Y vale, Felipe VI ha dado relevancia al papel del Palacio Real, cierto interés por el legado cultural, pero a mí me parece un tanto frío, soso (no es un castañuelas, eso es verdad), intelectual, pero falta alma de realeza. No digo de vanidad. Pero algo más. También un presidente de una república puede cambiar el decorado y darle lustre al Patio de Armas, sacar el comedor de un Palacio Real (reciclado en Nacional, como en Portugal...) Se agradece, sí, pero!
Para mí es cierto que los primeros años los reyes tenían que resaltar las diferencias con la pompa fea del régimen anterior, falsa pero muy clasista y casi divina. Ser algo diferente. La población española no sabía ya mucho de monarquías, pero estaba cansada de palios y palacios oscuros. Ellos tenían que mostrar dinamismo de una España volcada al futuro, resaltar lo joven, como ellos eran, y más cercanía en general, resaltar el cambio de eso años, como auténtico.
PERO poco a poco, sobre todo al compararse y verse a las otras monarquías europeas en nuestro país, o juntarse con ellas (los lazos familiares también ayudaron), rápidamente una gran parte del país deseó enlazar dinastía (condes de Barcelona, infantas y reinas anteriores...), caché, sangre y brillo al estatus de sus prestigiosas homólogas de países avanzadísimos en lo material y social. Ahora, aparte de ser ya
modernos como europeos, también con cierta brillantez como las demás monarquías, por un nacionalismo (o patriotismo) bien entendido y orgulloso. La reina Sofía empezó a darse empaque en las recepciones. Y los reyes poseían ese rango muy por encima de los políticos, es decir, ser verdaderos representantes del país, a pesar que poder efectivo no poseyeran (también precisamente por eso) La relevancia de sus gestos, o el poder moral, era el superior de un
modo incontestable (por el prestigio ganado)
Se les quería porque también porque podían proyectar cierta cercanía y simpatía, emocionarse ante la emoción también de la gente, y el choque ahí (romper el protocolo) causaba furor y mucha emoción en lo colectivo. Unía la continuidad (eran los reyes) con los acontecimientos de un momento, resultando transcendente. Una unión de las zozobras de la nación, como entre las generaciones.
Hoy, eso no lo veo. Es una paradoja, pero es así. Porque les hace falta boato o que se crean más en ese poder simbólico. Hay demasiado desequilibrio con la normalidad que llevan a gala, demasiada normalidad, que resulta intrascendental.