Miguel Ángel escribió:
Una cosa en desacuerdo. Lo de los archiduques ante príncipes o grandes duques. Son como los infantes de España o Portugal.
Actualmente, ya no son nadie y los estilos protocolarios han cambiado, por lo que todos se igualan en rango, pero no era así.
Un Gran Duque, soberano o no soberano, tenía precedencia respecto a un Infante. Siempre. Y un Infante gozaba de un rango inferior respecto a un Archiduque, pues éstos eran Altezas Imperiales y Altezas Reales. El protocolo situaba tradicionalmente a los Grandes Duques o a las Grandes Duquesas en un orden de precedencia por debajo de un Emperador, como un equivalente aproximado a un Rey o a un Archiduque, y por encima de un Príncipe Soberano o Duque Soberano.
El orden de precedencia en las Cortes europeas era este:
-> Emperador / Zar
-> Rey / Gran Duque / Archiduque
-> Príncipe / Duque / Príncipe Heredero / Príncipe Elector
-> Marqués / Margrave / Conde palatino
-> Conde / Earl o Jarl
-> Vizconde / Castellano / Burgrave
-> Barón / Thane / Lendmann / Primor
-> Baronet
Como expliqué en su día en el hilo de la boda de Federico de Dinamarca, si fuésemos unos puristas y siguiéramos al pie de la letra el arte de dirigirse a los demás que marca el protocolo, una Alteza Serenísima (no soberano) debería inclinarse ante una Alteza Real. O una Alteza Real ante una Alteza Imperial. Pero en la práctica no se estila nada de esto. Es decir, según esas normas, una
Estefanía de Mónaco o una
Nora de Liechtenstein deberían hacerle la reverencia a una Infanta de España y una Infanta de España debería reverenciar a una Princesa de Japón. No lo hacen ni lo van a hacer. Se tratan por igual. Se igualan en el Alteza, sin distinguirse en el Imperial, Real o Serenísima que les sigue.
Respecto a las bodas morganáticas o desiguales, se han dado casos, y muy recientes, al respecto. Los Grimaldi siempre hicieron matrimonios con actrices, condesas o plebeyas, salvo
Carolina. Caro quedó elevada a Alteza Real, aunque se casase con un hombre perteneciente a una dinastía no reinante. Es la persona con mayor rango en el Principado de Mónaco (en parte, motivo por el que no se divorcia).
Los Liechtenstein, en cambio, sí que tienen un buen puñado de ejemplos. Uno de los más sonados de su época, fue el de
Isabel de Austria, hija del
Archiduque Carlos Luis y, por ende, sobrina carnal del Emperador
Francisco José I de Austria y de su
Sisi. Isabel se casó con
Alois de Liechtenstein, Alteza Serenísima. Francisco José no iba a permitir que semejante matrimonio desigual para su sobrina, toda una Archiduquesa de Austria, desembocase en la pérdida del tratamiento de Alteza Imperial y Real para Isabel. Así que Isabel retuvo toda su vida su título y tratamientos, exigencia impuesta por el Emperador para dar su consentimiento a la boda. El marido de Isabel ni siquiera llegó a ser soberano del Principado, porque renunció a sus derechos sucesorios en favor de su hijo, pero ella siempre tuvo un rango superior respecto a su marido y al resto de familiares del principado. Isabel y su marido Alois, eran los abuelos del actual Hans Adam.
Pero hay un ejemplo muchísimo más reciente:
Sofía de Liechtenstein, actual consorte del heredero del Principado. Sofía es Duquesa en Baviera, con tratamiento de Alteza Real desde su nacimiento. Al casarse con Alois en 1993, Sofía no fue rebajada a Alteza Serenísima. Al contrario, retiene el tratamiento de Alteza Real, siendo así el miembro con mayor rango de la Familia Principesca actual. Cuando es invitada a un sarao o es anunciada en la web oficial de la Casa Principesca, se hace con el Alteza Real. Lo mismo sucede con
Margarita de Luxemburgo, casada con
Nicolás de Liechtenstein. Todos son Altezas Serenísimas, mientras que ellas siguen siendo Altezas Reales.
La Gran Duquesa rusa fue
María Aleksándrovna, casada con el
Príncipe Alfredo, Duque de Edimburgo. Cuando María llegó a la Corte de St. James, pretendía que su suegra, la Reina Victoria, reconociese que tenía precedencia respecto al resto de princesas de la Corte, como sucedía en su Rusia natal por ser hija del Zar. Pero, en rigor, solamente tenía derecho a ser tratada como Alteza Real, al igual que el resto de sus cuñadas. Los británicos siempre han sido un caso aparte en cuanto al tratamiento dispensado a los príncipes extranjeros y, en este caso, los rusos tenían razón.
Alejandro II de Rusia, que era igual o más orgulloso que su hija María, exigió que no fuese igualada al resto y siguiese siendo tratada como Alteza Imperial, no como Real. Para hacerlo le espetó a la Reina Victoria un "
as in all civilized countries" que sentó como un tiro.
Fue lo mismo que hizo Francisco José cuando autorizó a su sobrina Isabel a casarse con, lo que él consideraba, un príncipe de rango insultantemente inferior. La Reina Victoria aceptó parcialmente y a regañadientes, asegurando que no le importaba si se usaba el Imperial o no, pero que el Real debía ir primero. A María no le gustó mucho el apaño, seguía queriendo título y tratamiento de Gran Duquesa, pero no le quedó otra que transigir y ser tratada como Su Alteza Real e Imperial, la Duquesa de Edimburgo, pues en la Corte británica seguía teniendo precedencia el título de su marido.