Yo, Juan Carlos I, anatomía de un narcisista en 500 páginas: ataca a su hijo, borra a amantes y justifica su dinero sucioLas Memorias de un Rey con 39 años de antigüedad en el trono no pueden tener desperdicio. Más aún si heredó el puesto de un dictador, trajo con fórceps la democracia a su país, tuvo dos 'padres' e intentó, al menos, divorciarse dos veces para casarse otras tantas, siempre infructuosamente.
Las memorias de este rey están justificadísimas con su historia: sufrió un golpe militar; tres juntos, dice él, o cuatro…; frotó la lámpara de Aladino y le llegaron de Arabia 100 millones de dólares, birlados al final por "la ex mujer de un amigo", escribe. Tan pobre es ahora que incluso tiene prohibido dormir una sola noche en su expalacio.
Por si los hechos anteriores fueran pocos para escribir unas memorias, este rey, a punto de cumplir 88 años, se llama a sí mismo 'el equilibrista', 'el funambulista' y 'el jinete'. ¿El jinete? Sí, realmente es un redomado jinete narcisista, diagnóstico éste que se desprende de la lectura.
Con merecimiento y justicia, estas memorias finales están dedicadas, sin estarlo, por la profusión de halagos, al jeque de Abu Dabi, Mohamed bin Zayed, así como Cervantes hizo en Los Trabajos de Persiles y Segismunda, su última obra, con su protector, el conde de Lemos.
A
modo de epitafio magistral, escribió:
"Puesto el pie en el estribo, con las ansias de la muerte, gran señor, esto escribo (…) El tiempo es breve, las ansias crecen, las esperanzas menguan (…)".
Son las prisas antes de morir. Sólo así se explica la publicación de estas memorias de Juan Carlos I, con tanta queja, tanto ataque, tanta reivindicación, tanta autoadulación, tantos olvidos. Y tan poca tan Reconciliación, con un ajuste de cuentas con su hijo, el Rey, pólvora para los enemigos de una Corona que dice defender.
Esta es la deconstrucción de las aventuras del rey Juan Carlos, en una selección de cinco hechos y 35 personajes.
1. Felipe y Letizia, los culpablesComo Juan Carlos I siente que "me roban mi historia", pese a que "devolví la libertad al pueblo, pero no pude disfrutar de esta libertad", busca enemigos importantes para responsabilizarlos de su desgracia.
No encuentra, claro, a nadie más notable y próximo que su hijo, Felipe VI, y también en cascada a su nuera, la reina Letizia.
Los capítulos 2 y 3, "¿Dónde está mi hogar?" y "La separación", en la primera parte de las Memorias, son durísimos. En otro tiempo, un pergamino parecido habría supuesto una ruptura dinástica, incluso una guerra armada entre padre e hijo por la primacía. Afortunadamente estamos en el siglo XXI.
Todo son afrentas y recriminaciones contra un heredero sin tacha, Felipe VI, por un padre que se sigue reclamando rey. A lo sumo admite que le llamen "el padre del rey"; jamás el rey emérito.
La ruptura con su hijo se produce cuando Felipe VI, el 19 de marzo de 2020, le retira inopinadamente la asignación real al confirmar a través de la prensa británica que Juan Carlos, tiempo atrás, constituyó en Suiza una fundación, Lucum, con 100 millones de dólares, en la que aparecía el nombre de su hijo sin saberlo éste.
En sus desmemorias, Juan Carlos omite por qué su hijo, jefe de la Casa Real, suprimió su asignación anual de unos 200.000 euros a cargo de los Presupuestos que Zarzuela recibe del Estado. "Es la pensión anual de un Jefe de Estado", se queja. "¿Es eso jurídicamente válido? Soy el único español que no cobra pensión después de casi 40 años de servicio y al que se le impide, en vida, dejar legado a su hijo".
Felipe VI, con un criterio que le honra, renunció a la vez, ante notario, a cualquier herencia que pudiera llegarle de su padre. "Fue un impacto doloroso para el padre que también lo soy".
Pero la agresividad del padre contra el hijo va a más allá de las palabras, tan volanderas. Y es en este contexto cuando el rey memorialista pone en duda la legitimidad misma de su hijo como Rey.
El silogismo es básico: si renuncias a mi herencia, económica, ¿por qué no a la corona?
Juan Carlos no dice exactamente lo anterior. Aún es peor. Tras recalcar que heredó la corona de él, apela a la misma Constitución: "La Corona de mi hijo se asienta sobre una base institucional de la que yo soy el padre. El artículo 57.1 de la Constitución es claro: ´La Corona de España es hereditaria en los sucesores de S.M. Don Juan Carlos I de Borbón, legítimo heredero de la dinastía histórica'".
Juan Carlos escribe lo siguiente sobre el día que su hijo le llamó a capítulo, aquel 15 de marzo de 2020:
"Mi hijo me entregó un papel. Leí el comunicado con atención.
-Este anuncio significa que me recusas -dije mirando impasible a mi hijo-. No olvides que heredas un sistema político que yo forjé".
Puede que algunos partidos tomen buena nota para reformular este artículo de la Constitución en una futura revisión del texto.
En la vendetta por la retirada de la asignación real, el padre incluye a sus hijas Elena y Cristina, hermanas de Felipe VI, cuyos ingresos también decayeron, además de perder el estatus de miembros de la Familia Real. "Brutalmente mis hijas debieron cambiar de vida".
Curiosamente el padre que acusa a su hijo de "implacable", también apartó a Cristina del acto de abdicación, el 18 de junio de 2014, salpicada por la sentencia de su marido, Iñaki Urdangarin.
El rey actual y el anterior tienen una diferencia sideral en la percepción del dinero y de los regalos. Hace años Juan Carlos se refería a su futuro heredero como "un pichafría" cuando éste rechazaba, por ejemplo, quedarse con uno de los dos Ferraris recibidos para ambos.
También el campechano llamaba "gorrón" a su exyerno Marichalar, al robarle, decía, cartuchos de caza.
Lo uno y lo otro se lo contaron a este periodista dos amigos del autor de Reconciliación, uno de ellos ya muerto. Lógicamente, nada de esto aparece en las Memorias.
En otro momento, Juan Carlos denuncia que su hijo, "el implacable", está sometido a un gobierno formado por partidos de izquierda y de extrema izquierda. "Sometido" es un término que delata cierta apreciación anticonstitucional.
Le afea a Felipe haberse casado con quien no debía: "La entrada de Letizia en nuestra familia no ayudó a la cohesión de nuestras relaciones familiares". "Nunca he podido salir solo por Madrid con mis nietas Leonor y Sofía".
En el atormentado e interesado relato del autor real hay otro episodio tremendo en la relación del padre y del hijo. Lo describe sin miramientos.
Sucedió un 5 de marzo de 2022 cuando el proscrito recibe a un intermediario español en Abu Dabi. Trae un texto de la Casa Real. Por fin, tras 654 días, se le permitirá volver a España. En sus cálculos, cuando el 3 de agosto de 2020 se fue al exilio, pensaba estar de vuelta unas semanas después, en septiembre.
La 'visa' del documento de Zarzuela para regresar de visita a España traía una condición: renunciar "de manera oficial a dormir en Zarzuela cuando volviera ocasionalmente a España".
Ante la negativa de Juan Carlos a aceptar, el interlocutor, desesperado y con el respeto perdido, dio "un manotazo" -escribe el padre del Rey- en la mesa. Significaba 'o lo tomas, o lo dejas'. La rendición total. Y de aquellos lodos viene esta dana escrita en Reconciliación.
En su mandoble poco caballeroso a Letizia, recoge los sucesos de la catedral de Palma en la Pascua de 2018, en los que la reina actual "se enfadó con Sofi".
"(…) A petición de la Casa Real, que quería mostrar la unidad y armonía de la Familia Real. Resultó ser un desastre. La reina Letizia, mi nuera, se enfadó con Sofi delante de las cámaras. Los montajes de los comunicadores no consiguen milagros", aguijonea el suegro.
"¿Me dejarán dormir la siesta?", se pregunta antes de la visita a Zarzuela el 20 de mayo de 2022. Patético.
https://www.elespanol.com/reportajes/20 ... 686_0.html