Foro DINASTÍAS | La Realeza a Través de los Siglos.

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 Asunto: Re: SOPHIE TROUBETZKOI.
NotaPublicado: 31 Ene 2010 15:05 
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nando escribió:
No se si es verdad o es apocrifo, pero se cuenta que Isabel II al enterarse del estado precario de sus finanzas debido a su generosidad y a sus prestamos dijo " Entre todos me han dejado con el culo al fresco!!" :mdr: :mdr:


Yo tampoco sé si es verídico o una historia apócrifa, jajaja, pero pega mucho con Isabelita. Para las frases castizas, era la mejor, incuestionablemente.

;)


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 Asunto: Re: SOPHIE TROUBETZKOI.
NotaPublicado: 31 Ene 2010 15:29 
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A ver, recapitulando.

Tenemos a Isabel II estableciéndose en el pabellón de Rohan. Ha llegado a París con sus hijos menores, para descubrir que allí, en el andén de la estación, la espera un grupito ciertamente reducido. Todos los que durante años le han bailado el agua para beneficiarse de su generosidad han preferido quedarse fuera de escena. Sólo les había movido su interés. Leales, lo que se dice leales, son los que se cuentan con los dedos de una mano. Debió resultar un palo doloroso para ella, recordad que había sido reina desde los tres años de edad. Estaba acostumbrada a vivir rodeada de gente que la halagaba, era algo que daba por descontado. Pero el giro en las circunstancias la dejaba expuesta a la cruda realidad.

Sesto hizo lo que pudo por instalar cómodamente a la soberana, apoyado resueltamente por Sophie. A Sophie le había conmovido mucho la llegada de la reina con sus hijos pequeños a una ciudad en la que debían acostumbrarse a vivir de manera radicalmente distinta a la que habían conocido previamente. Se sabe que Sophie se emocionó en especial al ver a la pequeña Eulalia, de cuatro años de edad. Sin poderse contener, la esposa de Pepe había exclamado:

-Ohhh, le beau bébé!.

La niña, por alguna razón, se quedó con esa imagen grabada en su memoria. Muchos años después, una Eulalia veinteañera enviaría a Sophie una foto suya dedicada. Ponía textualmente: "De votre bébé".

En esas semanas, Sophie se encargó de auxiliar a Isabel II en un aspecto muy concreto: el de formarse un nuevo guardarropa. A Isabel, recuérdese, el fín de la monarquía le había sobrevenido mientras estiraba al máximo sus vacaciones estivales en el País Vasco. Por tanto, los baúles que la acompañaron en su viaje hacia el exilio en Francia estaban repletos de vestidos de tejidos finos, trajes veraniegos. De repente, necesitaba ropa adecuada al otoño parisino, al igual que las niñas. Lo de las niñas podía apañarlo una modista, pero en lo que concernía a la reina, se requería un buen taller de costura. Sophie llevaba años manteniendo una relación privilegiada por el genial Charles Worth. Fue Sophie, pues, la encargada de visitar el attelier de Charles Worth con la reina Isabel. Procurando sacar a relucir la mano izquierda, Sophie persuadió a Isabel de que le convenía dejar a Worth la elección de tejidos y colores. La española había sido exageradamente proclive a géneros y tonos demasiado chillones, que no favorecían en absoluto a una mujer de baja estatura que mostraba un considerable exceso de kilos.

Pepe estaba ocupado en otras lides. En el pabellón de Rohan, lo que tenía Isabelita a su alrededor era, básicamente, una camarilla de indeseables presidida por Marfori. Había aventureros para aburrir y algunas damas que parecían presumir de su falta de cultura. A Pepe no se le escapaba que se hacía necesario sustraer a los hijos menores de Isabel de ese ambiente deplorable. Alfonso, el príncipe, constituía la esperanza de la dinastía. Se trataba de un chiquillo de doce años, que había manifestado una salud delicada desde la tierna infancia, razón por la cual se le había mantenido entre algodones, con una educación dirigida por preceptores entre los muros de palacio. Ahora, ese muchachito requería una formación apropiada en un centro de excelente reputación. Sesto no lo dudó: enseguida hizo las gestiones necesarias para que Alfonso pudiese cursar estudios en el Saint Stanislas, al que también acudían los dos hijos varones de Sophie Troubetzkoi. Simultáneamente, se decidió que Pilar y Paz ingresarían en el Sacre Coeur. Eulalia todavía no tenía cinco años, de manera que, durante unos meses, recibiría lecciones en casa; pero, a su debido tiempo, seguiría los pasos de sus hermanas mayores.

Habiendo apañado esos asuntos, Pepe soltó la bomba ante Sophie. La reina Isabel, acicateada por Marfori, seguía insistiendo en que había que obtener del nuevo gobierno español que se le devolviesen sus pertenencias, los objetos que había dejado en Palacio. Pepe entendió que era su deber viajar a Madrid para alcanzar alguna clase de acuerdo. Estaba informado de que, en Madrid, el general Serrano, duque de la Torre, había sido nombrado regente, lo que, en la práctica, significaba que España seguía considerándose un reino, aunque con trono vacante. El general Juan Prim era el presidente de Gobierno y, simultáneamente, el Ministro de la Guerra, lo que le situaba como el nuevo hombre fuerte junto a Serrano. Ministros unionistas se mezclaban con ministros progresistas. Los primeros, los unionistas, eran más bien partidarios de ofrecerle la corona que se había quedado en el arroyo al duque de Montpensier, marido de la infanta Luísa Fernanda, quien aguardaba acontecimientos en Sevilla. Los progresistas, por entonces, tenían en mente al príncipe Ferdinand de Saxe-Coburg, viúdo de la reina María II de Portugal, padre del entonces rey Luíz de Portugal. Ferdinand había demostrado una gran competencia en Lisboa, así que se creía que podía aprovecharse su experiencia en Madrid. Sus simpatizantes españoles incluso veían fácil encontrar una solución de compromiso al hecho de que Ferdinand hubiese contraído un segundo matrimonio morganático con la condesa de Edla.

A Sophie le sentó peor que una patada en la rabadilla que Pepe expresase su voluntad de marchar a Madrid para entrevistarse con Juan Prim, el presidente de gobierno y ministro de la Guerra, a quien le había unido durante años una relación cordial, incluso amistosa. El enojo de Sophie resulta fácil de entender: en su primer año de casados, parecía destinada a que los avatares de la monarquía española la privasen de la presencia de su esposo con demasiada frecuencia. A Pepe le hizo falta apelar a toda su elocuencia para convencer a Sophie de que era necesario que él tratase de apañar las cosas con Prim en Madrid. En cualquier caso, Sophie seguía enfurruñada -no sin razón...-. Para devolverle la sonrisa a Sophie, Pepe le propuso que le acompañase durante parte del viaje, concretamente de París a San Sebastián.


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 Asunto: Re: SOPHIE TROUBETZKOI.
NotaPublicado: 31 Ene 2010 15:46 
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Pepe no tuvo éxito en sus gestiones.

Prim le recibió con talante afable. Por su parte, indicó, no había inconveniente en remitirle a la reina exiliada sus pertenencias, pero él debía consultar esa clase de decisión con Serrano. Serrano albergaba resquemores hacia Isabelita. Declaró que no se podía sacar de palacio cualquier cosa que la ex soberana reclamase como suya: antes, se hacía preciso realizar un detallado inventario y cotejarlo cuidadosamente para cerciorarse de que ella no se llevaba nada que no le correspondiese por derecho. A Pepe se le cayó el alma a los pies: no íba a ser nada fácil dilucidar qué le correspondía o no le correspondía a una mujer que había accedido al trono con tres años...y lo había abandonado a los treinta y ocho años. Aprovechando la tesitura, Pepe habló con Prim en confianza, pulsando la opinión que le merecería al general una restauración borbónica. No en la persona de Isabel, matizó Pepe: ella tenía una trayectoria que hacía impensable su regreso al trono de los antepasados. Pero el jovencísimo Alfonso estaba limpio de polvo y paja. ¿Quizá se podía avanzar en esa dirección...? Prim no lo creía así: había adquirido una imagen global nefasta de los Borbones. La monarquía le convenía a España, pensaba, pero había llegado la hora de cambiar de dinastía. No obstante, Prim no fue tan claro en su exposición ante Pepe. Se limitó a decirle que él no íba a pronunciarse al respecto: ya lo harían, cuando fuese menester, unas Cortes Constituyentes.

No había nada alentador para Pepe en ese escenario madrileño. Enseguida regresó a París, con la intención de encontrar una casa digna para Isabel II. Ya no dudaba de que el exilio de los Borbones sería prolongado, no un breve episodio; así que se ratificaba en su idea de que la familia real española no podía "vivir de prestado" en el pabellón de Rohan, porque, además, esa cesión perjudicaba la imagen pública de Eugenia. No era justo que a la emperatriz la machacasen los enemigos de su marido por mostrarse "española hasta la médula". Pepe tenía que barajar una opción viable, aunque, considerando el estado de las finanzas de Isabel II, ya se había hecho una composición de lugar en la que alguien de confianza debería sufragar con generosidad la vida en el exilio de la familia real. A esas alturas, pensó en sí mismo: disponía de un enorme patrimonio y consideraba justificado detraer parte de su fortuna para acudir en socorro de los Borbones.

Ahí Pepe no se quedó corto. Mentalmente, se hizo una lista de las fincas que podía vender y de las que podía hipotecar. También consideró que si alguno de sus amigos le ayudase en el trance, sin duda sería Francisco Goicorrotea. En relativamente poco tiempo, Pepe reunió medio millón de francos. Decidió emplearlos para comprar un palacete y para crear un fondo del que pudiesen derivarse unas rentas anuales para la familia real en el exilio; para contribuír al fondo, también se obtuvo un dinero mediante la enajenación temporar de las alhajas de la ex reina. Gracias a las aportaciones económicas de Sesto, complementadas por las de Goicorrotea, nuestro Pepe pudo comprar un palacete situado en la avenue du Roi de Rome, que hasta entonces había pertenecido a un ruso apellidado Basilewsky, motivo por el cual se conocía el lugar con el nombre de palacio Basilewsky. Al tomar posesión de él la reina Isabel, se rebautizaría enseguida con el nombre de Palacio de Castilla, más adecuado para una soberana española.


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 Asunto: Re: SOPHIE TROUBETZKOI.
NotaPublicado: 31 Ene 2010 18:32 
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En el pabellón de Rohan o en el Palacio de Castilla, la corte de Isabel seguía siendo un círculo de intrigantes de mucho cuidado. Pepe llevaba demasiado trasiego en el cuerpo como para hacerse la ilusión de que aquello pudiese cambiar a mejor. Lo único que podía aportar en esa época a la dinastía, aparte de apoyo económico, era una saludable preocupación por los hijos menores de la reina, quienes representaban el futuro y por tanto debían preservarse, no echarse a perder.

Ya sabemos que a Pepe le gustaba la chiquillería. Por lo que he leído acerca de él, extraigo la impresión de que era uno de esos adultos que son capaces de interactuar con una afectuosa naturalidad con los niños y adolescentes. Había demostrado sobradamente su talento al empezar a relacionarse con los hijos de Sophie, que enseguida se habían convertido en sus hijastros. Los cuatro -Charles, Serge, Marie y Missy- se entendían mucho mejor con su padrastro que con su propia madre, lo cual da una idea de la particular atracción que ejercía Pepe en los muchachos. Recordad, además, que estamos hablando del año 1869, cuando llega a París el pupilo de Pepe, Julito Benalúa, acogido de inmediato en el seno de la familia. En el verano, en Deauville, se incorporá además Pepe Xifré, otro pupilo de Pepe. En conjunto, a medida que avanzaba 1869, la mansión de la rue Gabriel albergaría seis chicos, entre los Morny, Benalúa y Xifré.

En ese entorno tan peculiar, no tenía nada de extraño que el príncipe Alfonsito y sus hermanas Pilar, Paz e incluso la pequeña Eulalia, pasasen muchas tardes en la mansión de la rue Gabriel, del mismo modo en que participarían a menudo de las estancias jolgoriosas de los Sesto en la villa de Deauville. Pepe duque de Sesto era un hombre ocupadísimo, pero aún así sacaba tiempo para los chicos. Le gustaba darles "clases improvisadas" de Historia de España: se sentaba rodeado por los chavales para explicarles, en tono ameno, distintos episodios de la historia española. Puesto que entre sus oyentes figuraba el adolescente que él esperaba que en un tiempo por venir ocupase el trono, Pepe ilustraba sus disertaciones recitando coplillas o recitando chascarrillos que circulaban entre los madrileños. Era su forma de conseguir que Alfonsito estuviese al corriente de cómo eran sus futuros súbditos. A Pepe le gustaba especialmente un chascarrillo popular que repitió a menudo en presencia de Alfonsito, Julito Benalúa y Pepe Xifré:

"En España la mayoría de la nación cree que la "libertad de cultos" quiere decir la "libertad de cultivar la tierra" y que "sufragio universal" es una oración por las ánimas del Purgatorio".

Pepe también incluyó en su agenda semanal el sacar dos o tres veces de semana a los cinco varones a pasear a caballo por el Bois de Boulogne, después de habese ocupado de regalarle un pony a Alfonsito, que carecía de montura. Entre tanto, Sophie organizaba excursiones que incluían a sus dos hijas y las infantas. Les gustó mucho visitar Versailles, dónde pasaron largo rato recorriendo el Trianon. En otra ocasión, Sophie las llevó a Fontainebleau.

Así, de esa manera, se fraguó la vinculación afectiva del príncipe Alfonso con Pepe y con Julito Benalúa. Pepe era el querido mentor de todos ellos, en tanto que con Julito, compañero de pupitre en el Stanislas, Alfonso encontró un amigo de edad cercana a la suya. A decir verdad, el único que no se mostraba simpático con Alfonsito era Charles de Morny. Pero esto tiene una fácil explicación. Para los chicos Morny, que adoraban a su padrastro Pepe, debió de ser complicado encajar en sus esquemas que de pronto apareciesen en escena no sólo dos pupilos de éste, sino, ya puestos, un príncipe por el que el duque de Sesto estaba dispuesto a batirse el cobre. Tener que compartir al duque de Sesto con dos pupilos no era fácil para Charles (Serge, María y Missy se hicieron a la idea con mayor rapidez), pero menos aún tener que compartir al duque de Sesto, tan monárquico, con el chico que éste creía que más pronto que tarde sería SU rey.


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 Asunto: Re: SOPHIE TROUBETZKOI.
NotaPublicado: 31 Ene 2010 19:14 
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1869 fue también el año en el que Sesto había preparado un viaje inolvidable para Sophie en verano, justo antes de que, ya en otoño, llegase a sus vidas Pepe Xifré, es decir, cuando aún tenían solamente a su cargo a los chicos Morny y a Julito Benalúa.

Pepe me hace gracia, os lo confieso, porque me da la sensación de que se ajusta a ese cliché del soltero empedernido, absolutamente reacio al matrimonio, que se casa tarde, cuando nadie se lo espera y, de repente, dedica considerables esfuerzos a rodear de atenciones a su mujer. Entre el agitado 1868 y la no menos agitada primera mitad de 1869, la pobre Sophie había tenido que privarse a menudo de la presencia de su marido porque éste andaba demasiado ocupado resolviendo los problemas de la reina Isabel II o encauzando el futuro de los hijos de Isabel II. Es más que probable que Pepe fuese consciente de que, con tanta zarandaja, había dejado a Sophie desatendida con más frecuencia de la deseable en una pareja de recien casados. Su manera de compensarla fue extraordinaria. Él siempre la había mimado, favoreciéndola de manera clara en las capitulaciones prenupciales, rescatando la villa de Deauville o mandando redecorar los aposentos de la dama en el palacio Alcañices de Madrid como si fuese la Alhambra. Pero ese verano de 1869 dió un paso más allá al llevársela de viaje...a Crimea.

Una de las tías favoritas de Sophie era María Vassilievna Troubetzkoi, quien se había casado en primeras nupcias con el coronel Stolopyne y en segundas nupcias nada menos que con el príncipe Simeón Vorontzov. Vorontzov no era, al parecer, un tipo nada atractivo; le perdían su falta de luces y el hacerse el fantoche. Pero figuraba en un puesto destacado entre los mayores terratenientes de Rusia. Entre sus propiedades, por supuesto, no podía faltar la típica residencia de lujo en Crimea. En concreto, se trataba del palacio de Aloupka, construído en tiempos del suegro de María utilizando granito de color verde.

María Troubetzkoi, princesa Vorontzov, había invitado a menudo a Sophie a visitarles en Aloupka. Era algo que Sophie nunca había podido hacer, aunque lo deseaba grandemente. Pepe estaba al corriente de la ilusión que albergaba en su interior Sophie. Decidido a que ella cumpliese su antojo, preparó las cosas de forma que pudiesen viajar de París a Constantinopla, la capital del imperio otomano, dónde embarcaron en un buque que cruzó el Mar Negro para dejarles en Yalta. Dea llí viajaron a Aloupka, dónde les agasajaron los Vorontzov. Sophie estaba entusiasmada y Pepe disfrutaba con su entusiasmo casi infantil. Un día, decidieron incluso visitar Livadia, que estaba muy cerca. Querían presentarle sus respetos al zar Alexander II, a la zarina María Alexandrovna y al zarevitch Alexander, Sacha, que estaba allí con su esposa Dagmar de Dinamarca, Minnie. Debió de ser un encuentro memorable el de Pepe con aquella Rusia de los Romanov. Aunque, a ojos de Pepe, los Romanov, al igual que los Habsburgo, eran unos esaboríos, porque todos ellos se habían decantado, en su momento, por apoyar al carlismo.


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 Asunto: Re: SOPHIE TROUBETZKOI.
NotaPublicado: 31 Ene 2010 19:38 
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Para María vease el retrato que puse; para su vida personal,hay que ir al principio; María era la jarana de Caúcaso y le puso al marido los cuernos con mucha alegría. :whistling: :mdr: :mdr:


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 Asunto: Re: SOPHIE TROUBETZKOI.
NotaPublicado: 31 Ene 2010 19:51 
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legris escribió:
Para María vease el retrato que puse; para su vida personal,hay que ir al principio; María era la jarana de Caúcaso y le puso al marido los cuernos con mucha alegría. :whistling: :mdr: :mdr:


Ahí te quería yo ver, puntualizando, matizando y contribuyendo decisivamente a que el tema sea sustancioso, guapo ;)


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 Asunto: Re: SOPHIE TROUBETZKOI.
NotaPublicado: 31 Ene 2010 20:17 
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:-* :-D


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 Asunto: Re: SOPHIE TROUBETZKOI.
NotaPublicado: 31 Ene 2010 20:25 
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Mensajes: 8129
Ubicación: MURCIA - ALICANTE
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Veamos, :whistling:


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 Asunto: Re: SOPHIE TROUBETZKOI.
NotaPublicado: 31 Ene 2010 20:43 
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Legris...anda, haz el favor de escanearla de nuevo poniendo recto el libro, jajajaja. Te ha salido muy torcido ese escaneo. No es crítica, tendrías que verme a mí sudando tinta china mientras repito escaneos hasta conseguir algo "pasable". Pero me gustaría que la pusieses bien, querido, porque es Sophie de Ribeaupierre, tía de Sophie, sí, pero también tía política de Zinaida Yussupova. Lo que la hace tía abuela simultáneamente de los chicos Morny...y del inigualable Félix, con tantos fans en el foro, jajaja.

PD: Te he dicho cienes y cienes de veces que no bebas resoli mientras escaneas, pero tú a tu aire, jajajaja.

:mdr:


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 Asunto: Re: SOPHIE TROUBETZKOI.
NotaPublicado: 31 Ene 2010 20:57 
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Todo arreglado por aquí, (wink)
Me pongo rapidamente con Pepe.

_________________
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 Asunto: Re: SOPHIE TROUBETZKOI.
NotaPublicado: 31 Ene 2010 21:12 
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Registrado: 17 Feb 2008 21:47
Mensajes: 18584
Excelente, Legris.
:bravo:

Para aligerar tanto texto -menudos tochos, por Dios- una foto preciosa de Pepe con Alfonso XII...

Imagen

La complicidad de ambos se refleja en ese cruce de miradas. Lo cierto es que la devoción de Pepe hacia Alfonsito dió que hablar en el París de la época. Hubo quienes llegaron a atribuírle a Pepe la paternidad biológica de Alfonsito, toma ya...


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