Visita de Estado a Marruecos: cena de gala ofrecida por el Rey Hasán II en el Palacio Real de Rabat, octubre de 1980Isabel II tuvo que sufrir al impredecible Hassan II, Rey de Marruecos, en octubre de 1980. Lo hizo en el transcurso de una visita de Estado que puso sus nervios a prueba. La delegación británica vivió allí algo único, ya que nada de lo que se había acordado se llevó a cabo según lo previsto.
La primera noche, el Rey ofreció a sus huéspedes una cena de gala a la que Isabel II y el Príncipe Felipe llegaron con puntualidad británica. Pero, cuando la pareja llegó a las puertas de palacio, las encontraron cerradas. Ambos fueron conminados a esperar más de media hora dentro de su coche oficial porque el banquete no estaba listo. Hassan, rey absoluto por excelencia, les demostró que era capaz de brindarles el cielo y el infierno. Aunque ya estuviera previsto, quizás el espectacular cinturón de oro y esmalte con dos grandes brazaletes a juego que le regaló esa misma noche sirvió como desagravio.

Al día siguiente, el Rey tenía planeado agasajar a la comitiva real con un almuerzo al aire libre en el desierto. El tradicional ágape vino precedido por unas largas exhibiciones de danzas tradicionales y ejercicios de equitación. En el transcurso de las mismas, Hassan II desapareció durante horas para, según la Corte alauí, atender asuntos oficiales… desde una caravana con aire acondicionado. El Rey Simeón de Bulgaria fue el encargado de entretener a la Reina y su Duque, bastante contrariados porque Hassan II no aparecía y el almuerzo acordado no hacía más que retrasarse. Finalmente, se sentaron a comer pasadas las 4 de la tarde.
Hassan II y su impuntualidad eran legendarias, pero también lo era el hecho de que nunca asumía culpas. El bueno de Robert Fellowes, que por entonces ya se formaba en la secretaría privada de la Reina, fue señalado por el Rey con un «esa es la persona responsable de este terrible embrollo».

El último día de la visita, la Reina organizó una cena de devolución en el yate real Britannia. A pesar de ser ella la anfitriona del evento, este tampoco se pudo celebrar según lo acordado. La Reina se encontraba vistiéndose —esa noche decidió utilizar el cinturón y el par de brazaletes que le había regalado— cuando el Chambelán de la Corte alauí se presentó ante los funcionarios británicos solicitando posponer el banquete una hora. La Reina se negó a hacerlo. Así que 54 minutos más tarde, el Rey llegó muy enfadado, acompañado de más miembros de la Familia Real de los que habían sido invitados, amenazando con romper un acuerdo comercial y ordenándole al Embajador británico que abandonara el país a primera hora de la mañana por no haberle concedido el título de caballero.
Cena de devolución en el Britannia