XL. El
PSOE de Pedro Sánchez no es el de Felipe González y Rubalcaba, y la mayoría de los que se declaran monárquicos abiertamente se sitúa en la derecha política. ¿Este es un grave problema para Felipe VI?
J.A.Z. Claro que es un problema: si un oso te abraza, te mata. Las adhesiones tienen que ser inteligentes. El problema de la derecha es que, en vez de querer tanto al Rey, tiene que quererle mejor.
XL. Pilar Eyre acaba de publicar un libro –en el que también sus fuentes le exigen confidencialidad– donde la descripción de la reina Sofía posiblemente no la suscribiría ninguno de sus entrevistados.
J.A.Z. Punto primero:
doña Sofía y su hijo tienen una gran complicidad porque, además, tienen unos parecidos temperamentales. Punto segundo:
Felipe VI siempre ha interiorizado con amargura que su padre no haya tratado a su madre como debiera. Y punto tercero:
las críticas que yo he escuchado hacia la reina son dos: una, que ella se rindió ante las conductas de su marido, que no puso la suficiente resistencia para evitarlas y que se resignó creyendo que ese era su papel. Y dos, que no se ha identificado con la idiosincrasia de la sociedad española.
Pero me gustaría resaltar que, en la proclamación de su hijo, Felipe VI rinde homenaje a su madre y las Cortes Generales le dispensan a la reina Sofía un largo y cálido aplauso. ¿Por qué? Porque ha sido una mujer resistente.
Si después es simpática o antipática, yo no lo he investigado.
XL. Como asegura,
Jaime Alfonsín es la persona más leal a Felipe VI. Abogado del Estado y procedente del despacho Uría Menéndez, el mismo donde Felipe y Letizia firmaron las capitulaciones matrimoniales,
es considerado «la bestia negra del rey emérito».
J.A.Z. Cierto, como también lo es que tantos años de colaboración lealísima
han provocado en él una especie de ‘síndrome de protección paternal’. Pero esto no es inhabitual, Juan Carlos I también reconoció que el marqués de Mondéjar era como un padre adoptivo para él.
XL. Fue precisamente Juan Carlos I quien puso a Jaime Alfonsín al frente de la Secretaría del Príncipe.
J.A.Z. Sí, por recomendación de Manuel Pizarro. Ahora, sin embargo,
el padre del Rey ve en Alfonsín al ejecutor de unas decisiones que para él son perjudiciales y trata de cargar las tintas sobre el jefe de la Casa antes de hacerlo sobre su hijo.
XL. Dice que las relaciones entre Felipe VI y Moncloa son complicadas.
J.A.Z. Felipe VI es un rey a la intemperie, sin una protección institucional adecuada. En estos momentos se encuentra con un Gobierno en el que una parte es militantemente republicana y cuyo vicepresidente es amigo de Puigdemont, Otegui y Junqueras. Soy de los que piensan que Pedro Sánchez no quiere tumbar la monarquía, pero sí reducir la dimensión simbólica y efectiva del Rey y la Corona. Felipe VI vive en un permanente tsunami político y familiar. Esto hace que sus seis años y medio de reinado hayan tenido tanta o más intensidad que los 38 de su padre.
XL. ¿Le fue mejor a la Corona con la presidencia de Mariano Rajoy?
J.A.Z. No. El mandato de Rajoy fue muy desafortunado para el Rey porque no tomó las medidas adecuadas en Cataluña. El monarca era muy consciente del problema que existía y la información que tenía era mucho mejor que la del presidente del Gobierno.
XL. Cuenta que Rajoy le pidió al Rey que se mantuviera al margen del problema catalán.
J.A.Z. Exactamente y esto es muy importante decirlo. En julio de 2014, el Rey tiene una larguísima conversación con Artur Mas, tras la cual Felipe VI manifiesta la mayor disponibilidad institucional para ejercer las funciones de
moderación, como así le atribuye el artículo 56 de la Constitución. Pero Mariano Rajoy le dijo que esta era una cuestión estrictamente gubernamental y que sería su Gobierno el que manejaría esa crisis. ¡Y ya vimos cómo la manejó! Y ya vimos cómo entró en shock el 3 de octubre de 2017 y cómo el Rey tuvo que intervenir públicamente con un mensaje a la nación, en el ejercicio de sus facultades constitucionales, sin salirse un ápice de la Constitución, para defender la unidad y la integridad del Estado, apelando a los valores constitucionales.
XL. Manifiesta que aquel discurso de Felipe VI fue tan importante para él como lo fue para su padre su intervención tras el 23-F.
J.A.Z. Efectivamente, Felipe VI se ganó el trono con ese discurso breve, que se preparó de una manera muy resuelta pero que se consultó con mucha gente. El Rey sabía de antemano que en Cataluña no iba a gustar nada, pero que era un mensaje necesario y urgente a los españoles. Don Felipe estaba persuadido de que su obligación era intervenir en ese momento y hacerlo como lo hizo, pagando el precio que tenía que pagar (unos meses después el Parlamento de Cataluña lo declaró persona non grata). El monarca ha tenido que absorber el impacto de que aquellas autoridades a las que se apelaba para que cumpliesen la Constitución ahora son socias del Gobierno. Hay que reconocer que la templanza del Rey es extraordinaria.
XL. Reproduce una frase de Felipe VI: «Cuando dudo, me agarro al cuello de la Constitución y no lo suelto». ¿La Carta Magna es el primer y último recurso que le queda a la Corona?
J.A.Z. La Constitución es la que permite ser republicano o socialista y mantener una relación normalísima con una monarquía parlamentaria. Y debemos acogernos a ella en un momento en el que el comportamiento de don Juan Carlos ha dejado muy deteriorada la reputación de la monarquía. La izquierda de hoy no es la de González, Rubalcaba e incluso Zapatero; pero tampoco la de los viejos comunistas que aceptaron la monarquía en la Transición como un elemento de estabilidad y de reconciliación.
XL. … que debemos en gran medida a Juan Carlos I.
J.A.Z. Es cierto.
El reinado de Juan Carlos I es irrepetible en lo bueno; es un rey fundacional de la democracia, no fue el único, pero fue actor principal de la Transición. Un hombre
con un gran carisma personal que tiene un enorme crédito internacional, aunque lamentablemente en los últimos 15 años de su reinado arruinó su reputación personal.
Felipe VI no tiene nada que ver: no es un rey fundacional, probablemente no es un rey carismático, pero es un rey verdaderamente poseído por su responsabilidad y, en lo personal, es un hombre absolutamente digno que ha puesto la Institución y su responsabilidad de Estado por encima de todo, incluso de su familia. Por eso asume la vida con una cierta fatalidad, aunque, como me dicen algunas personas que lo conocen muy bien, le falta la alegría de vivir.