Yo también creo que Alfonso era conocedor respecto a la hemofilia. Hay autores que sostienen que es imposible que se le hubiese informado de ese hecho (según la leyenda, Bertie, el rey Eduardo VI, se encargó de informar a Alfonso porque se negaba en redondo a que más tarde el monarca español le echase en cara que no sólo se había llevado a sabiendas a la sobrina morganática, sino que encima le habían endosado a la sobrina con tara) porque en ese rango de años, la primera década del siglo XIX, no se conocía exactamente la enfermedad. Pero esto no es cierto. Hay una doctora española, Araceli Rubio, prestigiosa hematóloga, que en su día se ganó su doctorado con una tesis precisamente sobre el tremendo impacto de la hemofilia en la realeza europea y dedicó años de paciente investigación al tema para establecer que el asunto estaba digamos que meridianamente claro a partir de los estudios del profesor Wright allá por 1893.
La infanta Paz se lo dijo así, tal cual, a Claudio Sánchez-Albornoz en 1927. Paz se quejó de que Alfonso nunca les había hecho caso, ni siquiera cuando le habían avisado de la condición de posible hemofilica de Ena de Battenberg. Y, vale, alguno podéis pensar que Paz hablaba desde el resquemor porque su propia hija Pilar había soñado con casarse con el primo Alfonso y se quedó con un palmo de narices, pero esa no parece haber sido en absoluto la forma de ser de Paz. Incluso un biógrafo de Alfonso XIII, el periodista Ramón de Franch, que publicó en los años 40, indicaba de manera sutil que si no en Madrid allá por Londres al rey se le había informado.Ésto concuerda con las afirmaciones de Pedro Sanz Rodríguez, amigo del soberano. Cortés-Cavanillas, uno de los miembros del círculo de Alfonso en el exilio, apuntó en la misma dirección.
David Duff, un autor que a mí me entusiasma, en su biografía de la princesa Beatriz, madre de Ena, deja claro que probablemente Alfonso estaba al corriente incluso antes de que se fijase en la princesa Battenberg, en la que nadie, en realidad, había pensado que llegaría a encapricharse de semejante manera. Ya he dicho que hay la versión de que Bertie avisó para que no le acusasen de haber sido desleal con otro rey, pero también se cuenta que Ena y Beatriz, su madre, le insistieron en el tema...
A mi
modo de ver...y ya sé que en esto no vamos de la mano, Lamballe, querido

Alfonso se portó como un mocoso malcriado que se dice a sí mismo que él puede llevarse consigo a la princesa que le apetezca, aunque tenga un árbol genealógico menos vistoso que el del resto de sus primas y aunque le avisen de que puede ser portadora de hemofilia. Él puede...y a él le va a salir gratis. Yo es que pienso que Alfonso, luego, se revolvió contra Ena porque NO tenía esa clase de valentía y coraje que exije ser consecuente con la propia elección de esposa a despecho de ciertos avisos que te han dado. O sea, la misma arrogancia con la que descartó los avisos, se convierte en prepotencia para no admitir que fue él, solamente él, el responsable de su elección, que no puede echarle el muerto encima a nadie. Lo fácil es revolverse contra Ena, convertir en enojo y reproches y malas caras su frustración. También es una forma de justificarse a sí mismo por no ser un marido escrupulosamente atento y fiel, por tener afición a las cintas pornográficas y bastante promiscuo e incluso por montar una familia paralela con tu favorita Carmen Ruiz de Moragas. Es una manera de lavar la propia conciencia, pienso yo.
No quiero ser implacable con Alfonso XIII. Pero, simplemente, en eso le veo más responsabilidad a él que a Ena.