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 Asunto: Re: Fallece Emmanuela Dampierre
NotaPublicado: 15 Mar 2019 16:22 
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Super oFF TOPIC, todos nos alegramos que la cosa se vaya encauzando, estimada Minnie :love:


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 Asunto: Re: Fallece Emmanuela Dampierre
NotaPublicado: 15 Mar 2019 18:26 
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Minnie :love: :love: :love:

Con razón no viniste a por tus pastelitos azules por tu cumpleaños. Pues ahora a superar la operación :emojibrazoforzudodelmovil:

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 Asunto: Re: Fallece Emmanuela Dampierre
NotaPublicado: 19 Mar 2019 23:49 
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"Cuando Alfonso llevaba ya unos años viviendo en España, entre sus muchos sufrimientos uno de los que más dolor le causaba era que, siendo jefe de la Casa de Borbón, no siempre se le reconociera como tal ni le otorgara el tratamiento correspondiente. Era también el heredero de la Corona francesa con el título de Alfonso II de Borbón y Duque de Anjou. Al recibir este último título, los orleanistas, que apoyan al Conde de París como heredero del trono francés, protestaron. Alfonso puso el asunto en manos de los tribunales y éstos le dieron la razón. Fue entonces cuando los legitimistas, en una de sus revistas, publicaron un artículo en el que, con la mayor claridad, explicaban quién era, realmente, el Duque de Anjou.

[…]

Ni como Duque de Anjou, ni como jefe de la Casa de Borbón ni tan siquiera como primo hermano consiguió mi hijo primogénito mantener una sincera conversación con Juanito, su primo, a quien quiso mucho, con el fin de aclarar ciertas cosas para que no quedaran enquistadas. Y es que en aquellos momentos estaba su tío Juan de por medio y no se trataba de una barrera fácil de pasar por alto. Él sabía que Juan lo mantenía lo más lejos posible con el fin de eliminar todo aquello que pudiera representar el más mínimo riesgo para su familia, es decir, que todavía veía a mi hijo como un presunto rival de Juanito. Sinceramente, creo que estos temores eran más producto de su imaginación que de hechos reales.

Cuando, en 1969, Franco llamó a Juanito para comunicarle que al fin iba a nombrarle su sucesor, éste telefoneó de inmediato a Alfonso para pedirle que se acercara a su residencia de La Zarzuela, ya que quería darle la noticia personalmente: <<¿Crees que he hecho bien al aceptar?>>, le preguntó emocionado a su primo. Y éste, desde una postura elegante a más no poder, le respondió: <<Sí, has hecho muy bien>>. ¿Qué otra cosa podía hacer? Era Franco y sólo él quien tomaba las decisiones.

[…]

El Rey tuvo problemas con su padre. Se dijo que durante mucho tiempo estuvieron distanciados y no me sorprende nada que así fuera. Es normal. Sí, después de estar juntos en Estoril, Juanito regresó a Madrid sin comentar nada a Juan y, a los tres días, aceptó que Franco le ofreciera nombrarle Príncipe de España, puenteando a su progenitor… Sé que mil veces él ha comentado que, mientras estuvo en Portugal, aún no sabía nada de todo ello. Yo le creo, ¿por qué no? Ahora bien, no me parecía misión fácil convencer a mi cuñado de que así era como se habían desarrollado los acontecimientos. Y, claro, versiones había para todos los gustos. Una que corrió como la pólvora fue que la Reina Doña Sofía había presionado a Juanito para que aceptara, ya que ella es muy dura. No tengo idea si será cierto o no. Lo que pienso es que Sofía es muy germana, nada griega. Muy Hannover.

Un día que, no sé por qué razón, fui a La Zarzuela con mis dos hijos, Alfonso me dijo: <<Aquí debería estar yo>>. Permanecí en silencio. ¿Qué le iba a decir? Las cosas eran como eran. Así es la vida. Lo que me duele en el alma es que mi hijo fue una persona a la que jamás entendieron. Hasta los últimos días de su breve existencia permaneció, para muchos, bajo sospecha. Triste es reconocerlo, pero bastantes de sus detractores fueron gente a la que él quería de verdad. Pudo, en principio, haber momentos de duda que, por supuesto Franco utilizo a su conveniencia. De hecho, cuando Alfonso y Gonzalo se trasladaron a Madrid a estudiar e hicieron una visita al Caudillo, éste le preguntó a Alfonso si conocía la Ley de Sucesión. Mi hijo le contestó que sí y entonces Franco le dio a entender que todavía no tenía decidido quién sería la persona que ocuparía la Jefatura del Estado.

[…]

¿Por qué, entonces, ese miedo a la persona de mi hijo? ¿Por qué mantenerle en la distancia como si se tratara de alguien intrigante o deshonesto? A mí me horroriza quejarme y suelo abominar de la gente que lo hace. Valoro el estoicismo, el saber plantar cara a la vida. Pero su hay algo de lo que creo que puedo quejarme, y con razón, es de todo el daño que se le infligió a Alfonso de forma caprichosa y gratuita. Tuvo que soportar una existencia dura, no sólo como víctima de la Historia, sino también de la arbitrariedad y la incomprensión de muchas personas. Esa sensación de desamparo de muchas personas. Esta sensación de desamparo es terrible y lo sé bien porque la conozco. En los últimos años de vida de mi hijo querían quitarle todo: sus títulos, el ducado… ¿Es que no había perdido ya cosas mucho más importantes? ¿Por qué se ensañaron con él? Siempre me parecieron muy mezquinas estas actitudes, viniesen de donde viniesen, por muy alta procedencia que tuvieran.

Además de dolido, Alfonso estaba enfadadísimo. Pero sé que en los momentos más duros siempre se acordaba de los consejos que su adorada abuela, la Reina Victoria Eugenia, le había dado; consejos que él asimiló y de los cuales nos hizo partícipes a sus seres queridos. La Reina siempre le recordaba que <<no hay felicidad en el mundo, pero sí muchos momentos felices. Lo importante es saber apreciarlos y disfrutar de ellos>>. Para Alfonso, su abuela fue un gran apoyo, no sólo en lo económico, sino también en lo afectivo. Cuando ella agonizaba, los nietos acudieron a su lado y se turnaron para cuidar a su querida Gangan. Doña Victoria Eugenia le pedía a Alfonso que le diera masajes en los pies y en las piernas con el fin de calmar sus dolores. Antes de morir, le dijo: <<Alfonso; Darling, I love you son much!>> Nunca agradeceré bastante el cariño que la Reina profesó a mis hijos y que tanto significó para ellos, especialmente para el mayor, quien la tuvo como modelo a seguir ante la adversidad.

Debo admitir que mis hijos, lo mismo Alfonso que Gonzalo, no pudieron tener peor vista para las mujeres. Por más que lo pienso, no lo puedo entender. Sinceramente, creo que ni buscadas a lazo las hubieran encontrado peores. Alfonso, al menos, las tenía como amantes, pero Gonzalo, de manera inevitable y como si de un tic nervioso se tratara, se casaba con ellas. En general, no eran sino alegres señoritas, aunque no siempre. Tal vez por eso, y quizá también porque era más discreto, a mi hijo mayor se le conocieron menos amantes. Pero las tuvo, ya lo creo que las tuvo. Insisto en que mis dos hijos eran Borbones, y en este asunto en concreto las cosas no hubieran podido suceder de otra manera.

Por lo visto, Alfonso sabía muy bien cómo tratar a las mujeres. Salió con muchas, pero hubo una de la que se enamoró locamente. Supe por un criado que la había llevado a su casa y un día, mientras lo acompañaba a Fiumicino a tomar un avión, le dije: <<Con esta chica, Marilú Tolo, no te puedes casar. Es una actriz y resulta impensable que tú, con tu nombre, puedas llegar a contraer matrimonio con ella>>. Alfonso lo comprendió y, a pesar de sentirse enamorado, dio por finalizada, de la mejor manera posible, aquella historia. Los matrimonios desiguales, sea en educación, en ideas políticas, en proyectos de vida o en religión, nunca llegan muy lejos.

No hace mucho me comentaron que Mirta Miller había aparecido en un programa de televisión afirmando que <<la muerte de Alfonso había tenido lugar en extrañas circunstancias>>. Al parecer, como el programa contaba con muchas personas que debían intervenir, enseguida se acabó su tiempo. ¡Menos mal! A ella la conocí. No es que tenga ni media razón de peso para meterme con Mirta, no. Además, pienso que se trata de una buena chica. Pero sí quiero decir que no me gustaba para mujer de Alfonso.

Un día, estando yo en casa de mi hijo en Madrid, me preguntó si la podía invitar a cenar. Creo que le contesté: <<Sí, claro, siempre que no te cases con ella>>. Y si no se lo llegué a decir y tan sólo lo pensé sería porque, en ese sentido, era muy cuidadosa con mis comentarios. La vida me ha enseñado que no hay nada como oponerse o tan siquiera manifestar con suavidad el poco entusiasmo que te produce el noviazgo de un hijo para que haya boda. Creo que Mirta lo quiso de verdad. En el entierro de Alfonso se acercó a acariciarlo. Yo no me acerqué. No resisto ver muertos a mis seres queridos. Luis Alfonso y Gonzalo, en cambio, lo besaron.

Cuando se produjo la muerte de mi hijo mayor, en enero de 1989, Alfonso era novio de Constanza de Habsburgo y Mirta no lo sabía todavía. Entre otras razones porque llevaba una larga temporada viviendo en Argentina, su país natal. Sé que al igual que cuando el accidente de coche en el que Fran perdió la vida, pero con más insistencia y también con más morbo, al producirse el mortal accidente de Alfonso se comentaron muchas cosas. Algunas muy extrañas, por cierto. De hecho, me enviaron un recorte de un artículo publicado en un diario italiano en el que se apuntaba que el suceso había sido provocado. ¡Qué delicadeza! A mí l único que me sorprendió es que en Estados Unidos, donde la gente, por lo general, es experta y muy cuidados en sus comentarios laborales, el encargado en abrir y cerrar las pistas de esquí se fuera a comer un sándwich y, mientras tanto, dejara la barrera a mitad de camino. Yo hubiera comprendido que ésta quedara arriba o abajo, pero a medias del recorrido…
Como se ve, también en aquel país ocurren este tipo de descuidos que, en principio, podríamos considerar más nuestros, más mediterráneos para ser exacta. Quiero decir que, si el accidente hubiera tenido lugar en Italia, no me hubiera extrañado tanto. Se especuló mucho sobre el asunto y, en mi opinión, fueron muy peregrinas algunas de las ideas que se lanzaron. Allí se encontraba el esquiador Fernández Ochoa, quien dijo que aquel día había un sol intenso y se veía muy mal. Por lo visto, estaban haciendo mediciones en la pista con el fin de poder utilizarla para otras actividades relacionadas con el esquí y, como había ruido, Alfonso no oyó la advertencia de que tuviera cuidado que alguien le hizo al iniciar su descenso. Con sinceridad, creo que se trató de un trágico accidente.

Luego, vinieron otras cosas muy desagradables, como el asunto de la compañía de seguros, de la indemnización… Luis Alfonso cobró algo de dinero, pero los abogados se quedaron con una cantidad muy importante. Mi nieto –¡me daba tanta pena!– era muy joven para que la vida le siguiera golpeando tan fuerte… Fueron unos días inolvidables por su crudeza los que pasamos, rotos de dolor y, a la vez, teniendo que mantener el tipo. El tiempo ha mitigado el dolor, pero la pena la guarda uno hasta el fin de sus días. Yo siempre imagino las penas como huecos que se instalan en el alma y que ya nadie podrá nunca llenarlos. Por eso, muchas veces me siento vacía de vida y, sin embargo, muy llena de penas-

Me pregunto si Juanito sería informado, en su momento, de todo lo que pasamos. Cierto es que, inmediatamente después de conocer la noticia del accidente de Alfonso en Estados Unidos, puso un avión a disposición de Gonzalo para que éste pudiera viajar hasta el lugar de los hechos. Hay que reconocer que el comportamiento del Rey fue estupendo. Además yo creo que, incluso aunque pretendiera evitarlo, tuvo que sentir mucho la desaparición de su primo, a quien yo creo que, a pesar de todo, quería mucho. Conociéndoles, me queda la duda de si, de manera inconsciente, se pondría una coraza para protegerse del dolor. Los hombres, casi todos, son muy frágiles y huyen de las tragedias como de la peste.

Los Reyes asistieron a los funerales de mi hijo. Cristóbal Villaverde, quien a veces parecía el Espíritu Santo porque estaba en todas partes, fue quien cerró el ataúd. Él quiso de verdad a su yerno y estaba destrozado. Por cierto, Carmen y su madre se situaron al final del templo y no pararon de hablar. Supongo que comentarían lo que iban a hacer con Luis Alfonso, ya que de pronto su vida se había convertido en algo muy preocupante para todos. Pero considero que no era el momento ni el lugar para mantener allí una charla, con Alfonso de cuerpo presente. Su actitud me pareció una falta de respeto y de maneras imperdonables que, por otra parte, no hacía más que confirmar de forma inequívoca la mala educación de ambas. Algo que nunca me cansaré de repetir.

[…]

En cuanto a Constanza de Habsburgo, no llegó a tiempo para estar presente en los funerales que por el alma de Alfonso se celebraron en Madrid. Sin embargo, sí pudo asistir a la misa que, por su eterno descanso, se celebró en los Jerónimos, en la que lloraba con verdadero desconsuelo. También en París se celebró una misa solemne por él y Constanza me pidió estar conmigo, así que presidimos el acto religioso las dos, junto a Gonzalo y Luis Alfonso. Constanza y Alfonso se iban a casar en otoño, pero él no quería que se supiera. Yo no sé lo que hace Dios… Los curas siempre hablan de la voluntad de Dios… Una boda con Constanza hubiera sido estupenda y le hubiera venido fenomenal a Luis Alfonso, porque habría sido para él una influencia magnífica. Constanza, que es archiduquesa, siempre me pareció una persona buenísima, una mujer muy educada, una gran señora.

Cinco años más tarde se casó con un austríaco y nos invitó a su boda en Bruselas. Era tal el cariño que sentía por Luis Alfonso que le hizo testigo de la misma. Luego adoptó a una niña y, después, tuvo dos más. Su marido es un hombre muy simpático. Parece que son felices. Seguro que hubiera sido una esposa perfecta para Alfonso y, de este modo, yo hubiera vivido tranquila, sin ninguna angustia ni inquietud. ¡Y no como estoy ahora, con esta mujer, Carmen, que no se ocupa ni se ha ocupado jamás de lo que debe!

Cuando mi hijo murió, yo me quedé en su casa esperando que el chico se viniera a vivir conmigo, pero su madre y su abuela no lo consintieron. De haberse quedado conmigo, yo me habría instalado en Madrid para que él no tuviera que salir de su ambiente. Y, de verdad, lo hubiera hecho encantada.
Los legitimistas pretendieron que en la lápida de Alfonso pusiera yo todas sus armas francesas, pero ello no me fue permitido. Trabajé mucho con Sabino Fernández Campo, Jefe de la Casa del Rey por entonces, con el fin de poner en condiciones la tumba de mi hijo. Finalmente se decidió colocar únicamente tres flores de lis, algo poco pretencioso y muy elegante; quedaron tan bien que, más tarde, por desgracia, fue el motivo que elegí para la tumba de Gonzalo.

Con respecto a las tumbas de mis dos hijos en las Descalzas, sí que he luchado, y mucho, para dejar las cosas, al menos, con un mínimo de dignidad. Sinceramente, creo que tenían derecho a ello. En la lápida de mi hijo mayor figura <<S.A.R. Don Alfonso de Borbón>>, pero no <<Duque de Cádiz>>. Él hubiera deseado que también estuviera inscrito su título, pero –repito– no lo permitieron. En la tumba de Fran, mi nieto mayor, puede leerse: <<S.A.R. Don Francisco de Borbón>> y en la de mi otro hijo puede leerse <<Gonzalo de Borbón y Dampierre>>. Yo hice todo lo que estuvo en mi mano para que a Alfonso no le pusieran el apellido Dampierre detrás de Borbón. Con ello quería evitar que en la lápida del niño figurara el apellido Martínez-Bordiú”.


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 Asunto: Re: Fallece Emmanuela Dampierre
NotaPublicado: 20 Mar 2019 01:48 
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Ostras, no había leído esto hasta ahora, muchos abrazos Minnie, ahora a recuperarse del susto y sobretodo que te dejen como nueva.


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 Asunto: Re: Fallece Emmanuela Dampierre
NotaPublicado: 30 Mar 2019 03:01 
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“Gonzalo se casó tres veces y yo lo pasé fatal ya que no había que ser muy lista para tener la certeza de su intuición con las mujeres dejaba mucho que desear. Siempre se equivocaba. Su primer error en este sentido lo cometió en 1983, cuando decidió contraer matrimonio civil en Puerto Vallarta, México, con la periodista Carmen Harto, diez años más joven que él. Un ataque de pasión, una ficticia historia de amor y un matrimonio que, afortunadamente, en España no tuvo validez. En otras palabras, una metedura de pata y una relación que a duras penas llegó al año.

La segunda vez que anunció su inminente matrimonio el fracaso estaba cantado, como si de un tonto acertijo se tratara. Tratando evitarlo, le hice llamar a través de su hermano para que viniera a verme, ya que me parecía fundamental hablar con él de una manera clara y sin tapujos. Pero no tuve éxito. Como sabía que sería muy dura con su proyecto, prefirió no venir. Así, llevó a efecto y cargó a sus espaldas –estoy convencida de que en muchos hombres podría cuantificarse el peso de sus fracasos y sus derrotas tan sólo fijándose en sus espaldas– este nuevo disparate que consintió en contraer matrimonio con una tal Mercedes Licer, al parecer modelo de profesión, que contaba por aquel entonces solamente veintiún años de edad. Esta boda civil, o si se quiere esta nueva bajada a los infiernos, tuvo lugar en Madrid en 1984. Unos días más tarde se celebraría la ceremonia religiosa en el Castillo de Olmedo, en Valladolid.

Por supuesto, a un acto tan irresponsable no asistimos ni su hermano ni yo. Más bien, y a pesar de nuestro intento de llevarlo con el mayor estoicismo, quedamos paralizados por impotencia y, ¿por qué no decirlo?, también por la rabia que ésta siempre acaba produciendo.

Igual que en su matrimonio anterior, y tal como estaba cantado, este sueño de amor duró menos de dos años- Fue su hermano mayor, Alfonso, quien le ayudó a cortar aquella convivencia que, al parecer, debía ser insoportable.

Gonzalo acudió a testar ante notario el día después de casarse con la Licer. Yo creo que fue la madre de ella quien le forzó a hacerlo y, después, él se olvidó de ese testamento. A mí no me lo dijo, porque si me llego a enterar… De todos modos, al parecer ese testamento no tiene validez alguna ya que el matrimonio fue anulado tanto civilmente como por la Iglesia.

La Licer puede decir lo que le dé la gana, pero además de una interesada es una mentirosa y siempre lo fue. Gonzalo sabía que ella me ponía enferma y no permitió que la viera más que en dos ocasiones: una en Pamplona, tras el accidente que sufrieron Alfonso y sus hijos, y la segunda y última en una clínica donde la internaron porque, por lo visto, había tenido un aborto. Lloriqueaba metida en la cama y repetía: <<He perdido a mi hijo, he perdido a mi hijo…>> con una histérica insistencia. Claro, era evidente que algún contratiempo había sufrido, si no por qué razón íbamos a estar mirándole la cara.

Es muy probable que la Licer sintiera por mí la misma antipatía que su persona me inspiraba. Esos desencuentros irracionales son, por lo general, mutuos. Luego, cuando todo se fue al traste, como era previsible, vino a Italia y tuvo un hijo con un italiano.

El proceso de anulación matrimonial no sólo resultó costoso en el terreno económico, sino también en el psicológico, ya que desgastó mucho a Gonzalo. Por cierto, yo a Mercedes Licer nunca le comuniqué, como se ha escrito, su condición de heredera. No quiero ni verla. La detesto. Tampoco es cierto que le ofreciera cuatro millones de pesetas para que renunciase a la herencia de Gonzalo. ¡Eso es difamación! Y difamar puede ser algo muy serio.

[…]

Es cierto que los disgustos que me dio Gonzalo a lo largo de los años fueron muchos. Por poner otro ejemplo, considero que también fue una irresponsabilidad por su parte reconocer a una hija que una norteamericana decía haber tenido de él. Cuando mi hijo hizo público tal reconocimiento en 1983, la joven ya era una adolescente de quince años. Podía algún día llegar a reclamar algo en España. Por eso, repito, odio a los bastardos. No lo puedo resistir. Siempre acaban acercándose a uno por interés. Cuando Gonzalo me contó lo que había hecho, por poco me da un ataque. En un intento de justificar lo injustificable, me dijo: <<La he reconocido porque era una mujer. Si llega a ser un varón, ¡ni hablar!>>

Sin embargo, de haberme consultado, yo le habría aconsejado todo lo contrario: <<Aunque sea tuya, no la reconozcas>>. Y sin lugar a dudas, de haber vivido Alfonso también hubiera tratado de impedirlo. Jamás he mantenido el menor contacto con esta chica que, por l visto, no es sólo gorda, sino obesa. Pero tampoco lo mantuvo Gonzalo. En cierta ocasión, quedaron en París para verse. La madre no le pidió nada, así que él no pagó un duro pero reconoció a la hija de ambos. Ahora bien, quiero dejar claro que ella nunca heredará, y no lo hará por varias razones: porque en España mi hijo no dejó mucho dinero, porque lo que tenía fuera se lo gastó y porque los objetos que hay son míos. No, no heredará.

Tras aquel absurdo encuentro en París, Gonzalo no volvió a hablar con la chica ni tan siquiera por teléfono. De todos modos, ella hizo unas declaraciones en las que decía haber echado en falta a su padre. Es muy fácil. Todo el mundo echa en falta aquello de lo que carece, pero ¡qué le vamos a hacer…!

Estefanía, que es al parecer su nombre de pila, se casó con un norteamericano y tiene cuatro chicos. La Licer, que a mi juicio es una mujer malísima, viajó a Estados Unidos a verla y a animarla a reclamar lo que le correspondía. De momento, ya ha tomado el apellido Borbón. ¡Allá ella!

Todas y cada una de las relaciones que Gonzalo mantuvo fueron un auténtico disparate. Afortunadamente, su alocada vida tomó otro cariz cuando, en 1993, contrajo matrimonio con Emanuela Pratolongo, una buena mujer genovesa y, además, una señora. Este matrimonio tuvo lugar una vez que mi hijo consiguió la anulación de la Licer. Yo quería que celebraran una boda religiosa y, como ellos estaban de acuerdo, lo hicieron en 1996 en Roma, en la iglesia que está frente a mi domicilio. La verdad es que me sentí aliviada. Gonzalo fue siempre para mí una espina, pero, a la vez, la representación de la ternura.

El día del enlace, organicé en casa un almuerzo al que asistieron, entre otros, mi cuñada Crista y su hija Giovanna, quien había sido testigo de la boda. Para mí fue ésta la primera y única boda de Gonzalo.

Mi nuera es cariñosa conmigo y yo le estoy agradecida por la tranquilidad que procuró a mi hijo. También por su paciencia, puesto que él era un hombre de una bondad ilimitada, pero bebía demasiado. Y yo, que lo he vivido, sé hasta qué punto es cansado convivir con una persona a la que le gusta el alcohol. Por fin, en sus últimos años de vida mi hijo menor disfrutó de un largo período de felicidad junto a su mujer.

Aunque Gonzalo murió de una leucemia fulminante en mayo de 2000, yo creo que su salud se resintió a partir de la terrible desaparición de su hermano. Gonzalo sufrió una barbaridad. Recuerdo que unos días después de la tragedia, íbamos hacia algún lugar en su automóvil y estuvimos a punto de sufrir un accidente por lo mal que se encontraba. Estaba como ido, apenas podía concentrarse en lo que hacía. Fue para él un golpe brutal del que, en realidad, nunca se recuperó.

Gonzalo falleció en el Hospital Cantonal de Lausanne, ciudad en la que fijó su residencia en 1990. Su salida de España fue muy triste. Después de haber vivido durante tantos años en Madrid y haber soportado con ilimitada paciencia los desprecios, las bromas de mal gusto y otras cosas de naturaleza semejante, decidió emprender una nueva vida en Suiza. En las declaraciones previas a su partida llegó a decir que se iba sin resentimiento, puesto que no era rencoroso, pero sí lleno de amargura y tristeza por el trato que a él y asu familia se les había dispensado.

Desde entonces. La razón de sus escasas visitas a España tuvieron como objetivo su deseo de seguir manteniendo un estrecho contacto con su sobrino Luis Alfonso. La última vez que estuvo en Madrid fue
cuando falleció su tía María, Condesa de Barcelona y madre del Rey, en enero del 2000.

Reconozco, cómo no, que tras la muerte de Gonzalo el gesto de Juanito hacia Luis Alfonso fue enormemente elegante y cariñoso: se trasladó a la Bretaña francesa, donde se encontraba mi nieto, para hacerle conocedor a éste de tan triste noticia y compartir, así, su dolor. Debo decir que esta actitud me llegó a lo más profundo del alma y es algo por que siempre le estaré agradecida.

Gonzalo, que fue caballero de las Reales Órdenes de San Miguel y Santo Espíritu, había pedido ser enterrado junto a su hermano y su sobrino Fran en las Descalzas Reales de Madrid. Con motivo de sus funerales, el Rey no dio su conformidad para que asistieran tres importantes legitimistas, entre ellos el Barón Pinoteau que, para mí, es una persona leal y de mi total confianza. Es más, fui yo quien tuvo que comunicarle a éste tal decisión real a pesar de que a mí no se me habían dado razones de ningún tipo. Fernando Almansa, entonces Jefe de la Casa del Rey, me trasladó la negativa y, azorado al darse cuenta de mi contrariedad, me recodó que él no era más que un mensajero y que, si yo quería, me pasaba con el Rey para que hablara con él por teléfono. <<Sí, pásame con él>>, le pedí, y hable con Juanito, quien volvió a repetirme que los legitimistas no debían acudir a los funerales de mi hijo, pero tampoco me dio más explicaciones.

Su postura, la verdad, me pareció muy extraña. Tengo la impresión de que en este tipo de ocasiones el rey no pasa ningún mal rato, sino que se limita, simplemente, a ejercer su autoridad, aunque a veces ésta parezca injusta o arbitraria. Algún día me gustaría preguntarle por qué se portaron de este modo con mis hijos. Que yo sepa mi nuera, Emanuela Pratolongo, no decidió con La Zarzuela quiénes serían los asistentes a los funerales, como se afirma en un libro.

Se dijo que se había encargado al Instituto de la Casa Borbón –organismo cultural fundado por Jaime para dar a conocer la Casa de Borbón francesa– la redacción de la esquela. Según ellos, la viuda además había aceptado que el féretro sólo fuese cubierto con una bandera, la española. No lo sé. Lo que es casi seguro, aunque no puedo jurarlo, es que si no se encontraban allí los representantes del legitimismo fue por decisión de la Casa Real, no por intervención de mi nuera.

En los últimos años de su vida, Gonzalo estuvo algo alejado de Francia y los legitimistas lo sintieron. No sé si el motivo fue su último matrimonio, que le absorbió mucho, o tal vez que él ya no se encontrara bien. Como Gonzalo era débil, bien podría ser que Emanuela, al ver que cualquier cosa relacionada con la política le hacía sufrir, lo alejara de Francia; de hecho, en este país se celebró una misa por el eterno descanso de su alma a la que ella no asistió. Pero lo que en absoluto creo es que ella impidiera la presencia de los legitimistas en Madrid. Ahora bien, insisto en que se trata de algo que no puedo jurar. Sí me parece extraño el título con el que se hace llamar, Princesa Gonzalo de Borbón, y que a la vez admita que a mí, desde la Casa Real, no se me trate como Duquesa de Segovia. Sé que tiene una estrecha relación personal con el Rey, con quien habla por teléfono de vez en cuando, y que es amiga de las hijas de Crista, a las que ve a menudo. No parece consciente de que todo esto puede sentarme mal a mí, pero sé que en su actitud no existe ninguna mala intención, ya que Emanuela es una buena persona. Sería lógico que se volviera a casar, puesto que se trata de una chica muy joven.

En la ceremonia fúnebre por Gonzalo el protocolo brilló por su ausencia. Yo, su madre, estaba colocada después de su mujer, algo que me parece incorrecto por principio. A todo esto, Luis Alfonso tenía reservado un puesto junto a mí. A continuación, nos ofrecieron un almuerzo en La Zarzuela y por lo visto, como mi nieto no se entendió bien con Felipe, el Príncipe de Asturias, no apareció por allí. Ni siquiera se enteró de que tras la misa tendría lugar esa comida. Reconozco que es un gran despistado y, además, estaría aturdido.

Durante el almuerzo, que fue de pie, no percibí ningún tipo de tensión. Allí estaba Balkany, el antiguo marido de Gabriela de Saboya, muy amable como siempre; también las Marone, que viven en Madrid, y Olimpia Torlonia, cuya hermana mayor, Sandra, sé que ha tenido algún conflicto con el Rey porque, como madre, ha defendido a Dado. Yo comprendo que Juanito no quiera relacionarse con él, pero ella se porta bien conmigo”.



Que buen rollito había siempre en la organización de los funerales de la familia.

Solo queda un capítulo más y se acabó.


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 Asunto: Re: Fallece Emmanuela Dampierre
NotaPublicado: 30 Mar 2019 12:41 
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Esta señora vendía ese mal rollo que señalas, sin eso no hacia caja.


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 Asunto: Re: Fallece Emmanuela Dampierre
NotaPublicado: 30 Mar 2019 16:24 
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Este hilo podía titularse "Fallece Emculebra Dampierre" ¡Cuánto veneno!


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 Asunto: Re: Fallece Emmanuela Dampierre
NotaPublicado: 30 Mar 2019 19:38 
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O sea que su hijo Alfonso se iba a casar con Constanza ese año sin haber roto con Mirta Miller. Y lo justifica diciendo que es que ella estaba en la Argentina. Que elegantes todos.

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 Asunto: Re: Fallece Emmanuela Dampierre
NotaPublicado: 30 Mar 2019 21:42 
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sabbatical escribió:
O sea que su hijo Alfonso se iba a casar con Constanza ese año sin haber roto con Mirta Miller. Y lo justifica diciendo que es que ella estaba en la Argentina. Que elegantes todos.


Para elegante, la forma en que habla de su nieta Estefanía...


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 Asunto: Re: Fallece Emmanuela Dampierre
NotaPublicado: 30 Mar 2019 22:30 
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Eso es heavy. El absoluto desprecio a una persona por su físico u origen social que gasta Emanuela, encajaría pefectamente en cierto mundo foril cotilla y faltón que hay por los inframundos de internet. En estos tiempos que corren, se hubiese comido más de una denuncia.


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 Asunto: Re: Fallece Emmanuela Dampierre
NotaPublicado: 24 Abr 2019 17:08 
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"Mi nieto Luis Alfonso es lo único que me queda en la vida. Me gustaría verle más a menudo, pero, claro, es muy joven, trabaja, estudia, se divierte y, además, vivimos en países distintos. Si yo tuviera menos años, viajaría para visitarle, pero mis achaques no me permiten moverme todo lo que me gustaría.

[…]

Luis Alfonso nació en Madrid el 25 de abril de 1974. Para su bautizo, celebrado en la capilla del Palacio de El Pardo, me llevé de Roma el faldón con el que, en su día, fueron también bautizados su padre, su tío y su hermano mayor. Su padrino fue su abuelo paterno, Jaime, y su madrina, Carmen Polo de Franco, su bisabuela materna.

En la actualidad, mi nieto vive en casa de su abuela materna, Carmen Franco. Convive sólo con ella y con los criados. Su tía Arancha, la última de los hijos de los Marqueses de Villaverde, también se ha casado. Los demás, hace ya muchos años que abandonaron el domicilio familiar para vivir sus propias vidas, como es natural.

Su infancia, en apariencia, no fue diferente a la de cualquier otro chico de su edad o condición. Sus estudios primarios los realizó en el colegio hispano-francés Molière de Pozuelo, lugar situado a las afueras de Madrid, en donde vivió hasta el fallecimiento de su padre.

He señalado que su infancia fue normal <<en apariencia>>, ya que a este pobre chico le faltó la tranquilidad y el sosiego con el que todo niño debería contar para conseguir un desarrollo normal de su personalidad. Lógicamente, el mundo se le vino abajo cuando su madre, de un día para otro, lo abandonó. Y es que por aquel entonces Luis Alfonso no tenía más que cinco años.

A veces trato, y otras evito, imaginar hasta qué punto puede verse alguien de tan corta edad afectado por una situación semejante. Inevitablemente tiene que partirle el alma y, para colmo, su capacidad para entender las cosas es inexistente. Supongo que la primera sensación que debe embargarte es la incredulidad. Me sobrecoge pensar que, mientras a otros niños de sus mismos años se les fomentaba la fantasía como algo que forma parte del patrimonio de la infancia, mi nieto, por el contrario, tuvo que enfrentarse al horror de asimilar la realidad: su madre se había ido de casa. Este acontecimiento es más brutal, en mi opinión, que perder a una madre a causa de una muerte inesperada, porque el halo que envuelve tal desaparición no deja resquicio para amortiguar el dolor. Con cinco años un niño sólo puede preguntarse: <<¿Por qué esta persona, que en principio es quien más me quiere en el mundo, se va y me abandona?>>

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¡Qué orfandad la de este pobre chico! Cada vez que su imagen viene a mi pensamiento no puedo evitar verlo con esa mirada suya que, en muchos casos, mira sin ver y tras la que, más allá del brillo que transmiten sus ojos tan jóvenes, se esconde un fondo de melancolía adquirida prematuramente, a destiempo.

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Mi nieto estudió más tarde en el Liceo Francés de Madrid y también en esta ciudad se licenció en Ciencias Empresariales por el CUNEF, en donde luego realizó un máster en Finanzas. Tengo entendido que se trata de una excelente universidad privada, al parecer vinculada con la Asociación de la Banca Española. La asignatura que más le gustaba era Historia Económica, que entonces impartía el profesor Gonzalo Anes, un prestigiosísimo catedrático español y, a la vez, director de la Real Academia de la Historia.

En la actualidad, Luis Alfonso trabaja como gestor de patrimonio para el BNP-Paribas de Madrid. Espero que este banco le envíe en algún momento a vivir a París, Londres o, en su defecto, a algún otro lugar de Europa. Me parece fundamental que salga fuera y vea mundo. Existen pocas cosas peores que la cortedad de miras. Puedo comprender que él siga viviendo con su abuela en una magnífica casa, con la comida preparada, el servicio y todos los gastos pagados. Es una situación muy cómoda, pero pienso que ya está en edad de irse de allí para organizar su propia vida. Más tarde ya veremos hacia dónde quiere dirigir su existencia.

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Además, todo el mundo le encuentra guapísimo y muy atractivo. Tiene buen carácter y un fuerte sentido religioso. Alquiló la casa que mi hijo tenía en Pozuelo y, a cambio, percibe por ello una renta mensual. También me han comentado algo que me sorprendió sobremanera: le obsesiona quedarse de pronto sin dinero. Curioso, ¿eh? Es impresionante hasta qué punto puede nuestro subconsciente tendernos trampas. Seguro que este miedo que él siente tiene una explicación psicológica que, desde luego, yo no sé cómo interpretar.

En lo que se refiere al tema relacionado con los legitimistas, Luis Alfonso reacciona muy bien, con muchas tablas. Considero que cumple con sus compromisos de manera muy responsable y, seguramente, sin cuestionarse nada. Acepta todo y da cuenta de aquello que se le plantea con gran desenvoltura. Huelga decir que los legitimistas franceses están encantados con él. Para ellos es su Rey, Louis XX de Borbón. Le costean una secretaria para que conteste toda la correspondencia que recibe, ya que solo no podría hacerlo. También me agrada saber que, entre los medios de comunicación, tiene fama de ser alguien muy asequible, amable y natural. Espero que en el futuro sepa desarrollar a la perfección su papel y sus obligaciones, que asumió en 1992 cuando cumplió dieciocho años.

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Y hay otro aspecto en el que no puedo coincidir con él: como buen Borbón, es un gran aficionado a la caza. Yo espero que en un futuro inmediato se dedique a <<cazar>> menos venados y más mujeres… Bueno, con una sería suficiente, lo que hace falta es que sepa elegir bien. Siempre dijo que no se casaría antes de los treinta y le falta poco para cumplirlos.

Espero que es este tema tenga más vista que la que tuvieron su padre y su tío, y que logre así ser feliz en su matrimonio. Con las chicas tan bien educadas, formadas y guapas que hay, ¿por qué será que todos los míos se fijan, precisamente, en quien no deben fijarse? Creo que hay que reconocer, a pesar de todos los años que una tiene o precisamente por eso, que es a la gente bien a la que se debe tratar, pero que la gente mal, seamos sinceros, en cierto período de la vida resulta mucho más divertida. Lo que me parece un síntoma de inteligencia y sensatez es saber distinguir entre una y otra para que, cuando llegue el momento de tomar la decisión de casarse, uno se fije sólo en la gente bien y no en la otra.

Que quede claro que, cuando hablo de gente bien no me refiero en absoluto a su categoría social, sino a una cierta manera de ser y, por tanto, de vivir. La convivencia es muy difícil y conseguir que sea buena es la base de todo matrimonio bien avenido.

Vivimos una situación alarmante cuando, en cierta ocasión, mi nieto planteó su deseo de contraer matrimonio. Su madre y ese amigo de Alfonso al que antes me he referido mantuvieron con Luis Alfonso una larga y difícil reunión para aconsejarle que no lo hiciera. Menos mal que lo consiguieron.

Su mujer debería ser alguien alegre que le compensara todo lo que ha sufrido. Una chica de buena familia, educada e inteligente, que comprendiera a la perfección el compromiso que su marido tiene contraído con Francia y, por tanto, su papel a desarrollar de cara a este país. […] Quizá sería mejor que no tuviese nacionalidad española, por muchas razones. Tal vez estaría bien una francesa. Una vez él habló de una florentina, de apellido Corsini, que es una familia estupenda de la ciudad. Hace poco supe que Luis Alfonso salía con una venezolana y por poco me da un ataque, pero no parece una historia seria.

[…]

He visto hace poco tiempo una fotografía de Luis Alfonso con su madre. No conozco bien la relación que existe entre ellos, pero lo que está claro es que se trata de su madre. Por eso hay ciertas cosas que a él jamás le diría. Me gustaría por su bien que alguien le hablara de ella con libertad, pero ¡resulta tan difícil! ¿Quién se atreve a decir a una persona algo sobre su madre? Yo, desde luego, a mi nieto, no. Supongo que él se da cuenta de que nuestro trato es inexistente. Y es que es tonta de remate; una mujer muy poco inteligente. Ésta es la causa primordial por la que me inspira una enorme sensación de inseguridad en todo lo relacionado con el chico.

Recuerdo que un pintor belga, amigo de Alfonso, le regaló un cuadro suyo cuando se casó. Tiempo después, mi hijo acudió a una exposición y vio que su cuadro estaba en la sala, a la venta. Carmen lo había llevado para venderlo. El pintor al enterarse se enfadó mucho, como es comprensible, y estuvo años sin hablar a mi hijo. Cuando éste se vio obligado a explicarle la verdad de lo que había ocurrido, debió de pasar tan mal rato que su amigo le creyó a pies juntillas y le regaló uno nuevo.

También recuerdo que mi hermana, no sé por qué motivo, le regaló a Carmen una antigua mantilla de encaje puro que pertenecía a nuestros antepasados. Un día se la llevó y la vendió. Como a ella le gusta tanto el dinero… Además, el arquitecto italiano con el que vive, Federici, al parecer no tiene un duro. Me llegó el rumor de que van tirando de este dinero que ella recibió en herencia de su amiga americana. Lo que les ha permitido, además de la finca que ya mencioné, comprarse un piso en Sevilla que su madre, Carmen Franco, dijo en unas declaraciones que le había gustado mucho. Yo me hubiera callado. La verdad es que es una mujer cortísima".


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 Asunto: Re: Fallece Emmanuela Dampierre
NotaPublicado: 28 Abr 2019 17:32 
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“Luis Alfonso nunca será nadie importante en España, a menos que le ocurra algún percance al Príncipe Felipe, que Dios no lo quiera, sin haber dejado descendencia. Y es que, si él no tiene hijos, yo veo la continuidad muy complicada. Como en la línea sucesoria le sigue la Infanta Elena, ¿el pueblo español aceptaría a Marichalar como Rey Consorte? Seguro que Juanito está preocupado por ello y deseando que Felipe contraiga matrimonio. Pienso que el heredero debe hacer esto sin más demora.

Si el Príncipe Felipe no se llegara a casar o si algo le ocurriera –repito que Dios no lo quiera, pero nadie estamos libres de nada–, habría muchas posibilidades de que en España volviera a proclamarse la República. En tan indeseable caso, tal vez preferirían llamar a Luis Alfonso. Pienso que nada de esto ocurrirá, pero la repetición de la historia no sería más que el colmo de una burla macabra. Volvería entonces a ser mi nieto aquello que ya fuera su padre: el <<recambio>>.

Luis Alfonso es un chico prudente y discreto. A día de hoy nada ha reclamado, ni siquiera el ducado de Cádiz. ¿Qué va a pedir? Le comprendo perfectamente. Sé que ya Alfonso tuvo que protestar para conservarlo. En mi opinión, mi nieto debería tratar de solicitarlo, pero de verdad desconozco la razón por la que no lo hace. Probablemente, como se le ignora tanto, no tenga ningún interés en remover nada después de una vida tan llena de problemas, dramas y tensiones. Qué duda cabe, ha sido extenuante. Me preocupa que la familia de Jaime no mantenga una relación más cariñosa y cálida con mi nieto. Por mí ya no me importa; lo que hagan con mi persona me da igual.

Como es lógico, las contadas ocasiones en las que veo a los reyes les hago la reverencia, porque ellos son los monarcas y yo soy una persona educada. Ahora, la reverencia que yo les hago es una reverencia peculiar, a petit plongeon, digamos, por varias razones: en primer lugar, porque el estado de mi cadera y de mis piernas, así como mi inestabilidad física, no me permiten hacerla de otra manera; en segundo, porque si la hiciera con la misma entrega que la hace otra gente estaría traicionando mis principios, que son a la vez los de mis hijos. Además, a mi edad, y después de lo que ha llovido, no creo que tenga que ser yo siempre quien demuestre mi afecto hacia ellos. Un afecto que en muchos casos, y como una contradicción de la que no puedo escapar, varía de unos momentos a otros. Ellos no son cariñosos conmigo y pienso que les de igual mis circunstancias personales porque, sencillamente, no me quieren. De ahí que salga del paso un petit plongeon, que es una muestra de respeto que, como reyes que son, les debo. Habría que recordar, no obstante, algo que por obvio no resulta menos duro: soy yo quien tiene noventa años y cada mañana, cuando abro los ojos y veo la luz del día, sé que de nuevo se ha producido un milagro; que quien ha perdido dos hijos y un nieto soy yo; que también fui yo quien presenció todas las injusticias de las que fueron víctimas mis hijos y que tanto les hicieron sufrir; y que sigo siendo yo la anciana que, muchas noches, no puedo conciliar el sueño de tanto luchar contra fantasmas o realidades que me sacuden como puños de acero…

Siento que mi obligación es evitar que Luis Alfonso sufra como su padre lo hizo y, a la vez, la impotencia me paraliza. Ellos tratan a mi nieto sin cariño ni simpatía alguna; intentan, a estas alturas, arrebatarme a mí el ducado de Segovia y, sobre todo, han humillado a mis hijos hasta después de muertos. ¿Pretenden, tal vez, que desde mi indefensión me ponga a sus pies al verlos? ¿Por qué lo quieren todo?

Soy una persona llena de defectos, lo sé; pero reconozco que me gustaría también que alguien hiciera el esfuerzo de ponerse en mi piel al menos por un momento. Yo me he sentido engañada, mujer humillada, madre dolida… También llevo grabado en mi alma el fracaso de un amor baldío, la impotencia de la muerte cuando te arrebata, por tres veces consecutivas, a tus seres más queridos y, ¿por qué no decirlo?, el dolor de sentirme injustamente arrinconada por razones que, si en su día pudieron tener fundamento, hoy no son sino la causa de un silencioso y quizá inconsciente rencor del que, de verdad, no me siento acreedora.

Creo que me he excedido al explayarme mucho más allá de lo que mi timidez habitual me permite. Siento no haber controlado mis palabras, pero me he dejado ir y, si así me ha salido, que así quede. He hablado con el alma, algo que normalmente mi educación no me consiente hacer. Y es así, con el alma, como me gustaría hablar a solas con Luis Alfonso para entablar un marco de confianza necesaria. Lo mejor sería encontrar unos cuantos días para convivir juntos. Yo estoy disponible siempre para él. A ver cuándo le es posible encontrar un hueco. L cierto es que nadie me ayuda a hacer este deseo viable. Se trata de una situación delicada y no sé bien cómo afrontarla, pero siento que mi obligación antes de morir es conversar con Luis Alfonso con toda la sinceridad de la que sea capaz, con el corazón en la mano. Pienso que mi nieto, como es normal, no se da cuenta, pero por poco que yo pueda aportarle soy la única referencia de un mundo –el de su padre y también el de su abuelo– que bien pudiera decirse que le ha sido arrebatado.

Seguro que el día de mañana puede preguntarse muchas coas a las que ahora no da importancia y, entonces, no tendrá quien le pueda responder a lo que él plantee con conocimiento de causa. Yo soy, para bien o para mal, el único testigo con el que cuenta. Tengo que hablar, como sea con él. Quisiera que viniese a Roma, a mi casa, al menos una semana y así charlar tranquilamente. Son muchos los asuntos que planean sobre nosotros y que. Al no verbalizarlos, quedan latentes pero sin forma. Supongo que, si encontrase el tiempo, mi nieto me escucharía y también imagino que, de primeras, permanecería en silencio. Pero más tarde pensaría en todo lo dicho y daría vueltas a las cosas en su interior.

Mo he pensado aún cómo podría empezar. Luis Alfonso es poco expresivo, incluso tímido, como yo. Hay pocas cosas tan cómicas como un encuentro entre dos tímidos. Probablemente debería usar una especie de chuleta para no dejarme nada en el tintero. Creo que, cuando esta cita se produzca, le hablaré en francés porque a los dos nos resulta más cómodo. Se lo tengo que contar todo. No me perdonaría a mí misma morirme sin haber hablado con él en serio”.


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Traducción al español por Huan Manwë para phpbb-es.com


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