Mucha fe tienes en mí, querida Minnie, cuando mis impulsos son fruto del cabreo y la frustración, que por otra parte, me están dando la vida en estos días de porquería que estamos viviendo. No hay nada mejor que hacerme brotar.
Todo tiene una apariencia muy política. No sé explicarme. Como dice Zweig, demasiado
encajonado y todo para
encojonarnos. La típica apariencia de Zarzuela desde hace tantas y tantas décadas. Tan poca cálida y hogareña, tan rígida como el mismo palacio. Como si quisieran envolver al Rey de un poder o de una imagen que no queremos que tenga, al menos en este caso (y no voy a mencionar más el dichoso atril). Esa imagen no es la más consonante con esta época.
Solo he visto tan encorsetados a los nipones Yamato. Esto se hace así y así se hace. ¿Por qué? Porque es la costumbre, la tradición... ¿Y? Vamos a romperla, vamos a darle una vuelta. Que Zaruzela, el palacio, lleve casi 50 años inmutable, no significa que la política de comunicación deba seguir el mismo camino.
No hay monarca europeo que se haya reunido con más ministros de su Gobierno; no hay monarca europeo que haya hecho saber que ha celebrado tantas videollamadas; no hay monarca europeo que haya charlado con más homólogos (Portugal, Austria, Alemania, Francia, Marruecos, USA...). En definitiva, no hay monarca europeo que haya llenado todos los días de su semana de reuniones, conversaciones y despachos.
Genial, está trabajando mucho, pero todo sigue teniendo un aire muy político. Y ojo, que el mismo aire sirve y es muy útil cuando hay crisis de gobierno, cuando se celebran las interminables rondas de contacto o cuando el Rey ha tenido que salir a dar la cara ante los españoles debido a crisis muy serias. Pero, cada cosa y cada atmósfera, tiene su momento.
Las monarquías funcionan como una administración más, sí, pero con una seña de identidad propia que las diferencia del resto. En el tema de la comunicación debe primar la cercanía, el compromiso por hacer pedagogía de los temas que se tratan y al mismo tiempo promocionar el trabajo de la institución.
La comunicación de los políticos es pura apariencia, frialdad, encorsetamiento y falta de naturalidad. Las monarquías deben ser todo lo contrario. No digo que la nuestra no muestre ese contraste, porque como nos lean desde Zarzuela van a caer en una depresión, y no es la intención. Es hacerles explotar, que se tiren a la piscina y pierdan el miedo. No. Se diferencian en muchas cosas, en muchos aspectos dejan claro qué es y qué no es lo suyo. No hay más que ver los videos de las visitas al Rocío, a Sanlúcar o a cualquier pueblo o ciudad, las galas de entrega de premios de las fundaciones, las visitas de Estado, cualquier acto oficial. Pero si en la práctica se demuestran las aptitudes, deben entender que necesitan un complemento que les haga ser más potentes. Y ahí entra la política de comunicación, con su ambición, su creatividad y sus golpes de efecto. No se puede dar a conocer del mismo
modo una ronda de contactos con los líderes políticos -ahí sí con toda la carga de las funciones constitucionales que revisten al Rey- que todo lo que están haciendo estos días. Cada tema, como el maestrillo, también tiene su librillo.
Lo de estos días necesita más cariño, más mimo, menos encorsetamiento, más sencillez, incluso diría menos despacho. Aunque esto último entiendo que es muchísimo más cómodo y seguro en cuanto al tema logístico.
Sé que es muy complicado, que todo esto es nuevo, que se demandan cosas en una crisis sin precedentes, que Zarzuela tiene que estar hasta arriba de trabajo, que debe llegar una cantidad monumental de decretos leyes para firmar, personas a las que contactar, reuniones que organizar, despachos con el Presidente del Gobierno y la carga que debe llevar este hombre por dentro... Pero es necesario darse un paseíto y echarle un vistazo a las materias que han impartido los maestros de maestros. Estos días, solo me valen los Windsor y los Bernadotte como ejemplos. Básicamente porque han sido dos de las monarquías que han atravesado por más problemas de popularidad y han sabido reponerse con éxito. Pero, sobre todo, los Windsor. Ellos siempre irán varios años por delante del resto. Hay que fijarse en sus errores (recodemos la entrevista de Andrés) y aciertos; en que una mujer de más de 90 años, muy suya para sus cosas y sus costumbres, se ha dejado llevar por todo lo que le han propuesto para mejorar la comunicación y el autobombo de la Firma. El shock que vivimos en casa al ver que aceptó participar en aquel sketch de los JJ.OO. de Londres, con el James Bond de ahora, para hacer creer que llegaba al estadio en paracaídas... No dejaba de pensar "qué buenos son, qué buenos son los cabrones".
Pues eso. Es muy difícil empezar ahora, pero las crisis y sus catarsis nos enseñan que tenemos muchas cosas que mejorar, e incluso muchos horizontes que atisbar. Como me gustaría que invitasen a tomar café a Dickie Arbiter, que les hiciese una master class de cómo consiguieron remontar los peores años de Buckingham, con divorcios, escándalos, filtraciones, acusaciones e investigaciones por "asesinato" a cuestas... y sin redes sociales. Salieron reforzados porque dijeron "hasta aquí".