Por cierto, Angie Calero ha empezado a trabajar en La Vanguardia... parece que la Alcazar va camino de la jubilación.
Leonor, la princesa con los pies en el suelo pero divertida con los cocos intelectuales que no la sueltan
Leonor de Borbón Ortiz empezará el lunes sus estudios de Ciencias Políticas en la Universidad Carlos III de Madrid. Después de su paso por las tres academias de las Fuerzas Armadas, esta nueva etapa en la vida de la Heredera supone otro giro en su formación como futura Reina y un cambio radical en su vida.
En este momento, que supone un punto de inflexión en su vida y en el que se espera que también aumente su agenda institucional, La Esfera de los Libros publica Leonor de Borbón Ortiz. Una reina para el futuro, donde la corresponsal para Casa del Rey en La Vanguardia, Angie Calero, profundiza en la figura de la primogénita de los Reyes a través de testimonios de personas que la han conocido en distintos momentos de su vida y que ayudan a descubrir a una joven sobre la que existe una enorme curiosidad y de la que todavía se sabe muy poco.
Parte de ese desconocimiento responde a una decisión consciente de Felipe VI y la Reina Letizia, que durante años intentaron preservar la infancia de sus hijas y mantenerlas alejadas de los focos. Dentro del Palacio de la Zarzuela, Leonor crecía como cualquier niña mientras aprendía a hacer la cama, ordenar su habitación y guardar la ropa en el armario. Esa normalidad se trasladó también al colegio, donde estudió sin recibir ningún trato especial. Así lo cuenta en el libro Roberto de la Llave, profesor de la Princesa Leonor y la Infanta Sofía en Santa María de los Rosales. En un testimonio inédito, describe a la Heredera como una niña "muy normal, exquisitamente educada, muy discreta, algo tímida y muy aplicada". Cuando le preguntan por ella, le viene a la cabeza una imagen cotidiana: la de Leonor sentada en el suelo del patio comiéndose el almuerzo con seis o siete compañeros.
Berta Fraguas, directora del proceso de selección de Colegios del Mundo Unido en España, reconstruye cómo Leonor consiguió su plaza para estudiar Bachillerato Internacional en Gales. La Princesa participó de forma anónima en las primeras fases y algunos candidatos que hicieron las pruebas con ella ni siquiera se dieron cuenta al principio de quién era. Cuando el tribunal descubrió que tenía delante a la futura Reina, "fue un shock". Fraguas define a Leonor y Sofía como jóvenes con "los pies muy pegados a la tierra", capacidad de observación, conciencia social y "humildad para aprender, escuchar, respetar y disfrutar del diálogo".
Una de las facetas más desconocidas de su educación ocurrió de la mano del bioquímico Carlos López-Otín, quien mantuvo sesiones privadas con los Reyes y sus hijas en el Palacio de la Zarzuela durante años. La iniciativa partió de la Reina Letizia después de escuchar una conferencia suya. En esos encuentros hablaban de ciencia, evolución, educación, sociedad, juventud o salud mental. López-Otín destaca la curiosidad de Leonor y que es "una joven brillante".
Esa curiosidad de la Heredera asoma también en los Premios Princesa de Asturias, convertidos en otra particular escuela para Leonor. Las artistas María Pagés y Carmen Linares recuerdan en el libro el almuerzo que compartieron con la Familia Real cuando recibieron el galardón de las Artes en 2022. A Pagés le sorprendió que la Princesa se hubiera fijado en efectos de iluminación muy concretos del espectáculo que ambas artistas habían ofrecido en el marco de la celebración de los premios. Con Linares la conexión fue más terrenal. La cantaora le confesó que le dolían los pies por los tacones y Leonor le respondió que a ella le pasaba lo mismo.
El intelectual canadiense Michael Ignatieff, Premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales en 2024, recuerda su "aplomo e inteligencia". Estuvo sentado junto a ella durante una cena y destaca "la profundidad" con la que le preguntó sobre relaciones internacionales. La conversación se prolongó tanto que Teresa Sanjurjo, directora de la Fundación, recuerda que Ignatieff "se lo estaba pasando bomba hablando con ella y no la dejaba".
Mientras la Fundación Princesa de Asturias permite a la Heredera conversar con científicos, escritores, artistas e intelectuales que difícilmente formarían parte de la vida de una joven de su edad, la Fundación Princesa de Girona la acerca a su propia generación y a jóvenes con talento, inquietudes y aspiraciones, preocupados por desafíos como la Inteligencia Artificial, el cambio climático o el acceso a una vivienda digna. Es aquí donde conecta con sus coetáneos al hacer suyas estas mismas preocupaciones, al tiempo que lee a Eduardo Mendoza, asiste a conciertos de Rosalía, Harry Styles o Bad Bunny, consulta las redes sociales e intenta llevar una vida normal.
La paradoja de la figura de Leonor es precisamente que comparte los códigos de su generación, pero su vida va en dirección contraria a la de casi todos los jóvenes de su edad. Mientras a ellos se les anima a experimentar, equivocarse, cambiar de opinión y decidir tantas veces como sea necesario quiénes quieren ser, la Princesa Leonor ha crecido aprendiendo a amar un destino que no ha elegido.
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