Esto merece la pena:
"Este salón supuso la transformación más importante, resultando del
derribo de los muros que separaban los tres salones principales del cuarto
de la reina esposa de Carlos III. El estado previo se refleja en la planta
y alzados levantados por el arquitecto, mostrando la distribución de las
puertas y chimeneas. Su proyecto está plasmado en dos secciones, una
a línea y otra coloreada. Muy influido por el neobarroco francés del Segundo
Imperio en su prepertorio decorativo e incluso en los materiales
—de París vinieron las grandes lámparas de bronce y los capiteles de
las columnas, y los mármoles de Bagnéres en Francia—, resulta de indudable
brillantez por la ingeniosa solución espacial forzada por los condicionantes
estructurales pero que aumenta a amplitud ilusoria del
salón ^. Lema apeó los muros transversales mediante arcos rebajados,
dejando intactas las bóvedas de la cornisa arriba; las columnas y arcos
marmóreos funcionan como bambalinas de escenografía. Además se levantó
el pavimento de mármol de las tres salas que fue colocado, con
las
modificaciones exigidas por su nuevo emplazamiento, en el comedor
de diario y en la Saleta y Cámara de la Infanta Isabel; se colocó un
parquet de maderas finas que lo unificaba con los tres salones adyacentes
con luces a la galería del patio, y los detalles de la decoración se
dispusieron de acuerdo con la variante «B» del proyecto. De bronce habían
de ser los ocho capiteles para las columnas y ocho enjutas para los
arcos, diez sobrepuertas y siete sobrebalcones de estilo Luis XVI, 124
florones grandes y 378 chicos para los arcos, y 560 metros de moldura.
También de bronce serían las quince arañas y los diez candelabros de
pared comprados en París. Desde el principio se pensó en decorar los
paramentos de este salón con tapices, que en la primera variante del
proyecto Lema pensó hacer, aparentemente, nuevos, y que definitivamente
serían de la colección real como ya aparecen en sus secciones.
La gran alfombra que había de cubrir el entarimado se encargó a la Real
Fábrica de tapices en Septiembre de 1879.
Las obras del comedor empezaron en Octubre de 1879 a la vez que
las de los salones contiguos y los de billar y fumar. El jefe del oficio de
la tapicería, Tomás Green, fue enviado a París con el fin de adquirir todo
lo necesario según se había expuesto en el informe previo, para que
viendo las existencias de los almacenes parisinos se ajustase en sus
compras más a la función y utilidad que en Madrid iban a tener tales
objetos que al posible precio. En esta autorización, sin embargo, no se
incluyen instrucciones relativas a compras para las piezas de billar y
fumar.
El 30 de noviembre de 1879, Antonio Jorge recibía el pago por la
limpieza y compostura de ventanas y vidrieras para siete huecos de balcones
y ocho huecos de puertas en el nuevo comedor y cuatro pedestales
de madera de pino que se pintaron imitando mármol que debieron
formar parte de un «efímero decorativo» preparatorio realizado por Busato
y Bonardi. Estos escenógrafos cobraron el 15 de diciembre de 1879
el trabajo hecho en el comedor consistente en la pintura de las paredes
en lienzo imitando mármoles, sus dos arcos y bastidores correspondientes
y ocho columnas, con sus capiteles y basas. Esto ha de interpretarse
como un montaje provisional con el fin de hacerse idea del efecto que la
decoración había de hacer, y no sorprende que los autores de semejante
«escenografía» fuesen los autores habituales de los decorados para las
óperas montadas en el Teatro Real por aquellos años.
La decoración definitiva de mármol y bronce debió avanzar entre
1880 y 1884; hasta abril de 1882 no encarga Lema a París los ocho
capiteles de bronce de las columnas, que sin embargo parecen haber
sido realizado finalmente en mármol blanco y no recibirían su guarnición
de hojas dobles hasta 1884. En cuanto a los tapices, la elección de la
serie de Pomona por consejo del conde de Valencia de Don Juan marca
la preferencia por las piezas del siglo xvi y el criterio ecléctico según el
cual se encuadraban en un marco arquitectónico cuyas fuentes de inspiración
se encontraban en el xvii y xviii europeos. El presupuesto para
añadir, retupir y colocar estos nueve tapices fue presentado el 16 de
febrero de 1880, concluyéndose el trabajo el 30 de junio de 1882. En
febrero de 1880 se disponía el arreglo de los salones inmediatos, como
luego veremos. En abril se habían adquirido varios metros de telas necesarios
para las cortinas del salón y se precisaba la compra de trescientos
metros más para los pabellones de éstas y el forrado de los divanes.
Green había conseguido de Dumet una rebaja de consideración en el
precio de la tela anterior y, aprovechando la ganancia, se convino la
adquisición de gro para las 140 sillas del comedor a principios de 1881,
las cuales irían tapizándose paulatinamente a partir de abril de 1884.
Ya en octubre de 1880 Girón presentaba la cuenta por restaurar los
techos del comedor. En el de la Entrega de Granada se rascó el zócalo,
se borró y quitó el color del fondo de los adornos, que se untaron de
medios tintes como se hacía en los casetones, los floreros y los adornos
de los ángulos y centros. También se barnizaron y doraron los baquetones
y molduras de los casetones, el calado de hojas de las entrecalles,
laureles, jarrones del centro y adornos del ángulo y centro. Del mismo
modo se procedió en el techo de Isabel la Católica. No consta restauración
propiamente de pintura.
La labor de los tapices de Pomona ya se había concluido el 30 de
junio de 1882. Dos años más tarde, el 16 de junio de 1884, ya se estaba
concluyendo el trabajo de tapicería pues toda la obra menos el forrado
de las 140 sillas estaba hecha y la tela para las mismas estaba ya en
Madrid, tan sólo a falta de adquirir el agremán y las motas.
A finales de 1888 existían en Palacio las tapicerías necesarias para
las catorce cortinas de los balcones, con tres paños cada una; para las
doce cortinas de las puertas fronteras a los balcones, con dos paños
cada una; para las ocho correspondientes a las puertas de los extremos,
con dos paños cada una, y la cenefa tejida de seda para las cortinas de
los balcones, y se necesitaba adquirir aún la tela para el fondo de seda
color crema de los 17 huecos. Por otra parte, hasta 1885 no quedó
acabado el parquet.
El aspecto que más tiempo tardó en solucionarse fue la compra en
París de las arañas de Bronce. En noviembre de 1885 parece que colgaban
en el comedor unas cuatro arañas, parte de un juego de seis
comprado en 1849 y que antes habían iluminado el Salón de Columnas.
Lema decidió prescindir de estas lámparas y, adquiriendo una más de
cada clase idénticas a las antiguas a los mismos fabricantes, Renon,
obtener un total de ocho, cuatro grandes de 66 luces y cuatro pequeñas
de 24, y destinarlas todas al Salón de Columnas, donde aún están hoy.
Para el Comedor de Gala se emplearon al parecer quince arañas que
habían sido adquiridas también en 1849, y cuyos cristales hubieron de
ser repuestos prácticamente en su totalidad; además se encargaron a
otra casa parisina (Lacarpiére fréres) apliques para las paredes. De esta
firma hay en el Archivo numerosos diseños de arañas de bronce, que
responderán posiblemente a ideas de encargo no llevadas a cabo".