Para beneficiar que vuelva a arrancar el hilo, voy a tener la "gentileza" de hacer una breve recapitulación de toooooodo el relato que nos ha ofrecido Legris. Así se las ponían a Felipe II, querido Legris de mis entretelas.
Vamos a ver. Rusia, principios del siglo XIX. En el amplísimo catálogo de príncipes, con excelentes linajes y en relevante posición, figura Vassily Troubetzkoi. Nace predestinado a servir en el ejército del Zar, por supuesto. Como bien ha señalado Legris, Vassily es inscrito, teniendo cinco tiernos añitos, en el afamado regimiento Preobranjensky, al cual no se incorpora precisamente en virtud de su corta edad; pero eso no impide, faltaría plus, que no le asciendan al rango de sargento en el momento en que alcanza los ocho años. Más tarde, Vassily sí recibirá instrucción militar encauzada para hacer de él un oficial que pueda lucir con garbo el uniforme en la corte imperial. Se convierte en gentilhombre de chambre, a continuación en chambelán, durante el reinado de Alexander I, a quien admira fervientemente. Alterna sus ocupaciones con una serie de giras por Europa, la Europa agitada y convulsa que ha derivado de la Revolución Francesa y que se concreta en el ascenso fulgurante a escala continental de Napoleón Bonaparte.
El odio hacia Napoleón es lo que hará que Vassily retorne a Rusia para participar en la larga serie de campañas militares frente al "ogro corso". Se hace notar por su bravura en la batalla de Austerlitz, lo que le valdrá un ascenso al rango de teniente coronel. Años después, su osadía se pondrá de manifiesto en la batalla de Leipzig o batalla de las Naciones. Allí el mismísimo zar Alexander le proclama, ante los soldados que le vitorean, teniente general a cuenta de las gestas que acaba de protagonizar.
Y ojito, que mientras realizaba su papel Vassily no desatendió su vida privada. Tuvo un primer efímero matrimonio con una de las mujeres más seductoras y notables de la época, Wilhelmine Biron, duquesa de Sagan. Divorciado de Wilhelmine, que por cierto le indemnizó generosamente para que él accediese a una separación rápida de mútuo acuerdo, Vassily conoció durante una estancia polaca a Sophie Marianna von Weisz. Comparada con la Sagan, esa joven von Weisz era una doña nadie, pero parece haber tenido unos orígenes respetables a pesar de que por entonces circularon extravagantes rumores acerca de su procedencia.
Finalizada la etapa napoleónica, los Troubetzkoi, Vassily y Sophie Marianna, se instalan en San Petersburgo. A Vassily enseguida se le asigna al staff del aún gran duque Nicholas, hermano menor y presumible heredero de Alexander I por carecer este monarca de descendencia con la bella zarina Elizaveta Alexeyevna. Nicholas contrae un matrimonio conveniente, pero lo hace profundamente enamorado de la novia, Charlotte de Prusia, que le corresponde con creces. Charlotte de Prusia, alemana y luterana, debe transformarse en la ortodoxa gran duquesa Alexandra Feodorovna. La transición no es fácil, aunque tenga todo el apoyo emocional de Nicholas. Una de las damas que le ofrece una amistosa lealtad es precisamente Sophie Marianna, la princesa Troubetzkoi. Puesto que Nicholas adora a Alexandra, a quien llama amorosamente Mouffy, agradece de corazón la ayuda de Sophie Marianna, algo que reafirma la posición en el staff de Vassily Troubetzkoi. Los Troubetzkoi están tan bien mirados por Nicholas y Alexandra que ni siquiera les perjudica el hecho de que un primo carnal de Vassily sea el líder de la revuelta de los Decembristas sofocada de manera brutal por Nicholas.
Todo parece ir a pedir de boca para Vassily y Sophie Marianna, quienes tienen en común nada menos que once hijos. En orden de mayor a menor, los retoños fueron: Alexander, Sergei, Elena, María, Olga, Andrei, Sophia, Vladimir, Alexandra y Verónica. Se puede notar, de entrada, que hubo cuatro varones, pero seis féminas. Eso significaba un enorme desafío para los padres, en particular para la madre. Se podía confiar en colocar a los varones en el ejército y en la corte, gracias a las conexiones, pero incluso con conexiones íba a ser complicado encontrar matrimonios ventajosos para tantas hijas. No obstante, Elena, la mayor de las chicas, murió con solamente catorce años, lo que representó un golpe emocional para Vassily debido a que se había tratado de su indiscutible favorita. Francamente abatido, Vassily no tardó en fallecer, reuniéndose con su Elena.
Sophie Marianna se las apañó con el resto de los vástagos. Alexander y Sergei, los mayores, habían sido generosamente patrocinados por la zarina Alexandra Feodorovna, la Mouffy de Nicholas. En esa época, eran dos de los pajes que servían a la soberana, lo que les abría brillantes perspectivas; cuando ingresasen en los regimientos que les correspondiesen para empezar a hacer hoja de servicios militar, se suponía que les reemplazarían sus hermanos menores, Andrei y Vladimir. En cuanto a las niñas, el caso es que María, Olga, Sophia, Alexandra y Verónica se beneficiaron asimismo de la simpatía de Alexandra Feodorovna, siendo todas ellas pupilas en el prestigioso instituto Smolny. A medida que íban creciendo, Sophie Marianna desempeñó con entusiasmo la labor de casamentera.
En este tema, de la progenie de Sophie Marianna, quien interesa es Sergei. Todavía niño, ya había hecho gala de un carácter difícil; no se ajustaba a las normas, se rebelaba ante la disciplina que pretendían inculcarle y trataba de hacer su santa voluntad. Esos rasgos distintivos empeoraron con los años, con lo que le tocó bastante las narices a su padre, Vassily, antes de que éste falleciese, momento en el cual heredó la carga Sophie Marianna. Sophie Marianna vió a Sergei dando tumbos; de la prestigiosísima Guardia Imperial le mandaron a un regimiento de húsares y acabó saliendo de las filas de húsares para acabar en otro regimiento de coraceros. Joven teniente de coraceros, le tocó participar en las grandes maniobras militares que se llevaron a cabo en Vornessensky durante el año 1837.
En Vornessensky, en el año 1837, se produce el encuentro de Sergei Troubetzkoi con la muchacha a la que acabaría desposando casi en un abrir y cerrar de ojos: Ekaterina Petrovna Mussin-Pushkin. Katia pertenecía a una familia de escaso relumbre, bastante
modesta; la clase de familia que, careciendo de medios para presentar a sus hijas en la corte y hacerlas circular en los salones de la gran sociedad para que pescasen marido, las llevaba a los escenarios de las maniobras militares a ver si agradaban lo suficiente a los oficiales de excelente porvenir. La apresuradísima boda de Sergei Troubetzkoi con Katia Mussin-Pushkin daría pábulo a muchas murmuraciones, en especial porque enseguida les nació una niña que sería la primera y última, Sophie Sergeyevna Troubetzkoi, nuesta heroína. Sergei y Katia se llevaban peor que perro y gato desde la boda, sin que el advenimiento de la pequeña Sophie mejorase ni un ápice su relación. Enseguida se produjo una separación, a raíz de la cual Katia se largó nada menos que a la lejana París llevando consigo a Sophie.
Circularon cotilleos, en el sentido de que Katia había sido una amante efímera del zar Nicholas I, había quedado embarazada del monarca y éste había arreglado las cosas de forma que la chica se casase con el garbancito negro entre los jóvenes Troubetzkoi hijos de su difunto amigo Vassily y de la apreciada Sophie Marianna. Casándose con Katia, Sergei se habría asegurado para siempre la benevolencia del zar Nicholas, aparte de que la chica, de padres escasamente dotados de medios económicos, llevó consigo al altar una dote extraordinaria. Por supuesto, es posible que Katia haya sido una amante de Nicholas: ante la muy precaria salud de su adorada esposa Mouffy, el zar había tenido que cesar en sus visitas a la alcoba de ésta y tenía carte blanche para dar rienda suelta a sus instintos con diversas mujeres. También es probable que Katia se quedase encinta de otro personaje distinguido, el conde Nicholas de Kesselef. A fín de cuentas, después de dar a luz a Sophie Troubetzkoi, Katia no tardó en separarse de Sergei para marcharse con la niña a París, ciudad en cuya embajada rusa estaba asignado el conde Nicholas de Kesselef.
Por otro lado, puede que Katia no haya sido amante ni del zar Nicholas ni, en ese período ruso, de Nicholas de Kesselef. Puede que tuviese una aventura con Sergei, una historia derivada de una atracción pasajera que naufragó a cuenta de sus caracteres dispares, que les llevaron a una pelea contínua precisamente porque un embarazo indeseado les había forzado a casarse.
Todo puede ser. Quizá Sophie fuese hija de su padre oficial, Sergei Troubetzkoi. Quizá Sophie fuese una hija natural del zar Nicholas I. O quizá Sophie fuese una hija natural del conde Nicholas de Kesselef.
De lo que no hay duda es de que era hija de Katia, con la cual creció en la hermosa capital francesa. No obstante, la salud de Katia declinó de manera peligrosa en una época en que Sophie aún no había cumplido siete años. Temiendo morirse antes de tiempo, Katia decidió enviar a la niña a San Petersburgo para que ingresase en calidad de pensionista en el Instituto Smolny -los Troubetzkoi proveerían, por supuesto-. La niña, Sophie, jamás olvidaría ese viaje en diligencia de París a San Petersburgo, sola y previsiblemente aterrada ante el brusco giro de los acontecimientos. Jamás querría volver a hablar de su madre (que sobrevivió a sus achaques, alcanzando la vejez).
De
modo que Sophie se encontró en el Smolny. La directora del Smolny, la señora Von Adleberg, enseguida la tomó bajo su protección. Tal vez se trató de simple compasión hacia la chiquilla que había llegado con aspecto de estar mortalmente asustada después de un prolongado y fatigoso viaje a través del continente. Pero no hay que olvidar que los Troubetzkoi seguían siendo personajes destacados en la corte, dado que aún vivía Sophie Marianna, la viuda de Vassily, madre de Sergei y, oficialmente, abuela paterna de Sophie. Al menos tres de las hermanas de Sergei mostraron desde un principio el deseo de favorecer a su sobrinita Sophie, por otro lado. La señora Von Adleberg tenía motivos para recibir afectuosamente entre los muros del Smolny a Sophie Sergeyevna Troubetzkoi (ya no digamos en el caso de que ella creyese que había algo de cierto en los rumores que hacían de esa niña una hija del zar Nicholas...).
Y hasta aquí había llegado el relato de Legris
