Foro DINASTÍAS | La Realeza a Través de los Siglos.

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 Asunto: Re: Fallece Emmanuela Dampierre
NotaPublicado: 15 Ene 2019 10:29 
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manuesevilla escribió:
Cuando lei el libro me escandalizó, ahora leyendo los extractos que nos sube Clara, me vuelvo a quedar flash. :shock:

Posiblemente esta mujer vivió toda su vida engañándose a sí misma


Jajaja, totalmente.


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 Asunto: Re: Fallece Emmanuela Dampierre
NotaPublicado: 15 Ene 2019 19:05 
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Pues estoy aplicando la censura en ciertos temas, porque Jaime tenía mucha tela y ella no tapó absolutamente nada respecto a él. En ese aspecto empatizo completamente con ella, me da mucha pena.

Me parece muy interesante todo lo que cuenta de Mussolini y familia. Es lo que viene a continuación.


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 Asunto: Re: Fallece Emmanuela Dampierre
NotaPublicado: 15 Ene 2019 22:22 
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Esta parte es muy interesante, porque muestra el sentir real de muchos ciudadanos europeos por el nacionalsocialismo o por partidos populistas que se aupaban como los reparadores de todo lo que se encontraba hecho unos zorros en muchos países de Europa. Confiar en ellos fue un desastre absoluto, pero en un principio, no eran percibidos por la ciudadanía como una amenaza o como unos seres más malos que las arañas, como luego resultaron ser. El comunismos o el fascismo no se veía como algo malo o como una amenaza, sino como una solución. De ahí que muchos sátrapas llegaran al poder elegidos en las urnas o por clamor popular. No deja de ser tremendamente paradójico que la Unión Soviética de Stalin fuese proveedora de la Alemania nazi durante gran parte de la guerra, hasta que Hitler decidió invadir Rusia, claro está. Los mismos perros, pero con distinto collar. Los dos mayores asesinos de aquella época, coloboradores al inicio de la Segunda Guerra Mundial, para después terminar frente a frente, devastando e imponiendo sus ideas totalitarias en media Europa.


"Fui una ferviente partidaria de Mussolini hasta el mismo momento en que, en 1940, involucró a Italia en la Segunda Guerra Mundial. A partir de entonces, como todo el mundo sabe, el mero hecho de sobrevivir se convirtió en algo muy difícil para todos. ¡Fue un auténtico desastre! A pesar de todo, no por eso hay que negar que, con anterioridad, Mussolini y su Gobierno instauraron algunas leyes que, desde un punto de vista social, podrían considerarse progresistas.

Mussolini no era un hombre guapo y tampoco destacaba por su estatura. Pero, eso sí, tenía una mirada inteligente. Claro que de ahí a encontrarlo atractivo como decían muchas... Más bien sería esa atracción que, como antes comentaba, todo hombre poderoso despierta en cualquier mujer que es conocedora de su influencia. Por poner tan sólo un ejemplo, puedo contar que la Princesa Luisa Orsini, algo más joven que mi madre y perteneciente a una de las familias más insignes y antiguas de Roma, una noche que estábamos en un baile charlando las dos, vio entrar a Mussolini y le faltó tiempo para ir tras él sin excusa ni pudor alguno. Su actitud me impresionó tanto que todavía recuerdo esta anécdota como si hubiera sucedido ayer. Yo no paraba de pensar: <<Pobre hombre, ¡tener que soportar la insulsa charla de esta princesa tan poco interesante!...>> Lo pasé mal porque él, muy señor, aguantaba con estoicismo aquella larga conversación -o sabe Dios si simplemente monólogo- de la pesada Luisa Orsini que, en una palabra, lo tenía secuestrado.

Una tarde fuimos juntas en autobús hasta la Vía Appia, donde mi madre -a quien conocía mucho- vivía. La Princesa Orsini, que tenía un hijo guapísimo, me confesó: <<No quiero que vaya a los burdeles.>> Yo le contesté: <<Siendo un chico joven, me parece mucho más normal que vaya a los burdeles que el que permanezca en casa.>> Ella se quedó pasmada ante mi afirmación. Siempre he pensado que los chicos tienen que frecuentar los burdeles para evitar que recurran a la prostitución callejera. Finalmente, su hijo, que hoy sigue siendo un hombre guapo pero nada atractivo, porque resulta soso, se casó con una Bragation, que era la familia reinante en Georgia, aunque en la actualidad muchos de sus miembros residen en Madrid.

A Mussolini le encantaban las mujeres y esto era del dominio público. En Italia hay un presentador de televisión, Bruno Vespa, que según dicen es hijo suyo. Quizás sea cierto, ya que en mi opinión se parece bastante a él. Tiene sus mismos ojos e idéntico perfil. Se comenta que nació en 1943, mientras Mussolini estuvo arrestado en la montaña, antes de ser liberado por los alemanes. De la mujer del dictador, Rachele, se tenía en general una buena opinión. Fue una persona discreta. Tuvieron cuatro hijos, pero una de las chicas murió de polio y entonces quedaron dos hijos varones y Edda, casada con el Conde Ciano.

Nunca conocí a la amante oficial del Duce, Clara Petacci. Pertenecía a un mundo bien distinto al que yo frecuentaba. Debía tratarse de una mujer extraodinaria, porque siempre estuvo al lado de Mussolini. Por lo visto, estaba enamorada de él desde que tenía quince años. Clara se comportó de forma admirable con el Duce. Y murieron juntos, como mueren o deberían morir los grandes amantes de todos los tiempos.

[...]

Me parece importante tener en cuenta las condiciones de Alemania tras la Primera Guerra Mundial. Como país, fue vencido y humillado. Además, su economía quedó bajo mínimos, prácticamente hundida. Evidentemente, esto explica que, al no tener nada que perder, Hitler consiguiera poner al pueblo en pie. Pocas cosas hay más peligrosas que el ser humano cuando ha llegado a una situación en la que nada tiene que perder.

Debo reconocer que no tengo una opinión muy buena del ser humano en general, ya que pienso que todos somos capaces de cualquier cosa en determinadas circunstancias. Si esto no fuera cierto, la barbaridad que llevaron a cabo los nazis en aquel momento histórico, así como tantas otras de las que casi a diario somos testigos, nunca se hubieran producido ni se producirían en el futuro. Hay comportamientos nuestros y de nuestros semejantes que ni siquiera la locura es capaz de justificar. A todos los locos les da por destruir y, si es posible, llevarse por delante lo que encuentran a su paso. Dado que es una realidad que hay locos y siempre los habrá, me gustaría que existieran dementes bondadosos. Yo con tantos años como tengo, aún no conozco a ninguno. ¿Por qué será?"


Los dos últimos párrafos demuestran claramente, ante la deriva que está tomando Luis Alfonso, que debería leer y hacer caso a su abuela. Aunque la reflexión que hace sobre los dementes y los locos es una barrabasada más y bastante peligorsa. Hay locos y dementes bondadosos que no destruyen nada, y que nada tienen que ver con la gente mala, malísima de raíz. Hacer pasar por loco o demente a una persona mala, es lo que utilizan muchos abogados como atenuante para sus defendidos, la burda justificación que utilizan para motivar sus maldades. Un loco o demente no es malo per se, igual que un asesino no tiene porque estar demente para cometer sus crímenes. Cuidado con eso.


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 Asunto: Re: Fallece Emmanuela Dampierre
NotaPublicado: 16 Ene 2019 21:06 
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"Mis últimas salidas al campo de golf tuvieron lugar en el Club Puerta de Hierro de Madrid, cuando mi nuera, Carmen Martínez-Bordiú, abandonó de la noche a la mañana a mi hijo Alfonso y a sus propios hijos, más o menos hacia 1977. En cuanto tuve noticia de lo acontecido, tomé un avión a Madrid y me instalé allí, en casa de mi hijo, durante una larga temporada para, en la medida de lo posible, dedicarme a ellos. El club era muy bonito y guardo de él un magnífico recuerdo, entre otras cosas por las personas que lo frecuentaban. Muchas de ellas se portaron muy amablemente conmigo, como los Duques de Sueca, lejanos parientes míos por parte de los Rúspoli. Carlos, su mujer y los chicos fueron entrañables. Por entonces, eran propietarios del bellísimo cuadro de Goya, La Condesa de Chinchón, que más tarde venderían por muchísimo dinero.

Un día de invierno, estábamos jugando al golf la Reina Victoria Eugenia, mi cuñada María -esposa de Juan- y yo en el club romano de Aquasanta y de pronto se puso a llover a mares. Como no teníamos paraguas, nos refugiamos las tres bajo un árbol. Era todo lo que podíamos hacer. Esperamos un buen rato hasta que la lluvia amainó y, temiendo un chaparrón aún más fuerte, nos dirigimos hacia el club social, hacia el chalet.

No me resulta fácil explicar en qué condiciones llegamos allí. Sin exagerar, la lluvia nos había calado hasta el alma y nuestro aspecto era tremendo, deplorable. En el instante en que María o yo, no recuerdo bien, abrimos la puerta de acceso al salón para dejar pasar primero a la Reina -siguiendo el protocolo-, nos encontramos con el Conde Ciano, que estaba en uno de los salones tomando unas copas con un grupo de amigos. Al vernos de aquella guisa fue incapaz de reprimir una carcajada larga y sonora. Yo comprendí muy bien su ataque porque, la verdad, era una situación cómica de puro absurda. María reaccinó de forma parecida a la mía, pero no así la Reina, que se enfadó y comentaba que Ciano era un ser ordinario y mal educado.

A ella, que siempre le gustaba causar una sensación inmejorable, le humillaron las carcajadas del Conde o, al menos, hirieron su amor propio. A nosotras dos, por el contrario, nos pareció muy natural y divertido. Tal vez no tuvimos en cuenta que éramos muy jóvenes y, por tanto, muy inconscientes. No era éste el caso de la Reina, acostumbrada como estaba a mostrar su elegancia, que era inmensa, en todas y cada una de sus apariciones en público.

[...]

Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, el Rey Víctor Manuel III abandonó Italia rumbo a Portugal y, en un intento de salvar la monarquía, subió al trono su hijo Humberto II de Saboya, que fue apodado <<El Rey de Mayo>> porque el período durante el que reinó no llegó a superar ese mes del año 1946. En el referéndum institucional que entonces se celebró, salió vencedora la República. <<Si el referéndum se hizo con el fin de proclamar, como fuera, la República, pues qué se va a hacer...>>, parecía decir Humberto con su mirada antes de dirigirse hacia el exilio. Había tirado, de antemano, la toalla. Al ser proclamado Rey, la Reina María José, que se encontraba en Suiza, volvió a Roma para acompañarlo durante aquellos treinta días y dar, así, la impresión de un matrimonio bien avenido. Antes de instalarse en Suiza, María José y sus hijos habían pasado ya una temporada lejos de Roma.

Antes de que Humberto abandonara el país, me acerqué a despedirlo y me dijo, hundido, que había hecho todo lo que estaba en su mano por salvar la monarquía. Yo, humanamente, le comprendí, pero contemplando el hecho desde una perspectiva histórica, pienso que tendría que haber luchado más por mantenerse en el trono. Tras aquel mini reinado se estableció en Estoril. No me parece que allí viera a Juan, mi cuñado, con frecuencia. Él se encontraba en Portugal con sus tres hijas: Beatriz, María Pía y María Gabriela. Juanito estuvo muy enamorado de María Gabriela y siempre mantuvo con ella una estrecha y auténtica amistad. En mi opinión, era la más inteligente de la familia.

En aquellos momentos, Portugal se convirtió en el refugio de la realeza europea. En Estoril se dieron cita muchas de las cabezas reinantes que habían tendio que salir hacia el exilio. Llegaban aterrados. La impresión que una tenía es que se asentaban allí y dejaban correr el tiempo para, más tarde, según se desarrollaran los acontecimientos en sus respectivos países, tomar decisiones sobre su futuro. Además de los Saboya, Juan y mi cuñada María, también estaban los Condes de París con sus numerosísimos hijos e hijas, así como varios reyes y príncipes de los que ahora no recuerdo el nombre.

Por su parte, la Reina María José se instaló en Suiza. ¡Cómo iba a resultar bien aquel matrimonio! No sé qué tipo de vida hizo allí. Eran muchos los italianos que pasaban a cumplimentarla. Yo al principio no iba a verla porque no me parecía amable ni afectuosa. Pero un día Alessandro Torlonia, mi cuñado, insistió en que le acompañara y nos acercamos a su casa los dos. Tomamos el tren y, cuando llegamos, en la estación nos esperaba un coche enviado por los Saboya. ¡El chauffeur era el hombre más guapo que he visto en mi vida! Nos llevó a verla y, al terminar nuestro encuentro, volvió a dejarnos en la estación. De la entrevista con la Reina no recuerdo nada. Lo único que se me quedó grabado en la memoria para siempre fue la imagen del chauffeur".


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 Asunto: Re: Fallece Emmanuela Dampierre
NotaPublicado: 16 Ene 2019 22:32 
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Que trabajera Clara, muchas gracias, está muy interesante.

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 Asunto: Re: Fallece Emmanuela Dampierre
NotaPublicado: 16 Ene 2019 22:57 
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¡Qué buena la historia del chauffeur! :XD:


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 Asunto: Re: Fallece Emmanuela Dampierre
NotaPublicado: 17 Ene 2019 21:50 
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"Aunque ya he comentado que mi suegro, Don Alfonso XIII, era un hombre de naturaleza simpática y campechana, dejaba traslucir en ocasiones una profunda tristeza que a mí me sobrecogía porque se podía palpar. Seguramente, mi percepción no hubiese sido compartida por ningún miembro de su familia, pero este hecho no era extraño si tenemos en cuenta la falta de sensibilidad que les caracterizaba; algo más sobrecogedor, si cabe. Yo fui, de manera instintiva y lentamente, tratando de adentrarme en el alma de aquel ser sufriente para, con disimulo, intentar averiguar las causas de aquella profunda melancolía de la que era víctima. Efectivamente, había sido un hombre activo y muy deportista hasta que los galenos que trataban su afección cardiaca se lo impidieron.

Pero no era ésta la razón última de sus pesares. La verdadera causa era mucho más honda: el Rey, en realidad, no estaba capacitado para vivir fuera de España. Así de crudo. Así de duro y realista.

[...]

Igual de cierto es que la Familia Real italiana, los Saboya, le trataron a él y a toda su familia de manera exquisita, por lo que todos los Borbones les quedaron para siempre agradecidos. Ahora bien, en el fondo de sí mismo les resultaba insoportable sentirse lejos de su país. Echaba en falta sus grandes contrastes, su luz, sus gentes... El motivo que hizo que finalmente se estableciera en Roma no fue otro que tratar de amortiguar su añoranza potenciando las similitudes entre los dos países. Sin embargo, este afán no fue sino algo semejante a un sucedáneo, a una quimera. Y es que la manera de ser de Don Alfonso XIII era la de un español por los cuatro costados. Sí, un español, no a mucha sino a muchísima honra, de aquellos que ejercen como tal de manera natural.

Según me contaron, cuando en abril de 1931 abandonó España precipitadamente rumbo al exilio, fue Romanones, recién nombrado Ministro de Hacienda, y no el propio Rey, quien le comunicó su partida a Doña Victoria Eugenia. Mientras Don Alfonso XIII embarcaba en Cartagena rumbo a Marsella, la Reina salió de España en tren junto a sus hijos desde El Escorial. Juan, que entonces ya era cadete en la Escuela Naval de San Fernando, partió en barco hasta Marsella. La familia se reunió en París, en el Hotel Meurice, y más tarde se trasladaron a vivir a Fontainebleau.

[...]

No creo que Don Alfonso XIII consiguiera nunca restablecerse de aquel dolor tan cargado, a la vez, de aunténtica humillación, tan sordo. Por el contrario, y como antes comentaba, creo que se trató de un motivo importante añadido a su inconmesurable melancolía. De otro lado, ya en el exilio, fueron varias las casas reinantes que le volvieron la espalda a pesar de haber tenido él muchas atenciones con ellos mientras había sido Rey de España. Él, al menos, así lo sentía, ya que de vez en cuando se quejaba amargamente de las lamentables reacciones de aquella gante con la que había reído cuando los vientos soplaban a favor.

Según parece, fueron los monárquicos quienes muy pronto se impacientaron y, una vez producidas las renuncias al trono de sus dos hijos mayores en 1933, plantearon la posibilidad de que abdicara en favor de su heredero, Juan. Esta reacción, que él consideraba una ingratitud sin paliativos, iba minando su ya delicado estado de ánimo. Tanto es así que, cuando murió el pretendiente carlista Don Jaime en París, el Rey se lamentó de su propia soledad ante la gran cantidad de partidarios carlistas llegados desde España, como si de un imán de tratara, aquel que cae en desgracia, el aunténtico perdedor.

Tiempo después, mis hijos y yo experimentaríamos también el sabor de la injusta derrota. Tal vez esta realidad sea el motivo que justifique mi sincero respeto y simpatía hacia mi suegro, a pesar de que su comportamiento con nosotros, y de manera especial con mis hijos, fuera infinitamente más arbitrario que lo que cabía esperar. Pero no deseo ser dura.

Fui queriendo más al Rey a medida que tuve más información sobre sus descensos anímicos y los duros años de exilio. Su matrimonio con Doña Victoria Eugenia, que había empezado a naufragar hacia 1914, tras el nacimiento del Infante Gonzalo, su último hijo, se hizo literalmente añicos al salir de España. Así, a pesar de que su primo Don Alfonso de Orleáns y Borbón le aconsejó ser amable y cariñoso con la Reina por lo mucho que había sufrido y todavía le tocaría sufrir en el exilio, no debió sentirse capaz ni de intentarlo: cada uno hizo su vida y finalmente establecieron sus respectivas residencias en países diferentes.

[...]

Otro consejo que, al parecer, le dio Don Alfonso de Orleáns fue que, desde el primer momento, empezara a organizar el regreso a España. A esto sí parece que prestó oídos y, al terminar la Guerra Civil, el Rey esperó que Franco le llamara para restaurar la monarquía. Sin embargo, más pronto que tarde el General le dio a entender que no pensaba dejar el poder de momento y llegó a insinuarle que era preferible que continuara ocupándose de la formación de Don Juan, el heredero.

Durante los diez años que vivió en el exilio, hasta su muerte, en 1941, Alfonso XIII vivió con la esperanza de que se reivindicara su nombre y, sobre tod, su patriotismo al tomar la decisión de abandonar España. Y es que, en mi opinión, él había actuado así por una causa noble, aunque dudaba de si había o no acertado en tal decisión y necesitaba, perentoriamente, que esto le fuera reconocido. Soñó en todo momento con regresar a España para convertirse de nuevo en Rey de todos los españoles. Sólo entonces abdicaría en su heredero.

Pero llegó un momento en el que se vio cercado por diferentes motivos. Su corazón se resistía a latir con normalidad y, además, no sólo se dio cuenta de que sus anhelos eran vanos, sino que también percibió que él mismo podía ser el motivo que retrasara la restauración de la monarquía en su país. Fue entonces, en enero de 1941, cuando tomó la decisión de abdicar. Moriría poco después, en febrero de ese mismo año.

[...]

El día que el Rey agonizaba o quizá, acababa de morir en el Grand Hotel del Roma, nos encontrábamos en su salón privado un pequeño grupo de personas: sus familiares más íntimos y los Reyes de Italia. Cuando los médicos dijeron que nada más podían hacer por su vida y que su final estaba llegando, la Reina tomó una habitación en el mismo hotel. Fue Juan quien, por orden de su madre, le dijo al Rey que ella se encontraba allí y que quería verlo. El Rey, casi sin voz, con un gesto de cabeza, se negó a recibirla. Ella insistía y fue esta vez Beatriz a quien envió de mensajera. La terquedad del Rey, que quería impedir la entrada de su mujer en la habitación, me pareció tan obstinada como digna. Eran muchos los años en los que no habían mantenido relación alguna y cada vez que por alguna razón había surgido la necesidad de verse o hablarse, la agresividad existente entre el matrimonio había saltado indefectiblemente. Resulta coherente suponer que Don Alfonso XIII pensara que ya no había tiempo para mejorar aquella desagradable situación y que era mejor que, entre ellos, todo quedara igual a como había sido en vida.

La Reina, por su parte, también me dio mucha pena. Era duro aceptar ese visceral rechazo, lleno de rencor, por parte de su marido, sobre todo en presencia de sus hijos y otras personas. Ella siempre mantuvo la esperanza de que sus relaciones se suavizaran. A mí su postura me pareció tan loable como poco realista, ya que los desamores tan intensos no se arreglan sólo con buena voluntad. A veces, un desencuentro emocional equivale a un socavón del que uno no es capaz de salir nunca. Seguramente se trataba de dos personas obstinadas y con sensibilidades distintas. Cierto es que, en los últimos tiempos, la Reina había perseguido al Rey por varios países de Europa dejando de lado su dignidad e, incluso, su discreción. Creo que todo esto podría resumirse diciendo que ella pretendía quererle, pero no era posible. Cuando Don Alfonso murió, la Reina era aún muy joven, sólo tenía cincuenta y tres años. Le quedaba una larga vida por delante.

Justo en el preciso momento en el que la vida de mi suegro llegaba definitivamente a su fin, sentado en una butaca, atendido por sus médicos y con todos nosotros alrededor, me miró fijamente. Su intensa y breve mirada, que se me hizo eterna, fue una mirada con pensamiento. Cabe la posibilidad de que me equivoque al creer que lo hizo de una manera especiañ, pero siempre lo he recordado así: como si, en cierto modo, me pidiera perdón por haber contribuido a mi anunciada especialidad. Acto seguido, uno de los médicos dijo: <<El Rey ha muerto.>> Cabe también pensar que, cuando sus ojos se detuvieron en los míos de la manera en que lo hicieron, Don Alfonso ya había muerto sin que los galenos se percataran de ello. No lo sé, pero no lo creo.

[...]

Crista no se encontraba con nosotros cuando Don Alfonso falleció, porque estaba en cama a causa de un embarazo complicado. A los funerales del Rey, en Roma asistió también Doña Victoria eugenia. Juan, Jaime y yo estábamos situados en un lado y las Infantas Beatriz y Cristina en el otro, o acaso justo detrás de nosotros, no lo recuerdo bien. Lo que sí tengo claro es que fue éste el único momento en el que me colocaron en el lugar que, realmente, me correspondía, teniendo en cuenta que, desde su renuncia, Jaime siempre se situaba detrás de Juan en todos los actos oficiales. Delante se encontraba el Gobierno italiano en pleno. El Rey Víctor Manuel, acompañado de Juan y Jaime, presidió el cortejo fúnebre hasta la iglesia española de Santa María de Montserrat, en donde se instaló provisonalmente su sepultura, cerca de las tumbas de dos papas españoles, Calixto III y Alejandro VI. Don Alfonso XIII había testado en el verano de 1940 y había expresado su desdeo de ser enterrado en el Monasterio de El Escorial; deseo que, como se sabe, se cumplió en 1980 gracias al Rey Don Juan Carlos, su nieto".


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 Asunto: Re: Fallece Emmanuela Dampierre
NotaPublicado: 18 Ene 2019 11:02 
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¡Qué reveladores los párrafos que acabas de poner, Clara!

Coincido plenamente con el análisis que Emmanuela hace de Don Alfonso. La personalidad que describe, el profundo amor por España y la pena que arrastra durante el exilio que en última instancia minó aún más su debilitada salud. ¡Qué pena por él!

Pero hay otro en el que tengo que detenerme porque merece una lectura comprensiva más detallada:

Clara escribió:
Cuando los médicos dijeron que nada más podían hacer por su vida y que su final estaba llegando, la Reina tomó una habitación en el mismo hotel. Fue Juan quien, por orden de su madre, le dijo al Rey que ella se encontraba allí y que quería verlo. El Rey, casi sin voz, con un gesto de cabeza, se negó a recibirla.[] La terquedad del Rey, que quería impedir la entrada de su mujer en la habitación, me pareció tan obstinada como digna. Eran muchos los años en los que no habían mantenido relación alguna y cada vez que por alguna razón había surgido la necesidad de verse o hablarse, la agresividad existente entre el matrimonio había saltado indefectiblemente. Resulta coherente suponer que Don Alfonso XIII pensara que ya no había tiempo para mejorar aquella desagradable situación y que era mejor que, entre ellos, todo quedara igual a como había sido en vida


Siempre se ha mantenido la idea de que la indignada era la Reina, la ofendida. Como causa las infidelidades del Rey, que las hubo, sin duda. ¿Pero da a entender estas líneas que fuera así?¿era ella la ofendida o parece que el rencor estaba en él?¿tiene sentido que una personalidad generosa, simpática, cariñosa, como la que parece que tenía el rey, sabiéndose en el lecho de muerte no reciba a la persona a la que supuestamente ofendió?¿puede un católico ferviente como era el Rey morir sin pedir perdón? NO

Vamos con otro:

Clara escribió:
La Reina, por su parte, también me dio mucha pena. Era duro aceptar ese visceral rechazo, lleno de rencor, por parte de su marido, sobre todo en presencia de sus hijos y otras personas. Ella siempre mantuvo la esperanza de que sus relaciones se suavizaran. A mí su postura me pareció tan loable como poco realista, ya que los desamores tan intensos no se arreglan sólo con buena voluntad. A veces, un desencuentro emocional equivale a un socavón del que uno no es capaz de salir nunca. Seguramente se trataba de dos personas obstinadas y con sensibilidades distintas. Cierto es que, en los últimos tiempos, la Reina había perseguido al Rey por varios países de Europa dejando de lado su dignidad e, incluso, su discreción. Creo que todo esto podría resumirse diciendo que ella pretendía quererle, pero no era posible.


Esto no solo sigue por el mismo camino sino que acentúa lo que mantengo. El ofendido era él, ella lo buscaba y buscaba su perdón, queda claro. A riesgo de todo, haciendo de todo ¿POR QUÉ? Porque SÍ que se consideraba culpable. ¿DE QUÉ? ¿fue infiel al Rey? Por lo que sabemos hasta ahora, no. O si lo fue, lo hizo de manera tan discreta que no se enteró nadie. Yo creo que no ¿qué hizo entonces para que alguien de naturaleza generosa le negara el perdón en el lecho de muerte?

NO SABÍA LO DE LA HEMOFILIA. NO LO SUPO NUNCA HASTA QUE FUE TARDE.

Se enamoró de ella, sabiendo que era una princesa de segunda de una familia de segunda sin linaje ni fortuna adecuados, se enfrentó a su madre y a la Corte y nunca se le dijo la verdad. Probablemente porque no se sabía completamente en 1905 y lo que es más seguro porque se quería meter a España en la alianza con Francia e Inglaterra a toda costa, no se podía echar por tierra contando algo como esto.

Con el tiempo supo toda la verdad, todo lo que la enfermedad implicaba. Su heredero directo enfermo, imposibilidad de casar a sus hijas con iguales, devaluación de la Dinastía... Sí, por algo así Alfonso XIII negaría el perdón a alguien en su lecho de muerte.


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 Asunto: Re: Fallece Emmanuela Dampierre
NotaPublicado: 18 Ene 2019 11:11 
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 Asunto: Re: Fallece Emmanuela Dampierre
NotaPublicado: 18 Ene 2019 12:11 
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Es muy duro pero ella no tuvo la culpa, aunque las consecuencias fueran catastróficas para España y para la monarquía. Supongo que al morir el hijo mayor todo se desmoronó.

OFF TOPIC
Por cierto, al hilo de esto, ayer ví en el telediario que se guardan tres películas porno que mandó grabar el rey Alfonso XIII, que las producía y todo. Quisiera saber si esto es cierto y documentado o es el relato de otro cantamañanas para desprestigiar.

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 Asunto: Re: Fallece Emmanuela Dampierre
NotaPublicado: 18 Ene 2019 12:32 
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Lo de Alfonso XIII como primer productor de “Cine X” en España, verdad-verdadera.

El desconocimiento de la hemofilia, cuando, por lo que siempre he leído (Minnie en este foro incluso) era vox populi entre las cortes europeas (tía Alix) y, según Balansó, hasta la propia Reina Madre Maria Cristina le advirtió en este aspecto, me parece difícil de creer.

Mi imagen es la de alguien (niño mimado y adulto difícil) que siempre hizo lo que le salió de los reales, desoyendo a todos (Annual), que tendría ese don de gentes tan “campechano” a lo Isabel II o JCI que le granjeaba simpatía cuando venía a cuento, pero que demostró ser un padre negligente (en su contexto), un rey nefasto (solo se salva el capítulo de la Oficina de Refugiados de la IGM) y un ser humano lejos de despertar simpatías y compasión.

Aunque supongo que en tiempo de revisionismo histórico, toda opción vale. Acaba de salir una biografía de Isabel II que la define como la mejor monarca de nuestra historia, con un reinado culmen de la modernización de España y poco más que la sitúa camino de la beatificación.

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"Sólo la fantasía permanece siempre joven;
lo que no ha ocurrido jamás, no envejece nunca".

J. C. F. von Schiller


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 Asunto: Re: Fallece Emmanuela Dampierre
NotaPublicado: 18 Ene 2019 17:54 
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Lamballe escribió:
Esto no solo sigue por el mismo camino sino que acentúa lo que mantengo. El ofendido era él, ella lo buscaba y buscaba su perdón, queda claro. A riesgo de todo, haciendo de todo ¿POR QUÉ? Porque SÍ que se consideraba culpable. ¿DE QUÉ? ¿fue infiel al Rey? Por lo que sabemos hasta ahora, no. O si lo fue, lo hizo de manera tan discreta que no se enteró nadie. Yo creo que no ¿qué hizo entonces para que alguien de naturaleza generosa le negara el perdón en el lecho de muerte?


Debió influir mucho la idea de familia que tenía el Rey en mente cuando se casó y como resultó siendo todo después. Sin duda. Pero en realidad hay un supuesto rechazo anterior de Ena hacia Alfonso XIII que bien pudo suscitar esa búsqueda de perdón por parte de ella. Y ese rechazo tiene de por medio a los Lécera. Es una anécdota que se ha contado muchas veces, que tampoco sabemos cuánto tenía de leyenda urbana o cortesana, y por la que Emanuela pasa de puntillas cuando expresa que, en su opinión, Alfonso XIII era un hombre bastante conservador y machista (propio de la época) y que algunos de los miembros de su familia padecieron el carácter del Rey. Por ejemplo Ali y Bee, la Infanta Eulalia y la propia Ena. Sobre ello dice lo que sigue:

"¡Todo un personaje! Y, como en sus libros decía muchas verdades, pues resultaba incómoda. Seguro que su sinceridad despertaba el exacerbado machismo del Rey, más o menos similar al de la mayoría de los hombres que he conocido en mi vida.

También nos ocurrió algo parecido con los Duques de Lécera, Grandes de España, cuando, recién casados, fuimos a ver a la Reina a Londres. Se decía entonces, y también se afirma ahora incluso en libros serios de historia, que los Duques de Lécera, Jaime y Rosario, estaban ambos enamorados de la Reina. No tengo la menor idea de si esto es cierto o no, y tampoco tengo el más mínimo interés en saberlo. Lo que sí es verdad es que el Rey no quería que fuésemos a ver a Doña Victoria Eugenia porque los Lécera merodeaban siempre por su entorno. El Duque fue uno de los grandes de España que la acompañó a ella cuando, en 1906, tuvo lugar su matrimonio en la Iglesia de los Jerónimos en Madrid. El Rey no quería que sus hijos fuesen a ver a su madre a causa, seguramente, de aquel malicioso rumor. Y yo me pregunto: ¿por qué le molestaba tanto? Su postura era demasiado cómoda: <<Yo puedo hacer lo que me dé la gana, pero mi mujer no.>> En esto coincidía con muchos hombres de aquella época".


No dice nada más al respecto, pero creo que es evidente que Ena en esa época vivía en un lugar -Londres- y frecuentaba unas personas que el Rey no toleraba, por lo que fuere. Bien sea porque pueda ser cierto que Ena prefirió conservar la amistad de los Lécera a quedarse con Alfonso XIII (como cuentan que ocurrió), o porque al Rey de repente le entró un ataque de celos inmenso y era crédulo respecto a los rumores o simplemente no le gustó que Ena le "desobedeciera" y que prefiriese hacer su vida sin contar con él para nada. Pero por lo que cuenta Emanuela sobre él y esa poca tolerancia hacia Ena y su sola presencia, claramente parecía un hombre despechado por todo lo que habían pasado como matrimonio y como padres.

Realmente, en ese sentido, fueron un desastre. Aunque no es justo culpar de ese desastre a Victoria Eugenia por el tema de la homofilia. Al fin y al cabo Alfonso y Gonzalo llegaron vivos hasta la edad adulta, muriendo por sendos accidentes de coche que aparentemente no habían tenido grandes consecuencias, pero había otro varón y otras dos mujeres perfectamente capaces para heredar. Es decir, era una situación bastante común en la Familias Reales, pero salvable, parecida a la que se encontraron Eduardo VII y Alejandra cuando se murió su primogénito, y no por hemofilia precisamente. Pero para Alfonso XIII, en este aspecto, parecía que siempre pesaba lo malo o lo peor, no era capaz de ver más allá. Así que el despecho perfectamente le pudo durar hasta los mismos instantes en los que le llegaba la muerte.


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