sabbatical escribió:
Y aquí esta señorita cuyo nombre está debajo de la foto, que no sé que relación tiene con nuestro Pepe, pero que legris-tengo-el-libro-en-casa o Minnie-hoy-no-me-puedo-levantar seguro que nos explican

RETRATO DE INES SILVA TELLEZ GIRON - MARQUESA DE ALCAÑICES - S XIX
MADRID, MUSEO ROMANTICO
MADRIDTengo un cacao de nombres pero ¿No será por casualidad la del fajo de billetes...?
Inés de Silva y Tellez Girón Walstein y Pimentel. Era hija de los marqueses de Santa Cruz...y nieta de la famosa condesa duquesa de Benavente, la del fajo de billetes, como tú dices, Sabba, jajajaja. Inés se casó con Nicolás de Alcañices. Fueron los padres de Pepe (ahí se me ha adelantado Legris) y de Joaquín, el hermano de Pepe que murió en circunstancias un tanto extrañas. Por cierto que Pepe y Joaquín llegaron a conocer a la condesa duquesa de Benavente, la del fajo de billetes. Para ellos era una bisabuela que les mimaba escandalosamente, haciendo que trajesen para los niños juguetes novedosos desde París. La egregia señora se murió teniendo Pepe nueve años y éste no olvidó nunca la impresión que le causó verla sin sus peinados ni su empolvado facial, vestida solamente con un sencillo hábito franciscano, en el ataúd.
Volviendo a Inés. Hay un famoso retrato de Inés, obra de Madrazo. Lo pongo en blanco y negro, pero intentaré conseguirlo en color...

Inés fue una de las damas más célebres por su belleza y su viveza en el Madrid de la época. No llegó a vivir lo suficiente para ver a su hijo Pepe casado con Sophie Troubetzkoi, pues Inés marquesa de Alcañices había muerto víctima de una epidemia de cólera que hizo estragos en Madrid en octubre de 1865.
Pepe, que había sido un excelente alcalde de Madrid, era el gobernador civil de Madrid desde finales de junio de 1865. En su calidad de alcalde, había luchado denodadamente por hacer de la capital una ciudad más limpia, por tanto más saludable. En su calidad de gobernador civil, pareció que el destino se mofaba de él, pues, pese a sus esfuerzos previos para sanear Madrid, Madrid seguía siendo una ciudad en la que no existía suficiente higiene. La falta de higiene contribuyó a que, a principios de octubre de 1865, se expandiese rápidamente un brote de cólera morbo. Pepe procuró atajar la crisis sanitaria, contratando dos mil hombres para limpiar las calles muy a fondo y preparar enormes fogatas en las que se quemaban las pertenencias de los que íban sucumbiendo a la enfermedad. Entre tanto, en Chamberí se organizó a toda pastilla un hospital para atender a los contagiados, que crecían exponencialmente mientras los periódicos exhortaban a los madrileños a ser precavidos mediante el uso de sulfato de quinina, café e infusiones de flor de tilo.
Hay que señalar que la mayor parte de los aristócratas y las familias de la burguesía acomodada se habían apresurado a "escaparse" de Madrid ante la epidemia. Siempre disponían de recursos...una casona en el campo, lejos de la ciudad, o la posibilidad de visitar a parientes situados en otras provincias. El problema, por tanto, recaía en la pequeña burguesía y, sobre todo, en la gente común y corriente, que, aterrada, observaba con franca animadversión el "sálvese quien pueda" que habían protagonizado los más encumbrados. En esa tesitura, todos se admiraron de que la marquesa Inés de Alcañices, madre de Pepe Sesto, hubiese insistido en quedarse en Madrid. Inés, muy asistida por su querida sobrina Agripina marquesa de Castelar, fue incansable en esos días amargos; se prodigaba en obras de beneficiencia desde hacia décadas, pero, de repente, era más necesario que nunca salir de casa para repartir dinero entre quienes lo necesitaban.
Uno de los actos valientes de Inés consistió en visitar con Agripina un convento de Carmelitas Descalzas el 6 de octubre. Se sabía que había casos de cólera en distintos conventos, incluído aquél, pero las religiosas solían ocultarlo de manera persistente porque se negaban en redondo a levantar la clausura para permitir que se fumigasen a conciencia sus conventos. Inés le había dicho a Pepe que ella haría lo posible por convencer a las Carmelitas Descalzas de la necesidad de ser pragmáticas. No tuvo éxito con las monjas. Al salir de allí, estaba exhausta psíquicamente, pero le dijo a su sobrina que debían demostrarle al pueblo que la vida continuaba e incluso se pasearon por la Castellana con esa intención. Aunque parezca una bobada, eso elevaba la moral de la gente: ¡no estaban tan mal las cosas si la ilustre marquesa madre del gobernador civil aún permanecía entre ellos y no resguardada a cal y canto en su palacio!.
Inés contrajo la enfermedad, previsiblemente en su visita infructuosa al convento de las Carmelitas Descalzas el 6 de octubre. El curso de la enfermedad fue rapidísimo: el día 11 fallecía, rodeada de sus seres queridos, después de haber insistido en que deseaba que la enterrasen dentro de un sencillo ataúd de fino revestido de bayeta. Su cortejo fúnebre fue especial. La llevaban a hombros cuatro pobres, a quienes iluminaban con teas encendidas lacayos de librea del duque de Sesto, del duque de Alba y del marqués de Villadarias. Los madrileños se emocionaban ante la estampa y decían:
-No quiso marcharse...¡Ella, que tenía tantos caballos, prefirió quedarse con nosotros!.(Esa historia la relata, magistralmente, Sagrera en su obra. Es muy conmovedora...).