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A mí me sucede un poco como a South, era demasiado pequeña cuando murió Diana. Pero ya en aquella época, para mí, era Santa Diana y Lilibet una bruja piruja. Aquello cambió con el tiempo porque, a poco que rascabas, podías comprobar que el asunto tenía más capas que la simple historia que vendía la prensa.
Los británicos tienen una asombrosa facilidad para crear mitos e idolatrarlos, y con Diana se emplearon a fondo. Estoy segura de que fue víctima de la manipulación de las yayas (Queen Mum y Lady Fermoy), que se casó emocionadísima, que estuvo enamorada y que no quiso pasar por el aro de soportar que su marido no la quisiera. No juzgo eso, tampoco que fuera infiel, que se sintiera incomprendida cuando sufrió una clara depresión posparto, bulimia y quién sabe cuántas cosas más. Era demasiado joven, inmadura, sensible. Formó parte de un matrimonio incompatible, sin apenas cosas en común y eso, a la larga, se paga.
Lo que sí juzgo, y para mal, es su desempeño como "personaje público". Me sucede lo mismo con su hijo Quique. Encuentro que era una persona muy contradictoria e irresponsable. Era la madre del heredero al trono británico y, por encima de todo, debió velar por ello. Debió pararse a pensar que todo lo que hiciera iba a repercutir en sus hijos. Su mayor contradicción —y la de su benjamín— creo que es la de acusar a los medios de no dejarle vivir, de inmiscuirse en su vida privada, para luego entrar en el juego de compartir cosas tremendamente privadas. Me da igual que sea vía entrevista o vía libro; es como vender tu vida. En el momento en el que abren la cancela que resguarda su privacidad, y la de terceros, los medios entienden que ya todo vale. Y su todo vale le costó la vida por las calles de París, subida a un coche que iba como un cohete, tanto que debió exigir que parara de inmediato.
La entrevista en Panorama, pergeñada a través de múltiples manipulaciones y mentiras, fue un error mayúsculo. Se creyó cualquier barbaridad que le pusieron delante y descreyó de todas las advertencias de las personas que trabajaban para ella y realmente la querían. Patrick Jephson o su otrora dama de compañía, Anne Beckwith-Smith, renunciaron porque les fue imposible protegerla. Elton John asegura que vivía en una paranoia constante y que si algún amigo, él mismo incluido, le pedía que volviera a la realidad, los acusaba de no comprenderla y dejaba de hablarles. Lo que le hizo a Tiggy Legge-Bourke, niñera de sus hijos, tampoco habla muy bien de ella como persona. Si la vida te ha hecho daño, no intentas fastidiársela a otra persona.
Luego está el tema de si la Diana comprometida con las causas benéficas era real o también era un papelón. No sé qué decir. Creo que era una persona sensible, pero también había ciertas segundas intenciones. Siempre digo que uno de los momentos que me hizo empezar a cuestionar la imagen que había creado sobre Diana llegó tras ver las grabaciones de vídeo que le hizo un coach o logopeda que le estaba ayudando con los discursos o algo así y que luego vendió a la prensa. Hubo un momento en el que él le preguntaba por sus obras benéficas o su desempeño con estas; no recuerdo del todo cómo fue, pero la respuesta de Diana sí, y fue tremenda. Soltó un "no tengo nada mejor que hacer". Eso fue muy heavy, al menos para mí, pues si tu interés hacia una causa es genuino, si te involucras de lleno con ella, no contestas eso, no te sale de forma automática esa respuesta, aunque estés cabreada o disgustada con la vida que llevas o con tu matrimonio. Esa respuesta no iba en consonancia con esa supuesta pasión y desvelos por las causas sociales y benéficas. Me pareció una persona muy simplona.
Como todos, Diana tenía luces y sombras; lo que ocurre es que durante muchos años, todavía hoy, solo se ha hablado de las luces. Los que se han atrevido a hablar de las sombras, además, han tenido que comerse ataques de los fanáticos o ser acusados de ser haters. Todos cometieron errores, todos hicieron las cosas mal, pero ni los buenos fueron tan buenos, ni los malos fueron tan malos.
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