La I Doctora española
María Isidra de Guzmán y de la Cerda
I Doctora de Filosofía y Letras por la Universidad de Alcalá en 1785.
María Isidra había nacido el día 31 de octubre de 1768 en Madrid, siendo hija de los XIV Condes de Oñate, Diego de Guzmán y Fernández de Córdova, y María Isidra Manrique de Lara de La Cerda y Guzmán, Duquesa de Nájera, Condesa de Paredes de Nava y Condesa de Valencia de Don Juan entre otros títulos.
Su cuñada la vimos en el Museo del Prado retratada por Vicente López
María Isidra se casó con Rafael de Sousa y Portugal, X Marqués de Guadalcazar.

Palacio Parcent en Madrid donde vivió nuestra Doctora con su marido Guadalcazar.
Sus descendientes vendieron el palacio que pasó en 1900 a los Iturbe.

Palacio de los Guadalcazar en la misma calle que el anterior, Ancha de San Bernardo, este lo compraron los Bauer, actualmente se puede asistir a conciertos al albergar un conservatorio.
La I Doctora
“Gracias a su pertenencia a una familia noble, pudo María Isidora recibir una educación esmerada de manos de su preceptor don Antonio de Almarza, quien de acuerdo con las crónicas de la época apreció la perspicacia y penetración de ingenio, la extensión y solidez de sus conocimientos. Constatada su valía, sus padres alentaron sus estudios, los cuales tuvieron como broche final la admisión de María Isidora como miembro de pleno derecho de la Real Academia Española de la Lengua el día 2 de noviembre de 1784. Leería su discurso de ingreso el día 28 de diciembre del mismo año, discurso que fue publicado posteriormente en la prensa de la época.
La culminación de sus estudios sería, la concesión del título de doctora por la universidad alcalaína. La referencia más antigua alusiva a este tema es la Real Orden enviada a nuestra universidad con fecha de 20 de abril de 1785, en ella se autoriza a la universidad para que ésta, tras los pertinentes exámenes y siempre que éstos resulten satisfactorios, conceda a María Isidora los grados.
El día 3 de junio de 1785 llegaron a Alcalá, a las seis de la tarde, los padres de María Isidora acompañados por su hijo (y hermano de la futura doctora) don Diego Isidro de Guzmán, saliendo a recibirlos las autoridades municipales y alojándose, en calidad de huéspedes importantes, en el propio palacio arzobispal.
Los preparativos del solemne acto académico continuarían el día siguiente, 4 de junio, cuando a las diez de la mañana volvió la universidad, representada por el cancelario, el rector, los catedráticos de Prima, los doctores destinados para el examen y el secretario, con objeto de establecer los temas sobre los que iba a versar el examen, temas todos ellos extraídos de la filosofía de Aristóteles. De entre ellos sería elegido por la interesada el libro 2º de Anima cap. III del citado filósofo griego, tema que defendería bajo el título de Anima hominis est spiritualis.
Esa misma tarde saldría María Isidora, acompañada de sus padres, para elegir el lugar en el que tendría lugar su graduación, puesto que la universidad había dispuesto no uno, sino dos locales para esta ceremonias: el aula principal y la iglesia. Conviene advertir de que en aquel momento, y tras la expulsión de los jesuitas en 1767, la universidad se había separado del Colegio Mayor de San Ildefonso, alojándose en el antiguo colegio de esta orden religiosa, en la calle de Libreros, donde se celebraban entonces los actos académicos en lugar de los tradicionales paraninfo y capilla de San Ildefonso, ahora utilizados tan sólo por el Colegio Mayor.
La futura doctora, a la vista de la gran cantidad de personas que se habían desplazado ex-profeso con objeto de asistir a su graduación (más de seis mil, según las crónicas), optó definitivamente por la iglesia, es decir, la actual parroquia de Santa María, por ser este templo más capaz que el salón de actos.
El día 5 por la mañana, pasado ya el plazo requerido de veinticuatro horas desde el momento en que fuera elegido el tema, María Isidora acompañada por sus padres, el cancelario, el rector y los bedeles se dirigió en carroza a la capilla de San Ildefonso, noble edificio que había sido magníficamente engalanado para esta ocasión, siendo acogida su entrada en el mismo con los acordes de una harmoniosa orquestra, compuesta de muchos instrumentos.
Una vez en la cátedra, la joven universitaria leyó su lección en presencia de las autoridades académicas de nuestra universidad, exponiendo en latín el texto elegido de Aristóteles y continuando con la conclusión, esta vez en castellano, para los que no estuviesen instruidos en aquella lengua, tal como nos relatan textualmente los documentos consultados.
Una vez terminada esta primera parte, María Isidora respondió con una exquisita elegancia en el estilo y solidez en las razones a las cuestiones que le plantearon en castellano tres catedráticos de Prima de Teología, los doctores don José Martínez Alonso, fray Tomás de San Vicente, dominico, y fray Francisco Rodríguez del Cerro, franciscano. Como anécdota, podemos comentar que la doctoranda dedicó esta parte de su examen a la Inmaculada Concepción y al propio rey Carlos III.
El último ejercicio consistiría en un examen sobre distintos temas de Filosofía y Letras Humanas propuestos en el impreso dedicado al rey Carlos III.
Concluida con brillantez su exposición, fue inmediatamente aclamada por toda la universidad con tal profusión de vítores y vivas que el claustro decidió excusar la votación acostumbrada, al compartir el estamento académico la satisfacción y alegría que produjo a todos los asistentes un ejercicio tan completo. Por fin, se cerró el acto con una nueva intervención de la orquesta mientras María Isidora retornaba al palacio arzobispal acompañada de sus padres y hermano en las mismas carrozas en las que habían llegado.
Una vez terminados los discursos que se pronunciaron en el acto, hizo inmediatamente María Isidora los juramentos acostumbrados de defender el misterio de la Inmaculada Concepción, de no ir en contra de lo establecido en la sesión 15 del Concilio Constanticiense acerca de los soberanos; de no ir ni enseñar cosa opuesta a las regalías de Su Majestad; de mirar por el bien de la universidad; de obedecer al Sumo Pontífice y al rector de la universidad; igualmente, prometió veneración y respeto al arzobispo de Toledo (que era todavía el señor de Alcalá) y al cancelario de la universidad (el abad de la Magistral). Por último, hizo profesión de fe conforme a lo mandado por el papa Pío IV.
Concluida la ceremonia del juramento se pasó a la imposición por parte del cancelario del bonete con borla de doctora que, en una bandeja, le habían presentado el padre da María Isidora y el hermano de ésta, que para tal ocasión se había vestido de colegial del alcalaíno colegio de los Manriques, dado que los familiares de la graduada eran los patronos del citado colegio.
"