Analicemos las dos posibles variables en base a ese planteamiento:
1- El rey no va porque no quiere. ¿El mismo que se comió en Valencia barro, gritos y aspavientos con su señora esposa, la Reina, hoy no quiere acercarse a NINGUNO de los numerosos frentes abiertos o recientemente cerrados?. La posibilidad existe, es cierto. Lo que no veo es el motivo.
2- El Gobierno, que dirige la actividad oficial de la Casa Real y sus miembros, no considera adecuada su presencia en NINGUNO de esos frentes abiertos o recientemente cerrados. ¿Sus motivos? Pues ni idea, pero puedo especular de aquí al infinito.
Supongo que Don Felipe, hombre
moderado y escrupulosamente recto, no tiene ganas de jarana. Si las tuviera y dado que no se agenda ninguna visita oficial, se presentaba con un par de incógnito y por sorpresa en uno o varios de estos escenarios Y QUE SALGA EL SOL POR ANTEQUERA.
Menos mal que siempre le quedará su amplia agenda oficial internacional de ida y vuelta, tal y como ha quedado patente los últimos años, que demuestra las ganas gubernamentales de potenciar al Rey y a la Institución. Ah, no, que tampoco...