Visita de Estado a Japón: recibimiento oficial en el Palacio de Akasaka, mayo de 1975Isabel II fue la primera monarca británica en visitar Japón en 1975. Su viaje al país nipón fue en respuesta al que el Emperador Hirohito había realizado a Gran Bretaña en 1973. El histórico viaje comenzó sin contratiempos el 7 de mayo, sin las exageradas medidas de seguridad que acompañaron el viaje del Presidente Ford ocurrido un año antes. El recibimiento fue amistoso y tranquilo, llegando a contar con una caravana triunfal que recorrió Tokio.
Hoy en día casi nadie comprenderá lo delicada que resultó aquella visita desde el punto de vista diplomático, pero el peso de la historia, entonces, todavía era enorme. Bien los sabía el Duque de Edimburgo, quien siendo un joven oficial de la Marina británica, testimonió desde la bahía de Tokio la rendición de Japón ante los Aliados en septiembre de 1945. Estuvo lo suficientemente cerca como para recordar haber visto la ceremonia con prismáticos desde su buque.
Visitando a la familia de los Príncipes HerederosTambién había ayudado a subir a bordo a prisioneros de guerra británicos que estaban, en sus propias palabras,
«demacrados… se sentaron en el comedor. De repente se encontraban en un ambiente que les resultaba familiar… así que les dimos una taza de té. Fue una situación extraordinaria… las lágrimas les corrían por las mejillas. Se limitaron a beber su té. No podían hablar», hombres que se sentaban en el comedor y simplemente lloraban mientras les servían una taza de té, incapaces de hablar ante la abrumadora oleada de alivio que los inundaba.
Treinta años después, allí estaba él junto a su Reina, intercambiando apretones de manos y brindis, banquetes y luciendo la Orden del Crisantemo, la más alta distinción de Japón, mientras el Emperador lucía la Orden de la Jarretera en un intercambio visual de diplomacia que decía todo lo que las palabras no podían expresar.
Cena de gala en el Palacio Imperial de TokioLa Reina había conocido al Emperador cuando este visitó Inglaterra en octubre de 1971. Ese viaje, que formaba parte de una controvertida gira europea impulsada en parte por el Primer Ministro Eisaku Sato, fue, según informó Bix, un «duro despertar, tanto para [Hirohito] como para la nación japonesa», ya que la gente en las calles se mantenía en silencio, pero también «lanzaba objetos e insultos a su comitiva».
Durante esa visita, la Reina intentó mitigar la negatividad que rodeaba al Emperador en un brindis durante la cena:
«No podemos fingir que el pasado no existió», dijo a los asistentes «No podemos fingir que las relaciones entre nuestros dos pueblos siempre han sido pacíficas y amistosas. Sin embargo, es precisamente esta experiencia la que debería hacernos estar aún más decididos a no permitir que vuelva a suceder jamás».
Tres años y medio más tarde, se encontró en una cena de Estado en el Palacio de Akasaka, de pie entre el Príncipe Akihito a su derecha y el Emperador de Japón a su izquierda. Las palabras de la Reina hicieron hincapié en la colaboración y la cooperación entre los dos países.
Vestido de seda color crema con bordados de borlas doradas en capas - Norman Hartnell