo y deseaba para él un matrimonio convencional. Llegó al punto de anunciar que no reconocía ese compromiso y que no asistiría a la boda. Sólo unos meses después, con Patsy ya embarazada, su suegra, Therese, suavizaría esa postura de absoluto rechazo. Claro que la concordia suegra-nuera duraría poco, porque, durante el curso de una fiesta ofrecida por Therese en Newlands en honor de la pareja, Patsy tuvo la ocurrencia de ponerse a flirtear con uno de los invitados, un diplomático de la embajada española. Evidentemente, Therese montó en cólera.