sabbatical escribió:
Minnie escribió:
Me detengo un instante...no para tomar aire, jajaja...sino para tributar un homenaje a la paciencia de Sophie. Con el panorama que había en ese mes de agosto, Pepe no sólo aconsejaba a Eugenia que sacase fuera del país dinero a la vez que preciosas alhajas a
modo de garantía de futuro, sino que él mismo se había dirigido a la Embajada española para solicitar una especie de pasaporte de emergencia para sí mismo, su esposa, los hijos de su esposa, sus pupilos y los miembros de su servicio doméstico. Ya tenía meridianamente claro que pronto tendrían que salir rumbo a Madrid. Sophie debía estar, naturalmente, con una sensación de que la precipatada marcha les esperaba a la vuelta de la esquina. En semejante tesitura, quedarse sola en París, con los chavales y el staff, mientras el marido corría a socorrer a una ex reina exageradamente manirrota...es de traca. Repito: otra se hubiese puesto a bailar un zapateado encima de la cabeza de la susodicha reina manirrota. Sophie era exageradamente leal a Pepe y a sus ideas legitimistas

Eran una pareja fantástica por todo lo que construyeron juntos, una pareja muy sólida en efecto, estoy contigo Minnie, porque Isabelona se estaba pasando veinte villages. Ese lado de la realeza es el que menos me gusta. Esa parte en la que esperas de los demás LA OBLIGACIÓN de solucionarte la vida sin siquiera molestarte en poner de tu parte, solamente por ser quien eres. No sé como Pepe no les dijo, aquí os quedáis majetes que yo en Deauville estoy en la gloria con mi Sophie. ¿Y quién mantenía mientras a Francisquito...? ¿No tenían NADA...?
Nada es...muy relativo. A ver, el problema es que para Isabel se había creado un fondo de inversiones magnífico en la Banca Rothschild, pero ella era de una generosidad extraordinaria porque...no conocía el valor del dinero. Hay muchas anécdotas acerca de la prodigalidad de la reina. Mi memoria no es fiable cien por cien, pero recuerdo una en la que le mandaba un vestido suyo a alguien que se encontró con la sorpresa de que, por un descuido, en el talle del traje había prendida una joya (¿un broche, quizá?) de enorme valor. La receptora del vestido, muy apurada, quiso hacerle llegar a la soberana esa alhaja, pero Isabel, con su habitual desparpajo, replicó: "Quédatelo, es el adorno del vestido". También le gustaba, por ejemplo, recompensar a quienes le hacían cualquier servicio mandando retratos suyos enmarcados en plata maciza con perlas y piedras preciosas engastadas. Era así, una mujer sin medida. Ya no digamos préstamos como el que le hizo a su madre y su padrastro, ala, seis millones de reales sin garantías firmes de devolución.
Claro, Sesto descubrió que las finanzas eran una catástrofe. Hubo que solicitar dinero empeñando las joyas de la reina, para generar unas rentas aceptables. Y él mismo puso un pastizal al servicio de la casa real, para complementar esos ingresos. Porque aquella gente vivía a todo trapo en el exilio, un palacio cuesta mantenerlo y moverse en la gran sociedad nunca ha sido un chollo.
En cuanto a Francisco de Asís, no hay que preocuparse por él. Sabía usar el chantaje, jajaja, para conseguir financiación de parte de su mujer. Para que no montase escándalos, se le daba lo que pedía, con poco regateo previo
