Empezando por la no asistencia a Suecia. Deberíamos reclamarle más a él que a ella. Letizia sí tenía actos ese día, él no.
Estoy muy de acuerdo con el fondo y la finalidad del artículo. No hay mejor manera de presionar a una monarquía que inundándola de comentarios —o quejas— sobre la misma cuestión. Y nadie debería enfadarse por ello ni creer que se trata de simple hate. Estoy segura de que todos sabemos diferenciarlo de las críticas constructivas. No es lo mismo la crítica tonta que la que se realiza porque se desea el bien y la pervivencia de la institución. Es una cuestión de higiene y fiscalización. Algo que faltó en la etapa anterior.
Dicho esto, no comparto esta frase:
“España avanza hacia un modelo en el que la Monarquía parlamentaria pareciera sentirse obligada cada día a pedir perdón por existir”.
España no avanza hacia ese
modelo, sino que la monarquía española nació con ese maldito problema y complejo. Si queremos darle la vuelta a la tortilla, debemos someter el asunto a una profunda reflexión.
Por ejemplo, ¿en qué cabeza cabe que una monarquía recién restaurada tardase casi 10 años en empezar a lucir TIARAS en las cenas de Estado? Eso ya es una demostración de miedo, complejo o remordimiento, algo impropio en una monarquía histórica. De alguna manera, ese maldito virus se ha ido inoculando en la Casa.
Podemos divagar sobre el pecado capital que ha cometido nuestra monarquía al hacer creer a todos los españoles que era más sencilla, más pobre y más campechana que ninguna. Ni lo era, ni lo es, ni lo debe ser. Pero más allá de esa fallida puesta en escena —trepanada por cortesanas varias y la exposición del alto nivel de vida de algunos miembros de la FR— la cuestión fundamental es saber adaptar la monarquía a sus tiempos.
Hace 15 años, quizás, los españoles no querían una monarquía demasiado visible, sobre todo en cuestiones jacarandosas. No es de extrañar, ya que el horno no estaba para bollos. Pero ya no somos los mismos de hace 15 años y la monarquía debe adaptarse a las circunstancias actuales. Ha logrado superar lo más difícil, curar unas heridas que pronosticaban una muerte segura, poner las cosas en orden, darle a los españoles una magnífica heredera. La celebración del 10º aniversario de la proclamación, con salidas al balcón de palacio, con cambio de guardia solemne en la Plaza de la Armería y con concierto de la Guardia Real frente a la Puerta del Príncipe, debió ser el punto de inflexión. Con esa celebración se debían haber enterrado esos años tan difíciles para dar lugar a la luz, el gozo por la solemnidad y la popularidad extrema. Así lo sentí yo, humilde espectadora de aquel día.
Tampoco estoy de acuerdo con la frase
“todo lustre se va reduciendo a la mínima expresión”. Y no estoy de acuerdo porque no es cierto. El Rey ha introducido
modificaciones para revestir el ceremonial de más lustre. Por ejemplo, trasladando al Palacio Real las ceremonias de bienvenida a los mandatarios en visita de Estado o de Presentación, abriendo el Comedor de Diario, recibiendo a sus homólogos a pie de escalera, como debe hacer un Rey en su casa. También ha establecido un nuevo formato para las ceremonias de imposición del Toisón de Oro y se ha llevado las audiencias militares al Palacio de El Pardo. Eso no es reducir lustre, precisamente.
Ahora bien, ante una anomalía como la que estamos viviendo, nunca antes vista, donde las visitas de Estado se han convertido en una excepción, la Corona debe buscarse las habichuelas de otro
modo. Debe seguir desplegando su encanto ante la adversidad y propiciando cualquier acto que tenga que ver con una de las mayores labores de representación real: recibir o visitar a los jefes de Estado. Luego, no es de recibo desaprovechar la oportunidad de asistir a una reunión de monarquías europeas, con la asistencia de no pocos jefes de Estado. No lo es. Lo hicieron muy bien a partir de 2015, asistiendo al cumpleaños de Margarita de Dinamarca, al de WA, a la Imposición de la Jarretera, a la Entronización de Naruhito… para acabar en casi la nada misma.
Es probable que nunca podamos celebrar algo como lo de Suecia. Tampoco nos hagamos los tontos creyendo que esas celebraciones no han suscitado polémica allí, sobre todo cuando la Casa pidió aumentar su presupuesto para poder incluir las bodas de oro y próximamente el cumpleaños de la heredera. Todo eso sale del contribuyente y el Gobierno sueco se negó a proporcionar más fondos. No obstante, sí podemos hacer algo más. Y, aunque me duela señalarlo porque es evidente que no está pasando por un buen momento, la Reina debe intentar esforzarse más en sus apariciones públicas. No regresemos a 2010, porque lo que funcionó entonces, no va a funcionar ahora. Las demandas son distintas.
Letizia, durante 10 años hiciste todo lo posible por dejarnos con la mandíbula desencajada desempolvando pendientes, jugando con los chatones, luciendo
modelazos, enfundándote un Balenciaga, reviviendo Valentinos, paseando morenazo… Puedes seguir siendo la que mejor comunique los mensajes de tus causas, estar presente en decenas de iniciativa y transmitir valores y cultura sin dejar abandonado ese otro aspecto. Más frívolo, sí, pero el cargo hay que vestirlo para que brille también en su dimensión estética. ¿Eso te convierte en poco menos que una esclava del deber? Pues sí, pero es que va implícito en el cargo salvo que queramos ser una intrascendente Alejandrina de Dinamarca. No hay nada más poderoso que una mente brillante sumada a una apariencia imponente, querida mía. Te hace parecer invencible ante los imbéciles de turno, que no son pocos.
La monarquía sobrevive cuando sigue el camino de la perfección, pero en el transcurso no se debe orillar el impacto visual e histórico de la institución y sus miembros. La gente está deseando ver joyas históricas, a Leonor debutar, a los Reyes viajando y recibiendo. Hay cosas que están en manos de la Casa y otras que no lo están. Enfoquémonos entonces en las que sí lo están; vayamos al Teatro del Liceo o al Campoamor con todos los brillos, celebremos las recepciones en el Real con las mejores galas, sin miramientos, preparemos una cena por todo lo alto para la próxima Cumbre Iberoamericana, una extensa gira por España… No cuesta tanto.
Por último, voy a dirigirme a los que están en Magnolias. Jaime Alfonsín entendió perfectamente que no hay nada por encima de la Corona y que esta es el bien máximo a proteger, incluso de los propios miembros que la representan. Si esos miembros que la representan no saben por dónde tirar, es Magnolias quien debe hacer todo lo posible por encauzar la situación y proteger a la Corona. No lancemos por la borda todo el esfuerzo realizado hasta ahora, que ha sido mucho y muy importante. Hay que construir sobre esos cimientos y hay que empezar a soltar algunos lastres. Si no es posible soltar esos lastres (menudos son), hay que hacer todo lo posible por enmascararlos. Y no hay forma más efectiva de hacerlo que ofreciendo una imagen apabullantemente imponente.
Pd: La coletilla de
“que se lo expliquen a Leonor en la Carlos III es otra cosa” menuda gilipollez me parece. No es ahí donde se lo deben explicar, como tampoco se lo explicaron a su padre en la Autónoma o a su tía en la Complutense. Es en Casa donde debe aprenderlo e incluso descubrirlo por sí misma para, el día de mañana, hacer las cosas a su
modo en caso de ser necesario.