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 Asunto: Re: Títulos nobiliarios españoles
NotaPublicado: 05 Ene 2013 01:06 
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Gracias,Iselen.

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 Asunto: Re: Títulos nobiliarios españoles
NotaPublicado: 05 Ene 2013 01:07 
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 Asunto: Re: Títulos nobiliarios españoles
NotaPublicado: 05 Ene 2013 03:10 
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Mª Victoria Aguirre escribió:
Este apartado está muy parado desde hace unos días. Voy a formular una pregunta para ver si esto se anima.

La pregunta creo que resultará un tanto difícil, yo he tratado de encontrar alguna pista y me he quedado en eso, en alguna pista, pero nada más.

Pero por probar no se pierde nada y es posible que haya alguien entre vosotros que sepa alguna cosa o pueda aportar alguna pista que pueda desarrollarse.

Se trata de saber la fecha de boda entre Luis Bea y Pelayo (3º Marqués Bellamar y nacido en 1878) y Mª Dolores de la Mota y Posadillo (nacida en Valladolid en 1879). Él fue un notable pintor que expuso numerosas obras.

La boda según lo que he podido ir ajustando debió celebrarse entre los años 1917 y 1925.

Saludos y a la espera

Mª Victoria

Mª Victoria, hija, yo no tengo ni la menor idea, pero espero que alguien te pueda echar una mano... :thumbup: ... a lo mejor Pepón cuando vuelva puede ayudarte...

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 Asunto: Re: Títulos nobiliarios españoles
NotaPublicado: 05 Ene 2013 03:28 
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El País escribió:
...cuyas hijas emparentaron con los condes de Cataluña...

Vaya por Dior, y yo creyendo que fue con los condes de Barcelona... :roll:

Iselen escribió:
La espada de don Rodrigo Díaz de Vivar era una jineta nazarí...

nazarí en el siglo XI? en todo caso zirí, no? :-/

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 Asunto: Re: Títulos nobiliarios españoles
NotaPublicado: 05 Ene 2013 04:54 
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Jineta Zenata en realidad :lol: :lol: :lol: perdón, es que las pocas que nos quedan en buen estado son todas nazarís y por inercia ya asocio los dos términos :lol: :lol: :lol: La espada se llama Jineta porque los miembros de la tribu bereber zenata eran llamados "jinetes" (del bereber zenetha) por los cristianos. Eran, y sus descendientes siguen siendo, los mejores del mundo a lomos de un caballo. Gracias a su habilidad los jinetes bereberes dieron nombre a todos los jinetes del mundo.

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 Asunto: Re: Títulos nobiliarios españoles
NotaPublicado: 05 Ene 2013 15:12 
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 Asunto: Re: Títulos nobiliarios españoles
NotaPublicado: 06 Ene 2013 22:11 
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En 1904, dos intrépidos escaladores coronaron los 2.514 metros del Naranjo de Bulnes, uno en alpargatas y otro descalzo.

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Sería la primera gran hazaña de la historia del alpinismo español y fue llevada a cabo por un marqués de 34 años y un pastor del pueblo de Cain de 51.

No podía permitirse que un extranjero escalara el auténtico símbolo de lo inaccesible en nuestro país. Eso pensaba Don Pedro Pidal en 1904, cuando contaba con 35 años. "¿Qué idea me formaría de mí mismo y de mis compatriotas si un día llegara a mis oídos la noticia de que unos alpinistas extranjeros habían tremolado con sus personas la bandera de su patria sobre la cumbre virgen del Naranjo de Bulnes, en España, en Asturias y en mi cazadero favorito de rebecos?", fue exactamente lo que dijo. Don Pedro no celebró otro aniversario sin haber antes establecido el hito más importante de la aventura sobre suelo nacional, la primera ascensión al Picu Urriellu.

Para ello, Pedro Pidal y Bernardo de Quirós, Marqués de Villaviciosa de Asturias y Grande de España, hizo dos viajes que determinarían su propia historia y la de todo el Parque Nacional de Picos de Europa. Su primer destino fue Chamonix, donde escalaría hasta los 3.775 metros, cima de la afilada Aguja del Dru. Pondría después rumbo a Londres, de donde traería una buena cuerda de pita y el consejo de los exploradores ingleses Chapman y Buck, quienes le recomendaron las alpargatas de suela cáñamo como calzado ideal para el contacto con la roca. Don Pedro Pidal se hizo con un par en la Calle de la Salud de Madrid y se dispuso para acometer el onírico desafío del Urriello.

Los protagonistas de la gesta:

Pedro Pidal y Bernardo de Quirós nació en Somió (Gijón, Asturias) el 2 de noviembre de 1869. Hijo del famoso político Alejandro Pidal y Mon, apodado El Zar de Asturias, heredó esta vocación que le llevó a ser diputado desde muy joven en varias legislaturas y a ser senador vitalicio desde 1914. Fue también deportista olímpico. La regente María Cristina le otorgó el marquesado de Villaviciosa de Asturias con ocasión de su boda con Jacqueline Guilhou, hija del propietario de la factoría siderúrgica Fábrica de Mieres, la cual pasó a dirigir. Desde el Senado luchó por la creación de los Parques Nacionales en España, lo que consiguió en 1918 con los parques de Covadonga y de Ordesa, que organizó y condujo personalmente durante 18 años. Fue cesado en 1935. Falleció en Gijón el 17 de noviembre de 1941. Enterrado en Covadonga, sus restos fueron trasladados posteriormente al Mirador de Ordiales el 18 de septiembre de 1949 por una comitiva de montañeros, cumpliéndose así su última voluntad. En su tumba se inscribió: "Enamorado del Parque Nacional de la Montaña de Covadonga, en él desearíamos vivir, morir y reposar eternamente, pero, esto último, en Ordiales, en el reino encantado de los rebecos y las águilas, allí donde conocí la felicidad de los Cielos y de la Tierra, allí donde pasé horas de admiración, emoción, ensueño y transporte inolvidables, allí donde adoré a Dios en sus obras como Supremo Artífice, allí donde la Naturaleza se me apareció verdaderamente como un templo".

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Gregorio Pérez Demaría nació en Caín de Arriba (Valdeón, León) el 9 de julio de 1853. Se casó con la también caineja Francisca Cuevas Roiz, con la que tuvo cinco hijos: Leandro, Dolores, Toribia, Agustín y Ángel. Se dedicó al pastoreo y a la caza. Murió en Caín de Abajo el 9 de julio de 1913 a causa de las heridas que le produjo un macho cabrío de su propiedad. Gregorio ha pasado a la historia con el sobrenombre de El Cainejo. No era éste su apodo. Sus vecinos le llamaban El Atrevido, denominación muy apropiada y que expresaba el reconocimiento de sus cualidades.

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 Asunto: Re: Títulos nobiliarios españoles
NotaPublicado: 06 Ene 2013 22:18 
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Dedicadas a Vandal y a su amor por el color verde van estas tres fotos del Mirador de Ordiales y las de la tumba donde reposan los restos del marqués.

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 Asunto: Re: Títulos nobiliarios españoles
NotaPublicado: 06 Ene 2013 22:22 
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 Asunto: Re: Títulos nobiliarios españoles
NotaPublicado: 06 Ene 2013 22:47 
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Ubicación: Gijón. Principado de Asturias.
En la tarde del dos de agosto de 1904, llegó a Caín de Arriba, pueblecito leonés, un pastor de la Vega de Ario (Asturias), enviado por don Pedro Pidal, marqués de Villaviciosa, para anunciar a Gregorio Pérez que éste le esperaba para acometer el intento de la subida al Naranjo de Bulnes, tal como habían proyectado el verano anterior. Esa misma noche, aprovechando la luna llena, Gregorio subió a Ario, a donde llegó al amanecer. Pidal le estaba esperando para acometer las ascensiones de la Torre de Santa María y de Peña Santa como entrenamiento.

Al día siguiente, muy temprano, dieron comienzo a la jornada de acercamiento al Naranjo. Bajaron por Ostón hasta el río Cares. Tomaron su primer almuerzo al lado de la espectacular surgencia del Farfao, en la zona inferior de la Canal de Sabugo. Pasaron después por la larga y agotadora ladera del monte Llué hasta el collado Cerrado, desde donde siguieron en travesía hasta la recogida majada de Orandi, en cuya cueva pararon a comer. Fue allí donde Pidal hizo avisar al que tenía que ser el tercer participante de la cordada: Inocencio Mier, excelente trepador, que se encontraba en un pueblo cercano. Inocencio y Gregorio fueron siempre sus acompañantes habituales en sus arriesgadas aventuras cinegéticas por los Picos de Europa. Le esperarían en la majada de Camburero, en donde dormirían. Finalizada la comida, prosiguieron por la falda del Albo y Los Collados, excelente mirador desde el que se tiene una bella vista del Naranjo de Bulnes.

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Estudio de la ascensión

Sentados en esta atalaya, estudiaron con los prismáticos del marqués las paredes del coloso. Llegaron a la conclusión de que podría intentarse la ascensión por la cara norte, utilizando la brecha que se lanza hacia la parte cimera.

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Una vez decidido, descendieron a la majada y se alojaron en la cabaña de Esteban Mier, hermano de Inocencio, en la que hicieron tertulia e informaron a todos los pastores allí presentes de su pretensión, que éstos tomaron como una locura, pues “bien atrevidos los hubo en Bulnes y los hay también, y nunca subió arriba nadie; pero es que ni los rebecos tampoco”, como dejó dicho Gregorio.

Al alba del día cinco, esperaron un tiempo a Inocencio, pero como no llegaba, emprendieron el camino hacia la Vega del Urriello. A las ocho de la mañana terminaron de desayunar en la fuente que existe al pie del gran monolito. Subieron por la Canal de La Celada y se desplazaron a la frontal Morra de Carnizoso, desde donde comprobaron la posibilidad de llegar al “descanso”, fijando los jalones precisos para ello. Determinados los puntos esenciales de la ruta, se dirigieron a la pared. Comenzaba la histórica aventura. Al pie de la pared, en una pequeña terraza de piedras sueltas, se prepararon para el empeño. Gregorio se descalzó, Pidal se calzó unas alpargatas y allí dejaron el morral con sus pertrechos; tan sólo llevaron una cuerda de cáñamo y los prismáticos.

Comienza la subida al Naranjo

Al cabo de un cuarto de hora regresó Gregorio y comentó: “¿Sabe usted que no se me hace tan malo como lo ponían?”. Pidal se echó la cuerda a la espalda y acometieron la ascensión. ¡Ya están ante la Llambrialina! Gregorio pasó el primero a favor de la adherencia de sus pies desnudos. Luego lo hizo Pidal, apoyando las manos en la pared superior. Vencido el obstáculo, subieron unos metros e hicieron una travesía en horizontal hacia el hombro, que ya podían ver.

Para que os hagais una idea, ESTO es el inicio de la Llambrialina

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por ahí pasaron con una cuerda de cáñamo, uno desclazo y otro en alpargatas :shock: :shock: :shock:

Sabemos que nuestros personajes se colocaron en el hombro que habían visto desde Los Collados porque, asentados en este sitio para descansar, divisaron la fuente donde habían desayunado y estuvieron estudiando con los prismáticos las características de la grieta superior. No existe otro punto desde el que puedan verse estos dos objetivos si no es éste.
Acometieron después la escalada del muro vertical que lleva al comienzo de la grieta. Es un muro que exige grandes dotes de escalador. Tiene rugosidades que permiten el apoyo de los pies, pero no presenta cómodos agarres para las manos.

"Panza de burra"

Envueltos ya en la niebla, se adentraron en la grieta con toda determinación hasta que Pidal oyó exclamar a Gregorio: “De aquí no pasamos, don Pedro”. ¿Qué había allí? La grieta se hallaba cortada por una formación rocosa que se abombaba, impidiendo el paso. Estuvieron estudiando todas las posibilidades. Al final, Pidal encontró un buen agarre para su mano izquierda. Afianzando bien el cuerpo, pidió a su acompañante que se subiera sobre él y lo elevó con su otro puño. De esta manera Gregorio alcanzó un asidero que le permitió ponerse encima del abombamiento, desde donde ayudó a subir al marqués con la ayuda de la cuerda. Habían superado el obstáculo que ha recibido el nombre de “la panza de burra”.

Superado el nivel de la niebla, se encontraron con el final de la grieta. Al poco se situaron en la cresta cimera. La cumbre estaba a su alcance. Loco de alegría, el marqués se soltó de la cuerda, adelantó a Gregorio, llegó al punto más alto y… “entoné el más formidable ¡hurra! Que di en los días de mi vida”. Era la una y cuarto de la tarde. El mayor coloso de los Picos de Europa había sido vencido. Contemplaron absortos el paisaje que les rodeaba, identificando los picos, torres, pasos, neveros, pedrizas… El tiempo transcurría y aún quedaba lo peor: la bajada. Pero no podían abandonar esta corona sin dejar el testimonio de su estancia, de manera que levantaron tres grandes mojones que aún se mantenían en pie cuando Schulze llegó dos años después. Bajaron por la misma grieta de subida pero, al llegar a la más alta “panza de burra”, Gregorio, que no veía medio de salvar este paso, murmuró: “¡Dios mío, Díos mío! ¿Cómo subí yo por aquí?”. El obstáculo fue vencido mediante el uso de la cuerda. La ataron a una piedra y la introdujeron en un canalizo; después bajaron a pulso y cortaron la cuerda. El trozo que allí quedó sirvió para confirmar a Schulze el paso de los pioneros y fue bajada por Víctor Martínez en 1916.

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Vista del mar de nubes desde la cima. Los monolitos de los pioneros no se conservan, ahora en lo más alto se encuentra esta imagen de la Virgen y el Niño

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Descenso del Naranjo

Más abajo, para salvar la auténtica “panza de burra”, usaron una técnica parecida al actual rápel. Al salir de la grieta, Gregorio propuso buscar otra ruta de bajada. Así pues, se desviaron a la derecha, introduciéndose en el comienzo de la Gran Terraza. El marqués quedó aguardando mientras Gregorio fue en busca de un nuevo paso. Sobre las siete y media de la tarde, Pidal oyó la voz de su guía que le anunciaba alborozado haber encontrado la Llambrialina. Poco les quedaba. Pasaron la Llambrialina, recuperaron sus pertenencias, bajaron a todo correr hasta la fuente “secos de sed”. A lo largo de toda la jornada no habían bebido nada y habían comido tan sólo unos caramelos. Comieron entonces unos chorizos y “buenas conservas” y se lanzaron hacia la majada de Camburero entre las tinieblas de la noche.

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Una pastora oyó sus gritos y les orientó. Llegaron a las cabañas a las once y, mientras cenaron, tuvieron que repetir una y otra vez su hazaña a los asombrados pastores. Así terminó la jornada del cinco de agosto de 1904, fecha de la conquista del Naranjo y del nacimiento del alpinismo en España.

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 Asunto: Re: Títulos nobiliarios españoles
NotaPublicado: 06 Ene 2013 23:02 
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Reproduzco a continuación un fragmento de un escrito original de Gregorio Pérez, "El Cainejo", donde narra las ascensiones realizadas aquellos primeros días de agosto de 1.904 con el marqués Pedro Pidal. El texto goza de fama de original dado el tono en el que está escrito, con las faltas propias de un hombre de pocas letras y los muchos detalles que aporta, lo que hace suponer que fuera escrito poco tiempo después de la ascensión, quizá en 1.905.

A otro día por la mañana batieron la tienda, pues como el día antes, camino de Peña Santa, habíamos hablado de ir a hacer una tentativa al Naranjo de Bulnes y quedamos concertaos en eso, era preciso madrugar. Cargamos los caballos, apartamos lo necesario para nosotros, y les dice a los dos señores y aun mozo que les acompañaba: -Bueno, si ustedes me permiten yo me marcho por aquí con Gregorio, a hacer la ascensión al Naranjo de Bulnes, si nos es posible; bajan con esto a Covadonga y a Cangas, entregan esta tarjeta al señor Dosal, que me remita un coche a la Hermida para el dia 7.

Nos despedimos y echamos a andar espalda con espalda. Bajamos a Ustón y al rio de Cares; alli almorzamos, pasamos el rio de Cares por un pontigo, emprendimos al Monte Llue arriba, que tiene una legua de largo; subimos a la Collada de Cerrado, tomamos el fresco un rato, pues desde alli a la Majada de Camburero, que teniamos que ir a dormir, todo era adelante en traviesa y casi por sombra. En la Majada de Orande, en una cueva que tiene una fuente, comimos y bebimos y alli mandamos razon por un pastor de Bulnes, a Inocencio, que subiera de mañana a Camburero, que ibamos a ver si eramos de subir al Naranjo, para que nos ayudase algo; pero como le dieron el aviso tarde, no subio. Echamos a andar, deseoso D. Pedro de dar vista al Naranjo, pero como Camburero está metido en un hoyo como media legua por bajo del Naranjo, hasta no llegar cerca no se nos ponia a la vista por donde nosotros íbamos; llegamos a un alto en cima de Camburero, y ya se nos presentó el pico cortao, liso y derecho por tres costaos; sacó D. Pedro los antiojos y de alli examinamos por onde pudiéramos embestir, dao caso que por lo que víamos de allí pudiéramos subir a un descanso que nos presentaba menos de a la metá del pico.

Bajamos a la majada; nos preguntan los pastores el objeto de ir por alli sin escopetas; se lo hemos dicho y dicen ellos:

- Bien atrevidos los hubo en Bulnes y los hay también, y nunca subió arriba nadie; pero es que ni los rebecos tampoco.

Pero nosotros, confiaos en nuestras mañas y nuestra buena cuerda, teníamos confianza.


A otro dia, que era el 5, esperamos un poco por Inocencio; viendo que no venía, echamos a andar, almorzamos bien en una fuente al pie del mismo pico, le damos una vuelta y vemos que por el costao que mira al Norte podríamos subir al descanso que decíamos por la tarde. Dije:

- Bueno; quédese usted aquí; ahora voy a subir yo allá arriba si puedo y pasar a la horcada que víamos ayer, que de alli ya se ve y registra de alli para arriba.

Me descalcé a pie puro, lo dejé alli con la morrala debajo de una piedra; embisto la peña; fui pasando subiendo llastralezas y pasos medianos; perdi de vista a don Pedro por tener que atravesar hasta la horcada que deciamos alli; me senté y lo registre bien: se vían unos saltos y unos canalizos que no me pareció tan malo como resultó; volví atrás hasta llegar a la vista de mi compañero, y le digo a D. Pedro:

- ¿Sabe Vd. que no se me hace tan malo como lo ponian? Se me figura lo peor de ahí aquí; y marchó hacia donde yo estaba, con tanta arrogancia como si fuera a subir por un valle arriba; le mande que se asentara y esperase alli hasta que yo bajara onde estaba él para ayudarle, que era muy malo todo aquello; así lo hizo; bajé onde estaba él y nos amarremos bien uno por cada punta de soga; como yo estaba ya descalzo, mis pies pegaban bien a la peña, pero también ú mejor pegaban las alpargatas de D. Pedro. Fuímos subiendo poco a poco hasta una llambria que había que travesar bastante pendicular y sin agarradero ninguno; pase yo delante y con la cuerda favorecí a D. Pedro, y pasó también; entonces me dijo D. Pedro:

- Sabes que esta lúcia de peña se parece aquel sitio que pasemos el año pasado , cuando pasemos desde Caín a Cuestaduja y á la Collada de Cerrado, aquella llastra que llamais vosotros la llambrialina? Y con este nombre se quedó y en verdad nos valió mucho para bajar.

Subimos otro poco más arriba y después tuvimos que travesar un cacho p'adelante hasta llegar al sitio donde había llegado yo primero, a un descanso que hacía la peña y se descubría la mayor parte de lo que faltaba por subir. Alli nos asentamos a descansar un poco y registrar con los antiojos cualo sería de lo malo lo mejor, pero todo nos parecio imposible, menos unos canalizos muy estrechos con algunos saltos de unos a otros y muy plomo arriba; y hemos dicho: si habemos de subir, tiene que ser por alli; y entonces, aunque la divina providencia lo hubiera ordenado, empiezan a reunirse ramos de niebla y se cerró por entero en un cuarto de hora y fue lo que nos favoreció, después de dios y la cuerda, para subir y bajar, porque nos quitó el asombro que metía el mirar pa abajo. Fuimos subiendo poquito a poco un gran cacho para arriba, hasta que tropezamos un muy alto salto que formaba panza en medio y derechaba tan plomo arriba como un arbol entornao y sin agarraderas ni sitio onde poner los pies. Empezó D. pedro a registrar y me dijo: - ¿Sabes, Gregorio; que aquí hay un gran agarradero?

Se agarró bien una mano de él, afianzó bien los pies y me dijo: apoya los pies sobre mis hombros.

Así lo hice y después sobre la cabeza, y después me empujó los pies con una mano y entonces me enganché mis manos a un buen agarradero y me eché fuera. Subí más arriba, aseguré bien los pies y le dije a don pedro: - Bueno, yo ya subí; preparese usted.

- ¿Estás ya bien seguro?

- Si, señor.

- Pues, arriba.

Empieza a esgatuñar y yo a tirar de la cuerda: en seguida llegó a mis pies, anduvimos otro cacho bueno para arriba que era menos malo, a la que tropezamos otro paso como el anterior; lo miramos bien y resolvimos valernos de las mañas que nos valimos para subir el otro; pero nos costó un poco más de trabajo, por tener yo ya los pulsos algo cansados; pero por fin también subimos aquel paso. Ya decíamos nosotros: no llegamos nunca al alto, porque las piedras que desprendíamos nosotros y la cuerda por estar mal seguras, las oíamos bajar rugiendo; pero no oiamos dar abajo y por lo tanto nos creíamos ir ya muy altos. Anduvimos un poco más arriba y advertimos que la niebla se bajaba un tanto y que los rayos del sol pasaban por encima de nosotros y que se veía un cielo azul que daba gusto; ya advertimos que se bia lo mas alto.

Soltamos la cuerda y la dejamos atrás y llegamos a la cumbre; nos asentamos sobre unas piedras un poquito, que subiamos cansaos. Sacó D. Pedro los antiojos y empieza a mirar a todos laos, porque como la niebla esta baja, echa una vega, se veía la mar de tierra y rebecos en aquella torre, en aquel pico, en aquel nevero, en aquel hoyo, en aquella verdiana, paciendo, ¡qué gusto encontrarse en aquella altura y donde nadie había pisado! Tomamos unos caramelos por la mucha sed que teniamos y nos pusimos a trabajar para dejar a la vista pruebas de la verdad; nos pusimos hacer en la parte más dominante una pilastra cada uno; yo la hice de mi altura, firme y bien construida; me manda D. Pedro que le asegure la suya; la retaque bien hasta dejarla segura; hicimos otra entre los dos, con tres grandes piedras bien asentadas unas sobre otras, en forma que se ven de muy largo y se verán siempre, a menos que algun rayo o chispa electrica las derribe, que alli se conocen que caen con frecuencia.

Emprendimos otra vez la bajada, que ya la considerábamos más difícil; fuimos bajando hasta encontrar la cuerda, nos volvimos a metere entre la niebla, bajemos hasta el último paso malo de la subida; se amarró bien D. Pedro por su cintura, con la cuerda que era bien segura, me aseguré yo para tener y bajó toda la largura de la cuerda; trato de bajar yo, pero no era posible; él no me podía ayudar, yo no me encontraba en que me agarrar; yo decía: - Pero, Dios mio, ¿cómo subiría yo por aquí?

Hasta que me dice D. Pedro: - Mira a ver si encuentras de qué amarrar la soga.

Reparé y vi un canalizo en la peña, hecho por las aguas; anudé bien la cuerda, meti en el canalizo, la atesté bien con piedras, tiré de ella y vi que estaba segura; me agarré de ella y en un instante bajé donde D. Pedro; tiré de la navaja y corté la cuerda; anduvimos para abajo hasta el otro paso malo. Bajó D. Pedro y yo con la misma dificultad que arriba, hasta que me dice D. Pedro: - Vas a terciar la cuerda detrás de aquel pico que hace la peña.

Digo: - Doblada no va a alcanzar, que ya es más corta.

Nos soltamos; la doblé tras de el pico y bajaron las puntas hasta cogerlas D. Pedro; me agarré de ella y bajé enseguida. Echamos a andar, y alli por evitar un paso algo mediano que había para bajar al descanso que hacía la peña, donde habíamos estado sentados al subir, determiné bajar por otro lao. D. Pedro no quería; más valía lo malo conocido que lo bueno por conocer y tenía razón. Seguí por allí y desorientamos. Dejé a D. Pedro asentado y empiezo a registrar por aqui y alli; encontre una cagada de un pájaro que la vi por la mañana cuando fui y volvi; bajé un poco más abajo y me encuentro con la llambrialina. Llamé a D. Pedro y le dije: - Aquí está la llambrialina.

- ¿Tu estas seguro que lo es?

- Sí, señor.

- Fíjate bien.

Y el caso no era para menos: la niebla puesta, la noche encima, desorientados en la torre sin tener donde dormir, no siendo que nos ataramos a alguna peña con la cuerda. Volvi a subir donde D. Pedro y bajó todo lo que dio la cuerda y me llama: - Tienes razón, que esta es la llambrialina; ahora ya estamos bien, que ya estamos cerca de abajo.
Bajemos otro poco y enseguida llegamos al sitio donde teniamos mi calzao y lo demas equipo.

Alli besemos ambos la cuerda por ser la que nos ayudo a subir y bajar, miró su reló y eran las siete de la tarde. Cogimos un chorizo cada uno y echamos a andar, llegamos a la fuente donde habiamos almorzao; secos de sed, bebimos, tomamos otro chorizo y buenas conservas y echamos a andar, pero enseguida nos cogio la noche por unas pedrizas abajo, sin camino alguno y en terreno poco conocido. La niebla puesta y cerrada y de noche, trompicabamos cada momento; no sabíamos por dónde andábamos. Vociábamos a los pastores de la majada, pero no sentíamos responder a nadie: lo que sonaba eran peñas rodar por aquellas pedrizas y por aquello comprendíamos que estábamos muy altos. Aquí caíamos, allí nos levantábamos; fuimos bajando mucho más y vovimos a vociar, y entonces ya nos contestó una pastora, que como tenia sus vacas un poco desviadas de la majada, escureció ordeñándolas, y como sabía que estábamos arriba y nos oyó vociar, nos esperó, por más que nosotros les habíamos dicho por la noche que si no eramos de subir al Naranjo no volvamos por alli, que nos dirigíamos a los Tiros del Rey y al casetón de Áliva y de alli a las minas de Ándara.

Al sentido de las voces de la pastora, fuimos llegando poco a poco a bajar donde ella estaba sentada en nuestra espera. Como a mi me conocía, me dice: - Traeréis güena sede; podéis beber lleche; sí, dale a D. Pedro.
Como estaba ya fresca y la sed era mucha, nos sabia a miel. Echamos a andar, llegamos a la majada que ya estaba cerca, nos metimos en las cabañas con los pastores, tomamos mas leche y cenamos bien; nos preguntaron enseguida que si habiamos subido al pico:

- Sí, nos costó trabajo bastante; pero subimos y para mejor creerlo, allá en lo mas alto del pico dejamos señales verdaderas.

- ¿Qué son?

- Tres pilastras hechas con nuestras manos, de la altura de un hombre, que nos llevó una hora justa en hacerlas, no se caerán nunca, como algun rayo no las demuela, pues español ni estranjero estamos seguro que nadie las ha de tirar, y si subiera alguno, que no subirá, que haga otra ú otras tres como las nuestras.

- ¿Y de abajo desde la entrada del Jou sin tierra, se podrán ver ya?

- De alli y de donde quiera que se vea lo alto, se ven muy bien.

- Pues mañana echamos para allá, a verlas también; nos decían varias beces: se encuentran allá los robecos y suben hasta aquel descanso que hay al principio del pico y algunos cazadores también subieron alli; pero mas arriba nunca vimos ni oimos que nadie ni nada subiese.

Dormiríamos como dos horas, porque luego amaneció, tomamos más leche y nos guiaron por el sendero que va a Sotres, donde nos dirigimos, y de Sotres a Andara. D. Pedro si dirigio a la Hermida, donde le esperaba el coche; nos despedimos amorosamente y yo me volvi por Bulnes para mi casa.


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La expresión suprema de la belleza es la sencillez.
Alberto Durero.


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 Asunto: Re: Títulos nobiliarios españoles
NotaPublicado: 06 Ene 2013 23:09 
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