Cuando me preparo para una de las giras reales de Su Majestad, una de las primeras cosas que tengo en cuenta, junto con las sensibilidades culturales, son las condiciones meteorológicas previstas en el país anfitrión. Los trajes de la Reina deben estar confeccionados con el tejido adecuado para que se sienta cómoda al cumplir con sus compromisos: ¡a nadie le gusta ir vestido para un tiempo que no es el adecuado!

En 2008, Su Majestad fue invitada a Eslovenia y Eslovaquia para una visita de Estado de cuatro días. Tres meses antes, viajé con un pequeño grupo de la Casa Real a ambos países para realizar nuestro habitual reconocimiento previo a la visita real. El tiempo era cálido cuando estuvimos allí, ya que estábamos en pleno verano, pero me dijeron que había muchas posibilidades de que nevara en el momento de la visita de Su Majestad. Inmediatamente me sentí inspirada: era mi primera oportunidad de diseñar un vestuario de invierno de cuento de hadas para la Reina.

Mientras realizábamos nuestro reconocimiento, los colores, las formas y los estilos se agolpaban en mi mente: sombreros, vestidos de jersey de seda y espectaculares vestidos de noche. Su Majestad tenía que lucir glamurosa en cada ocasión: no debía haber ningún conjunto que «destacara» y eclipsara al resto, sobre todo teniendo en cuenta que iba a visitar dos países. También había que tener en cuenta las sensibilidades culturales: ¿se consideraría algún color en concreto ofensivo o inapropiado?