EL PRADO RESUELVE EL ENIGMA DE LABRADOR
El Prado resuelve el enigma de ‘El Labrador’
El museo descubre en una muestra la misteriosa figura del pintor de bodegones Juan Fernández, que estuvo activo en Madrid en la primera mitad del siglo XVII
IKER SEISDEDOS Madrid 11 MAR 2013 - 15:11 CET11
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Detalle de la obra 'Florero' (c.1635-1636), de Juan Fernández 'El Labrador'.
Pocos habrán oído hablar de El Labrador, pintor de bodegones activo en Madrid en la primera mitad del siglo XVII. Suele ser lo habitual con los enigmas. El Museo del Prado ha presentado hoy en Madrid una exposición que persigue hacerle justicia al artista, del que solo se conservan 13 cuadros. Once de ellos ocupan una sala en la planta superior de la ampliación de la pinacoteca, habitualmente reservada por sus responsables a las propuestas más delicadas y exquisitas.
Allí, y en el catálogo de la muestra, producto de los estudios del comisario, Ángel Aterido, está contenido todo lo que hoy conocemos de la misteriosa trayectoria del pintor. Que no es mucho… A saber: vivía fuera de Madrid (¿quizá en Ávila?) y bajaba a la corte una sola vez al año, hacia Semana Santa, para mercadear con su arte. Debió de girar en la órbita del italiano residente en la villa y corte Giovanni Battista Crescenzi. Era ágrafo y probablemente analfabeto. Se ganaba la vida como agricultor, de ahí el sobrenombre. Su pintura, tan delicada en su escaso refinamiento, cosechó adeptos en Inglaterra, gracias al gusto de los embajadores de Londres en Madrid, que moldearon su trayectoria y regalaron al rey Carlos I algunos de sus óleos.
Y, por supuesto, sabemos a ciencia cierta que le gustaban las uvas. O al menos la idea de una uva, blanca o tinta, y en todas sus variantes discursivas. A ellas consagró el principio de su carrera, como muestra el inicio del recorrido propuesto por el Prado. Las pintaba con un premonitorio nivel de abstracción. "No hay que olvidar", ha apuntado el director del museo Miguel Zugaza, "que la naturaleza muerta es un género revitalizado por el renovado interés de las vanguardias del siglo XX".
Algunos de los cuadros de uvas ofrecen en efecto el hechizo seductor de lo abstracto. Las composiciones de El Labrador rozan lo inexplicable. Los frutos cuelgan de no se sabe muy bien dónde en escenas rodeadas por la penumbra, y están pintadas con una técnica que le vale, según el comisario Aterido, que también ha recurrido a la figura de Sánchez Cotán, el sobrenombre de "Zeuxis
moderno", en referencia al pintor clásico que elevó la uva a la categoría de arte.
Luego vendrán las flores, gracias a los consejos de los diplomáticos ingleses. Un increíble Florero marca la ruptura con lo anterior, pese a que en la esquina inferior izquierda asoman unas uvas difíciles de distinguir. El cuadro es uno de los cinco de El Labrador que posee el Prado; los otros cuatro entraron en la pinacoteca con la compra de la colección de bodegones del empresario y coleccionista Rosendo Naseiro. Prueba del olvido hasta fechas recientes de la figura del pintor es que el Florero fue comprado por el Marqués de Lozoya, creyendo que era de Zurbarán.
Eso fue antes, claro, de que se hallase la firma temblorosa de El Labrador en la parte posterior de un cuadro, perteneciente hoy a una colección particular holandesa que denegó su préstamo para la exposición. A partir de ese descubrimiento y como parte de una labor de tintes detectivescos sostenida desde los años setenta, se ha ido inventariando el misterio de este pintor, que ya luce en el Prado con los honores que le fueron negados durante cuatro siglos
El País 11-03 2013
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