Foro DINASTÍAS | La Realeza a Través de los Siglos.

Reglas del Foro


Por favor, no más de 4 imágenes por mensaje. Evitad sobrecargar la página. Muchas gracias a todos.



Nuevo tema Responder al tema  [ 376 mensajes ]  Ir a página Anterior  1 ... 15, 16, 17, 18, 19, 20, 21 ... 32  Siguiente
Autor Mensaje
 Asunto: Re: LAS MEMORIAS DEL REY JUAN CARLOS
NotaPublicado: 07 Dic 2025 21:06 
Desconectado
Avatar de Usuario

Registrado: 22 Abr 2015 17:57
Mensajes: 23527
Ubicación: España
Cada vez más "juanistas", ¿eh?

Don Juan tendría sus cosas, pero creo que entendía el servicio a la Corona de un modo más higiénico, leal, sin reservas.

No reconozco al Rey (que no al hombre) al que leo. Tiene muchas cosas que callar, tantas otras por explicar y aun así se dedica a lanzar indirectas y a afear en otros conductas que están más que justificadas. Más adelante, dora la píldora a la Reina Sofía y a Lilibet (por cierto, mal escrito) pero me parece un infructuoso intento por arrimarse a dos figuras que han reinado rozando la ejemplaridad.

Hay algo que me supera, me cabrea según avanza la lectura, y es que para él, todo el mundo actúa por influencia de otros. Empezando por él mismo, que básicamente se está perdonando la vida constantemente. Que haga el favor de no hacer lo mismo con su mujer, su hijo y medio planeta. No son seres estúpidos.


Arriba
 Perfil  
 
 Asunto: Re: LAS MEMORIAS DEL REY JUAN CARLOS
NotaPublicado: 07 Dic 2025 21:42 
Desconectado
Avatar de Usuario

Registrado: 22 Abr 2015 17:57
Mensajes: 23527
Ubicación: España
Voy con los últimos fragmentos de la primera parte. Después de esto, es mucho más ameno, agradable, con anecdotillas de las que nos gustan. Más biografía y menos opinión.

***


Desde que asumí el peso de la Corona en 1975, uno de mis principales objetivos ha sido hacer de España un país unido, reconciliado y apaciguado. (...) Superar los demonios de nuestro pasado, de una Guerra Civil que fue muy cruenta en ambos bandos. Una guerra en la que se enfrentaron hermanos, en la que se mataron entre sí padres e hijos. Nada puede ser más horrible. Hoy se recuerdan más las muertes de un bando que las del otro. Los «vencidos» exigen reparación —olvidando a veces que también hubo un encarnizamiento mutuo dentro de su propio bando—, pero los «vencedores» tampoco quedaron a salvo. Desde luego no podemos ignorar la dura represión a los «vencidos» después de la guerra. Nadie sale indemne de un combate armado, y mucho menos cuando es entre hermanos. El pueblo español, en su conjunto, fue víctima de esta guerra. Dejo a los historiadores la tarea de detallar objetivamente las atrocidades de ambos bandos. Compruebo con pesar, y a mi costa, que este pasado sigue persiguiéndonos, como lo demuestra el actual ambiente político extremadamente polarizado, los recurrentes y perniciosos ataques a la Corona y las «leyes de memoria» que se suceden, reavivando viejas heridas y el espíritu de venganza. ¿Cuándo nos reconciliaremos por fin en torno a un proyecto común para nuestro país?

Creí, en el momento de la Transición, fomentar una visión de España democrática y moderna, que miraba hacia el futuro y hacia lo internacional. Pero, al final, nuestro pasado nos alcanza y nuestros demonios persisten. ¿Seremos capaces algún día de olvidar para continuar avanzando? ¿Me perdonarán algún día los españoles mis extravíos?

[...]

Felipe ha reducido desde entonces la Familia Real a su esposa, la reina Letizia; a sus ancianos padres, y a sus dos jóvenes hijas: la heredera, Leonor, de dieciocho años, y su hermana menor, Sofía. Tras el escándalo de mi yerno Iñaki Urdangarin, condenado a prisión en 2018 por malversación y fraude fiscal, decidió excluir de la Familia Real a sus dos hermanas: Elena, ya divorciada, y Cristina, afectada por las irregularidades cometidas por su marido. Ahora forman parte de la «familia del Rey», pero no de la Familia Real. Tenía razones tangibles para hacerlo. Pero, cuantos menos somos en primera línea, menos se nos ve. Me pregunto si, de manera indirecta, la utilidad de la monarquía es menos perceptible. Como solía decir mi prima Lilibeth, la reina de Inglaterra: «Hay que ser visto para ser creído».

Otras monarquías europeas también han decidido reducir el número de familiares reales, por razones de presupuesto y simplificación; algunos de sus miembros, además, desean recobrar su libertad de acción, lejos de las normas restrictivas de la Corona, y volver a ser personas privadas. Pero a fuerza de restringir las familias reales al mínimo, ¿no se las debilita? Es una pregunta que me hago y para la que no tengo una respuesta clara. La Corona tiene que adaptarse a los tiempos, pero a veces carecemos de la distancia necesaria para juzgar la efectividad de ciertas decisiones.

[...]

Como suele ocurrir, su nueva vida familiar lo alejó de sus antiguas relaciones, de sus amigos de la infancia, de sus padres e incluso de sus hermanas. Mi hijo estaba convencido de la elección de su esposa. Tenía treinta y cuatro años y sabía lo que quería. Igual que mis hijas, que se casaron con los hombres que amaban. No intenté influir en ellas ni hacer de casamentero. ¡O si lo intenté fue inútil! La entrada de Letizia en nuestra familia no facilitó la cohesión de nuestras relaciones familiares. Le decía: «La puerta de mi despacho está siempre abierta para ti, ven cuando quieras». Pero nunca vino. Nuestro desencuentro personal no debía reflejarse en nuestra acción institucional, así que hice todo lo posible para superar nuestras diferencias, porque el éxito de la pareja real es una garantía para el futuro de la Corona.

Por desgracia, el distanciamiento que estableció entre nosotros repercutirá también en sus hijas. Nunca he podido salir solo por Madrid con mis nietas Leonor y Sofía. Mi mujer nunca ha podido recibirlas a solas en Palma, como hace habitualmente con todos sus primos. Las veía de vez en cuando y le habría encantado verlas más a menudo, sobre todo porque viven a escasos cien metros de distancia. Ella hubiera deseado transmitirles la genealogía, la historia y los valores de nuestra familia. Y algunos consejos de reina emérita con una trayectoria impecable a una futura Reina, aunque el contexto social del reinado de Leonor será, sin duda alguna, diferente. Sé que Letizia y Felipe educan maravillosamente a sus hijas —son muy graciosas y simpáticas—, pero me entristecía no poder entablar una relación personal con ellas, contarles historias, compartir comidas en restaurantes, hacer viajes, llevarlas a ver algún partido, tal y como he hecho con mis otros nietos. Me hubiera gustado estrechar lazos privilegiados con mis herederas.

[...]

En la Zarzuela, mis nietas Leonor y Sofía pasaban a veces a verme de camino al despacho de su padre. Era solo un instante, pero era un momento festivo y delicioso. Añoro sus risas. ¿Tal vez algún día se interesarán por la vida de su abuelo?

[...]

Mi padre ya me lo había advertido: «Ten cuidado, siempre estás en el punto de mira. El único lugar donde puedes tener paz y tranquilidad es en los aseos, ¡y aun así!». Estábamos entonces en los años sesenta, y desde entonces la situación ha empeorado. En Palma, podía decirle a los paparazzi que me perseguían: «Ya habéis hecho bastantes fotos por hoy, ahora marchaos». Y me dejaban en paz. Las visitas de Lady Di a Marivent con el príncipe Carlos y sus dos hijos, en 1986, 1987, 1988 y 1990, dieron rienda suelta a batallones de fotógrafos que alimentaron a la prensa sensacionalista. No estábamos acostumbrados a semejante acoso. Me parece que esos años marcaron un punto de inflexión en nuestra relación con los medios de comunicación. La más sencilla escapada en familia a un restaurante o al mar era objeto de fotos, comentarios e incluso de habladurías. Luego, la era de los teléfonos móviles convirtió a todo el mundo en un reportero en ciernes, e hizo imposible controlar la información, a menudo manipulada o sesgada. No nos reconocemos en la imagen que los medios de comunicación proyectan de nosotros. No estoy seguro de que nuestra manera de informar, a partir de comunicados de prensa oficiales o de la distribución limitada de imágenes controladas por la Casa Real, sea la mejor manera de transmitir información en este siglo XXI. Pero ¿cómo responder a la exigencia actual de transparencia total, permanente e inmediata, cuando la esencia misma de la Corona está hecha de trascendencia, de tiempos largos, y al deseo natural de tener un espacio privado? ¿El silencio que manifestamos ante las declaraciones difamatorias contra nosotros es acaso la solución adecuada? Es un desafío importante para nuestras monarquías europeas.

[...]

No se me da bien expresar mis sentimientos más íntimos. He aprendido a soportarlo todo, a mantenerme erguido, estoico, pase lo que pase. Fue así como intenté resistir el abatimiento, solo, en la discreta isla de Nurai, frente al mar. A veces tenía arrebatos, dejaba que estallaran mi impaciencia y mi irritación, porque a menudo me sentía impotente, desprotegido ante las acusaciones que se seguían lanzando contra mí, una a una, con regularidad. Como inyecciones de refuerzo, llenas de veneno. Una al mes, más o menos. Como si mi ostracismo no bastara para satisfacer sus ansias de venganza. Con el objetivo de protegerme de tanto vilipendio, comencé a leer menos la prensa española, que suelo devorar cada mañana en mi tableta, y a leer más novelas. Sumergirme en la literatura me proporcionó una excelente vía de escape; me llevaba de viaje y me trasladaba a otras épocas. ¡Fue una fantástica bocanada de aire fresco! Siempre hay que encontrar algo positivo, incluso en las horas más oscuras.

[...]

Crecí lejos, en mi propio rincón, lejos de mis padres y hermanas, pero la familia siempre ha sido importante, una base sólida, un vínculo. Desde mi aislamiento en Nurai, comprendí lo preciosos que eran estos lazos para mí. Me reconfortaban las escasas llamadas de mi hijo. Me emocioné cuando puso al teléfono a su hija mayor, Leonor, justo antes del verano de 2021, para que me contara ella misma sus buenas calificaciones y su partida a Gales para estudiar el bachillerato Internacional en el UWC (United World College). Yo estaba encantado con esta elección porque, a petición de Lord Mountbatten, fui el presidente de honor en España de esta red mundial de dieciocho colegios altamente progresistas, fundados sobre la base del compromiso, el intercambio multicultural y el talento individual. Mi nieta se incorporaba a un maravilloso centro del que estoy seguro que sacará provecho para la vida oficial que la espera.

[...]

La Familia Real española es la única Familia Real reinante en el mundo que no posee una propiedad privada, pese a que en el siglo XVIII era una de las más ricas del mundo. Mi abuelo, Alfonso XIII, se exilió en 1931, dejándolo todo atrás. Mi padre, don Juan, vendió a las autoridades locales los dos palacios en mal estado que el régimen le había devuelto, al no poder costear las reparaciones ni el mantenimiento: el palacio de Miramar, en las colinas de San Sebastián, construido por la reina María Cristina, esposa de Alfonso XII, que solía ir allí a veranear, y el palacio de la Magdalena, en Santander, residencia de verano de mis abuelos.

Franco me cedió el usufructo del Palacio de la Zarzuela en 1960. Era la única residencia disponible a escala humana, a la que nosotros llamábamos «palacio», pero que en realidad era un pabellón de caza. Lo hizo restaurar para que yo me instalara cerca de su residencia, el Palacio del Pardo, que en el siglo XVIII fue la residencia de invierno de mi antepasado Felipe V, nieto del rey Luis XIV, el primer borbón en el trono español. Viví en la Zarzuela como soltero y luego formé allí mi familia. Después de casarme con Sofi en Atenas, primero vivimos en la Villa Psijicó, puesta a nuestra disposición por mi suegro, el rey Pablo. Luego nos instalamos en Madrid, en la Zarzuela. (...) Mi hijo Felipe tiene su residencia a quinientos metros de la mía y trabaja con su equipo en las oficinas contiguas a mi piso. Por razones de seguridad y organización, todas las generaciones viven y trabajan en el mismo recinto, la Zarzuela, a ocho kilómetros de Madrid, una finca rodeada de robles por donde los ciervos pasean tranquilamente. En su juventud, mi padre iba hasta allí en burro. El palacio fue abandonado tras los bombardeos que sufrió durante la Guerra Civil, y luego se restauró para mí. Este lugar discreto y tranquilo, alejado del bullicio de Madrid, y fue una bendición mientras las relaciones siguieron siendo más o menos armoniosas.

En Grecia, tras el golpe de Estado de los coroneles en 1967, a la Familia Real de ese país se la despojó de todos sus bienes. Sofi, apartada de su país natal, regresó a los bellos paisajes del Mediterráneo gracias a nuestras escapadas estivales en Palma de Mallorca. A partir de 1974, empezamos a pasar la Semana Santa y el verano en el Palacio de Marivent, una casa construida en los años veinte por el pintor griego Juan de Saridakis, y cedida en 1966 por su viuda a la Comunidad Autónoma de las Islas baleares.

Marivent significa «mar y viento» en catalán, lo que describe a la perfección este gran edificio de estilo típicamente mallorquín, cuya fachada blanca está cubierta de hiedra, del lado interior, y domina los acantilados cubiertos de pinos, del lado del mar. Dos plantas están dedicadas a habitaciones, lo que me permitía recibir a muchas personalidades y jefes de Estado; solíamos reunirnos en la terraza cubierta, convertida en comedor. La piscina construida en la parte baja hacía las delicias de mis hijos. Los hermosos jardines mediterráneos están ahora abiertos al público cuando la familia se ausenta. Desde mi abdicación, solo he estado allí una vez, en 2018, a petición de la Casa Real, que quería mostrar la unidad y la armonía de la Familia Real. Resultó ser un desastre. La reina Letizia, mi nuera, se enfadó con Sofi delante de las cámaras, al salir de la misa de Pascua. Los actos organizados por comunicadores no consiguen milagros. Creo más en la espontaneidad y en la veracidad. Yo no quería ser una molestia para mi hijo y su familia, aunque las dependencias de la casa permiten vivir de forma independiente. Además, ya no disponía del Fortuna, mi yate, al que renuncié en 2013 por motivos presupuestarios. Después de trece años en servicio, las reparaciones eran demasiado costosas y sustituirlo era impensable. Lo que me encantaba de Palma era salir al mar, no quedarme encerrado en casa. Iba a tomar el café de la mañana al restaurante Flanigan, regentado por mi leal y discreto amigo Miguel Arias, cerca del puerto, y luego me hacía a la mar.

Mi amigo el rey Huséin de Jordania me regaló en 1989 la residencia de La Mareta, una magnífica casa blanca construida sobre la arena negra volcánica de la isla de Lanzarote, en las Canarias. La hizo construir en los años setenta, y fue decorada por el famoso artista local César Manrique, pero nunca la disfrutó personalmente. Tuve que cederla a Patrimonio Nacional. Hacienda me pedía una cantidad de dinero para conservar la propiedad de la que yo no disponía. En aquella época, ese regalo no causó ningún escándalo, y nadie me reprochó que lo aceptara. Los criterios con los que se evalúan las cosas han cambiado bastante. Lo comprendí a mis expensas. Quienes pasan hoy allí las vacaciones son los presidentes de Gobierno, algunos de los cuales no dejan de criticarme y de debilitar a la Corona. ¡Qué ironía de la historia!
 
Pensé en comprarme una discreta casa de campo a la que retirarme los fines de semana, para que mi hija mayor, Elena, pudiera montar a caballo y para tener una vida alejada del protocolo, con un mínimo de seguridad. Incluso había encontrado una bonita finca aislada, no lejos de Madrid. Sin embargo, el jefe de la Casa Real me disuadió de hacerlo. Era al principio de mi reinado y temía las maledicencias de un país que aún desconfiaba de la monarquía. Enterré entonces el tema y no he vuelto a intentar tener una casa propia, un hogar. Me preocupaba más construir una ampliación en la Zarzuela, necesaria para los equipos de la Casa Real, cada vez más nutridos. Sin duda por esta razón, y para que mis hijos no pensaran que todo les pertenecía, les repetía una y otra vez que la casa en la que vivíamos no era nuestra.


***


Arriba
 Perfil  
 
 Asunto: Re: LAS MEMORIAS DEL REY JUAN CARLOS
NotaPublicado: 07 Dic 2025 22:47 
Desconectado
Avatar de Usuario

Registrado: 25 Jul 2009 07:22
Mensajes: 4919
Ubicación: Utrecht, Países Bajos
Yo no me creo que no tuvo una relación cercana con las niñas porque no lo dejaron, y esto lo vi en mi familia así que pudo hablar. Mi abuelo nunca quiso a la esposa de su hijo mayor, mi tío, y lamentablemente extendió ese rechazo a mis primos que no lo tuvieron como el abuelo ejemplar que nosotros sí tuvimos. No logró jamás pasar por arriba de eso, sí, el duelo de mi abuela no ayudó para nada pero podría haber puesto de sí.

También creo que los entonces PdA, con Letizia a la cabeza, pusieron un cordón sanitario en torno a su familia que nadie entendía hasta que todo explotó.

Clara, lo tuyo es un via crucis honestamente, lo poco que he leído me da vergüenza ajena, espero que el resto de los temas sean mejores, la parte de su lavado de imagen donde todos los demás son culpables de su caída y a él le hicieron, le aconsejaron, no lo guiaron, cual si no tuviera bastante poder de decisión y un carácter de aquellos bien Borbón enoja y mucho, nos toma por idiotas.

_________________
"Ma fin est mon commencement,
et mon commencement ma fin".


Arriba
 Perfil  
 
 Asunto: Re: LAS MEMORIAS DEL REY JUAN CARLOS
NotaPublicado: 07 Dic 2025 23:41 
Desconectado
Avatar de Usuario

Registrado: 22 Abr 2015 17:57
Mensajes: 23527
Ubicación: España
Yo sí lo creo. Sus padres habrán adoptado la postura “que nada salpique a las niñas”.

Hay algo que olvida mencionar y que todos los corresponsales de Casa Real parecen atestiguar: los Asturias no apoyaron su relación con Corinna. Desconozco cuál fue la actitud de la Infanta Elena, pero la de los ex Palma fue de apoyo, público y notorio. Hubo una parte de la familia que normalizó la relación y otra parte que la repudió.

Furibunda pareció ser la reacción de Felipe a los deseos de divorcio de su padre. Tan furibunda, que todo hace pensar que la maquinaria de la abdicación se activó a partir de ese momento, estallando así la guerra entre la Casa del Rey y el Pabellón del Príncipe, comandada por el odiado Alfonsín. Corinna, a su manera, deja caer también que fue así. La abdicación no fue fruto de un discurso mal leído, sino de muchas presiones.

¿Le vas a dejar las nietas al abuelo que vive con una señora a la que te niegas a tratar? ¿Vas a arriesgarte a que tus hijas se mezclen con un entorno que rechazas? Solo nos faltaba una foto de Leonor y Sofía con la parejita feliz en mitad de una barbacoa.

Él se queja de actitudes que le han dolido, es comprensible, pero no reflexiona por qué su hijo o su nuera decidieron actuar así. Reconoce que no hizo caso a los que le aconsejaron no seguir por ciertos rumbos, pero no es capaz de relacionar eso mismo con la actitud de su nuera para con él.


Arriba
 Perfil  
 
 Asunto: Re: LAS MEMORIAS DEL REY JUAN CARLOS
NotaPublicado: 07 Dic 2025 23:42 
Desconectado
Avatar de Usuario

Registrado: 26 Mar 2019 22:04
Mensajes: 6598
Clara escribió:
Es curioso ver como cuenta su primer regreso a España tras marcharse a Abu Dabi en 2020. Tenemos recuerdos muy distintos sobre aquello, aparte de como maquilla a su manera, de forma inconfundible, todo lo que ocurrió. Como la Casa del Rey le exigió que volviera en vuelo regular, pagado con dinero bien habido y que se ajustara a las normas de conducta impuestas por el Rey a todos los miembros de la Familia Real. Él desobedeció todas esas exigencias, se convirtió en un show retransmitido en directo, pero lo resuelve con un “no llegamos a un acuerdo - no llegamos a entendernos”.

Cuando llegó a Madrid tras pasar por Sanxenxo, Felipe le echó la bronca del siglo y le afeó que utilizara un avión privado (la norma de no aceptación de regalos) que fue fotografiado por toda la prensa. El hijo reclamándole durante una hora que no había acatado las normas de conducta y lo que había plantado la Casa del Rey terminó en no puedes volver en junio como habíamos quedado y con él ofendido porque nada malo había hecho. En ese episodio también recibe la Reina Sofía, que no le respondió a una invitación a celebrar su aniversario de bodas en Ginebra. Enfadada seguramente con su actitud.

Es muy complicado intentar meter en vereda a alguien así. Es imposible. Él solito se autosabotea.

La chicha, la parte más polémica, os la voy a poner ya y así luego seguimos con lo importante, los recuerdos de su vida temprana, la transición, su reinado...


Tú lo has dicho, Clara. No se puede meter en vereda a alguien así, no se deja. Y cuanto más años tiene, peor, más ingobernable.

Para mí, lo mejor para la Casa Real es que vaya extendiéndose la idea de que Juan Carlos ya ha perdido el oremus y no hay que tomárselo muy en serio.


Arriba
 Perfil  
 
 Asunto: Re: LAS MEMORIAS DEL REY JUAN CARLOS
NotaPublicado: 08 Dic 2025 00:06 
Desconectado
Avatar de Usuario

Registrado: 26 Mar 2019 22:04
Mensajes: 6598
Clara escribió:
¿Qué pasa? ¿Las Infantas Elena y Cristina no pueden mantenerse a sí mismas? ¿Son mujeres sin trabajo, dinero y bobas? Casadas o no, ambas tienen buenos trabajos y sueldos.

“Madres solteras que necesitan protección” es una frase cavernícola. :roll: También lo es desdeñar a Jaime de Marichalar por su enfermedad y decir que debido a ello no tiene salidas profesionales. ¿Cómo que no? Qué feo.

Creo que en ese concepto arcaico de Pater Familias radica parte del problema. El Rey no está para servir a los miembros de la Familia Real, sino que esos miembros son los que deben servir al Rey y hacer todo lo posible por facilitarle su labor. Si no la facilitan, puerta. ¿Qué opinará de la contundencia de Carlos III con su hermano Andrés, retirándole todos sus títulos y la casa? Ningún rey había llegado a tanto en este siglo, ni siquiera el nuestro.

Parece que todas las Casas Reales europeas han asimilado que las medias tintas no son buenas, que la proliferación de miembros a costa del contribuyente supone un peligro imposible de controlar y que los errores se pagan caro. Margarita, Harald, Carlos, Felipe (Bélgica)… Todos, en mayor o menor medida, han tenido que tomar decisiones combativas.

De igual modo, tiene un concepto de propiedad sobre la Corona que parece propio de la era isabelina o absolutista. La Corona sireve al pueblo no al revés. El Rey la cuida, la protege, la convierte en una institución útil, pero no es de su propiedad, pertenece a los españoles.



Sí, demuestra tener una mentalidad de otro tiempo, muy pasada de moda. Este mundo ya no es el que conoció y que manejaba. En su descargo, creo que lleva razón en algunas cosas, como que ahora todo se fiscaliza mucho más y se piden.explucaciones.

En cuanto a lo que dice de las diferencias culturales de las monarquias árabes, su forma de entender los regalos, creo que también lleva razón. Ahora bien, tendría que darse cuenta de que, si aceptaba, había que declararlo. En cuanto a los Ferraris...no había nada que hacer.


Arriba
 Perfil  
 
 Asunto: Re: LAS MEMORIAS DEL REY JUAN CARLOS
NotaPublicado: 08 Dic 2025 00:20 
Desconectado
Avatar de Usuario

Registrado: 22 Abr 2015 17:57
Mensajes: 23527
Ubicación: España
***


Aún no había recibido noticias de la Zarzuela. ¿Podría regresar a España? ¿Qué momento considerarían más oportuno para mi regreso? Mi incertidumbre era total. Alquilé entonces una casa en Nurai, una pequeña isla muy tranquila, a quince minutos en barco de la capital emiratí, donde un hotel linda con una veintena de propiedades privadas, para vivir lo más discretamente posible, alejado de los objetivos de los fotógrafos y de la curiosidad de ciertas personas. La prensa española murmuraba sobre mis condiciones de vida. Era una casa con vistas al mar —¡el mar era mi gran consuelo!— con ascensor, porque ya no puedo subir escaleras. Una casa cómoda, pero no lujosa, y sí muy aislada. Yo ya conocía el lugar por haber pasado allí unas vacaciones de fin de año con unos amigos. Había disfrutado de la tranquilidad, del entorno natural y de la intimidad. Allí me esperaba un ramo de flores con una nota de bienvenida del jeque Mohamed bin Zayed. Es en los momentos de fragilidad cuando más apreciamos los gestos de amistad. El contrato de alquiler era por un mes. Cada mañana me levantaba convencido de que recibiría una pista, una carta, un mensaje desde Madrid. Y cada noche me iba a la cama más agobiado que la víspera anterior. Semana tras semana, enviaba mensajes a la Casa Real cual botellas arrojadas al mar.

Algunos pocos amigos leales se ofrecieron a visitarme, pero yo no quería instaurar un simulacro de corte en el exilio. Temía las habladurías o dar un paso en falso. Seguía pensando que volvería muy pronto. Hacía ejercicio asiduamente para recuperar la forma, adelgazar y dejar la silla de ruedas. Pasaban las semanas y mis peticiones eran cada vez más apremiantes. En vano. Estaba sometido a una tortura psicológica, a la que se añadirían preocupaciones legales y fiscales. A regañadientes, el alquiler mensual se cambió por uno indefinido. Podría haber viajado, aceptado invitaciones, en lugar de quedarme en Abu Dabi (tenía pasaporte y libertad de movimientos), pero no quería comprometer mi regreso ni incomodar de nuevo a mi hijo. Mi prioridad consistía en esperar a poder regresar a España «en cuanto se dieran las condiciones». Resolví llevar esta vida recluida y monótona, como una prueba antes de una próxima liberación. Imaginaba volver para el fin de año de 2020, justo antes de mi cumpleaños. Incluso estaba convencido de ello. ¿Acaso no era normal pasar esa época en familia, como siempre hacíamos?

En Nochebuena, reunía en la Zarzuela a mis hermanas, mis sobrinos, mis hijos, mi mujer y su hermana, la princesa Irene. Después, cada uno se iba por su lado a celebrar la Nochevieja con amigos o de viaje, pero al menos estábamos juntos para la misa y la cena de Navidad. Ese año, en cambio, seguí el oficio en la capilla de casa desde la distancia, a través de una pantalla interpuesta. Los veía a todos juntos, de perfil o de espaldas. Yo estaba frente a mi tableta en la mesa del comedor, que también me servía de despacho. Al final de la misa, algunos de ellos me dirigieron unas breves palabras antes de desconectar la cámara. Me quedé atónito frente a una pantalla negra. Fue entonces cuando lo comprendí: yo formaba parte de un planeta distinto al suyo. La distancia que nos separaba era más que física: era una distancia total. ¿Estaba desterrado? ¿Era persona non grata en el seno de mi propia familia? Aquella noche de Navidad fue la más solitaria de mi vida. Fue una noche de asombro. El día de mi cumpleaños, el 5 de enero, mi hijo me llamó. No hablamos mucho, pero me alegró oír su voz. Está claro que no se nos da muy bien comunicarnos. Como si el esquivarnos pudiera resolver los problemas. Estábamos amurallados en el silencio de la incomprensión y del dolor.

[...]

El 5 de marzo de 2022, un intermediario español me entregó un texto de la Casa Real. «Le permitirá resolver su situación», me dijo. Me presentó una carta ya redactada. Intenté negociar algunos cambios o ciertos términos en la misiva que debía firmar. Pronto me di cuenta de que no podría variar ni una palabra. Ante mis intentos de negociación, mi interlocutor, enfurecido, dio un manotazo sobre la mesa.

¿Quiere mi hijo que firme esta carta tal cual? —le pregunté sin perder la calma.

Sí, quiere.

—Entonces la firmaré.

Renunciaba con ello de manera oficial a dormir en la Zarzuela cuando volviera ocasionalmente a España, aunque el intermediario insinuó que en mi primer viaje a Madrid podría pernoctar en casa. Yo le creí. Podría haberme negado a firmar la carta, podría haberme indignado por colocarme ante un hecho consumado, pero esperaba normalizar mi situación. Felipe es el jefe de la Casa Real, además del jefe del Estado. En nuestra organización jerárquica, él manda. Acepté las drásticas condiciones que me impuso, como demuestra la carta que se hizo pública dos días más tarde.

Me sometí a las exigencias de la Casa Real, pues mi hijo así lo requería. Esperaba que al día siguiente me comunicaran las posibles fechas de un viaje a España. Si antes me decían, una y otra vez, «no se dan las condiciones para su regreso», ahora no había excusas para negármelo. Las investigaciones judiciales estaban archivadas y yo había aceptado todos los requisitos establecidos por la Casa Real. Para mi asombro, llevaron mi paciencia al límite. Tuve que esperar otros tres meses para acordar al fin una fecha.

Afortunadamente, mis dos hijas y todos sus hijos vinieron el fin de semana de Pascua para aliviar una espera que parecía eterna. Fue una alegría como hacía tiempo que no vivía. Una preciosa reunión familiar en un momento en que mi ostracismo se prolongaba sin cesar. ¿Cuánto tiempo seguiría desterrado?

El 15 de mayo de 2022, mi hijo viajó a Abu Dabi para dar el pésame a las autoridades emiratíes por la muerte del presidente, el jeque Jalifa bin Zayed Al Nahayan. Me enteré, como todo el mundo, por la prensa. Estuve el día entero pegado al teléfono, esperando una llamada suya para concertar un encuentro, aunque fuera en el aeropuerto, aunque fuera fugaz, después de su audiencia oficial. Estaba dispuesto a reunirme con él donde le conviniera. Su llamada llegó cuando su avión despegaba de regreso a Madrid. ¡La esperaba mucho antes, claro está! Así que no tenía demasiada prisa por volver a verme...

¡Después de casi dos años de alejamiento! Vi la luz al final del túnel cuando me enteré de que podría participar en las regatas preparatorias para el Campeonato Mundial de Vela con mi equipo en Sanxenxo. Fue como una resurrección. Pero mi vía crucis continuó con la negociación de las condiciones para realizar ese viaje. ¡Mi hijo se imaginaba que yo tenía veinte años o que disfrutaba de la forma física y la energía necesarias para embarcarme en un viaje de mochilero por carretera!

La Casa Real me propuso que tomara un vuelo regular de siete horas de Abu Dabi a Lisboa en plena noche, para evitar a los periodistas que pudieran estar esperándome en Madrid. Luego, al llegar, viajaría cinco horas en coche hasta llegar a Sanxenxo. Me quedaría allí un fin de semana antes de continuar hasta Madrid, otras cinco horas de viaje, para comer con él en la Zarzuela. Dudaba que ni tan siquiera se me permitiera echarme una siesta en mi cama, ya que me dejaron claro que no podría permanecer allí mucho tiempo. Luego debía marcharme a un hotel, o a casa de un amigo, a las afueras de Madrid, para no llamar la atención. «¡Arréglatelas solo!», me dieron a entender.

Por aquel entonces, pensaba reunir a unos amigos en uno de mis restaurantes favoritos de la capital, pero esta idea no llegó a cuajar. «No hay nada que celebrar.» Tenía que evitar armar jaleo, ya que mi llegada seguramente iba a provocar manifestaciones de la oposición. Dormir en un hotel, como un turista, me parecía inconcebible. Así que imaginé volar a Ginebra esa misma tarde para pasar la noche en casa de mi hija y coger un vuelo regular de regreso a Abu Dabi al día siguiente. Me pregunté si sería físicamente capaz de semejante periplo, pero estaba dispuesto a afrontar todo tipo de fatigas y a doblegarme a todo tipo de circunstancias con tal de poder regresar a mi país, aunque fuera por unos días.

La Casa Real anunció oficialmente mi llegada y la publicación de una foto de familia con motivo de mi almuerzo en la Zarzuela. Finalmente, esa foto jamás se hizo. Todo estaba muy bien atado y yo vibraba de impaciencia. Cuando expliqué mi viaje a mis anfitriones emiratíes, insistieron en poner a mi disposición un avión privado, e incluso un médico y un agente de seguridad. Querían hacer todo lo posible para facilitarme el viaje, porque sabían lo importante que era para mí. A pesar de su insistencia, rechacé al médico y al guardaespaldas, asegurándoles que tendría todas las facilidades en España. Al fin y al cabo, volvía a casa.

Y así fue como una mañana del 20 de mayo de 2022 partí lleno de esperanza hacia Vigo. De allí me había ido y allí volvía. Era como si mi verdadero hogar fuera un pequeño puerto de Galicia y no un palacio de Madrid, como si mi relación con España tuviera más que ver con sus márgenes y la veracidad de sus paisajes y sus gentes que con su capital y sus tejemanejes políticos. «Aquí los controladores aéreos de Barcelona. Tenemos un mensaje para su majestad el rey Juan Carlos: ¡bienvenido a casa! ¡Nos alegramos de tenerle de vuelta!» Tengo una coraza dura, pero ese día apenas pude contener mi emoción. Lloré mientras miraba desde el cielo aparecer la costa española. Sobre todo, por que llevaba seis horas suspendido en el aire. No sabía lo que se tramaba en tierra. Lo único que sabía con certeza era que mi fiel amigo desde hacía treinta años y campeón de vela Pedro Campos iría a recogerme en el aeropuerto de Vigo para llevarme a su casa, en coche, en el puerto de Sanxenxo.

Cuando bajé del avión, no tenía ni idea de lo que me sucedería. Esperaba manifestaciones de oposición de la extrema izquierda, encantada de condenarme públicamente. Pero ¿cómo me recibirían los gallegos? Eso era lo que de verdad me importaba. Lo que piensen los políticos, sus declaraciones oportunistas para galvanizar a su electorado y evitar abordar los verdaderos problemas de España, es ruido de fondo que ya no me sorprende. Mi hija Elena me dio la sorpresa de estar allí cuando bajé del avión. Tampoco pudo contener la emoción. Aún recuerdo su efusivo abrazo. Ella y yo apenas podíamos creerlo. ¡Encontrarnos por fin en suelo español! ¡Después de 654 días fuera! Los conté, uno a uno. En los sesenta kilómetros que separan el aeropuerto de Vigo de Sanxenxo, vi familias con banderas españolas que me vitoreaban, coches que tocaban el claxon y otros que nos seguían. No lo podía creer. Era como una final de la Copa del Mundo de fútbol. El fervor popular me conmovió. Es lo que me ha dado ánimo en los momentos difíciles de mi reinado: saber que, en algún lugar, a pesar de todo, hay gente que te aprecia. Siempre he agradecido esas muestras de afecto.

[...]

No fue hasta la mañana siguiente, al llegar al puerto para ver mi barco, cuando me di cuenta de la multitud de periodistas congregados, tanto españoles como extranjeros. Algunos afirmaban que yo había orquestado todo aquello. ¡Nada más absurdo! ¿Cómo iba a convocar a la prensa desde mi refugio en Abu Dabi? La Casa Real había emitido un comunicado de prensa oficial anunciando mi llegada y mi programa. Tras esa alerta, los periodistas y fotógrafos se movilizaron. Si mis idas y venidas fueran regulares y normalizadas, no suscitarían tanto interés mediático. A fuerza de mantenerme al margen, la Casa Real estaba convirtiendo en una situación extraordinaria lo que era un viaje ordinario que tenía como objeto un simple entrenamiento de vela.

Me exigieron discreción, que creo haber respetado: solo fui al club náutico, saludé a los periodistas sin hacer declaraciones y cambié un poco mi agenda para ir a ver a mi nieto Pablo, de veintiún años, el segundo hijo de mi hija Cristina, jugar un partido de balonmano en el pueblo vecino. Como cualquier abuelo, estaba encantado y orgulloso. Volví a ponerme al timón del Bribón, con mis cuatro compañeros, para participar en las regatas preparatorias del Campeonato Mundial. ¡Fue una inmensa alegría redescubrir las sensaciones de alta mar! Me sentí vivir de nuevo, a pesar del viento, el cansancio y el frío. El mar es libertad, mi pasión. Me emocionaba el ambiente cordial y amistoso del club náutico y de la casa de mi amigo Pedro Campos, que organizó barbacoas nocturnas en su jardín para la decena de amigos venidos de Madrid y para nuestros compañeros de regata. Viví momentos cálidos, sencillos, improvisados, como a mí tanto me gustan. Redescubrí una vitalidad que ya no sospechaba. Esos tres días pasaron muy rápido. Tan rápido como un espejismo.

Al amanecer del lunes partí hacia Madrid y la Zarzuela. La Casa Real había retirado de la agenda oficial la fotografía que iba a plasmar nuestro reencuentro. El avión privado y la atención mediática que involuntariamente había provocado en Sanxenxo los había predispuesto en mi contra. Llegué con el corazón encogido al encuentro cara a cara con mi hijo. El personal de la casa me esperaba, pero no les dejaron quedarse a saludar y les enviaron de vuelta a sus respectivas tareas. Me decepcionó no ver sus cálidas sonrisas. Felipe y yo mantuvimos una discusión muy franca a puerta cerrada en su despacho. Debimos haberla tenido tiempo atrás. Comprendí la presión a la que le sometía el Gobierno, su miedo a dar pasos en falso. Criticó que hubiera llegado en un avión privado, que aterrizara de tal manera que los fotógrafos pudieran acercarse —como si yo hubiera explicado al piloto dónde aterrizar en ese pequeño aeropuerto sin demasiadas pistas— y por convocar a la prensa, como si yo les hubiera pedido que vinieran. Intenté justificarme, dejar clara mi lealtad a la Corona. Entonces, en tono frío, declaró:

El Gobierno me ha pedido que te diga que no vuelvas en junio para el mundial de vela de Sanxenxo.

Era un acontecimiento que me apasionaba y al que soñaba con asistir. Ya había ganado dos veces el Campeonato Mundial. ¿Por qué no una tercera? Incluso sabiendo que no me estaba entrenando lo suficiente para afrontar el reto, ese era tipo de desafío el que me hacía seguir adelante. Y me hacía muy feliz que esta competición de alto nivel se celebrara en este puerto que yo había puesto en el mapa de las regatas como escala obligada.

¿Y qué piensas tu?

Pienso lo mismo.

En ese caso, no quiero ser una carga para ti. No iré.

Y así terminó nuestra discusión de más de una hora. Me pregunté dónde habían ido a parar su ternura y su compasión. Ya no era el joven amable y sonriente de antes. El peso de la Corona lo había cambiado. Las pruebas y tensiones por las que había pasado le estaban pasado factura. Mis asuntos y las dificultades políticas a las que se había enfrentado el país no le habían dejado indemne.

Sofi había regresado de Miami por el covid. Apenas la vi. El mes anterior le propuse reunirnos en Ginebra para celebrar nuestro 60 aniversario de boda. Mi invitación quedó sin respuesta. Supongo que pensó que ya no había nada que celebrar, lo que me entristeció. Su presencia a mi lado sigue siendo muy querida para mí, pero sé que no quiere complicar el reinado de su hijo.

Mi hija Elena; sus dos hijos, Victoria, de veintidós años, y Felipe, de veinticuatro; la hermana de mi mujer, la princesa Irene, que vive con ella, y Letizia y su hija Sofía, que regresaba del colegio, se reunieron con nosotros para comer. Ni platos ni vinos especiales, solo una comida ordinaria para el invitado en que me había convertido.

¿Cambiarían las cosas con un Gobierno diferente? ¿Se me facilitaría el acceso a la Zarzuela? Me fui con esta incertidumbre... No pude dormir en la Zarzuela, mi residencia oficial durante más de sesenta años, ni recibir a unos amigos, pese a haber sido absuelto por los tribunales, y no solo por mi inmunidad como jefe del Estado, sino, ante todo, porque no se encontró nada contra mí. No tuve más remedio que volver a coger el avión en dirección a Abu Dabi. ¿Dónde estaba ahora mi hogar? Volví a mi anonimato y aislamiento en la isla de Nurai, donde me esperaba el silencio. Allí instalé los pocos recuerdos que había traído de la Zarzuela, para que un aire de España me acompañara en mi soledad. Para preservar la relación con mi hijo, para proteger la institución, decidí quedarme allí. ¿Qué me deparaba el futuro? No lo sabía. Mientras tanto, guardaba dentro de mí el sabor de España, como una joya preciosa.


***


Arriba
 Perfil  
 
 Asunto: Re: LAS MEMORIAS DEL REY JUAN CARLOS
NotaPublicado: 08 Dic 2025 00:26 
Desconectado
Avatar de Usuario

Registrado: 26 Mar 2019 22:04
Mensajes: 6598
Clara escribió:
Yo sí lo creo. Sus padres habrán adoptado la postura “que nada salpique a las niñas”.

Hay algo que olvida mencionar y que todos los corresponsales de Casa Real parecen atestiguar: los Asturias no apoyaron su relación con Corinna. Desconozco cuál fue la actitud de la Infanta Elena, pero la de los ex Palma fue de apoyo, público y notorio. Hubo una parte de la familia que normalizó la relación y otra parte que la repudió.

Furibunda pareció ser la reacción de Felipe a los deseos de divorcio de su padre. Tan furibunda, que todo hace pensar que la maquinaria de la abdicación se activó a partir de ese momento, estallando así la guerra entre la Casa del Rey y el Pabellón del Príncipe, comandada por el odiado Alfonsín. Corinna, a su manera, deja caer también que fue así. La abdicación no fue fruto de un discurso mal leído, sino de muchas presiones.

¿Le vas a dejar las nietas al abuelo que vive con una señora a la que te niegas a tratar? ¿Vas a arriesgarte a que tus hijas se mezclen con un entorno que rechazas? Solo nos faltaba una foto de Leonor y Sofía con la parejita feliz en mitad de una barbacoa.

Él se queja de actitudes que le han dolido, es comprensible, pero no reflexiona por qué su hijo o su nuera decidieron actuar así. Reconoce que no hizo caso a los que le aconsejaron no seguir por ciertos rumbos, pero no es capaz de relacionar eso mismo con la actitud de su nuera para con él.

Los Asturias debieron darse cuenta de a qué iba Corinna desde un principio. Estoy segura de que Letizia, por lo menos, la caló pronto. Quizá por venir de fuera de la burbuja era más lúcida.
A los Palma, digo yo, igual les convenía Corinna, dadas sus relaciones empresariales.
Imagino que Elena, como parece lo habitual, apoyaría a su padre.

En cuanto a las niñas, él mismo dice que pasaban de visita a saludarlo. No es que no las viera nunca...Pero se entiende que no se las dejarán ni por si manipulaba las cosas y para proteger su imagen.


Arriba
 Perfil  
 
 Asunto: Re: LAS MEMORIAS DEL REY JUAN CARLOS
NotaPublicado: 08 Dic 2025 00:58 
Desconectado
Avatar de Usuario

Registrado: 18 Jul 2012 14:27
Mensajes: 44354
Antes de la abdicación, Juan Carlos hacía poca vida de familia, si a eso le unes que Leonor y Sofía eran bastante pequeñas y además niñas... no creo que le interesen especialmente, el resto de nietos mucho tampoco le interesaban y se entretenía más con el hijo de Corinna.

Juan Carlos empezó a dejarse ver un poco más con los nietos después de la abdicación y cuando estos se hicieron un poco mayores... y para entonces los escándalos estaban ya sobre la mesa, y si se podía convertir en un problema para la imagen de la Familia Real. Que parece que olvida los gastos de Felipe y Victoria que pagaba su amigo mexicano.

No deja de ser irónico que se preocupe también por la relación de Sofía y sus nietas... cuando más de una vez se ha rumoreado que le fastidiaba mucho que Sofía se fotografiase tanto con los nietos, porque entonces le dejaba mal a él.

Y ahí quizás algo de razón si tenía... siempre he pensado que Sofía ha sobreexpuesto demasiado a sus nietos, en busca de una imagen pública que la beneficiaba a ella... la prensa nunca ha criticado eso porque para ellos era un gran negocio, pero para los niños a la larga ha sido perjudicial, porque habría sido mejor protegerlos de los medios ante el divorcio de los Marichalar o la investigación de los Urdangarín, en lugar de mostrarlos en una portada del Hola para que la abuela mostrase cuanto les apoyaba.

Y con la perspectiva de los años, es evidente que Felipe y Letizia no quería para sus hijas ese tipo de sobreexposición. Cuando salen estos temas siempre me acuerdo de la gran polémica de la primera exclusiva en portada de Leonor, la que montó la prensa y como culpaban a los padres, cuando la que había llevado a la niña a ver el espectáculo de Disney con los primos y la que había llamado al fotógrafo (como hacía todos los años que llevaba a los primos) había sido Sofía. Quizás entonces la polémica desvió una vez más el foco, y entonces nadie pensó en una Letizia embarazadísima que acaba de perder a su hermana y que ve a su hija de poco más de un año en la portada del Hola. Esa fue la única vez que dejaron a Sofía sola con las niñas y la prensa.


Arriba
 Perfil  
 
 Asunto: Re: LAS MEMORIAS DEL REY JUAN CARLOS
NotaPublicado: 08 Dic 2025 09:51 
Desconectado
Avatar de Usuario

Registrado: 01 Oct 2023 19:43
Mensajes: 1824
Dios Clara no sé si estás leyendo el libro en papel o en un libro electrónico pero menudo curro. Hay partes que las leo y me dan ganas de dejar de leer porque me parece de un cínico. Yo si me creo que la Casa Real fuera dura con él a la hora de negociar su salida o su vuelta a España, pero es que él lo pinta como si cuando pusiera un pie en España lo fueran a apalear, dice él que fue Zarzuela quién comunicó todo y por eso se presentó la prensa ¿Y sus amigos qué? Porque sus amigos también filtraban a la prensa como había dormido, a qué hora iba a navegar o que había comido...

Respecto a lo de sus nietas coincido con ustedes. El Rey siempre recalca que no le dejaban ver a sus nietas a solas, es decir que él y Sofía las podían ver pero siempre había alguien más. Estoy de acuerdo en que nunca fue muy niñero, más bien se llevó bien con sus nietos cuando eran mayores y podían tener más en común, pero para entonces ya las cosas eran diferentes. Lo de sacar a relucir que Sofía no las podía ver es una estrategia para dar más pena, porque sabe que ese es un argumento que siempre se ha usado con Letizia y que cada vez que coinciden la reina y sus nietas se analiza cada gesto.

Lo de decir que su casa en Nurai es comida pero no muy lujosa me hace reír, será para los estándares de allí pero aquí esa casa es lujosa jaja

¿No les parece que la redacción es muy irregular? Hay partes que se nota demasiado que busca la emotividad, hasta lo lacrimógeno y otras descritas con gran simpleza, saltándose detalles y hasta a veces parece infantil...


Arriba
 Perfil  
 
 Asunto: Re: LAS MEMORIAS DEL REY JUAN CARLOS
NotaPublicado: 08 Dic 2025 10:02 
Desconectado
Avatar de Usuario

Registrado: 18 Jul 2012 14:27
Mensajes: 44354
Yo, Juan Carlos I, anatomía de un narcisista en 500 páginas: ataca a su hijo, borra a amantes y justifica su dinero sucio

Las Memorias de un Rey con 39 años de antigüedad en el trono no pueden tener desperdicio. Más aún si heredó el puesto de un dictador, trajo con fórceps la democracia a su país, tuvo dos 'padres' e intentó, al menos, divorciarse dos veces para casarse otras tantas, siempre infructuosamente.

Las memorias de este rey están justificadísimas con su historia: sufrió un golpe militar; tres juntos, dice él, o cuatro…; frotó la lámpara de Aladino y le llegaron de Arabia 100 millones de dólares, birlados al final por "la ex mujer de un amigo", escribe. Tan pobre es ahora que incluso tiene prohibido dormir una sola noche en su expalacio.

Por si los hechos anteriores fueran pocos para escribir unas memorias, este rey, a punto de cumplir 88 años, se llama a sí mismo 'el equilibrista', 'el funambulista' y 'el jinete'. ¿El jinete? Sí, realmente es un redomado jinete narcisista, diagnóstico éste que se desprende de la lectura.

Con merecimiento y justicia, estas memorias finales están dedicadas, sin estarlo, por la profusión de halagos, al jeque de Abu Dabi, Mohamed bin Zayed, así como Cervantes hizo en Los Trabajos de Persiles y Segismunda, su última obra, con su protector, el conde de Lemos.

modo de epitafio magistral, escribió:

"Puesto el pie en el estribo, con las ansias de la muerte, gran señor, esto escribo (…) El tiempo es breve, las ansias crecen, las esperanzas menguan (…)".

Son las prisas antes de morir. Sólo así se explica la publicación de estas memorias de Juan Carlos I, con tanta queja, tanto ataque, tanta reivindicación, tanta autoadulación, tantos olvidos. Y tan poca tan Reconciliación, con un ajuste de cuentas con su hijo, el Rey, pólvora para los enemigos de una Corona que dice defender.
Esta es la deconstrucción de las aventuras del rey Juan Carlos, en una selección de cinco hechos y 35 personajes.

1. Felipe y Letizia, los culpables

Como Juan Carlos I siente que "me roban mi historia", pese a que "devolví la libertad al pueblo, pero no pude disfrutar de esta libertad", busca enemigos importantes para responsabilizarlos de su desgracia.

No encuentra, claro, a nadie más notable y próximo que su hijo, Felipe VI, y también en cascada a su nuera, la reina Letizia.
Los capítulos 2 y 3, "¿Dónde está mi hogar?" y "La separación", en la primera parte de las Memorias, son durísimos. En otro tiempo, un pergamino parecido habría supuesto una ruptura dinástica, incluso una guerra armada entre padre e hijo por la primacía. Afortunadamente estamos en el siglo XXI.

Todo son afrentas y recriminaciones contra un heredero sin tacha, Felipe VI, por un padre que se sigue reclamando rey. A lo sumo admite que le llamen "el padre del rey"; jamás el rey emérito.
La ruptura con su hijo se produce cuando Felipe VI, el 19 de marzo de 2020, le retira inopinadamente la asignación real al confirmar a través de la prensa británica que Juan Carlos, tiempo atrás, constituyó en Suiza una fundación, Lucum, con 100 millones de dólares, en la que aparecía el nombre de su hijo sin saberlo éste.
En sus desmemorias, Juan Carlos omite por qué su hijo, jefe de la Casa Real, suprimió su asignación anual de unos 200.000 euros a cargo de los Presupuestos que Zarzuela recibe del Estado. "Es la pensión anual de un Jefe de Estado", se queja. "¿Es eso jurídicamente válido? Soy el único español que no cobra pensión después de casi 40 años de servicio y al que se le impide, en vida, dejar legado a su hijo".

Felipe VI, con un criterio que le honra, renunció a la vez, ante notario, a cualquier herencia que pudiera llegarle de su padre. "Fue un impacto doloroso para el padre que también lo soy".
Pero la agresividad del padre contra el hijo va a más allá de las palabras, tan volanderas. Y es en este contexto cuando el rey memorialista pone en duda la legitimidad misma de su hijo como Rey.

El silogismo es básico: si renuncias a mi herencia, económica, ¿por qué no a la corona?

Juan Carlos no dice exactamente lo anterior. Aún es peor. Tras recalcar que heredó la corona de él, apela a la misma Constitución: "La Corona de mi hijo se asienta sobre una base institucional de la que yo soy el padre. El artículo 57.1 de la Constitución es claro: ´La Corona de España es hereditaria en los sucesores de S.M. Don Juan Carlos I de Borbón, legítimo heredero de la dinastía histórica'".

Juan Carlos escribe lo siguiente sobre el día que su hijo le llamó a capítulo, aquel 15 de marzo de 2020:

"Mi hijo me entregó un papel. Leí el comunicado con atención.
-Este anuncio significa que me recusas -dije mirando impasible a mi hijo-. No olvides que heredas un sistema político que yo forjé".
Puede que algunos partidos tomen buena nota para reformular este artículo de la Constitución en una futura revisión del texto.

En la vendetta por la retirada de la asignación real, el padre incluye a sus hijas Elena y Cristina, hermanas de Felipe VI, cuyos ingresos también decayeron, además de perder el estatus de miembros de la Familia Real. "Brutalmente mis hijas debieron cambiar de vida".

Curiosamente el padre que acusa a su hijo de "implacable", también apartó a Cristina del acto de abdicación, el 18 de junio de 2014, salpicada por la sentencia de su marido, Iñaki Urdangarin.
El rey actual y el anterior tienen una diferencia sideral en la percepción del dinero y de los regalos. Hace años Juan Carlos se refería a su futuro heredero como "un pichafría" cuando éste rechazaba, por ejemplo, quedarse con uno de los dos Ferraris recibidos para ambos.

También el campechano llamaba "gorrón" a su exyerno Marichalar, al robarle, decía, cartuchos de caza.
Lo uno y lo otro se lo contaron a este periodista dos amigos del autor de Reconciliación, uno de ellos ya muerto. Lógicamente, nada de esto aparece en las Memorias.

En otro momento, Juan Carlos denuncia que su hijo, "el implacable", está sometido a un gobierno formado por partidos de izquierda y de extrema izquierda. "Sometido" es un término que delata cierta apreciación anticonstitucional.

Le afea a Felipe haberse casado con quien no debía: "La entrada de Letizia en nuestra familia no ayudó a la cohesión de nuestras relaciones familiares". "Nunca he podido salir solo por Madrid con mis nietas Leonor y Sofía".

En el atormentado e interesado relato del autor real hay otro episodio tremendo en la relación del padre y del hijo. Lo describe sin miramientos.

Sucedió un 5 de marzo de 2022 cuando el proscrito recibe a un intermediario español en Abu Dabi. Trae un texto de la Casa Real. Por fin, tras 654 días, se le permitirá volver a España. En sus cálculos, cuando el 3 de agosto de 2020 se fue al exilio, pensaba estar de vuelta unas semanas después, en septiembre.

La 'visa' del documento de Zarzuela para regresar de visita a España traía una condición: renunciar "de manera oficial a dormir en Zarzuela cuando volviera ocasionalmente a España".

Ante la negativa de Juan Carlos a aceptar, el interlocutor, desesperado y con el respeto perdido, dio "un manotazo" -escribe el padre del Rey- en la mesa. Significaba 'o lo tomas, o lo dejas'. La rendición total. Y de aquellos lodos viene esta dana escrita en Reconciliación.

En su mandoble poco caballeroso a Letizia, recoge los sucesos de la catedral de Palma en la Pascua de 2018, en los que la reina actual "se enfadó con Sofi".

"(…) A petición de la Casa Real, que quería mostrar la unidad y armonía de la Familia Real. Resultó ser un desastre. La reina Letizia, mi nuera, se enfadó con Sofi delante de las cámaras. Los montajes de los comunicadores no consiguen milagros", aguijonea el suegro.

"¿Me dejarán dormir la siesta?", se pregunta antes de la visita a Zarzuela el 20 de mayo de 2022. Patético.

https://www.elespanol.com/reportajes/20 ... 686_0.html


Arriba
 Perfil  
 
 Asunto: Re: LAS MEMORIAS DEL REY JUAN CARLOS
NotaPublicado: 08 Dic 2025 10:04 
Desconectado
Avatar de Usuario

Registrado: 18 Jul 2012 14:27
Mensajes: 44354
2. Dos 'padres', dos traiciones

Más que lo que Juan Carlos I dice de Francisco Franco, su padre putativo y dictador de España que le hizo Rey al morirse en 1975, y de Juan de Borbón, su padre biológico que entregó al generalísimo a su hijo de 10 años pensando que de carambola podía convertirse en Juan III, vamos a contar cómo actuó cuando el uno murió y el otro estaba a unos meses de expirar.

Es pertinente para ir desentrañar la psicología del narcisista de libro.

Así lo cuenta Juan Carlos:

Madrugada del 20 de noviembre de 1975. Los príncipes Juan Carlos y Sofía siguen por televisión la agonía en el Hospital de La Paz.
Franco se está muriendo.

"Sofi propuso que nos quedáramos en vela hasta el anuncio fatídico. Yo preferí irme a dormir. En medio de la noche, recibí la llamada del general Castañón de Mena, jefe de la Casa Militar de Franco, informándome de la noticia".

Hora oficial de la muerte: 5:25 de la mañana del 20 de noviembre de 1975. Probablemente murió dos horas antes.

"-¿A qué hora me espera usted?, le respondí medio dormido".
"-A las ocho y media de la mañana".

"Colgué y le pedí a mi ayudante que me despertara a las 7:30. Me dormí de nuevo sin problemas".

Así lo narra Juan Carlos, el doliente heredero, sin el menor pudor.
La reacción del hijo no fue muy diferente ante la muerte anunciada de don Juan. Esto no aparece en las memorias, pero está comprobado.

Franco nombra a Juan Carlos

Cuando ‘Juanito’ traicionó a su padre y se quedó con la corona como sucesor de Franco: hoy hace 50 años
Todos los Borbones sabían que aquella mañana del 20 de junio de 1992 celebrarían en Madrid el último cumpleaños de don Juan, enfermo de un cáncer letal de garganta.

Juan Carlos I, entonces el victorioso, siempre muy atareado "en asuntos de Estado", aterrizó el día antes, el sábado 19 de junio. Llevaba varios días fuera, desaparecido, como las horas de Mazón el día de la Dana.

Viajó desde el complejo alpino de Saint-Moritz para ratificar el nombramiento de Javier Solana como ministro de Exteriores. Firmó y regresó a la estación suiza en su avión particular.

Allí le esperaba Marta Gayá, de la que hablaremos después. El amor es más agradable que la enfermedad. No se quedó al último cumpleaños de su padre, con 79 años.

El narcisista antepone el placer a la responsabilidad cuando no hay retribución.

Los dos 'padres', sobre los que Juan Carlos se deshace en elogios, fueron traicionados por el hijo. Al dictador, gracias a Dios, en beneficio de la España democrática y de su misma supervivencia como rey heredero de Franco.

Al jefe de la Casa Real, don Juan, saltándose la línea sucesoria y ocultándoselo a su padre como acordó con Franco tras pedírselo el general. “Alteza, será mi heredero”, le anunció en 1969.

"Durante seis meses no me habló. Sufrí mucho. Llegó a redactar una carta destinada a las familias reales, para que me retiraran el saludo", explica Juan Carlos sobre la reacción de su padre don Juan, Juan III para los juanistas.

Tanto un padre como el otro le hicieron sufrir.

–“Mi general, ¿qué me aconseja hacer”, le suplica a Franco ante su destino incierto.

"Un día, cuando nos dirigíamos los dos en coche a una ceremonia oficial, me quedé dormido sobre su hombro. Alteza, despierte, ya hemos llegado".

Con Franco tuvo más momentos íntimos que con Juan de Borbón.
-"Alteza, le pido solo una cosa: mantenga la unidad de España", le suplicó Franco enredado entre cables, tubos y respiradores.

"No me pidió mantener el régimen tal y como era ni los principios del Movimiento Nacional. Tenía las manos libres", escribe el autor en tono de autoexculpación por lo que luego hizo.

3. 'Sofi' y las amantes borradas

Una pregunta que surge tras leer con detenimiento casi miope unas memorias de 500 páginas es si el esfuerzo valió la pena al hurtarse al lector episodios concluyentes en la historia del reinado de Juan Carlos. Así lo son la relación con las mujeres, incluida su esposa, y con el dinero.

No llegó a tener 3.000 amantes, como le atribuyó la prensa británica. Pero sí, al menos, tres: Corinna Larsen, Marta Gayá y Barbara Rey. Que se sepa, claro.

Llamar 'Sofí'-como lo hacía en privado-, cariñosamente, a la reina Sofía, describir cómo un sábado iba en familia y paró a comprar churros, recordar que "enseguida, al verla, me di cuenta de que era la elegida", no exonera al marido del sufrimiento infligido a la que ha sido su esposa desde el 14 de mayo de 1962.

Sus desapariciones e infidelidades fueron constantes. Él apela a cierto gen Borbón y admite "no soy un santo".

No hablar de Marta Gayá, con quien estuvo dispuesto a casarse a principios de los años 90, de hecho hubo un remedo de corte en Palma, y no hacer referencia a Bárbara Rey, convertida en consejera con mandil y paellas de asuntos nacionales e internacionales, mantenida con dinero público durante años, resta credibilidad y sentido a unas memorias a veces tan pormenorizadas en asuntos graves y familiares.

El caso del Rey y la Rey resultaría ahora delictivo para el jefe de Estado inviolable. Se le pagó con dinero de los fondos reservados durante, quizás, dos decenas de años.

La ocultación del nombre de Corinna Larsen – en algún momento llamada princesa Corinna- resulta ridícula, de aurora boreal, más allá de que los abogados de ella sean constantes y peligrosos.
"No puedo eludir el asunto" de las mujeres, dice. Y para empezar desmiente su relación con Lady Di o con Sara Montiel. Sin comentarios.

"Admito que tuve deslices sentimentales". De la siguiente manera describe su relación en 2012 con Corinna, sin citar su nombre jamás. En aquel desliz que le estalló una cadera y la misma corona en la cabeza al caerse en Botsuana. "Ocurrió en un viaje para pasar unos días apacibles con mi camarada Mohamed Eyad Kayali". Si la memoria no le falla a este lector, el entonces rey partió hacia África desde Mallorca, tras celebrar en familia la misa de la Pascua en la Catedral.

"Llegué (a Botsuana) con los invitados, un amigo, su exmujer -con la que yo había mantenido una relación- y el hijo pequeño de ésta". Punto y final. Nada más.

La exmujer, Corinna, llegó a vivir en el Pardo, en La Angorrilla, a unos kilómetros de Zarzuela, una casa acondicionada con dinero de Patrimonio. Juan Carlos pensó instalarse en la casita cuando cayó en desgracia en Zarzuela.

De los 100 millones de dólares, que acabaron en la cuenta de Corinna, también escribe Juan Carlos con disimulo, como veremos luego. Esta mujer se encargó de la logística del viaje de boda de Felipe y Letizia -sin que la pareja lo supiera- e intermedió en los negocios de Urdangarin, del que no habla mal, "engañado por sus socio", dice. A Marichalar, en cambio, lo acusa de falta de autoridad paterna y, por ende, del descontrol de su amado Froilán.

"Gracias a la implicación de la Familia Real pude multiplicarme y acompañar en lo posible a los españoles en sus alegrías", escribe sin recato el autor infiel.

https://www.elespanol.com/reportajes/20 ... 686_0.html


Arriba
 Perfil  
 
Mostrar mensajes previos:  Ordenar por  
Nuevo tema Responder al tema  [ 376 mensajes ]  Ir a página Anterior  1 ... 15, 16, 17, 18, 19, 20, 21 ... 32  Siguiente


¿Quién está conectado?

Usuarios navegando por este Foro: manuesevilla y 1 invitado


No puede abrir nuevos temas en este Foro
No puede responder a temas en este Foro
No puede editar sus mensajes en este Foro
No puede borrar sus mensajes en este Foro
No puede enviar adjuntos en este Foro

Saltar a:  



Style by phpBB3 styles, zdrowie zdrowie alveo
Powered by phpBB © 2000, 2002, 2005, 2007 phpBB Group
Base de datos de MODs
Traducción al español por Huan Manwë para phpbb-es.com


Condiciones de Uso | Política de privacidad