La segunda residencia de la Familia Real rumana es el Castillo de Săvârșin. Se encuentra bastante lejos de Bucarest y de su Palacio Elisabeta, en el distrito de Arad -que comparte frontera con Hungría-, entre las ciudades de Timisoara y Deva.
Aunque más que a un castillo, su aspecto recuerda a las típicas grandes casas de campo de la campiña inglesa, antes de su demolición, tras un incendio, en 1781, sí era un precioso castillo de estilo barroco. El edificio actual data de 1860 y es en 1943 cuando el Rey Miguel lo compra como un regalo personal para su madre, la Reina Elena. Tras la abdicación de Miguel y exilio de la Familia Real, las autoridades comunistas confiscaron todos sus bienes, entre ellos Săvârșin y sus 6,5 hectáreas de terreno. Durante la dictadura comunista, el castillo fue utilizado como hospital de medicina interna y como sanatorio para personas enfermas de tuberculosis y problemas mentales. Ese fue su uso hasta que, en 1967, el dictador Nicolae Ceausescu decidió convertir el lugar en residencia de invitados para los Jefes de Estado que visitaban el país.
En el año 2000, la Corte de Casación y Justicia, falló a favor de la devolución de la propiedad al Rey Miguel. Desde entonces, se han emprendido numerosas obras de rehabilitación para acondicionar y restaurar el lugar. La Princesa Margarita comandó las obras, de las que se dice han llegado a costar más de 1 millón de euros, junto a los arquitectos Serban Sturdza, Eugen Panescu y Emilian Cordos. Tras 7 años, los trabajos de rehabilitación finalizaron en 2015. Los jardines están abiertos al público, no así el interior del edificio, respetando el deseo del Rey Miguel de que sea una auténtica residencia privada. Săvârșin es conocido como el lugar en el que tradicionalmente la Familia Real celebra sus Navidades y los días de Pascua.