Ninguno de los vástagos de Bertrade, ni por uno ni por otro matrimonio, estaban destinados a pescar "lo gordo" de la herencia de sus padres.
En el cambio de siglo, nuestra protagonista tiene 30 años y dos maridos: Fulco de 57 y Felipe de 48, ambos con hijos mayores de sus anteriores uniones por lo que ya tenían herederos antes de que Bertrade hiciese su aparición. El rey asocia a su hijo Luis al trono en 1098, momento en que el conde de Anjou hace lo propio con el suyo, Godofredo. Ambos tenían entonces unos 28 años. La vía a la corona y al condado quedan cerrados para los hijos de Bertrade.
Y todo el mundo da por supuesto que eso a la mujer le debe resultar un fastidio ya que sólo la muerte de los dos hermanastros mayores le impide ser la madre del rey de Francia y la madre del conde de Anjou, que no es moco de pavo que tus hijos terminen por ocupar dos de los puestos más elevados del país. Y yo me imagino que a la dama se le pasó por la cabeza, y a quién no en su situación, imaginar lo estupenda que sería su vida y la de sus retoños si alcanzasen esa posición. Pero de ahí a mover ficha para conseguirlo, hay un trecho.
Y la verdad es que no hay pruebas de que Bertrade conspirase para acabar con sus hijastros, sólo rumores que comienzan a correr con fuerza en 1104. La muerte de Godofredo el 16 de mayo de 1106 en el sitio de Candé, no ayuda a terminar con las murmuraciones sino todo lo contrario, pese a que muchos especialistas crean que fue su padre Fulco el interesado en asesinar a su hijo, díscolo y desobediente, que se aliaba con los varones angevinos para minar la autoridad de su progenitor. El caso es que el hijo de 15 años de Bertrade es designado heredero del condado de Anjou en una solemne ceremonia en la que su madre y el segundo marido de ésta son invitados de honor. Hablamos, claro está, de Fulco V, conde de Anjou a los 18 años, de Tours y de Maine y rey de Jerusalén de 1131 a 1143, de quien dicen que heredó de su madre un carácter afable y leal y de su padre la mano dura contra los vasallos turbulentos. Su segunda esposa será Melisenda, la hermana de Hodierna.
Murió cuando se escuernó de un caballo
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El caso es que uno de sus hijos está donde supuestamente ella quería y las malas lenguas dicen que intentó colocar al otro. Para ello le estorbaba el príncipe y hay quien dice que quiso envenenarle, quien la acusa de practicar magia negra y quien dice que a la muerte del rey Felipe en 1108, su hijo Luis se dio muchísima prisa por ser coronado en Orleans (ni a Reims le dio tiempo a llegar) puesto que temía que su hermanastro se revolviese con la ayuda de su madre.
La realidad es que Bertrade, tras el funeral de su marido en la abadía de Fleury, abandonó la corte de París donde su situación no era cómoda por razones evidentes. Intentó encontrar refugio en el la corte de Angers con otro hijo, quien no demostró precisamente alegría al ver llegar a su madre. Al final, Bertrade no tuvo más opción que hacer lo que hacían todas: profesó como monja en la abadía de Fontevrault, de reciente fundación, a los 38 años. Allí murió 9 años después, muchos dicen que olvidada por todos.
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No, claro que no, como si fuese fácil hacer callar a Bertrade. Vivió para incordiar al rey Luis acerca de los pagos que le correspondían de su viudedad y para animar a sus hijos a crearle problemas por no entregarle las cantidades que se le adeudaban.
En cualquier caso, que os quede claro que la
femme fatale del siglo XI no fue tan víbora como Orderic Vitalis se empeñó en describir, una ambiciosa lasciva que incluso intentó seducir al rey de Inglaterra para apartar a su hijastro del trono y dárselo a su hijo (Orderic tendría un futuro brillante como guionista de telenovelas) Ni tampoco es cierto lo que dice Juan de Marmoutier :
nadie alabó nunca a Bertrade excepto por su belleza.
La realidad es que Guillermo de Malmesbury la comparó con un ángel y el abad Suger elogió su talento y las admirables cualidades de su espíritu y negó rotundamente que intentase envenenar a Luis. Francamente su testimonio me parece el más veraz, primero porque Suger no tenía pelos en la lengua a la hora de soltar lo que le apeteciese por la boca, que se lo pregunten si no a Leonor de Aquitania, y segundo Suger fue el mejor amigo/consejero/confesor del rey Luis VI, quien sería el más interesado en hundir la reputación de su madrastra para controlar las apetencias de su hermanastro por el trono. Y queda claro que no fue así.
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La expresión suprema de la belleza es la sencillez.
Alberto Durero.