Febe escribió:
Ya, la culpa es de los políticos por no hacer tal o cuál... Y ahí dejamos la responsabilidad. La parte de responsabilidad de que nosotros elegimos a los políticos, ¿nos la saltamos?
Y muchas veces no engañan: llevan en su programa adelgazar el Estado, bajar impuestos, reducir los servicios públicos, privatizar... Y se les vota. Y luego se protesta porque no tenemos servicios públicos...
Ay, Clara, no te lo tomes a mal, pero no te lo compro. Hay mucha gente que es como el vecino protestón de la Junta de Propietarios. El que siempre dice que hay que pintar la azotea, la escalera, blabla. Y es el primero que protesta y se niega después a aprobar una derrama.
No hay duros a cuatro pesetas. Sí aceptas un servicio en negro, sin factura, luego no reclames garantías. Sí compras más barato...luego no te quejes de que baja la calidad.
Tampoco olvidemos que somos expertos en todo. Fuimos epidemiólogos, vulcanólogos... Ahora todo el mundo es ingeniero. Todavía no han terminado de hacer las comprobaciones pero ya se ha decidido donde estuvo el problema. Ahhh
Y siempre va a haber accidentes.
La clase política sabe que la gente no piensa, siente. Cada vez más, cada vez es menos reflexiva y más susceptible a los populismos. Así que mantener esos niveles de crispación les conviene. Y no por igual, no seamos inocentes. Le conviene ahora a la oposición para que la gente sienta que hace falta un cambio, porque "todo está fatal". Sin matices.
Pero cuando se manipula, también es responsabilidad del manipulado dejarse o no, abrir bien los ojos o no, distinguir la paja del grano, la critica legítima del bulo. Pero si hay quien se deja llevar cual marioneta... En el pecado lleva la penitencia.
No hablo de programas, ni de gestiones, ni de promesas incumplidas, ni de lo que vota la gente, Febe. Hablo de la mezquindad que muestran todos los partidos políticos cuando el que gobierna y al que le toca asumir una tragedia es del partido de enfrente. Todos muestran conductas propias de hooligans, y ese mal ejemplo que dan, lo acaba replicando parte de la población. Si la gente es cada vez menos reflexiva y más susceptible a los populismos, la mejor receta no es servirles más crispación. Eso servirá para ganar elecciones pero nos destroza como sociedad. Crea una grieta muy difícil de soldar que puede dar lugar a comportamientos que no quiero ni imaginar.
Ya no se pueden ver las sesiones de control en el Congreso sin sentir vergüenza ajena, las comisiones de investigación parecen hechas para que el investigado tenga ganas de quitarse la vida tras ser tratado como un despojo humano frente a todo el mundo, los mítines políticos se dedican más a deshumanizar al adversario que a desgranar programas electorales. Eso es lo que ve el ciudadano: insultos, faltas de respeto, enemigos acérrimos en lugar de adversarios. Los políticos están normalizando actitudes que no son normales pero sí muy tóxicas. Y si no hubiera suficiente con la hemeroteca, ahí están las cuentas de tuiter de cada uno de ellos como testimonio de las barbaridades (que son muchas) que han soltado y soltarán.
Al final esto acabará mal.
Arearea escribió:
En otro orden de cosas, hay muchos propagandistas, por así llamarlos, que en los últimos tiempos acusan al Rey o a la Casa Real de manchar la imagen de la institución por cosas como está y lo único que demuestran es que son unos tremendos ignorantes. Está misma semana se quejaban de que el Rey no se sentará en el trono del salón del trono o que la reina no iba a ir a la misa por Adamuz... Es una lástima que gente que no tiene ni idea de cómo funciona la casa real y son tan vagos de ni buscar como eran las cosas con Juan Carlos y Sofía, tengan tanta influencia para calentar el ambiente.
No son ignorantes, no, alguno sabe perfectamente cuáles son los símbolos de la monarquía y como son utilizados, porque conoce (y ha estudiado) la historia mientras se declaraba monárquico. Podría traer el nombre de uno de los usuarios que empezó a polemizar con lo de los tronos (y las sillas de Ikea) pero para qué. Como si no hubiera visitado el Palacio Real con guía o sin ella, o no hubiera leído sobre el simbolismo de los tronos y la soberanía popular cientos de veces. Por no hablar de las memorias de JC y Sofía donde mencionan este particular ante las dudas de la Urbano.
Si los que se decían monárquicos resulta que son esto (una especie de neofalangistas o sucedáneos de los antisistema de Podemos) les pediría que cierren la puerta al salir y les daría las gracias. Y que sigan liándola, muy gorda. Que sigan atacando a los Reyes constantemente porque la monarquía necesita ser ultrajada por gente de ese tipo, escorada hacia los extremos de la irracionalidad, el insulto, el odio e incluso la demencia. Que sigan, que estos tiempos pasarán y ellos habrán quedado retratados de por vida como lo que son. Y que propaguen sus malas lenguas por redes ya que no tienen narices a hacerlo despojados del anonimato que les brindan estas. Lo mejor que le puede pasar a la Corona es que muchos empiecen a quitarse las caretas y muestren su mala entraña, la misma que no hace tanto criticaban y afeaban en los antisistemas (también indepes) de la acera de enfrente. Al final, los extremos secparecen más de lo que ellos mismos creen y terminan diciendo las mismas cosas.
Vamos adelante con ello, cuanto peor mejor. Y mejor también para que la gente
moderada, racional y educada no caiga en la tentación de pegarse a ellos y si ya lo ha hecho, le dé tiempo a despegarse antes de que sea demasiado tarde.
No hay que entrar a rebatirles ni intentar explicarles que lo que dicen no es cierto. Eso se puede hacer con los críticos que intentan mejorar y proteger la monarquía. Pero no se debe hacer con los que no atienden a razones porque su única razón es levantar muros, desprestigiar el sistema y cargarse las instituciones, incluida la Corona. Todos, los Reyes, la Casa... tenemos que ponernos el chubasquero, aguantar y tratarles como lo que son. De la misma forma que tuvimos que hacerlo con los indepes y la ultraizquierda. Nos costó aprender a no darles entidad y a dejar de combatirles, hasta entender que lo mejor era dejarles que se cocieran solitos en su odio y en sus despropósitos. Ahora nos toca aprender a hacer lo mismo.